de Eduardo Casanova

Un espacio dedicado a la literatura, las artes y temas de actualidad que puedan interesarle a todo el que piense y quiera un mundo mejor.

Buscar

También puede buscar a través de:

Búsqueda personalizada

Publicidad

Recomendaciones

Este blog se visualiza mejor en los navegadores:

Firefox 3

Opera web browser - download

Internet Explorer 7

¿Quién está Online?

  • Usuarios invitados: 39

User tools

powered by b2evolution free blog software

¡AVISO IMPORTANTE!

Para facilidad de nuestros lectores, a LITERANOVA también se le puede llegar a través de los Links literanova.net y literanova.info

¡Liberen a Germán!

Google FriendConnect

Ultimos Comentarios

Artículos Recientes

Medallitas

BloGalaxia

Unión de Bloggers Hispanos

Blogarama - The Blog Directory

Books Blogs - BlogCatalog Blog Directory

Wikio – Top Blogs – Literatura

Directory of Literature Blogs

The House Of Blogs, directorio de blogs

http://www.wikio.es

Bitacoras.com

Submit your website to 20 Search Engines - FREE with ineedhits!

Todas las armas, el Arma

por Eduardo CASANOVA

Me llama la atención la falta de claridad de muchas personas que, sin duda, se oponen al actual estado de cosas, pero se empeñan tercamente en mantener posiciones que, a fin de cuentas, terminan beneficiando a quienes creen combatir. Esa es la situación de los abstencionistas, que se oponen tercamente a que se vote, cuando el voto es una de las armas más efectivas contra la tiranía de Chávez. No importa que el CNE haga todas las trampas del mundo. La contra de las trampas es el voto masivo, en especial para que fuera de Venezuela todo el mundo termine de entender que Chávez no es demócrata, que es un simple tirano, ambicioso, egocéntrico, que no tiene el más mínimo amor por el pueblo venezolano ni por Venezuela, sino por él mismo y punto. Pero también es absurdo pretender que con el voto y sólo con el voto se va a lograr la derrota definitiva de Chávez. O que con sólo manifestar en la calle se va a derrotar a Chávez. Es con la combinación de todos los recursos posibles con lo que al final se obtendrá la victoria. Y, sobre todo, con la Unidad. Hay que evitar a toda costa todo lo que descalifique o tienda a descalificar a quienes quieren sinceramente salir de la pesadilla que es Chávez en el poder. No se debe decir nada en contra de los partidos políticos, porque los partidos democráticos son factores importantes en la lucha por la democracia. No se debe insultar a los abstencionistas, para no debilitar el frente antichavista. Hay que evitar las descalificaciones, los insultos, la exaltación de las diferencias, hasta que Chávez esté definitivamente fuera de juego y la democracia se haya afianzado. Hay que entender que todos tenemos un fin común, que es la democracia, la libertad, la felicidad de todos los venezolanos. Y divididos no será fácil alcanzar el objetivo.

 

Add to Google

Y El Libertador: ¿Qué?

por Roberto J. LOVERA DE SOLA

Héroes de Paul JohnsonLos libros que publica el notable historiador británico Paul Jonhson (1928) son siempre dignos de toda atención. Ahora ha publicado, en el espacio de pocos meses, dos sugerentes libros, dos obras que son hermanas siamesas. Nos referimos a “Creadores” (Barcelona: Ediciones B, 2008. 345 p.) y a “Héroes” (Barcelona: Ediciones B, 2009. 328 p.). “Creadores” es a la vez complementario de otro anterior, lleno de interés y de sugerencias, que es “Intelectuales” (Buenos Aires: Javier Vergara, 1990. 381 p.).
Pese a que Jonhson es conocedor de la época a la cual nos vamos a referir, más o menos situada entre 1815 y 1830, aunque en verdad se inició hacia 1780, de hecho es autor de un libro insoslayable y fundamental sobre ese período “El nacimiento del mundo moderno” (Buenos Aires: Javier Vergara, 1992. 969 p.).
Pese a ello al menos en un pasaje de “Héroes” la incomprensión de la historia de América Latina le hace caer en un grave error, tan alto que deseamos corregirlo hoy a la luz de nuestra historia. Con su afirmación Jonhson nos demuestra una vez más, punto al cual nos hemos referido en otros de nuestros apuntes de lector, a la forma como nuestra América Latina no es bien comprendida por parte de los europeos, estamos nosotros siempre excluidos, lo somos. Tanto que de tenerla en cuenta se ampliaría su comprensión de esa época decisiva para la humanidad que es la de la revoluciones de independencia hispanoamericanas, que significó el fin del absolutismo monárquico español, con la presencia de sus grandes figuras: Francisco de Miranda (1750-1816), Simón Rodríguez (1769-1854), Andrés Bello (1781-1865), Simón Bolívar (1783-1830) y Antonio José de Sucre (1795-1830). Y lo decimos, y nuestros lectores lo van a comprobar ahora, porque si bien Jonhson en “El nacimiento del mundo moderno” se refiere a Miranda y Bolívar y menciona a Sucre como el general victorioso en Ayacucho (Diciembre 9,1824) en ningún momento alude a Miranda como un intelectual, como un diarista, como un pensador; nunca cita a Bello, quien logró la Independencia cultural latinoamericana, de hecho fue sustancial su acción en la literatura, la educación, el derecho y las relaciones internacionales muchas de cuyas pautas fijó. Y menos parece Jonhson haber advertido la existencia del gran filósofo de aquella época, Simón Rodríguez, el de las máximas para la autonomía. Y mientras no se entienda el carácter de la cultura hispanoamericana no se podrá estimar el significado de la gran transmutación que vivió nuestro continente a partir del 19 de Abril de 1810 cuando la emancipación fue proclamada en Caracas, antes esto no se había logrado en ninguna parte. Miranda al “inventar” nuestra libertad política había puesto sus bases, antes que el ningún otro. Y los intentos anteriores, como la sublevación de Picornell, Gual y España en Caracas (1797) o la de Quito (1809) habían fracasado, habían sido vencidos: sólo el de Caracas triunfó y se ha mantenido, sin solución de continuidad, pese a las alternativas del período 1814-1821, días del régimen realista en Caracas, sin solución de continuidad. Y además las vidas de Miranda, Bolívar y Bello estuvieron presentes en nuestra experiencia política y cultural a lo largo de más de medio siglo: el paso de una generación a otra, la entrega del fuego sagrado de la libertad lo puso Miranda en las manos de Bolívar, el libertador político, y de Bello, el emancipador cultural, en Londres, cuando se encontraron en 1810 allá. Y cuando Miranda murió en 1816 el Libertador estará en plena acción, logrando realizar lo que aquel planeó y dejó escrito. Y cuando Bolívar fallezca será Bello quien actué, desde Chile, irradiando su magisterio a todo el continente, hasta 1865 cuando dejó de vivir. Y desde ese momento actuaron sus discípulos y más tarde los alumnos de sus alumnos. Así tendremos más de una centuria de proyección. Todo esto hay que conocerlo para poder entender a nuestra América Latina.
En el punto al cual nos vamos a referir Jonhson hierra por no conocer a fondo, y por no haber logrado “sentir” la historia de los países hispanoamericanos a los cuales siempre hay que añadir al Brasil y a la multitud de islas que forman el multicolor mar Caribe, países tan latinoamericanos como los que hablan castellano. De hecho fue una nación caribeña, Haití, el primer país del continente en obtener su Independencia, en este caso de Francia, en 1804, seis años antes que la declaración caraqueña del año diez.
En el caso de “Héroes” al cual nos vamos a referir cita Jonhson a las figuras militares del norteamericano Jorge Washington (1732-1799) y las de los ingleses almirante Horacio Nelson (1758-1805) y Arthur Wellington (1769-1852). No le parece que sea correcto tratar en su capítulo sobre Napoleón Bonaparte (1769-1821) ni se refiere a Bolívar. No se da cuenta que además de Goethe (1749-1832) las grandes figuras de aquellos días fueron Napoleón, el almirante Nelson, el duque de Wellington, Bolívar, el pintor español don Francisco de Goya (1746-1828) y dos mujeres: Mary Woltonecraft (1759-1797), la fundadora del feminismo (1792) y la novelista Jane Austen (1775-1817). No se refiere a Francisco de Miranda, lo cual es otro error, pese a que el gran proyectista de la emancipación participó, en puestos protagónicos, en las tres revoluciones de su tiempo: la de los Estados Unidos, la Francesa y la latinoamericana. Y el Libertador y Goya fueron, en los años de su más lograda acción, las grandes figuras hispanas de su tiempo, no había nadie que pudiera acercárseles. Incluso como hombre de letras, que también lo era, el Libertador escribía mucho mejor que los creadores españoles e hispanoamericanos de sus días. En el campo de la lengua fue un innovador, esa fue otra de sus revoluciones.
Ahora bien Jonhson refiriéndose a Wellington anota: “del mismo modo que condenaba el ejemplo de Simón Bolívar en Sudamérica, pues llevó al desgraciado continente a su trágico camino de golpes de Estado periódicos y a los gobiernos militares” (p.304), es lo que denomina el “camino bonapartista” (p.304) que no es otro para él que cuando “el militar se somete al jefe de Estado electo, con la completa aprobación de la nación” (p.304). Esto, como lo veremos nada tiene que con Bolívar, todo lo contrario, pese a lo que a veces se propala, incluso en alguna obra en la cual el público cae incautamente en sus conclusiones al creer que por haber sido escrita por un historiador profesional es certera, pero se equivocan por no darse cuenta que aquellas son las obras de lo que hemos denominado el “bolivarianismo escuálido” tan pernicioso como el chavista porque ambos utilizan al Libertador como arma de combate en vez de verlo, como debe ser, como una criatura de la historia.
Para aclarar el entuerto de Jonhson, un lunar en tan sabia obra, debemos ir un poco más atrás, para seguir la cronología de los acontecimientos.
Ante Napoleón, y esto no se ha visto como se debía, el punto de vista de Bolívar coincide con el de Jonhson, cosa que el británico ignora. El mismo expresó, el mismo año de la derrota del corso, por Wellington, en Waterloo lo que sigue. Lo hizo al divulgarse en nuestra América la noticia de que Napoleón pasaría a vivir en Nueva Orleáns, en donde incluso se le había preparado una casa. Expresó el Libertador (agosto 22,1815): “Si es la América del Sur herida del rayo, por la llegada de Bonaparte, ¡desgraciados de nosotros, para siempre, si nuestra patria lo acoge con amistad!. Su espíritu de conquista es insaciable: él ha segado la flor de la juventud europea en los campos de batalla para llenar sus ambiciosos proyectos; iguales designios lo conducirán al Nuevo Mundo” (“Escritos del Libertador” Caracas: Sociedad Bolivariana de Venezuela, 1972, t. VIII, p.69).
Para entender esto, que no se cita como se debiera, deben examinarse las visiones que tuvo el Liberador del general galo. Al principio, cuando era un destacado oficial republicano, Bolívar lo admiró. Pero cuando se hizo Emperador, en 1804, Bolívar estaba en París el día de la coronación, lo adversó porque no lo podía considerar un republicano cuando tenía una corona sobre las sienes. Sobre él, en los siguientes, veinte y cuatro años guardó silencio, pese a conocer bien su máxima creación el “Código napoleónico” y haber leído con atención el “Memorial de Santa Elena” del conde de Las Cases (1766-1842). Pero se abstuvo de mencionarlo. Tal era su antagonismo con Napoleón que cuando el grupo paecista de Caracas le propuso coronarse en 1825 el Libertador, que rechazó tal proyecto enfáticamente, lo denominó proyectos napoleónicos. Solo fue en 1828 cuando conversó sobre el Corso con su edecán Louis Perú de Lacroix (1780-1837), quien consignó sus opiniones en su “Diario de Bucaramanga”. El Libertador ignoró siempre que aquel oficial escribía cada día el recuento de las conversaciones que tenía con Bolívar. Allí, en el “Diario de Bucaramanga”, vemos la idea que Bolívar tenía de él y por qué no lo mencionaba: para él, que era un republicano pleno, como siempre lo fue, el haber abandonado la república para hacerse Emperador lo separaba plenamente del oficial galo. Así fue.
Y por ello, y en esto también se equivoca Jonhson, jamás pensó actuar en forma bonapartista. Por bonapartismo se entiende, como lo indica el político-historiador venezolano Domingo Alberto Rangel: ”El bonapartismo siempre encierra una dicotomía. El bonapartista no deja de ser revolucionario ni de guardar sus nexos con las clases que han hecho la revolución. En cierto modo sigue siendo jefe de esas clases. Pero en su conducta utiliza los resortes y las modalidades del viejo orden y de las clases enemigas. En esa contradicción entre lo nuevo en lo cual se apoya el jefe y lo viejo que es restaurado o perdonado radica la esencia histórica del bonapartista” (“Los andinos en el poder”. 2ª. ed. Caracas: Vadell, 1974, p.131).
Ahora bien, y este es el centro del asunto que deseamos exponer, pese a lo que Jonhson expresa, no fue nunca el Libertador un caudillo de montoneras, ni propició golpes del Estado, ni sometió el gobierno civil al mando de los militares. La dictadura de 1828 fue un gobierno de emergencia, hecho para salvar la Independencia.
Tampoco es cierto lo que expresa Jonhson que los latinoamericanos, como consecuencia de la presencia de la acción de Bolívar, nos convertimos un “desgraciado continente” (p. 304): con hombre como el Caraqueño, pese a no haber sido escuchado, lo que hay por delante es progreso, lento arribo hacia normas civilizadas de vida. Todo lo contrario de lo que dice el escritor inglés a quien corregimos.
Primero no fue el Libertador un caudillo sino un político civilizador por haber sido él el primero que avizoró el caudillismo, sus sesgos y las desgracias que traería a nuestros pueblos. Y no podía dejar de verlo quien siempre estuvo, ojo avizor, analizando los sucesos de cada día.
Por ello cuando en su célebre carta a Pedro Gual (1783-1862), a treinta días exactos de la batalla de Carabobo (Mayo 24,1821), le dijo a Gual: “Estos no son los que Uds. conocen: son los que Uds. no conocen: hombres que han combatido largo tiempo, que se creen muy beneméritos, y humillados y miserables, y sin esperanzas de coger el fruto de las adquisiciones de su lanza” (“Escritos del Libertador”. Caracas: Sociedad Bolivariana de Venezuela, 1988, t. XX, p.62. El subrayado es del propio Libertador). Allí comprendió lo que será el caudillismo. Y por ello también expresó, reglones más abajo, “estamos sobre un abismo, o más bien sobre un volcán pronto a hacer su explosión. Yo temo más a la paz que la guerra” (“Escritos del Libertador”, t. XX, p.62).
Allí ya está dicho todo. Y fue expresado por un político que tras los difíciles años de 1813-1819 siempre fue presidente por elección en comicios (1819, 1821, 1825), por quien escuchó siempre la voz de los más capacitados, quien redactó Constituciones, para quien la ley era la norma de vida de los pueblos, para quien si bien la guerra fue ocupación de la mayor parte de su vida también lo fueron, y grande supremo, la educación del pueblo y la atención a la vida internacional a través de la civilizada diplomacia que creó.
Por ello no se puede considerar un caudillo, menos de montoneras, como las que aparecieron en nuestra América Latina después de su muerte, ni puede pensarse que fue cabeza del militarismo cuando él mismo pensaba (mayo 25,1826): “El destino del Ejército es guarecer la frontera. ¡Dios nos preserve de que vuelva sus armas contra los ciudadanos” y en su última proclama (Diciembre 10,1830): “y los militares empleando su espada en defender de las garantías sociales” (“Proclamas y discursos del Libertador”, Los Teques: Biblioteca de Autores y Temas Mirandinos,1983, p.407).
No fue ni caudillo militarista, pese a haber estado a cabeza del suyo, porque siempre propuso, e impuso a través de las leyes, el gobierno de los civiles, la presencia constante de la sociedad civil que él fue el primer venezolano en invocar en significativo pasaje de su Carta de Jamaica (“Escritos del Libertador”, t. VIII, p.232).
Y para terminar: es lastimoso que Jonhson no se haya tomado el trabajo de explorar más lo relativo al asunto Wellington-Bolívar porque fue el alto oficial inglés uno de los pocos que en vida del Libertador reconoció su grandeza. También lo hicieron en sus días Goethe, Byron (1788-1824) y Humbodlt (1769-1859). Esto lo pudo leer en inglés el autor de “Héroes” en la magnífica biografía del alemán Gerhard Masur impresa en 1948 (“Simón Bolívar”, Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República, 1987, p.579). Y es una lástima que para hacer la exploración del Libertador no haya leído también la biografía de éste, escrita y publicada en inglés el año 2006, por el notable historiador británico John Lynch. Sin duda ambas estupendas obras se encuentran en la biblioteca del Museo Británico en Londres donde pudo haberlas leído. Hubiera sido una forma de entender lo que la gente del Viejo Mundo no ha querido comprender: la peculiaridad de la América Latina.

Octubre 15,2009

Roberto J. Lovera de SolaROBERTO J. LOVERA DE SOLA Crítico literario y autor de varios libros y de numerosísimas artículos en su especialidad. Nació en Caracas en marzo de 1946. Siguió estudios en varios colegios de Caracas y Mérida, en la UCAB y en la UCV. Ha realizado investigaciones en diversas instituciones venezolanas y extranjeras, entre ellas el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), Fundarte y la Northwestern University Library, Evanston, Illinois, Estados Unidos.

 

Add to Google

La Corte de los Milagros

por Eduardo CASANOVA

El Paraíso Burlado

(Venezuela desde 1498 hasta 2008)

III

El Paraíso Desperdiciado

(Venezuela después de la Independencia)

La Corte de los Milagros

El jueves 16 de 1899 de mayo se produjo uno de los grandes milagros castristas: el general Cipriano Castro, el ambicioso y caricaturesco Napoleoncito andino hizo su entrada triunfal a la ciudad de Valencia, como preludio de su llegada a Caracas.
Tres días antes, en el anochecer del día de la batalla, estaba derrotado. Si aquello fue una victoria, lo fue a lo Pirro. Él mismo había quedado afectado, no por una herida sino porque al caerse de su caballo se lujó un pie. Si el presidente Andrade le hubiese hecho caso a Antonio Paredes, habría bastado con amenazar a Castro el 14 para que sus maltrechas fuerzas se dispersaran y se acabara así aquella aventura loca. Pero, o Andrade no recibió el telegrama de Paredes, como alegó después, o no confiaba en aquel valiente y honorable oficial que era la única luz militar en su bando. Pero el presidente Andrade intrigó hasta contra sí mismo, y ni se dio cuenta de que aquella “Revolución” de Castro estaba derrotada. En el texto de Paredes hay demasiados condicionales, demasiados “si” que no encontraron respuesta en su momento. Parecería que Castro y él fueron los dos extremos de un sistema de suerte: para Castro, toda la buena, para Paredes, toda la mala. Salvo la mala que le tocó a Andrade, que fue bastante. También Andrade, además de que no estaba preparado para el cargo, no tenía la menor fortuna: fue vencido por su propia incapacidad y por una inmensa red de deslealtades. Entre otras la de su ministro de Guerra, Ferrer, la del general Luciano Mendoza y, aunque en mucho menor grado, la de Manuel Antonio Matos, el banquero, concuñado de Guzmán Blanco, fundador de los bancos Caracas y de Venezuela.
Jacinto López, que fue el último secretario de gobierno antes de que se le entregara vilmente el país a Castro, escribió en 1908 desde New York: Pactar el Gobierno constitucional con el inválido que acaudillaba la rebelión en Valencia era absurdo y de un oprobio insuperable. Nada explicaba ni justificaba aquellos tratos que encontraron sin embargo mensajero en el señor Manuel A. Matos, y que solo podrían servir para disolver la resistencia en todas sus partes y deshonrar a Andrade y dar a su autoridad personal golpe de muerte. Castro en Valencia era más que nunca un jefe anonadado; sin parque, sin dinero, sin bandera, absolutamente incapaz de combatir, ni de expedicionar, ni de ninguna acción de guerra de importancia. Este fué el mayor error de Andrade, tratar con Castro. Inseguro de la lealtad del ejército de La Victoria, y resuelto ya a abdicar, su sola desaparición decorosa del poder era la transmisión legal de la Presidencia al Vice-Presidente, a condición de que la paz fuera en el acto restablecida por el ejército de la República, y se consolidara el orden constitucional. ¿Por qué en lugar de aquellas tentativas de transacción con el desconocido expedicionario, impotente en Valencia, no trató Andrade con el general Víctor Rodríguez, su sucesor legal? (Ante Verba, en Cómo llegó Cipriano Castro al poder).
El propio López da la respuesta un par de párrafos más adelante: tampoco Víctor Rodríguez supo qué hacer. No entendió que con la huida de Andrade él era presidente de la República, y en vez de formar gabinete con un grupo de notables que López había comprometido, creyó que su papel era el de entregar la silla a Cipriano Castro. Dejó que su mente se sometiera a la de Manuel Antonio Matos, que no quería ofender al pequeño capachero quien, seguramente, no podía creer en su propia suerte, o empezaría a suponerse escogido de Dios.
Castro, escogido no por Dios sino por dioses deleznables, ya era atendido y adulado por lo que desde entonces se llamó el “Círculo Valenciano”, formado por unos cuantos hombres civiles, sin valor político alguno, como Ramón Tello Mendoza, quien hasta entonces había vivido de lo que le producía un tren de carros, y quien había tenido alojado en su casa a Ferrer durante la permanencia de éste en Valencia. Cuando Supo este señor Tello que Andrade pensaba ir a tomar el mando del ejército acantonado en Valencia, decoró su casa lujosamente para ofrecérsela; mas como los acontecimientos tomaron un rumbo diferente del que había previsto, y como al fin fué Castro quien se presentó en la ciudad, ofreció la casa a éste y le prodigó las mismas atenciones que reservaba para Andrade; Manuel Corao, quien aseguran estaba al presentarse en quiebra en un pequeño negocio que tenía; Julio Torres Cárdenas, M. Arias Sandoval y Manuel Pimentel Coronel, redactores de unos periodiquillos sin importancia, quienes hasta el día anterior al del combate habían estado pregonando las mayores adulaciones a Andrade y diciendo en todos los tonos que Castro era un facineroso; y por último los dos hermanos Francisco y Santiago González Guinán, ambos inteligentes y de alguna ilustración, pero que, de tiempo atrás, estaban en una especie de degredo moral por haberse exhibido excesivamente serviles y bajos en sus relaciones con los gobiernos de Guzmán Blanco y otros (Cómo llegó Cipriano Castro al poder). Dicho en otras y más cortas palabras: un grupo de adulantes que no buscaban otra cosa que su propio provecho. Aunque siempre los ha habido, posiblemente ningún “círculo” ha sido tan descarado ni tan dañino como el que rodeó al caudillo tachirense y lo aisló de la realidad. La adulancia es la prostitución de la política. Y aquel grupo de pelanduscos ha sido uno de los peores entre los que se han aprovechado entre sonrisas y elogios al jefe, de las debilidades del jefe.
El 22 de octubre de 1899 entra a Caracas Cipriano Castro, y el 23 saca de la silla de una sonora patada por el trasero a Víctor Rodríguez para ponerse él como jefe de Estado de facto. Cierto es que para algunos puede haber sonado esperanzador aquello que proclamó Castro: “Nuevos hombres, nuevos ideales, nuevos procedimientos”, pero también es indudable que desde el mismo comienzo se vio que no tenía la más mínima intención de cumplirlo. Su primer gabinete está formado por Juan Francisco Castillo (el que fue candidato liberal, en de las mozas), como ministro del Interior; Andueza Palacio (el liberal ex-presidente que quiso continuar en el poder), ministro de Relaciones Exteriores; José Ignacio Pulido (viejo caudillo militar que fue ministro de Guerra dos o tres veces y hasta encargado de la presidencia de la República), ministro de Guerra; Víctor Rodríguez (el que le entregó el poder a Castro), ministro de Obras Públicas, Manuel Clemente Urbaneja (sobrino del Premier de Guzmán Blanco y viejo liberal amarillo), ministro de Instrucción; Ramón Eduardo Tello, cabecilla del “Círculo valenciano”, ministro de hacienda; el Mocho Hernández ministro de Fomento, y Celestino Peraza y Julio Sarría secretario general de la presidencia y gobernador del Distrito Federal. Con la excepción de Tello, que está allí por adulante y para que el dinero se maneje como quiere el jefe, todos son viejos hombres de la ya vieja política del siglo XIX, no los nuevos que trajo desde la frontera, entre quienes había personas tan honorables como Manuel Antonio Pulido y gente de gran carácter como Juan Vicente Gómez, por ejemplo. En un acto eminentemente demagógico, Castro va en persona a La Rotunda a liberar al Mocho Hernández, que irá de la cárcel al escritorio de ministro de Fomento, pero el Mocho tiene otros planes y el 28 de octubre, el día de San Simón, tras haber sido ministro por cinco días, se alza en armas, sólo para demostrar otra vez su poca solidez y ser derrotado y humillado unos siete meses después. En Puerto Cabello el general Paredes mantiene el único foco de dignidad del país, pero calcula a partir de una lógica militar que Castro, ante el peligro del Mocho no va a desviarse para tomar Puerto Cabello, y con Castro esos cálculos no funcionan. Se desvía, toma Puerto Cabello, a pesar de una palabra empeñada hace preso a Paredes y de nuevo la suerte le funciona.
Castro, desde el comienzo, se convierte en dictador unipersonal. Más que ocupar la Casa Amarilla, que era la residencia presidencial, la invade, y sus famosos “chácharos” duermen suspendidos en sus corredores y usan su patio como retrete. Desde muy pronto corren por Caracas rumores de los abusos sexuales del hombre de Capacho, y su sentencia: “no cobro andinos ni pago caraqueños” habla muy mal de su visión del país. Son recurrentes las historias de jóvenes de todas las clases sociales lo “visitaron", como en la colonia ocurría con don José Francisco Cañas y Merino, gobernador y capitán general de Venezuela entre 1711 y 1714, famoso por sus costumbres disipadas, que incluían la violación y seducción de niñas. Castro, obnubilado por la alta sociedad, invadió la Casa Amarilla y la convirtió en sitio de grandes fiestas y alegres encuentros. Fiestas en las que, como cuenta Carmen Clemente Travieso, en los corredores del alto se servía un ‘buffet’ con 500 pavos y otros tantos jamones y postres que aderezaban las familias caraqueñas para las fiestas de la Casa Amarilla. (…) El señor Maury era el encargado del adorno de la casa que tenía el aspecto de un palacio encantado.
De inicios de su gobierno es también una de las situaciones que más afectó su imagen: El 29 de octubre de 1900 Castro tenía un año y una semana en el poder, y ya era detestado por muchos en la capital. Y esa madrugada, a las 4 y cuarenta y dos minutos, un movimiento de la tierra derrumbó no menos de veinte casas, mató a una veintena de personas y dejó heridos a más de cincuenta. Al sentir el temblor, el presidente Castro perdió la compostura y saltó en paños menores y pantuflas de uno de los balcones de la Casa Amarilla. Una altura respetable, aun para un hombre menudo y liviano. Además del ridículo y las burlas del pueblo, el general Castro sufrió la lujación de un tobillo. Fue entonces cuando decidió mudarse al Palacio de Miraflores, la edificación que el general Joaquín Crespo no pudo terminar. Estaba construida a prueba de terremotos. Y el miedo es libre.
Pero retrocedamos en el tiempo. Los comienzos del (des)gobierno de aquel hombrecillo no podrían haber sido peores. Castro consigue un préstamo y pide un segundo crédito, confiado en que el hombre que tanto lo ayudó a llegar a la cumbre, Manuel Antonio Matos, va a obedecer dócilmente. Pero no es así: los banqueros niegan el dinero. Y allí se produce otra escena trágica de película cómica: los banqueros son encadenados y exhibidos públicamente como monos de circo, y encerrados en La Rotunda. Así consigue el dinero Castro, pero también el odio de los banqueros y de lo que hoy llamamos el “sector privado”. Eso hubiese sido suficiente para quitarle el piso político, sobre todo si consideramos que en el Táchira se alzó Rangel Garbiras, en Guayana Nicolás Rolando, en los Llanos Celestino Peraza, en Oriente Pedro Julián Acosta, en Carabobo Juan Pietri, en fin, el país se le incendiaba. Pero de nuevo, como veremos pronto, acude en su ayuda la suerte, en las manos de Manuel Antonio Matos, el banquero mayor de su tiempo.
Las locuras de Castro no se limitan a sus relaciones con los banqueros. También quiere restablecer la Gran Colombia y convertirse en el Bolívar del siglo XX. Y así, ignorando la Historia, promueve una alianza liberal latinoamericana con el fin de invadir Colombia, derrocar al gobierno conservador de José Manuel Marroquín, el dictador académico que va a derrotar a los liberales luego de años de guerra; sueña con reunir la Gran Colombia y, por qué no, lograr lo que imaginaron Miranda y Bolívar. El jefe del partido liberal colombiano lo apoya, así como Eloy Alfaro y José Santos Zelaya, presidentes liberales de Ecuador y de Nicaragua. El 25 de julio de 1901, un pequeño ejército colombiano, mandado por el venezolano Carlos Rangel Garbiras, invade el Táchira y Castro lo vence con un ejército venezolano, uno de cuyos estrategas es el colombiano Rafael Uribe Uribe, jefe de los liberales. Como respuesta, Castro envía una grotesca invasión venezolana por la Guajira que muere en una emboscada, en Carazúa, el 13 de septiembre de 1901, después de que varios centenares de soldados venezolanos son engullidos por el desierto y la disentería. Allí fallecieron, también de diarrea, los sueños bolivarianos de Castro.
No conforme con pelearse con los ricos y con los conservadores (y gobernantes) colombianos, Castro inicia una acción contra las empresas norteamericanas y europeas, y fustiga especialmente a la New York and Bermudez Co., que había adquirido los derechos de explotación del asfalto del lago de Guanoco, inicialmente concedidos al norteamericano Horacio Hamilton en 1883, y que por diversas razones (y entre otras cosas respondiendo a intereses tan poderosos como los de la empresa asfaltera) había motivado acciones de varios gobiernos, pero ninguna tan enfática como la de Castro.
Esos ingredientes, mezclados entre sí, proveyeron el punto de partida de una de las más singulares revoluciones de nuestra historia, que bien podría ser también la última de su estilo: La Revolución Libertadora.

Capítulos Publicados:

El Paraíso Partido
(Venezuela antes de la Independencia)

Obertura
El Sonido de las Sombras
El Topetazo
El Tanteo por Oriente
El Tanteo por Occidente
Tirano de Sombra y Fuego
La atracción del centro
El Viaje al Edén
El día de Caracas
La Agonía de Occidente
Los viajeros forzados
El gobierno de papel
El Blanco Tejido de las Ro­jas
Los primeros pasos del Quijote
La Luz de los Sonidos
El Sonido de la Luz
Llegaron los Bolívar
Archipiélago de Colores
Ciudad por Cárcel
La Pequeña Torre Amable
La Casa del Saber
De Guipúzcoa Viene un Barco Cargado de…
De Fiestas y de Locuras
Las Nueve Musas
Los hombres de ruana y de frío
Por España, contra España…
Cuando Humboldt y Mozart estuvieron en Caracas
También llegaron los Sucre
De Masones y Papisos
El padre de todas las patrias
Final de Fiesta

El Paraíso en Llamas
(Venezuela durante la Guerra de Independencia)

Obertura
La primera estrella fugaz
La Alborada de los Trágicos
Los niños felices
El paseo de los muertos
La óptica del otro
Aprendices de brujos
Los Santos Inocentes
La Niña recién nacida
La isla que nunca fue
La seguna estrella, menos fugaz
La primera Sociedad
La Niña enferma
La otra villa rival
La Carta sobre la mesa
La niña muerta
El héroe de la película
Un Bolívar, ida y vuelta
El malo de la película
El circo de Belcebú
La Campaña Abominable
Las dificultades del hombre
El héroe local
El Infierno desde adentro
Los días del Purgatorio
“De la Gloria los orbes están llenos”
El santo de América
En la cumbre de la guerra y de la paz
Tiempos de júbilo
El comienzo del fin
La inquieta paz de los cementerios
La etérea puerta del Limbo
El limbo y el laberinto
El verdadero fin de la fiesta
El alegre triunfo de la muerte
Coda

El Paraíso Desperdiciado
(Venezuela después de la Independencia)

Obertura
Los Primeros Días de la Noche
El Primer Ataque de la Bestia
Astrea se pasea cantandito por Venezuela
El Medio-mantuano
El Mantuano secundón
El hermanito
El camino del infierno
En la alegría del Infierno
Peor que el Infierno
Tiempo de bostezos
El Gran Arquitecto del Universo
Heredarás los vientos
El Supremo Director de la Patria que lo Aplaude
El Agachadito
Más te Valiera Estar Duerme
Abajo el Continuismo… Viva la legalidad…
¡Viva el Mocho Andrade!
La Muerte del Siglo
Duendecillo entre titanes
La Campaña Deleznable
La Batalla Deleznable

 

Add to Google

Esteban, Pavoso

por Eduardo CASANOVA

Está a la vista: Esteban de Jesús Pelopintado, públicamente, le deseó “suerte” al Magallanes inmediatamente antes del último juego del campeonato, y el Magallanes perdió. Luego, también en cadena, declaró que él no tenía complejos y apoyaba al Caracas en la Serie del Caribe, y el Caracas se hundió estrepitosamente. De modo que las estadísticas demuestran que Esteban de Jesús Pelopintado es pavoso, mabitoso, o, como dicen el Argentina, jettatore. No es nada que tenga que ver con superstición, puesto que la pava, la mabita, la jetta, son exactamente lo mismo que el “mal de ojo”, y el “mal de ojo” es la influencia maligna, voluntaria o involuntaria, que se produce por parte de un individuo determinado, originalmente a través de la mirada, pero que puede ser por simple presencia o por cualquier forma. Y, según la creencia popular, proviene siempre de la envidia del individuo pavoso, mabitoso o jettatore. Pero los que han estudiado el fenómeno en forma científica han llegado a una conclusión: un individuo es pavoso, mabitoso o jettatore por su actitud, porque emite mensajes negativos, porque sus vibraciones son negativas y, desde luego, su negatividad suele provenir, como lo intuyó la creencia popular, de la envidia, del resentimiento. Y si en alguien están a la vista, a flor de piel, la envidia y el resentimiento, es en Estaban de Jesús Pelopintado, que odia a los ricos, odia a los exitosos, odia a los que pueden ser felices, y quiere que todo el mundo, todo el pueblo, sea paupérrimo, sea infeliz, se mantenga en la peor de las oscuridades. De modo que no es en absoluto un disparate suponer que la envidia que lo carcome, lo convierte en pavoso, en mabitoso, en jettatore, y su mala influencia se ha agregado a su incapacidad y a su ignorancia para perjudicar a todos los venezolanos. Una razón más para desear, de todo corazón, que se termine esta pesadilla, que deje de malgobernar Esteban de Jesús Pelopintado, conocido civilmente como el teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías, y vuelva la democracia a Venezuela.

 
Technorati:

Add to Google

El Humanismo en cada Individuo

por Alejo URDANETA

I

El mundo que vivimos hoy día ha podido ser el resultado del enfrentamiento ideológico de dos mitos, nacidos desde que el hombre tuvo consciencia: Uno se sustentaba en un estadio inconmovible, asentado en la idea de una edad de oro y que nos decía que hubo un tiempo de paz y abundancia. Era la Arcadia del poeta Virgilio, el Edén bíblico: un lugar bucólico de felicidad inmaculada. Y sin embargo, esta idea de paz, al ser estática, condenaba al hombre a la inmovilidad creadora. El pasado era un continuum fundado en la piedra tradicional. A ese pasado el hombre ha querido regresar con la idea de la felicidad como propósito vital.

El otro mito proviene del peregrinaje humano que se inició cuando el fundador Abraham abandonó su lugar natal, Ur, en la Mesopotamia que hoy es Irak, para buscar la Tierra Prometida. Era el inicio de la utopía que miraba el futuro y el cambio fermentado por las revoluciones. Este tránsito iniciado por Abraham se afirmó con el Cristianismo, la llegada del Mesías que instauraría el reino de Dios que proclama la agonía, el ‘agon’ griego. No es ahora el extático mundo de la contemplación, sino la contradicción dialéctica que origina oposiciones y la revolución en sus distintas expresiones. El Cristo lo dijo explícitamente: “Vine a meter fuego en la tierra, ¿y que he de querer si ya prendió?” (Luc. XII, 49”54).

Continúe leyendo »

La Democracia es mejor

por Eduardo CASANOVA

No hay duda: la peor desgracia que ha sufrido Venezuela se inició cuando, por incompetencia de sus dirigentes, los partidos políticos venezolanos se desacreditaron. La inmensa mayoría de la gente veía que sus problemas se multiplicaban mientras los “dirigentes” de los partidos se daban la gran vida, no trabajaban, tenían automóviles de lujo, viajaban a cuerpo de rey, almorzaban y cenaban en restaurantes de lujo y, sobre todo, no se ocupaban sino de ellos mismos. Apareció entonces Esteban de Jesús Pelopintado, un personaje irreverente, divertido, hablachento, que ofrecía villas y castillos, y la gente se dejó seducir. Esteban ha estado en el gobierno durante once años, ha hablado hasta por los codos, ha convencido durante mucho tiempo a la gente de que él no tiene la culpa. Primero era que no lo dejaban gobernar, después, que alguien más tenía la culpa, hasta un tal Niño que nadie conoce, y ahora vaya uno a saber qué. Ya ni siquiera gobierna, pues prefiere que los capos cubanos le saquen las patas del barro. Si hasta se trae a un viejo general cubano, experto en torturas y abusos de poder, con la excusa de que va a solucionar lo de la luz, que él arruinó, aun cuando en Cuba la luz funciona tan mal como en Venezuela. O peor, por el atraso tecnológico. Pero ya le gente está empezando a darse cuenta de que Esteban de Jesús Pelopintado sí tiene la culpa. Sobre todo en la medida en que se ha ido quitando la máscara y se ha presentado como lo que es: como un enemigo jurado de la democracia. Porque la gente sabe que, con todos sus defectos, la democracia es mejor. En democracia se puede buscar la salida: siempre hay una luz en cualquier lado para orientarse, mientras que en dictadura todo es oscuridad. En democracia, si no te gusta el camino que llevas, puedes ir por otro. En dictadura no, porque en dictadura te llevan por el camino que ellos quieren. Ellos se sienten mejores que tú, y deciden por ti. Eso es lo que hay que recalcar: que, aun en la peor democracia, como fue la de Venezuela a partir de la década de 1980, siempre se puede salir de abajo. Las dictaduras pretenden quedarse para siempre. La democracia es cambiante. Simplemente: la democracia es mejor.

 
Technorati:

Add to Google

VENEZUELA SIN LAUREANO

por Eduardo CASANOVA

El humorismo venezolano tiene una larga tradición de enfrentamientos con los gobiernos de turno, especialmente con los malos gobiernos, y más aún si los malos gobiernos, como el de Esteban, no son democráticos. “El Palo Ensebado” (1846) fue apenas el primero de una serie de publicaciones como la que hoy está de moda en Internet (“El Chigüire bipolar”), pasando los “Pitorreos” de Job Pim y “Fantoches” de Leo. Y, desde luego, muchos recordamos “El Morrocoy Azul”, de Miguel Otero Silva, Kotepa Delgado y otros, así como “El Sádico Ilustrado”, quizá el más intelectual de todos. Muchos de los cultores del humorismo, especialmente del humorismo político, sufrieron las consecuencias de la intolerancia de los tiranuelos de turno. Job Pim y Leo, en particular, pasaron años de sufrimiento y tinieblas en La Rotunda, pero jamás perdieron su frescura y su buen humor. La democracia venezolana (1958-1999) fue mucho más tolerante con el humor, aunque Salvador Garmendia se vio perseguido judicialmente por un excelente cuento. Pero en realidad no fue el gobierno el autor del desaguisado. En cambio sí es el gobierno de Hugo Chávez el que le emprende con violencia contra Laureano Márquez, uno de los humoristas más talentosos de nuestra historia, por haber publicado “Venezuela sin Esteban”, el viernes 29 de enero, como Editorial del diario “Tal Cual”. No es otra cosa que una estupenda humorada basada en la “historia ficción” que trata de adelantar el porvenir muy seriamente en la tv americana y en numerosas publicaciones, casi siempre americanas. Y, como era de esperar, los chavistas, intolerantes y por lo general no muy inteligentes, no lo entendieron. No creo que la sangre llegue al río, o, mejor dicho, espero que el sentido del ridículo les haga reconsiderar tamaña mediocridad a los amos del poder actual. No creo que Laureano termine, como Job Pim y Leo, en la actual Rotunda, que es el Helicoide, sede de la Disip, la que “disipara” primero y averigua después. Sería grotesco. Venezuela sin Laureano sería la tristeza de Kim Il Jong, lo tenebroso de Pol Pot, todo en un solo pote aplastando a Venezuela. Venezuela sin Laureano sería el fracaso de todos los venezolanos, y en estos momentos ya somos mayoría los que no queremos que Venezuela siga de fracaso en fracaso. Y con Laureano, siento que el fin de la oscuridad está cerca.

 
Technorati:

Add to Google

La incertidumbre y la mente

por Carmen Cristina WOLF

Ilustración de Idana Rodríguez
publicada en El Nacional

El apreciado periodista Rafael Osío Cabrices ofrece hoy 31 de enero en la Revista Todo en domingo de El Nacional, uno de sus artículos que, como es frecuente, refleja con lucidez los anhelos y las preocupaciones de la sociedad. venezolana. En esta ocasión trata sobre la incertidumbre. Sabemos que el acontecer humano es muchas veces impredecible y siempre cambiante, pero la salud mental y el equilibrio dependen de que la existencia ofrezca un mínimo de reglas claras para desempeñarnos en ese juego permanente que es la existencia. Transcribo un fragmento del texto publicado: “¿En qué consiste la incertidumbre? Parece ser tan omnipresente que uno no puede ni determinar dónde empieza y dónde termina… Pero es una característica central de la vida en Venezuela en este momento aunque podría decirse con razón que todo el mundo está sumido en ella” (…) En este tiempo azaroso que nos toca vivir, conviene recordar las enseñanzas del budismo, que nos recuerda la impermanencia de todo lo condicionado, y que sólo la Conciencia es duradera. Alcanzar estados con la claridad de la Mente a través de la meditación es un camino para trascender la angustia que producen los cambios. Para la religión cristiana, ese camino lo encuentra el alma a través de la fe y la oración. Recordemos la enseñanza de las Escrituras, que nos dice que por más que se preocupe, el ser humano no podrá añadir un codo a su estatura.

Escribe Osío Cabrices: “Pero sí nos hará bien tener presente que nada dura para siempre, que algunos misterios al final se resuelven, que los grandes mentirosos eventualmente pierden la voz y que, si uno ha podido resguardar dentro de sí lo más valioso de la sensibilidad y la cordura, podrá contar con que será capaz de prosperar en cualquier entorno –o lugar- mejor que éste.” (…) Estas palabras son capaces de tocar nuestras mentes ansiosas y abrumadas por la desesperanza. Nada es para siempre. En medio de la densa bruma que no permite ver hacia el horizonte, como queda plasmado en la ilustración que Idana Rodríguez que acompaña el escrito de Rafael Osío, más allá de la confusión, cuando hemos preservado nuestra sensibilidad y no nos hemos dejado arrastrar por la desesperación, se filtra un finísimo rayo de luz que nos infunde buen ánimo y fortaleza, y el convencimiento de que han de venir tiempos mejores. Cuando estamos abiertos a las energías radiantes del universo, somos capaces de estar atentos, por ejemplo, al mensaje de este joven que nos infunde y renueva la confianza.

Eso sí, siempre que cuidemos la mente, ese espejo que debe permanecer libre de impurezas. Y para eso las personas tenemos un abanico de posibilidades. El arte, la lectura, el yoga, la ayuda a los otros, la música, la investigación, la artesanía, en fin, toda clase de actividades y oficios que contribuyen a aquietar la mente automática, esa que repite y vuelve a repetir pensamientos e imágenes que nos llenan de desasosiego.

Y sobre todo, es necesario reservar un tiempo a la meditación, sea cual sea el método que utilicemos. La claridad mental conlleva a encontrar respuestas y soluciones insospechadas. Mientras tanto, nos infunde la energía y la fortaleza necesarias para conducir nuestra nave a buen puerto, y para beneficiar a otros que lo necesiten. Gracias a Rafaeel Osío por su escrito. Él no puede adivinar cuánto bien reparte a su alrededor con su palabra.

Artículo “Incertidumbre” por Rafael Osío Cabrices publicado en la revista Todo en Domingo de El Nacional

Carmen Cristina WolfCarmen Cristina Wolf, caraqueña, poeta, narradora, ensayista y abogado (Universidad Católica Andrés Bello). Ha publicado una vasta obra literaria además de mantener una presencia constante y prolífica en su blog http://literaturayvida.blogsome.com

 
Technorati:

Add to Google

La Batalla Deleznable

por Eduardo CASANOVA

El Paraíso Burlado

(Venezuela desde 1498 hasta 2008)

III

El Paraíso Desperdiciado

(Venezuela después de la Independencia)

La Batalla Deleznable

El extraño ejército de Castro, ahora con unos mil seiscientos hombres, pasó por Cabudare, Yaritagua, Urachiche, Boraure y Santa María. Supo que el general Rosendo Medina (padre de Isaías Medina Angarita) estaba en la región para enfrentarlo, pero había vuelto las grupas a punto de encontrarse con él. El 9 de septiembre pasó por Nirgua, cuyos fantasmas deben haber torcido la nariz al recordar a los que pasaron, también rumbo al valle de Caracas, en 1567. Allí se apoderó de buena parte del parque de Medina sin que en realidad se llegara formalmente a pelear y siguió hacia Miranda y Bejuma, por donde pasó el 10, y tres días más tarde acampó en Tocuyito.
Allí vería acción el general Antonio Paredes, que se había ofrecido como voluntario sin encontrar otra respuesta que el eco de su voz. Lo que cuenta parece la antimateria de lo que cuenta León Tolstoi. Se impuso como voluntario a pesar de la reticencia de los jefes militares del gobierno. Lo hizo cuando de manera irresponsable el encargado de llevar armas de refresco con su correspondiente escolta a las fuerzas que combatían a Castro en Tocuyito, cerca de Valencia, aceptó dejar la comisión en manos de aquel hombre que insistía en sumarse a ellas. “Cuando llegué donde llaman Mucuruparo –narra el estupefacto voluntario–, a una legua de Valencia, ya se veía un cordón de desertores casi contínuo por el camino. Al mismo tiempo podía observarse que las tropas del gobierno venían de retirada, porque los fuegos se acercaban cada vez más. (…) En ese momento ví que por una estrechura o portachuelo del camino de Nirgua, a alguna distancia hacia mi derecha, iba desembocando en la sabana un grupo de tropas bastante grueso; y creyendo que pudieran ser de las de Castro que vinieran a cortar la retirada a las que huían por acá, hice detener los carros y me preparé a resistir colocándolos contra la empalizada de un corral de ganados y situando la escolta detrás. (…) Mas como al examinar con el anteojo comprendiera que eran derrotados de las fuerzas del Gobierno, puse de nuevo los carros en movimiento con la mayor celeridad, y mandé un Ayudante a caballo que fuera a escape hasta donde encontrara a Ferrer y le dijera que yo llevaba un parque; que si él creía que en lugar de serle útil podía serle embarazoso para la retirada, me lo avisara para contramarchar con tiempo y que aquel no fuera a caer en poder del enemigo; pero que mientras él no dispusiera otra cosa yo seguiría la marcha. (…) Después de la detención a que me he referido, que había durado apenas unos minutos, había seguido yo por la sabana paralelamente al camino por ser más fácil a la marcha de los carros, y porque aquel estaba lleno de tropas en desórden que iban hacia Valencia. (…) Fernández, Terife y otros Generales pasaron hacia aquella ciudad, y cuando el primero me vió, gritó: “adiós, tocayo”…. (…) Los batallones marchaban mezclados; los Jefes a caballo en medio del tumulto parecían no inquietarse de lo que ocurría porque no hacían la menor tentativa para restablecer el orden. (…) Cuando hube andado como una milla más, no pudiendo seguir fuera del camino a causa de los matorrales que había en esa parte de la sabana, volví de nuevo a aquel que estaba casi solo por haber pasado ya el grupo mayor de derrotados y poco después me crucé con un joven, que según entiendo era Ayudante de Ferrer y al parecer iba huyendo con los otros. Al reconocerme contuvo un poco su caballo y me dijo: “vuélvase, General, si no quiere caer prisionero con ese parque”. Mas le contesté que no lo haría mientras Ferrer no me lo ordenara por medio del Ayudante que le había enviado, y nos separamos en direcciones opuestas. (…) Apenas había avanzado dos o trescientos metros cuando regresó mi comisionado, y, con señales de grande alarma me dijo: ‘el General Ferrer que contramarche, que todo está perdido.’ ”
Esa es la versión apasionada de un enemigo irreductible de Cipriano Castro, y además valenciano. Aunque es la visión de un militar, es también la de un hombre que ha visto sólo la periferia de la batalla. Llegó tarde al sitio, no estuvo en realidad en el lugar de los hechos ni quiso escuchar a quienes sí lo estuvieron. Escribe para golpear a quien quiere destruir, y casi lo logra. Un andino, aunque no tachirense sino merideño, dueño de la mejor prosa de su tiempo, Mariano Picón Salas, que no estuvo allí, describe casi cinematográficamente lo que ese día ocurrió en Tocuyito desde una óptica diferente a la de Paredes, aunque coincidente en algunos aspectos:
“Acaso en Tocuyito los soldados del gobierno que estrenaban sus piezas de artillería, fueron más valientes que los jefes. Antonio Fernández traía el lastimoso recuerdo de la derrota que Castro le infligió en Cordero. Diego bautista Ferrer fué agasajado huésped del caudillo en la casa de Bellavista el año 95, y no parecía con demasiada voluntad de exponerlo todo por la causa de Andrade. Pocas semanas después (cuando Castro entre a Caracas) aparecerá en un banquete castrista brindando por la Restauración. La batalla, sinembargo, fue excepcionalmente sangrienta. Una mala metáfora de Guerrero (Se refiere a Emilio Constantino Guerrero, que acompañó a Castro en su marcha hacia Caracas y publicó después su “Campaña Heroica”, ditirámbica y habitada por una prosa decimonónica que al gran maestro merideño le causa algo muy parecido a la grima), describe a Castro como ‘el jinete eléctrico’ y ‘como proyectil disparado de una a otra parte para mantener la actividad, la fé y el valor’. Nunca como en ese instante jugó toda su vida a la fortuna. El cañoncito de Parapara ha derribado el reducto llamado ‘Casa Fuerte’ a la entrada del pueblo, que es nido de ametralladoras y granadas enemigas. Ahora, por los paredones desgarrados, se deslizan legiones de hombres heridos, posesos de pánico. Y Cipriano va en su caballito de paso, flotante la chamarreta, repartiendo sus gentes y adelantándose a la estrategia de los generales enemigos. Miguelón Contreras vino a pedir más parque; hace ya una hora que su escuadrón está vaciando los fusiles frente a las líneas gobiernistas, y dice a su Jefe con palabras que recuerdan las del ‘Negro Primero’ en Carabobo: –‘General le digo adiós, porque me van a matar’. Pocos minutos después cae acribillado en la primera fila del combate. Castro ordena a su viejo corneta, Jesús Parra, ‘El Chavalo” que no cese de tocar carga. ‘Era mi mejor cortador’, dice el caudillo como epitafio homérico al saber la muerte de Miguelón. Ahora se le ve por la sabana, casi diabólico, con la barba negra y la chamarreta blanca, saltando vallas, empujando a los lentos y los remisos. Fué su mejor momento épico. Al dar un salto brusco, cae el jinete y sufre fuerte lujación de una pierna. Acuden los hombres a asistir a su General. Pero él está allí, apretando su dolor, asido a un matapalo y reiterando las órdenes de carga: ‘¡Avance el ‘23 de Mayo’! ¡Que entre el batallón ‘Tovar’! Ferrer y Fernández ordenan sorpresiva retirada. Afirma su victoria el ‘Ejército Restaurador’ sobre más de un millar de cadáveres. Al caer la noche, Castro hace melancólica entrada triunfal en el pueblo de Tocuyito sobre camilla de impedido. Sus oficiales cuentan los muertos y empiezan a recoger el parque.
¿Qué había pasado en realidad ese lunes 13 de septiembre de 1899? En la llanura de Tocuyito, al frente de unos dos mil hombres, se había ubicado Cipriano Castro, a quien acompañaban como oficiales de estado mayor Juan Vicente Gómez, Emilio Fernández, Manuel Antonio Pulido, Pedro María Cárdenas, José Antonio Cárdenas y “Miguelón” Contreras. Todos los expertos coinciden en que había sido un error de Castro, pues el sitio le daba la ventaja a sus contrarios, que además tenían más de cinco mil combatientes y mejor armamento. Esas fuerzas que debían defender el gobierno de Ignacio Andrade estaban bajo el doble comando del ministro de guerra, general Diego Bautista Ferrer y el general Antonio Fernández (doble comando porque Andrade no confiaba en ninguno de los dos, y optó por esa medida suicida), con un estado mayor formado por los generales Francisco Linares Alcántara, hijo (Panchito Alcántara, hijo del que fue presidente, es el primer oficial venezolano que estudió en West Point, en los Estados Unidos. Estuvo a cargo de la artillería en Tocuyito; se unió a Castro y tuvo después una pálida actuación política; murió en 1958, a los ochenta y dos años), Jesús María Arvelo, Simeón Colmenares y Candelario Mata. Ferrer y Fernández no hicieron otra cosa que pelearse entre sí. La batalla empezó como a la una del mediodía. Ferrer se empeñó en atacar a Castro por el centro, cuando los flancos estaban al descubierto, y Panchito Alcántara, con sus cañones, sólo causó bajas en su propia fuerza. Al final se corrió la voz de que estaban derrotados y en el anochecer sólo se preocupaban por huir y tratar cada quién de salvar su pellejo. Como resultado, en unas siete horas aquella montonera desordenada de Castro puso en fuga al ejército gubernamental. Castro perdió en la acción unos setecientos hombres, es decir, el 35%, mientras que sus contrarios, con pérdidas proporcionalmente mucho menores, le cedieron el terreno y dejaron totalmente indefenso al pobre presidente Ignacio Andrade que a esa hora andaba, desinformado y saboteado, por los Valles de Aragua.

Capítulos Publicados:

El Paraíso Partido
(Venezuela antes de la Independencia)

Obertura
El Sonido de las Sombras
El Topetazo
El Tanteo por Oriente
El Tanteo por Occidente
Tirano de Sombra y Fuego
La atracción del centro
El Viaje al Edén
El día de Caracas
La Agonía de Occidente
Los viajeros forzados
El gobierno de papel
El Blanco Tejido de las Ro­jas
Los primeros pasos del Quijote
La Luz de los Sonidos
El Sonido de la Luz
Llegaron los Bolívar
Archipiélago de Colores
Ciudad por Cárcel
La Pequeña Torre Amable
La Casa del Saber
De Guipúzcoa Viene un Barco Cargado de…
De Fiestas y de Locuras
Las Nueve Musas
Los hombres de ruana y de frío
Por España, contra España…
Cuando Humboldt y Mozart estuvieron en Caracas
También llegaron los Sucre
De Masones y Papisos
El padre de todas las patrias
Final de Fiesta

El Paraíso en Llamas
(Venezuela durante la Guerra de Independencia)

Obertura
La primera estrella fugaz
La Alborada de los Trágicos
Los niños felices
El paseo de los muertos
La óptica del otro
Aprendices de brujos
Los Santos Inocentes
La Niña recién nacida
La isla que nunca fue
La seguna estrella, menos fugaz
La primera Sociedad
La Niña enferma
La otra villa rival
La Carta sobre la mesa
La niña muerta
El héroe de la película
Un Bolívar, ida y vuelta
El malo de la película
El circo de Belcebú
La Campaña Abominable
Las dificultades del hombre
El héroe local
El Infierno desde adentro
Los días del Purgatorio
“De la Gloria los orbes están llenos”
El santo de América
En la cumbre de la guerra y de la paz
Tiempos de júbilo
El comienzo del fin
La inquieta paz de los cementerios
La etérea puerta del Limbo
El limbo y el laberinto
El verdadero fin de la fiesta
El alegre triunfo de la muerte
Coda

El Paraíso Desperdiciado
(Venezuela después de la Independencia)

Obertura
Los Primeros Días de la Noche
El Primer Ataque de la Bestia
Astrea se pasea cantandito por Venezuela
El Medio-mantuano
El Mantuano secundón
El hermanito
El camino del infierno
En la alegría del Infierno
Peor que el Infierno
Tiempo de bostezos
El Gran Arquitecto del Universo
Heredarás los vientos
El Supremo Director de la Patria que lo Aplaude
El Agachadito
Más te Valiera Estar Duerme
Abajo el Continuismo… Viva la legalidad…
¡Viva el Mocho Andrade!
La Muerte del Siglo
Duendecillo entre titanes
La Campaña Deleznable
La Batalla Deleznable

 

Add to Google

Órbita

por Alberto HERNÁNDEZ

1.-


Órbita de Miguel Serrano Larraz

Dejé el libro. Lo dejé agónico una mañana y al día siguiente ya era cadáver. Lo dejé morir mientras imaginaba la cara de Miguel Serrano Larraz en Valencia, Venezuela, una noche de confesiones y lecturas nerviosas. Imaginé la radiografía -o tomografía- de la portada y me deshice bajo el calor de estas horas de octubre.
Convertida la imagen en polvo cósmico, regresé a Órbita (Editorial Candaya, Barcelona, España, marzo 2009) y vacilé. Ya me había consumido 174 páginas. Volví a dejarlo, materia insepulta, sobre la mesa que orbita alrededor de varios tomos que esperan la visita de quien esto rasguña.
Y me até a unas declaraciones del autor: “Cada individuo es como un cuerpo celeste. Cada amigo, cada miembro de mi familia, es como un satélite que gira a nuestro alrededor…”.
Ciertamente, se trata de nueve relatos que dan vueltas alrededor de un tema. Se trata de nueve relatos que se recogen y vuelven a expandirse, como unos asteroides que buscan estrellarse en algún lugar, pero no lo logran. Entonces, se mueven sin descanso frente a la boca de un hueco negro, hasta que se esfuman.
El libro, sucio de realidad, me advierte a través de un muy realista Miguel Serrano Larraz:
-El tema central es la pérdida de la inocencia, el momento en que nos damos cuenta de que vamos a morir. Es el retrato de mis heridas y de mis alegrías.

Mientras repaso el eco de estas palabras, imagino a Serrano Larraz en Zaragoza -bajo el alero de un edificio- en búsqueda de algún contemporáneo de los años 90 o de alguien de décadas anteriores para convertirlo en sus heridas y alegrías.

2.-

Esta lectura de Órbita se me hace el relato de un “vacío insalvable”. Aquí respiro y abro los ojos mientras Samuel Soriano (“Órbita”) declara tener 14 años y no querer morirse nunca. ¿Pérdida de la inocencia o la revelación de que la eternidad no está en una carta ni en los números finales de un problema de álgebra? Las motivaciones intelectuales de Soriano son el apresto de un Bernardo R., quien ha sido sometido a la gravedad de la insistencia de un joven que –al fin- ha dado con la cara de un personaje con quien ha tenido una relación lejana, epistolar, científica.
Se me ocurre, sin ningún ánimo literatoso, acudir a La cantante calva o a Buscando a Godot. No recuerdo si Serrano tiene entre sus preferencia a Ionesco y a Beckett. Lo cierto es que Soriano sí halló a su Godot y se pudo comunicar con su vecino de autobús o de edificio. “No hablaron más”. ¿Es que acaso lograron hacerlo como soñaba el muchacho? “…Bernardo R. estaba viejo o enfermo, o tal vez viejo y enfermo, y supo también que en algún momento de la noche, en algún momento de las tres o cuatro horas siguientes, tendrían que despedirse, y que esa despedida sería tal vez para siempre, y que jamás ya iba a poder hacerle ninguna de las preguntas que llevaba años preparando”. Pese a todo eso, sentía que podía morirse tranquilo, porque “es la única persona que podría entender mi vida, y no hemos hablado porque no era necesario, porque no es necesario decir nada más”. ¿”El vacío insalvable”? No sé, habría que preguntarle a Bernardo R. O a Godot.
La única razón para sellar el relato está en que “el final era lo único que siempre había tenido claro, que el final era siempre lo primero que consideraba al enfrentarse a cualquier proyecto”. Cerrado el círculo.

3.-
Hay juegos, saltos u obviedades. En todo caso, Órbita es una aventura donde confluyen elementos tradicionales y contemporáneos, más allá de Cortázar, Bolaño, “nocillas” o reglamentos viales. Se trata, pues, de un libro de cuentos donde la inteligencia de su autor se vale de un humor volátil, agónico, sugerente, quien busca “la revelación, la respiración” de historias que emergen sin necesidad de empujarlas, de añadirles adjetivos innecesarios. Órbita es un tratado de emergencias en el que el lector termina fascinado.
El relato “Y sólo del amor queda el veneno” abre con Ionesco. Entonces, la rubia del tercero, una muchachota llamada María Luisa, desencadena toda una aventura que no asoma el olor de hormona alguna. ¿O sí? Sólo el ojo agrimensor del narrador. Un voyeur dedicado a “enamorar” o a fabricar una historia dentro de otra, una historia que se desanda en los anónimos que recibe la mujer. La soledad –tema que hace de la muerte un aviso- es el momento para descifrar que el oficinista, quien le escribe y la invita a salir, no es más que un oficioso de las letras, un engañador. Después de tantos papeles, de haberla sonsacado para llevarla a cenar, deslizó un sobre azul bajo la puerta:
“No se engañe, señora, yo a usted no la quiero. Yo sólo estoy haciendo literatura”. Sólo el gato de la joven, Bartolo, fue testigo de la reacción de la rubia. Perverso el chaval, ¿no?

4.-
Pasaron unas semanas. El libro de Serrano permanecía en silencio, como un muerto. Me engrané con una hora. Tomé el tomo y me senté a digerir “Últimas señales”, para mí el relato cuya argumentación se sometió a la vida “bastante monótona” del autor, tanto que “he tenido que hacer literatura”. Se trata de una historia donde se unen la ironía con una ternura extraña. O digamos, cierta alevosía que conduce a confirmar la existencia de unos sujetos, dos hijos, que le regalan a sus jubilados padres un contestador automático, el cual se convierte en su razón de vida, toda vez que descubren el mundo y hasta la tragedia.
“Antes de marcharse, aquella tarde, los hijos obligan a los padres a grabar un mensaje con su voz, a dúo, para el contestador automático. Estamos de viaje (han dicho los padres, muy serios, como si fuera una declaración oficial, con algo del respeto atávico hacia todo lo que nos va a sobrevivir, recitando, como escolares de posguerra que fueron), quién sabe cuándo volveremos. Déjanos un mensaje después de la señal y concertaremos una cita a nuestro regreso”.
Así, “Los padres se han acostumbrado tanto y tan rápido al aparato que lo han convertido en el centro de sus vidas (…) La idea del contestador automático fue del hijo pequeño. Ahora, cada vez que van a visitar a los padres, vuelven (los hijos) un tanto confusos, pero al mismo tiempo divertidos, expectantes, emocionados. Nunca habían visto a los padres comportarse así, tan vivos, tan adolescentes, tan locos”.
Para ellos, el mejor regalo de cumpleaños para uno de los hijos fue grabar todos los mensajes en un cassette, donde hay noventa minutos con su voz. El final conmueve, más allá de la escena irreal, aquella que convierte la voz de un muerto en la consagración de la eternidad. El hijo mayor se ha matado en una carretera, pero ha quedado la voz grabada en el aparato, un poco antes del accidente. El lector queda pasmado con la voz de la madre, golpeada por la tragedia. El teléfono no fue levantado. Un poco antes del choque, la madre se quedó con el eco del hijo. La paradoja: “El que conducía era el otro, el amigo. Iban a ver un museo, creo. El amigo está vivo. Tu tío se está ocupando de todo (ha dicho la madre) lo traerán mañana, o pasado mañana, y lo enterraremos el miércoles. ¿Te das cuenta? Me ha dicho que no me preocupe, y que no ha sufrido”. La cita no se logró concertar.
Estas “últimas señales” nos conducen a una actualidad desconcertante, que orbita alrededor de símbolos que tuercen la realidad. O la reinventan.
Un poco más allá de la lectura, descalabrado yo, coloco el libro y me echo a recoger las imágenes flotantes en esta órbita sin fin.

Alberto HernándezALBERTO HERNÁNDEZ - Poeta, narrador y periodista. Egresado del Pedagógico de Maracay, realizó estudios de postgrado en la Universidad Simón Bolívar en Literatura Latinoamericana. Fundador de la revista literaria Umbra, es colaborador de revistas y periódicos nacionales y extranjeros.

 
Technorati:

Add to Google

Tocar tu cuerpo...

por Alejo URDANETA

Es como tocar una guitarra
en el prado abierto a la luna.
Siento la caricia de las cuerdas
y doy la caricia de mis manos
a la forma curvada de tu cuerpo.

Tocarte
es hacer música
Con el aire
y el eco de la montaña;
Igual que
poner un arrullo en el silencio,
fluyendo como aceite de mis dedos

Lamer
la cabellera de trigo
de tu sagrario iluminado,
besar el instante del humo
que aparece como vendaval
de pájaros
adormecidos
de viaje,
adoloridos de viento.

Tallar tu figura
en mármol,
trazos de piedra franca
en mis manos:
Huesos lamidos por anillos,
tus dedos;
pulso tendido en el abrazo.

La oliva madura
exhala fragancia de lujuria.
Mondarla en un apretado
beso,
exprimir su jugo misterioso
oculto en sábanas de musgo.
Beber luego de tu vid
la sangre perfumada de la uva,
sorber de la axila de la rosa
aromas de campo y fértil tierra.

Y nos bañamos de luces,
relámpagos de lluvia
en nuestros cuerpos.
En tu cuello un cisne
y en el rumor del llanto
una llamada.

No hay descanso
para el sollozo.

Alejo UrdanetaALEJO URDANETA, excelente cuentista, ensayista de primera línea, poeta, nació en Caracas en agosto de 1944. Abogado, estudió en la Universidad Central de Venezuela e hizo un post-grado en La Sorbona, en París, en Derecho Internacional y Mercantil.

 
Technorati:

Add to Google

El Ejemplo de Marcel Granier

por Eduardo CASANOVA

Normalmente hemos estado acostumbrados a que los empresarios prefieran su propio beneficio a cualquier otra cosa. Es algo que tiene tradición milenaria: el dinero manda. O no tiene olor, que es algo que nace de lo que cuenta Suetonio en “De vita Caesarum”, sobre la respuesta que le dio Vespasiano a su hijo Tito, cuando el puritano Tito protestó por el impuesto sobre la orina establecido por su padre. Alegaba el joven que eso era algo indigno sacar dinero de algo tan sucio y maloliente. El Emperador le acercó al futuro heredero un puño de monedas a la nariz y le soltó su famosa frase: “El dinero no huele”. Eso ha sido interpretado por la inmensa mayoría de los empresarios del mundo como una patente de corso para hacer cualquier cosa con tal de ganar dinero. En Venezuela tenemos, en Marcel Granier, un ejemplo de todo lo contrario: puesto a escoger entre el dinero y la patria, escogió la patria. Puesto a escoger entre el dinero y la dignidad, escogió la dignidad. Su actitud es un ejemplo para todos los venezolanos, de cualquier tendencia, de cualquier color. Aunque el sentido que le dio en su momento en su última carta el político argentino Leandro N. Alem fue distinto, bien se le puede aplicar a Marcel aquello de “¡Que se rompa, pero que no se doble!”. Ojalá que la dirigencia de los grupos que se oponen a la tiranía del teniente coronel Chávez aprenda la lección.

 
Technorati:

Add to Google

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 ... 86 >>