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Antonio Estévez
Antonio Estévez
por Eduardo CASANOVA
Temperamental, exaltado, a veces hasta violento, Antonio Estévez dirigía orquestas y coros como si en ello le fuese la vida. Lo recuerdo en la década de 1950, capaz de insultar a los cantantes y los músicos hasta lo imposible, para después, cuando lograban lo que él quería, hacer una reverencia y felicitarlos de manera también exagerada. Era, sin embargo, serio y encantador a la vez. Y un gran músico. Lo traté más de cerca cuando me tocó presidir la Orquesta Sinfónica Municipal, y muy especialmente cuando fui directivo de Solistas de Venezuela. Cuando se cumplieron los 50 años de su “Cantata Criolla”, Solistas de Venezuela hizo tres conciertos, uno en el Aula Magna de la UCV, otro en Valle de la Pascua y el otro en Calabozo, y en Calabozo, el Maestro Estévez supo que al día siguiente el grupo iría a tocar en la pequeña iglesia de Guardatinajas. “¡¡C…!! –gritaba- ¡¡Vivaldi y Bach en Guardatinajas!! ¡¡Que vaina tan buena!! ¡¡Se acabó el mundo!!” Y por casi media hora estuvo combinando gritos de admiración con divertidísimas voces de esas que llaman malsonantes. Había nacido, justamente, en Calabozo, el 1º de enero de 1916. En su pueblo estudió música y tocó en la banda, antes y después de ir a Caracas. Fue alumno privilegiado del Maestro Sojo, pero también actuó en la Banda Marcial Caracas con Pedro Elías Gutiérrez. Fue el fundador del Orfeón Universitario de la UCV, en Caracas. En 1945 viajó a Estados Unidos y a Europa para seguir sus estudios de oboe y de composición, que lo llevaron a ser uno de los músicos más importantes de Venezuela y de América, tanto en la escuela nacionalista como en la música experimental. Trabajó varios temas combinado con otro gran artista, pero de las artes plásticas: Jesús Soto. A los setenta y dos años (1988), murió en Caracas universalmente admirado.
3/7/2007
Tag Blogalaxia: Venezuela Música
2 comentarios
La Bibliteca Ayacucho publicó un trabajo biográfico sobre Antonio Esyévez, de José Balza, y hay un ensayo acerca de la "Cantata", de Hugo López Chirico, editado por el Conac.
Un saludo. Y gracias.
















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