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Les Luthiers
por Eduardo CASANOVA
No sé si fue en 1966 o en 1967. Vivía en Buenos Aires y disfrutaba enormemente de la suma inmensa de talento que se vertía en la televisión argentina, tan distinta a la venezolana. Los programas de humor no tenían nada de chabacanos ni de idiotas, en especial uno llamado “Telecataplúm”, que se hacía un día en Buenos Aires y otro en Montevideo (no había aún forma de grabar y todo tenía que ser en vivo). Había en el programa un espacio estupendo llamado “Noches cultas”, en el que un actor flaco y solemne, vestido de “smoking” presentaba auténticos “gags” de gente culta y para gente culta. Y una noche pudimos ver un grupo excelente, que hacía humor para melómanos, de una calidad sorprendente. El grupo se llamaba “I Musicisti” (que debe pronunciarse “I Musichisti”), con unos instrumentos originalísimos y que lo que presentaba era para gente que tenía que conocer algo de música. En esa primera presentación anunciaban un Concierto para Piano y Orquesta de un músico ruso, se formaba la orquesta y el pianista, al entrar, tropezaba con uno de los músicos y le reclamaba su torpeza. Mientras el pianista, muy pagado de sí mismo, saludaba al público con reverencias, el músico increpado le cambiaba la partitura. Empezaba un concierto muy a lo Tchaikovsky, y al entrar el solo de piano lo que tocaba era el inicio del Concierto de Grieg, que es algo muy característico pero requiere que el público sepa de qué se trata (Tiempo después lo modificaron para agregarle varios "gags", y cambiaron a Grieg por "La Cumparsita"). Ante el desconcierto del pianista y del director, el músico que había cambiado la partitura se reía con gran picardía de su travesura. Eso es humor de bueno, del grande, del fino. Poco después leí que se trataba de un grupo nacido en el medio universitario y que se había presentado con gran éxito en festivales universitarios. Y poco después también me enteré de que cuatro de aquellos genios del humor y la música, Gerardo Masana –que era el ideólogo de todo aquello-, Marcos Mundstock, Jorge Maronna y Daniel Rabinovich, se habían separado del grupo original y habían formado otro llamado “Les Luthiers” (los fabricantes de instrumentos) en honor a los instrumentos exóticos y divertidísimos que hacían y usaban. De regreso en Venezuela, varios años después, Pilar Medina de López Contreras, prima hermana de mi esposa y dueña de un talento y humor excepcionales, me trajo de Buenos Aires un casette de “Les Luthiers” en donde estaba la “Cantata Laxatón”, una auténtica Cantata a lo Bach, con orquesta y coros, y cuyos textos son “extraídos de un conocido producto medicinal”. El humor no era sólo verbal, sino estrictamente musical, y lo hice oír por un grupo de músicos académicos que al principio se quedaron extasiados ante aquella obra de Bach que nunca habían oído, pero pronto se desconcertaron ante el sonido de los instrumentos inventados por el grupo, y después reventaron a reír al escuchar los textos (“Laxatón garantiza una evacuación fluida”, “Organiza y estimula la función intestinal”, por ejemplo). Era algo único en el mundo, hecho con un gran talento y una gran profesionalidad. Poco después pudimos verlos por vez primera en Caracas, hasta reventar las butacas de los teatros por saltar mientras se reía.
Los cuatro originales pronto se convirtieron en cinco, al agregarse el pianista de “I Musicisti”, Carlos Núñez Cortés, mientras “I Musicisti” declinaba hasta morir. Después se incorporarían Carlos López Puccio y Ernesto Archer. Su carrera fue en ascenso, hasta convertirlos en el mejor grupo de su género, no sólo en Argentina, sino en el mundo entero. En 1986 se presentaron con un éxito absoluto en el Teatro Colón, y poco después Archer dejó el conjunto, que terminó siendo el quinteto que es hoy. En 1969 se unió también al grupo José Luis Barberis, que terminó convertido en una especie de gerente, aun cuando entró como utilero.
Una de las características más importantes del grupo es la actuación de Mundstock como locutor-presentador. Usa las mismas inflexiones de los locutores de radios nacionales, impuestas por los chilenos al comienzo de la industria radiofónica, y dice cosas que hacen desternillar de risa al público. Cosas que se complementan maravillosamente con el humor musical, que no ha dejado de ser de gran altura desde su fundación hasta hoy, cuando mantienen un gran teatro en Buenos Aires, con funciones a todo público, permanentemente, y hacen giras por todo el mundo, especialmente por América Latina.
Una de sus mayores contribuciones al mundo del humor ha sido la creación del inigualable Maestro Johann Sebastian Mastropiero, hijo de italianos, hermano de mafioso, pareja de la Condesa Shortshot con quien tuvo varios hijos, y, sobre todo, que, como es común en los músicos de la vida real, al perder la inspiración se hizo crítico musical y aceptó ser Director de un Conservatorio.
Sus originales instrumentos están hechos a partir de mangueras, máquinas de escribir, tubos de ensayo, embudos, etcétera, inventados originalmente por Masana y luego por Carlos Iraldi, que al morir fue sustituido por Hugo Domínguez.
Desafortunadamente, Gerardo Masana, el verdadero fundador del grupo, murió muy joven (36 años) en 1973. Pero, sin duda, los que quedaron no sólo aprendieron de él, sino que han logrado, con su enorme talento, hacer de la invención de Masana algo permanente, que ya forma parte del verdadero patrimonio cultural de la humanidad.
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Página Web de Les Luthiers
28/07/2007
8 comentarios
"la televisión argentina, tan distinta a la venezolana. Los programas de humor no tenían nada de chabacanos."
Sí me atrevo a comentar sobre "la venezolana" porque viví la época de sus inicios. El programa "Valores Humanos" de Arturo Uslar Pietri sería suficiente para contrarrestar la chabacanería de algunos de nuestros humoristas. Por otra parte, la chabacanería es, lamentablemente, manifestación de democracia. Acaso será también causal de la situación actual de Venezuela? Gonzalo Palacios G.
Por suerte, yo sí viví en Buenos Aires, de modo que estoy en posición de comparar. La televisión venezolana, mientras tuvo programas como el de Arturo Uslar Pietri, o el de José Antonio Calcaño, o concursos como el del Profesor Negrón, tenía un cierto equilibrio, pero terminó perdiéndolo por un mercantilismo imperdonable. La televisión argentina hoy día no tiene el mismo nivel que tuvo, pero sigue siendo mucho mejor que la venezolana. Argentina, es cierto, ha dado a Perón y Evita, a Isabelita, a Kirtchner, a la nueva Evita (Cristina K), a Maradonna, que bastante daño le han hecho, pero también ha dado a Jorge Luis Borges, a Ginastera, a Quinquela Martín, y a Les Luthiers, que compensan con mucho lo malo que han producido.
Un buen saludo.
Creo que vale la pena abordar por una vez el tema: "La televisión que tenemos y la televisión que queremos".
La tragedia estriba en que cada vez que se trata de mejorarla el resultado es desastroso.
"Les Luthiers" son unos verdaderos genios, salud,
Rafael
Cuánta razón te asiste. Deberíamos aprovechar las actuales circunstancias, en las que se ha llevado el país a su nivel más bajo, para salir de todo lo malo que se ha acumulado en todos los caminos. Gracias, Antonio, de nuevo...
Muchísimas gracias por la visita y el comentario. Ciertamente, lo que estamos viviendo debería servir para corregir todo lo que, en cierta forma, es causa de lo que estamos viviendo. Hay que mantenerse activos y no confundir las cosas: la defensa de la libertad de expresión es vital, pero no puede justificar la falta de calidad de la televisión, por el contrario, debería acabar con esa falla...
Un buen abrazo.
Por SERGIO RIVERO COPERNICO Como argentino no hago más que darle las gracias por sus comentarios hacerca del humor argentino y uruguayo, quien le escribe es humorista del diario CRONICA de Bs.As. mi web es www.humorcopernico.com.ar le agradecería su comentario, gracias.
Me alegra y me da una gran satisfacción encontrar por esos pagos al Copérnico de CRÓNICA, digno representante de ese humor sureño tan lleno de talento y vida.










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