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El secreto de la cucarachita Martínez - de Gonzalo Palacios Galindo
El secreto de la cucarachita Martínez - de Gonzalo Palacios Galindo
por Eduardo CASANOVAHe querido compartir con nuestros amables lectores este texto de mi buen amigo Gonzalo Palacios Galindo. Se trata de un artículo - crónica - cuento o como quieran clasificarlo los Linneos de las letras, pero, sea lo que sea, está lleno de gracia y se deja leer con mucha facilidad. Y sobre todo, es muy grato…
EL SECRETO DE LA CUCARACHITA MARTINEZ
Por Gonzalo Palacios Galindo
Ya no me acuerdo cuándo ni dónde alguien me dijo que el hombre es el animal que mejor se adapta a su medio ambiente. ¡Nada más falso! Basta ver una cucaracha para darnos cuenta de que cualquier insecto supera nuestra capacidad de adaptación. Guerras, catástrofes naturales, gases mortíferos, explosiones nucleares, enfermedades sin curas: nada logra eliminar a las cucarachas. Se adaptan a todo.
Entre nosotros los venezolanos (quedamos pocos, es cierto), la criollísima Cucarachita Martínez ha superado fuerzas que aparentaban estar muy por encima de ella. Fuerzas del genio literario de Franz Kafka, del gran narrador danés Hans Christian Andersen, de la Revolución Mexicana y, de reciente aparición en el mundo anti-cucarachero, las fuerzas del poderosísimo imperio norteño de Disney. Nuestra Cucarachita Martínez supo disfrazarse para sobrevivir la Metamórfosis de Gregor Samsa; esconderse en la habitación de la Princesa Verdadera de Andersen, la que no pudo dormir a pesar de los 20 colchones; no fumarse ni un pito de marijuana para no perder la facultad de caminar, y en nuestros días, desarrolló antídotos naturales contra los gases mortales con que trataron de matarla en los Disney Worlds del mundo.
A veces nuestra Cucarachita desaparece del todo, pero es para pasarse años enteros protegida de la “planta insolente del extranjero", guarecida en la memoria de cualquier venezolano auténtico. Pero apenas se aclara el panorama y deja de haber moros en la costa, sale orgullosa nuestra amiga a pasearse de nuevo por cualquier casa caraqueña o a distraerse con una vista panorámica de la ciudad desde su apartamento en el piso vigésimotanto de su edificio. La vemos frecuentemente de vacaciones en un trapiche aragüeño, o en algún restaurante margariteño, o en la mismísima catedral de Mérida. Quienes la hemos conocido sabemos lo democrática que es la Cucarachita Martínez. Igual se acopla a los corredores del Palacio de Miraflores que a los periódicos que cubren los catres en los ranchos de la ciudad.
En cambio, nosotros los venezolanos no nos adaptamos como la Cucarachita Martínez a nuestro propio país. Para muestra basta un botón: nuestros procesos electorales. ¿Habráse visto alguna institución cívica de mayor importancia para la nación que esté menos protegida de las influencias del extranjero? Ya sea la “planta insolente“ que inventó el Cabito (¿sabes a quién me refiero?), ya sea el motu proprio papal más reciente, o un mensaje de Bush que llega al país por el internet, o las palabras de San Fidel (canonizado por Hurgó Primero) en Gramma, siempre hemos permitido que ideologías y demás elementos ajenos a nuestra idiosincrasia y a nuestros intereses nacionales manipulen al electorado y determinen el resultado de los comicios. Sin ni siquiera adaptar los antiguos planteamientos políticos europeos, la experiencia “democrática” estadounidense, o la misma revolución cubana, los adoptamos en Venezuela sin considerar para nada las circunstancias históricas que les dieron origen. ¿Triunfa así Calibán sobre Ariel? ¿Acaso le gana Mickey Mouse al Ratón Pérez? ¿Tio Sam vence a Tio Tigre? ¿Podrá el mito del Ché sustituir la historia del General Sucre? Mientras no desarrollemos un sistema propio criollo - ni ruso, ni chino, ni yanqui, ni cubano - para sobrevivir y tratarnos de igual a igual, nos oprimirán las fuerzas extranjeras a quienes se les ha vendido el patrimonio nacional generación tras generación. Y en la nuestra, ¡en nombre de Bolívar!
La Cucarachita Martínez sabe esperar: no se deja apabullar ni engañar. En Los Llanos, en Oriente, en los Andes, cerca del Lago, en la densidad de la selva, Cucarachita acepta y se adapta a su medio-ambiente con todo cariño: ¡ojalá aprendamos su secreto pronto!
Gonzalo Palacios Galindo, 5 de julio de 2007.
















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