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La música académica de Venezuela
La música académica de Venezuela
por Eduardo CASANOVASi de algo se puede decir que tiene una gran tradición en Venezuela, es de la música académica. Humboldt, al visitar Caracas en los primeros días del siglo XIX quedó impresionado por la variedad y calidad de los músicos de Caracas, y supo que era algo que ya entonces tenía una larga historia. José Antonio Calcaño, en su libro “Cuatrocientos años de música caraqueña", afirma que en 1657 la Catedral de Caracas ya tenía un organista, seis
capellanes de coro y un bajonista, y al año siguiente fue contratado un tenor y tiple. Pronto se enseñaría música en el Seminario, y en la Universidad de Caracas. El cargo de Maestro de Capilla de la Catedral fue desempeñado, entre otros, por Ambrosio Carreño, fundador de una notable estirpe de músicos caraqueños.
A fines del Siglo XVIII nació la Escuela de Chacao, conducida por el padre Sojo (Pedro Ramón Palacios y Sojo, tío de Simón Bolívar) y Juan Manuel Olivares. No se ocupaba sólo de la ejecución de la buena música, sino también de su creación. Se le llamó “Escuela de Chacao” porque sus integrantes solían reunirse a estudiar y tocar música en la Hacienda La Floresta, del padre Sojo (hoy Urbanización La Floresta y alrededores), en la Hacienda San Felipe, del padre (García) Mohedano (hoy La Castellana) y en los terrenos de Bartolomé Blandín (que hoy son el Caracas Country Club), tierras entonces de cultivo ubicadas en torno al pueblo de Chacao, que hoy es parte de Caracas. Fue un grupo de músicos de altísima calidad dedicado a cultivar el repertorio religioso con personalidad propia, aun cuando haya recibido alguna influencia de Pergolesi, Scarlatti, Haydn y Mozart, integrado entre otros por Bartolomé Bello (el padre de Andrés Bello), José Francisco Velásquez, José Angel Lamas, Juan José Landaeta, Cayetano Carreño (hermano de Simón Rodríguez), Lino Gallardo, José Francisco Velásquez, Pedro Nolasco Colón, Juan Francisco Meserón, Atanasio Bello Montero (empresario musical, difusor de grandes óperas y composiciones europeas del primer tercio del siglo XIX), José María Izasa (socio de Bello Montero en La Compañía) y José María Montero.
En el siglo XIX, mientras Venezuela se desangra en guerras civiles, se destacan José Angel Montero, autor de una de la que generalmente se considera la primera ópera venezolana (Virginia), que fue reestrenada en el Siglo XX por Primo Casale, en lo que probablemente haya sido más bien una versión del director que propició (y dirigió) el reestreno, que la obra original tal como debe haberla conocido el público caraqueño del Siglo XIX, Salvador Llamozas, Martín Díaz Peña, Juan Bautista Abreu, Rafael María y María Saumell, Jesús María Suárez y Mauricio Salicrup, varios de ellos autores de excelentes valses, género que tuvo muchísima difusión en su tiempo. Mención aparte merecen Felipe Larrazábal, Federico Villena, Ramón Delgado Palacios y, muy especialmente, Teresa Carreño, pianista y compositora que se dio a conocer en todo el mundo civilizado de su momento. Reinaldo Hahn, aunque nació en Caracas, no debería ser considerado, por su formación y su vida, músico venezolano propiamente dicho.
Ya en el siglo XX, los grandes nombres de la música son los de Juan Bautista Plaza, Moisés Moleiro, José Antonio Calcaño, Juan Vicente Lecuna, y en particular por su arista docente, Vicente Emilio Sojo.
Vicente Emilio Sojo, nativo de Guatire, con tesón y gran profesionalidad fundó uno de los movimientos musicales más importantes que se han producido en Venezuela, al que pertenecieron los maestros Antonio Estévez, Antonio Lauro, Carlos Figueredo, Inocente Carreño, Blanca Estrella, Angel Sauce, José Clemente Laya, Gonzalo Castellanos, Evencio Castellanos, Raimundo Pereira, Modesta Bor y muchos otros.
Fuera del área de influencia de Sojo surgen otros buenos músicos, como María Luisa Escobar, Eduardo Plaza, Carlos Teppa, Alexis Rago, y algunos que en cierta forma podrían constituir la última generación de compositores venezolanos, como Alfredo del Mónaco, Luis Morales Bance, Federico Ruiz, Sergio Tulio Marín, Eric Colón, Alfredo Rugeles, Juan Carlos Núñez, Ricardo Teruel, etcétera.
Después de ellos, durante el último cuarto del siglo XX y los primeros años del XXI, la música académica venezolana se ha centrado en lo superficial, en el espectáculo, no en la creación, por lo que ya no parece haber formación de compositores de relevo de aquella última generación. Es una nueva demostración de que el país perdió el rumbo prefiere lo aparente a lo real, la vistosidad a la profundidad. La proliferación de orquestas infantiles y juveniles ha tenido como efecto secundario indeseable que se prefiera la “performance” (Ejecución, desempeño, cumplimiento, obra, acción, hecho y representación), a la creación. Las candilejas al drama. El populismo, de nuevo, parece haber vencido a la honestidad. Tal como en la política.
21/8/2007
Tag Blogalaxia: Venezuela Música
3 comentarios
Necesito una información sobre bibliografía de la canción "Adiós a Ocumare". Si usted podría enviármela, le estaré muy agradecido.
Atentamente:
José Méndez Farrera
No tengo información exacta que ofrecerle, pero le doy dos direcciones: Fundación Vicente Emilio Sojo (Funves) Av. Araure, Quinta Mery, Chuao. Caracas, Venezuela, Teléfonos: 58-212-991. 7601, 58-212-993.7008, e-mail: funves@funves.gob.ve, y La Fundación de Etnomusicología y Folklore (Fundef), Prolongación Avenida Zuloaga, Quinta Micomicona, a 200 metros de la Estación del Metro La Bandera, Los Rosales, Caracas, tlf. 58-0212-693.8597. e-mail: fundef@conicit.ve. En especial la primera de las dos instituciones debe tener la información que usted pide. Un cordial saludo.
Señor Eduardo Casanova es muy impresionante el desarrollo musical de Venezuela, tradición y conocimientos de muchos años. Me gustaría que me ayude a profundizar el concepto de Estudio Musical Académico, estaría muy agradecido por la info.Desde Paraguay, saludos...
















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