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Sorpresa. José Antonio Abreu, servicial y obsequioso, se atrevió a dejarse ver en “Aló Presidente”, y muchos de los que hasta ese día lo defendían y me acusaban de insensible ya empiezan a darse cuenta de la verdad: Abreu, una inteligencia cercana a lo diabólico, es un amoral, comparable en muchos terrenos al que hoy es su patrono, Hugo Rafael Chávez Frías, que ha tomado del “maestro” más de una mala maña.
Lo conocí en 1957, cuando entré a la Universidad Católica y el joven Abreu era un prospecto de genio apoyado por la Compañía de Jesús, condición que perdió poco después por un par de hechos que deberían haberlo sacado de circulación, pero en 1963 se le metió por los ojos a Arturo Uslar Pietri, que era muy susceptible a la adulación, y se repotenció sin mayores esfuerzos. El ingreso de Abreu y otros oportunistas al uslarismo me abrió los ojos y me permitió ver que Arturo, excelente narrador e intelectual, no tenía madera para ser político y era fácilmente manipulable. En buena parte por eso quise irme de Venezuela y logré ingresar al Servicio Exterior. Once años después mi carrera de diplomático se interrumpió brevemente, cuando Diego Arria me designó Director Civil y Político de la Gobernación del Distrito Federal, a cargo, entre otras cosas, de todo lo cultural. Fue entonces cuando Luis Morales Bance, hermano de un buen amigo y condiscípulo, se me acercó a pedirme que ayudara a un grupo de músicos que quería hacer una Orquesta de Cámara de Caracas. Quien lideraba el grupo era Abreu, compadre de Luis Morales. Diego Arria se opuso radicalmente a lo de la Orquesta de Cámara, y fue entonces cuando, porque una de mis secretarias en Copenhague era violinista de la Orquesta Juvenil de Dinamarca, coincidí con Abreu en la idea de hacer en Venezuela algo parecido a lo que vi en Copenhague. Acordé un subsidio inicial de Cien Mil bolívares (equivalente hoy a 180 millones de bolívares) y le conseguí, gracias a la amabilidad de Pepino Delfino, Director de Transporte Municipal, dos autobuses, para que buscaran a los jóvenes de Barquisimeto y Maracay, y así nació la Juvenil, en 1975, durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez. Poco después retomé mi oficio de diplomático y salí del país. Pronto me enteré de que Luis Morales Bance se había peleado con Abreu, que iba viento en popa a toda vela hacia lo que después sería.
Las presentaciones de la Juvenil tenían el éxito asegurado. Siempre contaban con los padres, hermanos, tíos, primos y amigos de los jóvenes, que garantizaban un auditorio positivo que aplaudía a rabiar independientemente de la calidad de la música. Es famosa la actitud de Abreu, que se instalaba en las salas de espera de los ministerios con una “lonchera” y no aceptaba un “no” como respuesta. Así logró que cuatro o cinco ministerios, diez o doce gobernaciones y veinte o treinta municipalidades le dieran dinero, mucho dinero, con lo que se convirtió en el administrador del sistema cultural más rico del país. Y del continente. Y pronto se vio que sabía muy bien cómo manejarlo: a punta de “realazos”, a “maletinazos” y, sobre todo, adulando a diestra y siniestra. En el extranjero repartía billetes verdes y siempre hacía enviar reportes a Venezuela de sus grandes éxitos, que no pasaban de ser imaginarios.
Hoy lo vemos convertido en un pequeño Emperador, que se ha aprovechado de todos los gobiernos democráticos y ahora lo hace del no democrático, de nuevo sin vergüenza. Ha logrado hasta imponer a un joven como gran director. La verdad es que no es mal director, pero tampoco es el genio que pretenden. Uno de los mejores músicos que ha pasado por Venezuela me dijo un día que el mejor negocio sería comprar a Dudamel por lo que vale y venderlo por lo que dicen que vale. ¿Por qué Dudamel y no Felipe Izcaray, que es hasta mejor director? Porque Izcaray es blanco y tiene el pelo muy liso, en tanto que el otro tiene su “tumbaíto” y es mejor actor: dirige más para el público que para la orquesta. Y Abreu es muy hábil, y sabe que a la gente no le gusta que le digan que está equivocada, con lo que pone a jugar a su favor el orgullo de los que han elogiado al joven. Dudamel tiene como aliados hoy en día a los enemigos de la globalización y a los que creen que Chávez representa la dignidad de los preteridos, pero también a muchos, muchísimos, que de buena fe se dejaron engañar por la habilidad diabólica de Abreu. Alegan que no sé cuántos grandes han elogiado a Dudamel y a la Orquesta Juvenil, ignorando el poder de los billetes verdes. Luciano Pavarotti, que hoy podría decir como Vespasiano “puto deus fio”, cantó con Liza Minelli, que no es precisamente un dechado de virtudes. Lamentablemente hasta los divos se permiten actitudes dudosísimas como efecto de los billetes verdes, y eso lo saben y lo usan muy bien Chávez y Abreu.
¿Y por qué quiero regar la verdad sobre este tema cuando sería mucho más cómodo no tocarlo? Porque Chávez y Abreu son parte del mismo sistema perverso. Ambos nacen de la superficialidad, del engaño. Y si logramos que la gente lo entienda y acabamos con sus esquemas, es posible que el país pueda salir adelante. No se trata, como alguien me ha dicho, de destruir algo bueno, se trata de extraer un cáncer, y, como me consta en persona, para acabar con un cáncer hay que usar la cirugía, la radioterapia y la quimioterapia, y ninguna de las tres es inocua, pero si se quiere sobrevivir es necesario someterse a la verdad. Sin contemplaciones. Con valentía.
6/9/2007
Como lo fue en los tiempos oscuros de Stalin, Mussolini, Hitler, Etc., los que no tienen la razón sino la fuerza apelan al insulto rastrero como agresiva defensa amparados en el anonimato y la violencia. Mi lucha es contra la corrupción, no contra las orquestas juveniles que se crearon gracias a una decisión que tomé en 1975, pero han sido administradas sin la más mínima honestidad y en detrimento del verdadero desarrollo musical del país.
No, señor, no voy a caer en este tipo de trampas. El fin no justifica los medios. Creo firmemente en la obligación de la honestidad, en todos los caminos y en todos los sentidos. La crisis de Venezuela es moral, no económica. Si se afirma que se necesitan pequeños emperadores no se cree en la democracia. Y caemos de nuevo en los terrenos de Stalin, Hitler y Mussolini. Allí están los elementos de la crisis, y la palabra griega que generó la española, significa, simplemente, decisión.
Anónimo:
Gracias, Guillermo, pero no vale la pena responder a anónimos, que no demuestran nada positivo. Denuncio la corrupción, y la he denunciado siempre y siempre la denunciaré, donde quiera que aparezca. Y la corrupción se defiende, porque la verdad les duele.
No debería valer la pena responderle a este joven tan amargado. Por lo menos esta vez no fue soez, aunque sí lleno de odio e incapaz de razonar. Pobre Abreu y pobre Chávez, que necesitan que ese tipo de persona respondan por ellos. Déjalos así, como "aladines" de sus causas. Por mi parte, no es la primera vez que, como otro que marchó por los campos de Castilla, recibo mi ración de insultos por defender lo que me enseñaron a defender los que vinieron antes de mí. Pero eso sí, sin contradicciones absurdas como esa de que un funcionario del Estado se haya "creído suya" la plata que dio para una causa noble, y en cambio quien la ha usado sin el debido cuidado debe ser defendido a gritos, a insultos, a soecidades. No vale la pena gastar una letra más. Que quede, esta vez sí, como muestra de quiénes son...
Músico Panameño:
Guillermo:
En torno a esta última nota, ya he dicho lo que tengo que decir. Mi experiencia me llevó a decirlo, y la de otros los lleva al desacuerdo. La disidencia enriquece. Los insultos empobrecen y ese es uno de los grandes problemas que vivimos, que la violencia impuesta desde el poder arruina al país, y lo realmente triste es que por obtener ventajas haya quien se pliegue a un régimen antidemocrático sin tener en cuenta el verdadero interés de más de veinte millones de venezolanos. Todo lo demás es supérfluo. No vale la pena seguir discutiendo. Los comentarios están cerrados para este mensaje.
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