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La Derrota de la Derrota
por Eduardo CASANOVA
Derrota es lo que sufrió el Virrey español en Ayacucho. Y derrota es camino, sendero, rumbo. Veo con horror que la derrota de la democracia venezolana, de los demócratas venezolanos que se oponen a la autocracia militarista del teniente coronel Chávez Frías, puede llevar a la derrota. Cuando alguien, convencido y de buena fe, dice que hay que votar “no”, gentes que considero inteligentes y bienintencionadas saltan como resortes, a veces a insultarlo y a acusarlo de quién sabe cuántas cosas. Y cuando alguien, de buena fe y convencido, dice que no hay que votar, gentes que considero inteligentes y bienintencionadas saltan como resortes, a veces a insultarlo y a acusarlo de quién sabe cuántas cosas. Para que la derrota de un barco sea la apropiada es necesario que capitán, oficiales y marineros estén unidos y actúen en concierto. Si no es así: Triángulo de las Bermudas o Mar de los Sargazos. Barco a pique. Cuando la razón cede su puesto a la pasión, la derrota es inevitablemente errada, y conduce a la derrota. Y es con eso con lo que cuentan los enemigos de la democracia, los que hoy en Venezuela tienen el poder y los petrodólares para engañar y dañar a diestra y siniestra. Más a siniestra que a diestra. ¡Dios mío, donde quiera que seas, donde quiera que estés, vuélvete hacia mí y no permitas que siga clamando en el desierto!…
22/9/207
9 comentarios
Gracias por la gracia. Visitaré tu humilde morada ahora mismo, y estoy seguro de que no será en vano...
Si uno de cada diez venezolanos pudiera entender e internalizar el pensamiento de San Francisco de Asís, Venezuela no estaría convertida en el infierno en que la han convertido...
Es una opinión válida, y dicha así, sin insultar a nadie, con buena educación, es aún más válida. Gracias. Muchas gracias por la visita y el comentario.
Tu artículo ne da pie para una reflexión. El ciudadano común no tiene un arma distinta al voto. Puede ejercerlo o no pues es su derecho.
Hacerlo o no hacerlo debe tener un objetivo y ese objetivo tiene que ser conducido por alguien.
Tengo la impresión de que adolecemos del líder que sea capaz de conducir a los ciudadanos a votar con algún fin o a abstenerse con otro fin alternativo.
Si el 50% de quienes disienten votan y el otro 50% no lo hacen, es imposible lograr el triunfo. Un abrazo,
Rafael










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