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Crónicas de mi madre (I)
Crónicas de mi madre (I)
por Carmen Cristina WOLF
Sentada en la cafetería de un centro comercial, leo una novela desesperadamente angustiosa y con un sabor familiar a ternura e indefensión ante esta cosa llena de misterio sin resolver que es la existencia. Se trata de La Enfermedad de Alberto Barrera Tiszka, adorable amigo forever, pues todo aquél mortal que escriba una novela capaz de mantenerme en vilo durante días y noches de insomnio, es mi amigo. Y siento, al compás del paso de las páginas, un desasosiego creciente, instalado en los huesos desde hace ya tiempo. Me empuja de nuevo a la espera de una cita postergada, imposible de eludir.
Me refiero a mi madre, Carmelina Losada, hija de Benito Losada Azócar y de Zoila Rosa de Losada. Mamá, con sus 85 años de vida, aún hermosa con sus canas cuidadosamente acicaladas, pantalones impecables (nunca le gustó usar falda, por aquello de las piernas demasiado delgadas). Siempre al día en la política, amplia en sus criterios morales, emparentada con Funes, el memorioso amigo de Jorge Luis Borges, porque jamás olvida nada, bien sea recados, poemas completos, detalles de la historia de Francia o personajes de Alejandro Dumas. Para cada uno de nosotros, la mamá es especial, la mejor, la única. No conozco a nadie a quien no se le ilumine el rostro cuando habla de su madre, yo reconozco que siento una admiración entusiasta por la mía, por Carmelina Losada de Rodríguez Cuadra Blázquez Menollo, Berrueta y Porres, casada en primaras nupcias con Waldemar Wolf González, apuesto constructor y amante del piano, hijo de la compositora María Luisa Escobar; vuelta a casar con José Ignacio Rodríguez Cuadra, noble de espíritu, magnífico galeno de estirpe ibérica.
Mamá no ha perdido el timbre de voz juvenil, la sonrisa capaz de desarmar al más pintado, la costumbre de ayudar a todo aquél que lo necesite.El que quiera enterarse de los últimos movimientos del gobierno y de la oposición, que se coloque en el tablero de Carmelina. Ella le toma el pulso a los políticos, a las estadísticas, a los aciertos y errores de unos y otros. Sincera, jamás con brusquedad o falta de delicadeza, nunca un improperio, una ordinariez, su sintaxis y dicción son como para asombrar a Alexis Márquez Rodríguez. Ella es, según esa frase tan trillada, el alma de la casa. Siento de nuevo el desasosiego, del cual me contagio y participo cuando leo la novela de Barrera, es el miedo de que mi madre deje de estar, deje de llamarme desde su sillón cuando escucha que abro la puerta.
Y tomo una decisión que comienza hoy: voy a contar tu vida, mamá, voy a rememorar tus viajes, tus amores, tus frases favoritas. Eres un personaje de novela, eres mágicamente real. Como cuando tomabas bitter campari en las playas de la Costa Brava creyendo que estabas tomando refresco. O cuando lograste que te esperara el avión de aeropostal que salía para Nueva York. O cuando recibías mensajes de escritores y personajes muertos, por ejemplo, la obra de teatro que te dictó Oscar Wilde. En casa nunca se sabía si hablábamos de vivos o muertos, porque las hijas de mi abuelo recibían mensajes del más allá. Era tan normal, que un día mamá le dijo a una amiga:"te mandó saludos Bettina (ella era una vecina muy querida), y la amiga respondió angustiada: “¿Y cuándo se murió Bettina? Hubo que explicarle que estaba entre los vivos aún.
Así ahuyento el fantasma del viaje al más allá, así me quedo siempre contigo, queridísima mamá.
Carmen Cristina Wolf, caraqueña, poeta, narradora, ensayista y abogado (Universidad Católica Andrés Bello). Ha publicado una vasta obra literaria además de mantener una presencia constante y prolífica en su blog http://literaturayvida.blogsome.com/
7 comentarios
salu2
Tienes toda la razón: las madres son seres especiales para cada quien y de ella, evidentemente, has heredado un mundo fantástico. Por favor continúa compartiéndolo con tus amigos lectores, Gonzalo Palacios G.
Carmen Cristina,Me quede con el sabor en la boca de esta crónica pues me trajo a la memoria a mi abuela y a mi madre. Una serie de mujeres que dieron vida a nuestra generación y que creo que no se repetirán.
Quisiera leer mas crónicas de su madre; si las escribio, donde las consigo.
Saludos desde República Dominicana.













Carmen Cristina Wolf, caraqueña, poeta, narradora, ensayista y abogado (Universidad Católica Andrés Bello). Ha publicado una vasta obra literaria además de mantener una presencia constante y prolífica en su blog
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