de Eduardo Casanova

Un espacio dedicado a la literatura, las artes y temas de actualidad que puedan interesarle a todo el que piense y quiera un mundo mejor.

Buscar

También puede buscar a través de:

Búsqueda personalizada

Publicidad

Recomendaciones

Este blog se visualiza mejor en los navegadores:

Firefox 3

Opera web browser - download

Internet Explorer 7

¿Quién está Online?

  • Usuarios invitados: 30

User tools

powered by b2evolution free blog software

¡AVISO IMPORTANTE!

Para facilidad de nuestros lectores, a LITERANOVA también se le puede llegar a través de los Links literanova.net y literanova.info

¡Liberen a Germán!

Google FriendConnect

Ultimos Comentarios

Artículos Recientes

Medallitas

BloGalaxia

Unión de Bloggers Hispanos

Blogarama - The Blog Directory

Books Blogs - BlogCatalog Blog Directory

Wikio – Top Blogs – Literatura

Directory of Literature Blogs

The House Of Blogs, directorio de blogs

http://www.wikio.es

Bitacoras.com

Submit your website to 20 Search Engines - FREE with ineedhits!

« ¿Quién mató a Julio César?El río inmóvil en tus lágrimas »

Adiós pues, Adriano

por Roberto J. LOVERA DE SOLA

Adriano González LeónFue inesperada la muerte de Adriano González León. Falleció (enero 12, 2008) en el restaurant “Amazona Grill” en Las Mercedes, cerca de donde vivió en los últimos años, desde el fin de su actividad diplomática en Europa, donde volvió a establecer “La República del Este”. Al saberlo comprendimos que el admirado escritor y querido maestro y amigo había expirado en su propia ley porque para él, impenitente bohemio, siempre hubo una relación íntima entre literatura, el vino, el amor y la mujer. Toda su obra literaria registra este hecho central de su vivir y de su escribir.
Conocimos a Adriano González León, nacido en Valera, Trujillo, en 1931, cuando aparecimos en nuestra vida literaria, en 1968, cargados ya de la decisión de ser crítico literario y siempre recibimos de él estimulo permanente y constante a lo largo de estas cuatro décadas cerradas ante sus cenizas. Tanto que llegó a llamarnos, en julio de 1981, en la dedicatoria de su Del rayo y de la lluvia,”gran compañero de la literatura y de los sueños, con la admiración y cercanía”. Tampoco podemos negar que él marcó nuestra generación del sesenta y ocho con su novela País portátil. Tampoco podemos olvidar que fue grande la influencia que él tuvo en nuestra formación literaria cuando fue invitado por los propios estudiantes, durante el rico proceso de la “Renovación” (1969) de la Escuela de Letras de la UCV, a impartir su cátedra allí. Ello fue consecuencia del célebre manifiesto Cervantes, camarada, tu muerte será vengada (mayo 12, 1969), del cual se cumplieran cuatro décadas el año que viene.
Y antes de repasar memoriosamente su obra debemos decir que como profesor, sobre todo en su tan célebre curso sobre “El Surrealismo”, tendencia en la cual era un maestro consumado, más que un scholar Adriano se nos mostró siempre como un creador que enseñaba literatura, quien contagiaba a sus alumnos con la pasión literaria, con el espíritu alto y hondo a donde nos llevan las letras. Esas mismas enseñanzas sobre tan bien conocido asunto las divulgó más tarde para todo público a través de su celebrado programa televisivo de la antigua Televisora Nacional, el Canal 5 (hoy Vale TV), “Contratema”.
Era tan importante su conocimiento del movimiento capitaneado por Andrés Breton (1896-1966) desde París que un día, curiosamente en un diálogo sostenido en las puertas de la funeraria “Vallés” en donde asistíamos al velorio de un escritor amigo, le insistiéramos que debía hacer transcribir sus programas en “Contratema” sobre “El Surrealismo”, de hecho acababa de terminar de dictar su famoso curso en la forma del grato palabreo, de lo cual era un maestro, desde la pantalla chica, y con ese material, bien corregido por él con detenimiento, cosa que siempre hacía con sus escritos, produjera un libro sobre aquel asunto tan caro a su espíritu.
De haber hecho eso y editado su libro sobre El Surrealismo hubiera habido en la obra de Adriano un segundo libro de crítica. El primero fue Señas de una generación (1972) en el cual imprimió, en las ediciones de la UCV, sus famosas crónicas de su columna “Señas de identidad”, publicadas en el “Papel Literario” de El Nacional con el seudónimo de Gabriel Zarcos, en las cuales hizo un repaso, nombre a nombre, libro a libro, de cada uno de los creadores de su generación y de aquellos críticos, como Juan Liscano (1915-2001), de quien habían recibido el estímulo necesario para la invención de sus obras. Lo que pensó Liscano de la gente de “Sardio” y de “El techo de la ballena”, el otro grupo liderado por Adriano, en 1961, al extinguirse “Sardio”, está en la obra de este acucioso interprete de nuestras letras: Panorama de la literatura venezolana actual (1973).
Recordamos vivamente el día de la presentación de País portátil tanto por la interpretación crítica que allí leyó, en la casa del viejo Ateneo de Caracas, de pie en las escaleras, Orlando Araujo (1927-1987). Ese análisis, que se puede leer en su libro Narrativa venezolana contemporánea (ed. 1972, p.203-228), es tan hondo que marcó desde entonces hasta hoy la crítica interpretativa hecha a las obras de González León. Es tan completa que ahora sólo faltaría completarla con el estudio de los volúmenes publicados por Adriano desde 1972 hasta ahora, lo cual no es poca cosa porque en el cuento está nada menos que su Linaje de árboles (1988) y en su escritura mayor su espléndida novela Viejo (1995). Tampoco podemos olvidar aquel día de la aparición en Caracas de País portátil porque el maestro Arturo Uslar Pietri (1906-2001) estaba en la misma cola que hacíamos los presentes para comprar el libro que marcó época en la novela venezolana (El librero Moisés Hasman sacó una fotografía del autor de Las lanzas coloradas pagando el volumen). Conservamos nuestro ejemplar de la edición príncipe (1969) con la afectuosa dedicatoria que en su bella letra estampó allí Adriano.
Dentro del escribir de Adriano es imposible no referirnos a su trepidante Asfalto infierno (1963), reeditado años más tarde en las ediciones del Diario de Caracas como Asfalto infierno y otros textos demoníacos (1979) y a su segunda novela Viejo.
También el cultivo del cuento fue central en él. Lo comenzó en 1957 con la primera edición caraqueña de Las hogueras más altas que constituyó el inicio público de su generación literaria, la de “Sardio” (1958-61). Es imposible soslayar todo lo de telúrico que hay en tan bellos relatos y la forma como avizoró el mundo nuevo que abría al pie de la montaña tutelar, en el lago cercano: el del petróleo. Cuentos perfectos también los hubo más tarde en Hombre que daba sed (1967) en donde está el mejor de los suyos “Madam Clotilde” y luego dentro de un sesgo más poético en Linaje de árboles (1985) en donde lo lírico predomina. Allí está una sección de excelencia, memorable, que es Damas, editado originalmente (1979) por Elia Yépez de Briceño en un pequeño libro de diez centímetros que cabe en el bolsillo de una camisa o en la cartera de una fémina.
Los hogueras más altas, Hombre que daba sed y Linaje de árboles corren insertos en su Todos los cuentos más uno (1998), al leer este volumen nos preguntamos el por qué de la exclusión de Asfalto infierno de esta recolección, que es obra mayor dentro de su escribir no sólo por su visión de la ciudad sino porque allí adelantó la parte urbana de País portátil.
Igual es antológico dentro de nuestra literatura su cronicario Del rayo y de la lluvia (1981) e incluso su incursión en los años finales de esa vida tan creativa que ahora ha terminado, sin darse cuenta él que se acababa, en la poesía que a tantos lectores deslumbró. Bastaría citar su Hueso de mis huesos (1997), con sus textos llenos de barroquismo para dar fe de la honda corriente lírica que surgió de cada una de las líneas de estos poemas de excepción cuyos versos finales, “Acto final”, muy bien pueden inscribirse como epitafio en su tumba.
Proyectos irrealizados de sus últimos días fueron los trabajos preparatorios para la celebración del medio siglo de la fundación del “Grupo Sardio” que se recordarán este año. Llegó a pensar en ordenar una antología de los más significativos textos aparecidos en la revista “Sardio”, órgano de esta agrupación central de nuestra vida literaria contemporánea. Y también deseó, gracias a la desaparición de los buhoneros en Sabana Grande, volver a mudar para allá, su sitio de nacimiento y vida, la “República del este”. Reviviría entonces otra vez el llamado “Triángulo de las Bermudas” y la zona, tan entrañable para su época, volvería ser Sabana Grande una fiesta, según la frase de Fausto Masó

Enero 20,2008

NOTA FINAL: Escrito este artículo nos llegan el texto del último escrito de Adriano González León. Está dirigido a Francisco Massiani y fue escrito de su puño y letra en tres hojas de una libreta. La publicación que la imprimió, la revista que dirige Carmencita Ramia, junto a la fotografía de las páginas, nos dice que fueron llevadas hasta su redacción por Américo Martín. En estas cuartillas de Adriano al autor de Piedra de mar quien, hace pocos meses, decidió editar un conjunto de sus poemas en el volumen Señor de la ternura (2007). Los amigos de Pancho Massiani sabíamos hace décadas no sólo que escribía poesía, una vez junto a Ludovico Silva, el año 1975, en el primer Taller de poesía del “Celarg”, cuando este estaba en aquella bella casa de Altamira, en cuyo verde jardín se reunían los poetas de aquella hora, le escuchamos leer un soberbio poema y nos dimos cuenta que no sólo era un gran narrador sino también un poeta de excepción. Esto le escribió Adriano:”De los poetas como tú, que domestican las constelaciones y las meten en una copa. Y se la beben solitarios, para mejor riqueza de la imaginación. Recuerda que Omar Kayan decía ‘Voy por el camino con mi botella y mi sombra. Afortunadamente mi sombra no bebe”. Tú estás allí, en tu silla de príncipe iluminado. No te sientas mal. Es de dioses estar solo a veces. Mantén esa quietud y ten presente que todo el país te ama. Conozco demasiadas muchachas que deslumbraron nuestro corazón. Veo cómo tus páginas crecen y el viento y los duendes tienen envidia. Déjalos que se apropien y construyan la comarca que desean. Tienen buenos materiales para el trabajo. Eso sí. Quiero decirte que en estos días fui a una playa rocosa. Allí recogí una piedra de mar para ti” (Contrabando, Caracas, n/ 10, 2008, p.10).

Roberto J. Lovera de SolaROBERTO J. LOVERA DE SOLA Crítico literario y autor de varios libros y de numerosísimas artículos en su especialidad. Nació en Caracas en marzo de 1946. Siguió estudios en varios colegios de Caracas y Mérida, en la UCAB y en la UCV. Ha realizado investigaciones en diversas instituciones venezolanas y extranjeras, entre ellas el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), Fundarte y la Northwestern University Library, Evanston, Illinois, Estados Unidos.


Add to Google

No feedback yet

Dejar un comentario


Your email address will not be revealed on this site.

Tu URL será mostrada.
(Los saltos de línea serán <br />)
(Name, email & website)
(Allow users to contact you through a message form (your email will not be revealed.)
Esta es una imagen captcha. Es usada para prevenir accesos masivos por parte de robots.
Por favor, ingrese los caracteres de la imagen de arriba. (No distingue mayúsculas/minúsculas)