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La República Dominicana y Haití comparten con dificultad la antigua isla de La Española o Quisqueya. La parte francesa, Haití, prácticamente habitada sólo por descendientes de esclavos africanos, se independizó de la Francia Revolucionaria en 1804. La parte española se independizó de España en 1821 con ánimos de formar parte de la República de Colombia, fundada por Simón Bolívar en 1819. Los haitianos invadieron la parte republicana, colombiana y española de la isla, y la anexaron a Haití durante 22 años, hasta que Juan Pablo Duarte y otros patriotas crearon la República Dominicana y proclamaron la Independencia total, que se vio estorbada por la permanente intención, manifiesta u oculta, de los Estados Unidos de América, de ponerle la mano a la Isla, que se materializó abiertamente entre 1916 y 1924, pues los yankees ocuparon Haití entre 1915 y 1934 y la República Dominicana entre 1916 y 1924. Al salir los invasores de la parte haitiana, quedó en el poder Sténio Vincent, y como consecuencia de la invasión yankee, quedó en el poder omnímodo en la República Dominicana uno de los peores tiranos que ha conocido nuestro mundo: Rafael Leónidas Trujillo.
En “Cosecha de huesos” (Danticat, Edwidge, “Cosecha de huesos”, Grupo Editorial Norma, Santafé de Bogotá, Colombia, 1999), tal como en la isla de Quisqueya o La Española, conviven dos mundos. Los personajes son haitianos y dominicanos, con preeminencia de los haitianos. Son haitianos la protagonista, Amabelle Désir, cuyos padre murieron ahogados en el río que separa las dos naciones de la misma isla, y que tiene como contraparte a la señora Valencia, que aun cuando es de su misma edad, es una dominicana blanca y de clase dominante, cuyo padre recogió a la niña haitiana para que le hiciera compañía a su hija, que había quedado huérfana de madre. Ambas se han unido en una amistad imposible por la diferencia de clases, pero que subsiste hasta que las circunstancias lo permiten. Son haitianos casi todos los personajes que desfilan por sus páginas, salvo Valencia, su padre, Don Ignacio, llamado Papi (que nació en España, pero terminó radicándose en la República Dominicana), el esposo de Valencia, el militar Pico Duarte, y algunos más. El tema fundamental de la novela es la matanza de haitianos ordenada por el feroz tirano Trujillo en 1937, en tanto que el tema secundario es la vida miserable de los haitianos en la República Dominicana. La masacre no se describe en forma directa, aunque hay un par de escenas en las que el lector la presencia, no a manos de los militares sino de civiles que se contagian con la sed de sangre y servilmente obedecen al feroz dictador.
La novela se inicia con un capítulo en negritas, en tono abiertamente onírico, que representa la parte haitiana de la narración, no en lo geográfico, sino en lo vivencial. De allí en adelante los capítulos impares tienen esa característica, hasta que esa secuencia cesa súbitamente en el capítulo 25, (Página 142), cuando la razón de ser de la poesía, que es el amor entre Amabelle y Sebastién, desaparece por la muerte de Sebastién en la masacre. La escritura en negrita reaparecerá en un brevísimo fragmento inserto en la escritura normal (Páginas 207-208), y en un último capítulo impar (El 37, páginas 261-263), en negritas y en tono poético. De allí en adelante el estilo es predominantemente narrativo y parece apurar el tempo mientras se aproxima al final.
El Capítulo 1 ( páginas 12-14), en negrita, cuenta la relación amorosa y onírica entre la protagonista y el joven bracero haitiano Sebastién Onius. El Capítulo 2 (Páginas 15-22) muestra, en tiempo pasado, la relación existente entre los haitianos y los dominicanos. Los haitianos son socialmente inferiores a los dominicanos. Dos niñas que prácticamente se criaron juntas (Amabelle y Valencia), y que deberían sentir un gran afecto mutuo, no tienen entre ambas otra relación que la de ama y sierva. Amabelle, que narra la historia en primera persona, trata a Valencia de “señora” y de usted, en tanto que la joven Valencia trata a su criada de “Amabelle” y tú. Lo narrado es el parto de gemelos de la joven señora dominicana, en el que, por no llegar a tiempo el doctor, la joven haitiana hace de partera. La niña nombrada en el acto Rosalinda, pero para decidir el nombre del varón se espera la llegada del padre, que lo nombra Rafael en honor al tirano Trujillo. La llegada del padre, un militar de carrera llamado Pico Duarte, es uno de los fragmentos más reveladores de la novela: en su carrera por llegar mata con el automóvil a un bracero haitiano, y ni siquiera informa del accidente a las autoridades. “Pico Duarte”, es una clara referencia al pico más alto de la Isla y de las Antillas, de 3.087 metros sobre el nivel del mar. El incidente sirve para que los haitianos hasta lleguen a plantearse una guerra por la igualdad (Páginas 73-74), guerra que no estallará nunca, pues la desigualdad se impondrá con la matanza de los haitianos.
La magia, elemento muy importante de la novela, se hace presente en forma clara cuando el pequeño Rafael, de apenas horas o días de nacido, muere súbitamente sin explicación plausible. Valencia, personaje inocente y ausente de culpas, invita a los braceros negros a tomar café en su casa. Varios rechazan la invitación, pero unos pocos, incluido el padre del bracero muerto, la aceptan. Pico Duarte despedaza la vajilla en la que los haitianos tomaron café y reta a Valencia por haberlos invitado (Página 118). Es en ese instante cuando el lector se entera de que Trujillo ordenó asesinar en masa a los haitianos. Y es entonces, también, cuando se entra al nudo de la novela.
El capítulo 26 (Página 144) narra la brutal matanza, y es el esposo de Valencia quien la dirige. La escritura se hace nerviosa, luego de describir la espantosa Odisea que debe vivir Amabelle, que busca a Sebastién y sólo llega a saber que puede estar entre los asesinados por los soldados cerca de la frontera. Amabelle, a punto de pasar la frontera, es brutalmente atacada y agredida por seguidores de Trujillo. Lesionada seriamente, logra pasar la frontera con un paisano, Yves, que se convertirá en su compañero por algún tiempo. Su vida se ha desarmado, y en Haití alternará entre la búsqueda inútil de Sebastién y la persecución de una memoria que también se ha desarmado. A partir de ese punto, cambia el tempo de la obra. Se hace más nostálgica, más nutrida de memorias que de hechos. Aparecen en la novela fugazmente recuerdos históricos, como la invasión de los yankees (Página 232), la actuación del presidente Sténio Vincent, que se entiende con Trujillo (Páginas 233-234), etcétera. La parte histórica tiene su momento culminante con la muerte del feroz y demagogo dictador Rafael Leónidas Trujillo, asesinado en 1961, lo cual es celebrado por los haitianos, paisanos y parientes de las víctimas de la matanza ocurrida veinticuatro años antes, con un extraño gritos de guerra: “¡Mataron al cabrón! ¡Adiós!” (Página 264). La palabra que se usa en la novela, en kreyòl, es kabrit, que podría ser traducida al español también como “chivo”.
Hacia el final de la novela, Amabelle regresará fugazmente al pueblo dominicano de donde salió y volverá a encontrarse con Valencia, que la creía muerta. Allí se evidencia el desencuentro total entre los dos pueblos de la isla: Amabelle querría que Valencia le expresara algún remordimiento, pero Valencia, en realidad, no siente causa alguna para expresarlo y ni siquiera condena la acción de su marido.
Amabelle retorna a Haití luego de estar un solo día en la República Dominicana y de averiguar que en la parte hispanoparlante de la isla se han producido cambios importantísimos, pero que la masacre no es para los dominicanos lo mismo que para los haitianos. Entre los haitianos, cuyos parientes y amigos fueron asesinados es un recuerdo vivo. En todos hay un cierto deseo de venganza, que puede o no aflorar, pero que está presente en sus almas.
“Cosecha de huesos! es una obra de singular valor, sobre todo si se considera que se autora, Edwidge Danticat, nació en 1969, lo que implica que apenas tendría 28 ó 29 años cuando se editó la obra. A los 25 publicó su primera novela, llamada “Palabra, ojos, memoria”. Sin duda, de ella puede esperarse una producción de importancia capital en los años venideros.
Muchísimas gracias, Alejo, por este amable y estimulante comentario. El mundo de las letras es uno solo y muy variado, y en él siempre nos cruzamos, nos encontramos, nos acercamos.
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