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« Al Fiscal se lo "Trajieron"Louis Ferdinand Céline »

Semblanza de un editor: Leonardo Milla

por Roberto J. LOVERA DE SOLA

Leonardo MillaLeonardo Milla (1941-2008) nos ha dejado. Pero su legado de editor, distribuidor de libros y librero permanecerá entre nosotros. Fue uno de los tres de la dinastía de editores de su apellido porque ahora lo seguirá su hijo Ulises Milla Lacurcia. El fue el segundo. Los encabezó su papá don Benito Milla Navarro (1918-1987), fundador entre nosotros primero de Monte Avila Editores (1968), más tarde de “Tiempo Nuevo” (1971) y de “Alfadil” (ahora Alfa) y director de Laia en Barcelona, desde 1980 hasta su deceso. Alfa fue el nombre de la editorial montevideana en donde se engendró todo (1958).
Leonardo Milla cuyas acciones por el libro deseamos repasar aquí también fue poeta, sólo llegó a imprimir el volumen Vivo entre nosotros (Montevideo: Alfa, 1963.45 p.) aunque alguna vez en una página literaria nuestra se insertó un poema suyo (“Metro, París 1943”, El Nacional, Papel Literario: enero 19, 1992). Pero al parecer gustó del silencio con la palabra y de la lectura íntima de las obras que amaba porque también fue un lector particular, gozador constante de toda literatura y en especial de las novelas policiales. Y, claro, leía todos los manuscritos que se presentaban a su editorial, incluso antes de enviarlo al “Comité de lectura” que toda editorial posee desde que Gastón Gallimard (1881-1975) fundó (1921) el de su legendaria editorial parisiense (Pierre Assouline: Gastón Gallimard, ed.1987, p., 108-110).
Como distribuidor de libros es muy grande lo que nuestros lectores le deben: hay numerosos y magníficos libros que si él no los hubiera importado, como representante entre nosotros de las más selectas editoriales españolas y del Cono Sur, no hubiéramos podido leer. Y seríamos culturalmente truncos, chucutos.
Y para poner a circular mejor esos libros creó sus magníficas cuatro librerías en Caracas y la de Mérida. Estas no sólo se caracterizan por tener libros de primera sino en ser sus locales bellamente diseñados y organizados.
Y como editor fueron muy amplias sus tareas. Hay que ver lo que significa en este momento todo lo editado en las últimas dos décadas por “Alfadil” y “Alfa”. Así fueron muy bien miradas las transformaciones económicas que se vivieron entre nosotros desde los años setenta, desde la subida de los precios del petróleo (1973) y el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez (1974-1979), cuando se inició además la gran corrupción que todavía nos sacude. Fue allí cuando se formaron varias grandes fortunas, esto lo registró Juan Carlos Zapata en Los midas del valle, editado por Alfadil. La locura dolarista y la gran crisis ética que arrasó con la democracia creció en la segunda administración de Pérez (1989-1993) cuyos inmensos errores fueron a dar a la gran crisis bancaria de 1994, donde aquellos inmensos peculios desaparecieron, para entenderlo Leonardo Milla editó entonces Los ricos bobos de Juan Carlos Zapata. En ese momento sólo lograron sobrevivir los grupos Cisneros y Polar, quizá los únicos que actuaron con prudencia.
Y la Venezuela que entró en crisis desde el 4 de febrero de 1992 no podría entenderse con seriedad y serenidad sin los libros que con talento y sus buenos ojos de editor hizo imprimir Leonardo Milla. Estos autores están en este momento en la vanguardia del examen de nuestra historia, pensamiento y política. Y llegaran al futuro, a los analistas del mañana. Es imposible dejar de lado obras como Dos izquierdas y El socialismo irreal de Teodoro Petkoff, Del Viernes negro al Referendo revocatorio de la ideóloga del chavismo Margarita López Maya, mujer de análisis penetrantes y agudos, la única entre su gente que le ha dicho la verdad a Hugo Chávez en su presencia, ante su propia cara y desde la atalaya de la televisión lo cual le permitió a la multitud seguirla en su peroración. Recordamos el orgullo que como editor sintió Leonardo Milla por haber editado el libro de Margarita López Maya, así nos lo confió.
Hay que registrar también el penetrante volumen escrito al alimón por dos antiguos comunistas quienes han sabido comprender la realidad de su tiempo, sus evoluciones, cambios y mutaciones. Nos referimos al de Freddy Muñoz y Américo Martin: Socialismo del siglo XXI: ¿huida en el laberinto?, central como análisis de ideas en su primera parte y como refutación de las teorías de Heinz Dieterich expuestas en Hugo Chávez y el socialismo del siglo XXI. Y en la segunda parte, de Martín, el examen del significado de la reforma constitucional propuesta por el Comandante para el referendo del 2 de diciembre de 2007: ampliamente rechazada por el voto generalizado de la población que es democrática. Lo es no sólo desde el 14 de febrero de 1936 sino desde el 18 de agosto de 1863.
Por cierto que al mismo Dieterich hay también que refutarle el libro Patriota y amante de Usted, relativo a Manuelieta Saenz, editado bajo su cuidado en México, al calor del golpe de Estado del 4 de febrero de 1992, por constituir la más grande falsificación de documentos históricos y creación de papeles apócrifos de los cuales se tenga constancia entre nosotros.
Y la historia de Venezuela nunca estuvo lejana a Leonardo Milla. Toda la serie de libros de Manuel Caballero publicados por él dan fe de ello. Sobresalen Gómez, el tirano liberal, Rómulo Betancourt, político de nación, Las crisis en la Venezuela contemporánea y ahora La peste militar. Y no sólo esos porque los libros de este historiador son siempre buenos. Y los de Elías Pino Iturrieta, entre los que sobresale ahora Nada sino un hombre, en donde no se cita en ningún momento a Chávez, como no nombró a Gómez Laureano Vallenilla Lanz en su Cesarismo democrático, pero cuya sombra está presente a lo largo de su análisis sobre el caudillismo que realiza Pino porque Hugo Chávez es un neocaudillo.
Volviendo a Leonardo Milla también nuestra literatura fue acogida y comprendida por él. En sus colecciones no sólo están varios de nuestros mejores narradores, dramaturgos y críticos literarios sino que él mismo comprendió las cualidades creadoras de la actual nueva generación. De hecho la antología De la urbe al orbe compilada por Ana Teresa Torres y Héctor Torres fue el primer registro de este pléyade de nuevos creadores. Y en algunos casos está ya impresas sus primeros hondos libros.
Decía mi amigo el cardenal José Humberto Quintero (1902-1984) que hablar de si mismo sólo era pecado venial. Y lo decimos al hacer memoria de nuestra colaboración constante con Leonardo Milla en la conformación de varios de sus proyectos que se iniciaron cuando se inició “Alfadil”, en los años ochenta. Para la colección “Ameritextos” preparamos y prologamos ediciones de Ifigenia, Memorias de mamá Blanca, Peonía y Venezuela heroica; después los Pensamientos del Libertador y Pensamientos de Andrés Bello; más tarde la antología Eróticos, erotómanos y otras especies, el título se lo puso el propio Leonardo Milla. Sigue siendo única entre nosotros. Y además hay que añadir que entre sus labores se contó esta: fue el único editor que tuvimos de textos eróticos, creador del premio “Letra erecta”.
Y siempre, por llamado suyo, le sugerimos obras que considerábamos debían ser editadas, incluso se han quedado los dos últimos proyectos por presentar, lo pusimos en contacto con autores cuyos volúmenes deseaba incorporar al catálogo de su editorial o cuidamos ediciones cuando nos las confió. En fin fueron décadas de trabajo por el libro y por los escritores venezolanos que él siempre encabezó. Y celebró los triunfos de sus autores en el exterior: de Denzil Romero al ganar con La esposa del doctor Thorne, nuestra mayor novela erótica, el galardón de la serie “La sonrisa vertical”, de Tusquets, en Barcelona. Eso mismo sucedió con Alberto Barrera al obtener el “Herralde” de la editorial “Anagrama” con su novela, de la cual obtuvo Leonardo Milla los derechos para su edición caraqueña.

Roberto J. Lovera de SolaROBERTO J. LOVERA DE SOLA Crítico literario y autor de varios libros y de numerosísimas artículos en su especialidad. Nació en Caracas en marzo de 1946. Siguió estudios en varios colegios de Caracas y Mérida, en la UCAB y en la UCV. Ha realizado investigaciones en diversas instituciones venezolanas y extranjeras, entre ellas el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), Fundarte y la Northwestern University Library, Evanston, Illinois, Estados Unidos.

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