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Hermann Hesse
Hermann Hesse
por Eduardo CASANOVA
En rápida sucesión, y por recomendación de Arturo Uslar Pietri, leí “Peter Camezind”, ”Bajo la rueda”, “Demián”, “El lobo estepario”, “Narciso y Goldmundo” y “El juego de abalorios”, en ese orden, que fue el mismo de su publicación entre 1904 y 1943. De inmediato me di cuenta de que el autor tenía que haber tenido problemas mentales muy fuertes. Tres palabras que me impresionaron: “Sólo para locos”, podrían haber precedido no uno, sino todos los textos. Fue una lectura fuerte, muy fuerte, para un joven de dieciocho o diecinueve años, que no se sentía nada seguro, que más que por realidades se dejaba llevar por sueños y que, en busca de un camino (“sólo para locos”),pasaba las noches y buena parte de los días leyendo,había estudiado un año en la Escuela de Artes Plásticas, había recibido clases de música de Emil Friedman y José Antonio Calcaño, luego de dejar los estudios formales en 1956 para dedicarse a estudiar por su cuenta y a luchar contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y, sobre todo a soñar. La vida de Hesse no era el mejor ejemplo para ese joven pero su obra sí. Hermann Hesse nació en la región de Baden-Wurtenberg, en Alemania, en julio de 1877. Por el oficio de su padre (y de su abuelo) viajó extensamente por la India, lo que tuvo no poca influencia en su temática, y también por Italia. Sufrió serios padecimientos psiquiátricos y recibió tratamientos de Jung, que es algo que se nota en toda su obra. Sus comienzos como autor no fueron ni fáciles ni exitosos, pero en 1904, con “Peter Camezind”, se hizo notar por la crítica y por el público. Diez años después, su posición ante la Guerra Mundial, su rechazo a la posición alemana, lo convirtieron en blanco de numerosos ataques y lo llevaron a establecerse definitivamente en Suiza, cuya nacionalidad adquirió. Se casó tres veces y tuvo tres hijos. En 1946 recibió el Premio Nobél de Literatura, y en 1962, a los ochenta y cinco años de edad, murió repentinamente cerca de Tesino, en Suiza.
4 comentarios
Eduardo,Hesse está entre mis tres o cuatro autores preferidos. Me sorprende que no mencionas a "Siddharta", refinadísimo producto de sus viajes por la India. Tuve la suerte de visitar el pueblecito suizo-italiano donde vivió sus últimos años y aunque no pude verlo personalmente, la experiencia me llenó de alegría y tranquilidad espiritual. Gonzalo Palacios G.
Gonzalo:No lo menciono porque no lo leí entonces. Ni lo he leído aún. Pero en cuanto me reencuentre con mi biblioteca, en donde están sus obras completas, lo haré, sin falta.
Mi impresión es que todos los muchachos de nuestra época comenzábamos a leer a Hesee en tercer año y ya para el quinto nos lo habíamos leído casi todo. Eduardo no estaba solo en eso de sentirse inseguro, ¿no es eso una característica de la adolescencia? Pero de que ayudó en nuestra formación, nos ayudó. Para nuestra generación, fue Hesse (junto con Mann) el primer autor extranjero que nos topábamos. Excluidos, claro, los clásicos españoles que nos encontramos en el Programa de Estudios (ahora llamado pomposamente "Currículum") a partir de segundo año.Gracias, Eduardo, por recordarnos --con tu ya habitual sabrosa escritura--a ese autor.
Humberto Seijas
Eduardo, me encantó tu resumen de Thomas Mann, aunque me pareció incompleto el de Hesse. No sabia lo del tratamiento psiquiátrico, pero coincido en que debió tener problemas de mente y de espiritu. Y Harry Haller y su Tractat del Lobo Estepario siguen siendo cavernas profundas en mi castillo, al lado -pero no comunicados- de los sótanos kafkianos













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