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Leon Tolstoi

Leon Tolstoi

por Eduardo CASANOVA

Leon Tolstoi“Guerra y Paz” fue la primera novela larga que leí en mi vida. Acababa de cumplir catorce años y estudiaba tercer año de bachillerato cuando compré aquel tomo grueso, empastado en tela verde, en la Librería del Este, en el hoy demolido Edificio Galipán. Todavía lo conservo. Volví a leerlo recién casado, en un mínimo apartamento que alquilamos Natalia y yo, en El Hatillo, cuando aún no tenían en ese bucólico pueblecito teléfonos de red, sino una central telefónica en una casa, desde donde comunicaban con los teléfonos de manigueta (el de la casa en donde vivíamos era el 12). Después cometí el error de ver la película, y así perdí los rostros y las voces que les había puesto en mi imaginación a los personajes. Cuando empecé a escribir novelas, “Guerra y Paz” era el modelo, y la Guerra de Independencia la ubicación. Afortunadamente no publiqué nada de aquello, que habría estado un tanto atrasado en el tiempo. Todavía en Caracas leí “La Sonata Kreutzer”, con la Sonata de Beethoven, obsesivamente repitiéndose una y otra vez, hasta que se dañó el disco. En Buenos Aires, en 1965, leí “Ana Karénina”, y ahí sí me negué a ver película alguna. También en Buenos Aires empecé a escribir una novela monumental a lo Tolstoi, que a la larga se convirtió en una cantera personal de escenas que ubiqué en otras, como “Hacia la noche”, “Las alegres campanas de la muerte”, “La noche de Abel” y “La última muerte de Simón el triste”, en las que ni el más sagaz de los investigadores y críticos ha notado la influencia del gran novelista ruso, que nació en Yásnaya Poliana, en Tula, en agosto de 1828, en el seno de una familia noble. Liev Nicolaievich Tolstoi era descendiente directo de los grandes príncipes Volkonski por parte de madre. Su padre era el Conde Tolstoi, título que heredó él mismo cuando el padre murió diez años después de su nacimiento (su madre había muerto cuando él tenía apenas dos años). Con sus hermanos se fue a vivir a Kazán, a la casa de un tío, perteneciente también a la más rancia nobleza rusa. Viviría también en Moscú y viajaría por buena parte de Rusia. Luego de una experiencia militar, empezó a escribir. En 1863 publicó “Los cosacos”, obra eminentemente realista. Después vendría la más importante y conocida de todas, “Guerra y Paz”, un inmenso mural en el que aparecen centenares de personajes cuyas vidas se alteran por la invasión a Rusia de Napoleón Bonaparte. Luego salió a la luz su “Ana Karénina”, que lo ratificaría definitivamente como un gran novelista. La obra se basó en un hecho verdadero de su tiempo, y en ella se puso a sí mismo como personaje, como un terrateniente con ideas avanzadas que intentaba mejorar las vidas de sus siervos. “Confesión”, “La muerte de Iván Ilich” y “La Sonata Kreutzer” completaron la lista de sus grandes obras. La última refleja su frustración conyugal, que se manifestó sobre todo por la oposición de su esposa a sus ideas libertarias y a que entregara sus tierras a los campesinos. En realidad, fue un anarquista militante que quiso renunciar a sus privilegios. Vegetariano, pacifista y profundamente cristiano, fue excomulgado por las críticas que hizo a la iglesia ortodoxa en su obra “Resurrección”. Murió en 1910, mientras huía, a pie, de su gran latifundio de Yásnaya, donde había vivido como un simple campesino en aplicación de sus ideas de cristianismo primitivo. Había tenido intercambios espistolares importantísimos con varios personajes de su tiempo, entre ellos con Gandhi, en quien tuvo una notable influencia.

 

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4 comentarios

Comentario from: Alberto Lossada Sardi [Visitante]
Excelente recuerdo de un gran escritor y hombre. Lástima que quienes pretenden la grandeza no se miren en ese espejo. Su descripción del escenario, tanto humano como geográfico, ruso aún tiene perfecta vigencia...
06/05/2008 @ 12:28
Comentario from: María Antonia Lossada [Visitante] Email
León Tolstoi murió en la estación de tren de Astapovo, tratando de huir, pero no de su hacienda, sino de su mujer Sofía a quien, finalmente, había decidido abandonar.
06/05/2008 @ 13:02
Comentario from: Eduardo CASANOVA [Miembro] Email · http://www.eduardocasanova.com
María Antonia: Claro que así fue. Huía, trataba de escaparse de su esposa, que se le había convertido en insoportable. Debí decir que huía del latifundio, donde estaba, horror, su esposa...
Gracias a los Lossada por sus oportunos comentarios.
06/05/2008 @ 15:21
Comentario from: Gonzalo Palacios G. [Visitante]
Eduardo: solamente un buen escritor se atreve a recordar su amistad con otro gran escritor: te felicito, lo has logrado! Re-cordar, esa misteriosa acción que la produce nuestro corazón (cor, cordis), y no el intelecto. Te saludo,. Gonzalo Palacios G.
06/05/2008 @ 19:11

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