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Mea Culpa
Mea Culpa
por Alberto HERNÁNDEZde odio contra esto
como un judío contra Hitler:
irreductible, sin sosiego, final.
-Guillermo Cabrera Infante-
(Mea Cuba)
I
El morral del pasado aún pesa. Las botas embarradas de un pensamiento atascado en las blasfemias, en el estupor, continúan desandando aquella rabia contenida. Éramos una realidad literaria, plástica, romántica y peligrosa. Sospechosos de todo, hoy apuntados por voces que aturden y fusilan cualquier intento de disidencia, nos revolcamos en el estercolero del tiempo. Hace décadas bebíamos el mismo veneno, la misma angustia, traducida en aquello que hasta el más fascista llama justicia social. Toda revolución tiene su costado: uno derecho, otro izquierdo. Muchas veces se confunden y se tocan, como todo extremismo.
Todavía se siente el miedo de aquellos años, el temblor en los ojos. Y entonces recuerdo al poeta Virgilio Piñera, perseguido por pensar y por su condición de homosexual en la Cuba recién etiquetada de revolucionaria. Llegó a pronunciar públicamente, pocas horas después de las macabras “Palabras a los intelectuales”, vomitadas por Fidel Castro: “Yo quiero decir que tengo mucho miedo. No sé por qué tengo ese miedo pero es eso todo lo que tengo que decir”. Y calló, no dijo más.
Después vino la noche de las “3 pes”, la redada del Ministerio del Interior contra los pederastas, prostitutas y proxenetas, el 11 de octubre de un viernes que ya no recuerdo el año. Pero no sólo fue Piñera. También acosaron a Lezama Lima. El dolor más prolongado fue el de Reinaldo Arenas, quien vivió y murió su “antes que anochezca” en los “orwellianos controles de la sociedad”, como lo definió Orlando Fondevile.
II
Los que creímos que el país podría ser otro lugar para la felicidad. Los que anduvimos de rostro de en rostro, de voz en voz fabricando ilusiones en nombre del socialismo, ese socialismo que lleva el fracaso en su propia sangre, no dejamos hoy de advertir que podríamos hundirnos en la desgracia, toda vez que quienes llevan el timón de este barco están llenos de pasado, de la negrura de esa intemperie cruel que tantas veces se nos montó en los hombros y nos hizo renegar de nosotros mismos, de nuestra familia y de Dios.
El escritor cubano, exiliado en Londres y laureado por su talento creativo, Guillermo Cabrera Infante, en el último libro que dejó escrito, Mea Cuba, señaló: “La culpa es mucha y es ducha: por haber dejado detrás a los que iban en la misma nave, que yo ayudé a echar al mar sin saber que era el mal”.
Un viejo guerrillero venezolano me dijo una noche con los ojos hundidos: “Gracias a Dios que no ganamos la guerra de guerrillas de los años 60. Qué desastre habríamos cometido. Cuántos venezolanos inocentes habríamos fusilado. Cuántas violaciones en nombre de Fidel, de Stalin, de Lenin, del Che habríamos tenido que cargar con nosotros… pero nada, hemos llegado a esto de hoy, tan absurdo, tan copiosamente falso, tan copionamente derrotado. Ojalá que no tengamos que arrepentirnos de los crímenes que aún no se han cometido, los que todavía llevan en la mente”.
Este mea culpa, tan de todos nosotros, abunda en reclamos, en autocríticas, en la búsqueda de un espacio para que la democracia no se pierda. Para que nuestros hijos y nietos, nuestros hermanos y amigos no sean arrastrados al sacrificio. Y decirle a los pocos compañeros de viaje que hoy están en el gobierno que no terminen de dejarse deslumbrar por el ejemplo de muerte de otras experiencias, tan bien conocidas por ellos, como terribles para los ignorantes.
Éramos personajes de novela, como aquel Manuel del libro de Cortázar, como el Barazarte de País portátil, como cualquier Roque Dalton fusilado por sus propios compinches, como el mismo Che abandonado de su hermano del alma en las alturas de Bolivia. Traiciones, delaciones, aberraciones. En eso tradujeron la revolución. A eso llegaron, a emparentarse con los grandes asesinos de la historia. Un mea culpa que atiende a la sombra de Hitler, Mussolini, Franco. ¿Qué diferencia existe entre los agujeros de los fusilados provocados por el sátrapa de España y el de Cuba? ¿En qué se diferencia el fascismo de izquierda al de derecha? La culpa es un morral lleno de pesadillas.
ALBERTO HERNÁNDEZ – Poeta, narrador y periodista. Egresado del Pedagógico de Maracay, realizó estudios de postgrado en la Universidad Simón Bolívar en Literatura Latinoamericana. Fundador de la revista literaria Umbra, es colaborador de revistas y periódicos nacionales y extranjeros.
2 comentarios
¿Cuando comenzaran a prohibir a los autores venezolanos?
si esto continua, esa pregunta dejara el campo de las hipotesis
Acepto que "De los muertos y los curas o hablar bien o no hablar," lo cual me impide pensar que el autor de "Mea Cuba" pudo ser una autoridad en materia de culpabilidad y de reconcomios. Con todo, en tus palabras pesa la sabiduría, te felicito, Gonzalo Palacios G.













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