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Fiodor Dostoyevski
Fiodor Dostoyevski
por Eduardo CASANOVA“Los hermanos Karamázov” y “Crimen y Castigo”, de Fiodor Mijáilovich Dostoyevski, estuvieron entre las primeras novelas monumentales que leí en la adolescencia. La gran cantidad de hipocorísticos, a veces más de dos por cada nombre, que, por lo visto, es algo común entre los rusos, me desconcertaba a veces, pero no me quitaba el interés ni el goce de moverme en aquel mundo. Unos años después de la primera lectura, unos muy inteligentes comentarios de Alonso Palacios acerca de la religiosidad de Dostoyevski, me incitaron a una segunda lectura de “Los hermanos Karamázov”, que me gustó aún más que la primera, y a la larga terminé por leer buena parte de su obra novelística, aunque en definitiva nada cambió mi preferencia por las dos primeras que leí ni mi interés primordial por su psicologismo y su siempre creciente búsqueda de caracteres, que es algo que me marcó como novelista y practico aún hasta en lo cotidiano. Estoy convencido de que Dostoyevski es uno de los más grandes novelistas de todos los tiempos, y que ningún novelista posterior a él ha escapado de su influencia en mayor o menor grado. Es fácil captarla en Faulkner, en Martin du Gard Kafka, en Camus y hasta en Proust. Por supuesto, en Hemingway, y también en Gallegos, en Sábato y hasta en García Márquez. Yo mismo estoy entre los que cuentan un poco a la manera de Dostoyevski. O por lo menos lo intento. Dostoyevski nació en Moscú, en noviembre de 1811, y murió en San Petersburgo en febrero de 1881. Su padre era médico, y se caracterizaba por su autoritarismo y hasta por su violencia. La madre murió de tuberculosis y el padre se alcoholizó. Dostoyevski y su hermano estudiaron en la Escuela de Ingeniería Militar de San Petersburgo, en donde, curiosamente, el joven Fiodor Mijáilovich descubrió su vocación literaria. A los dieciocho años quedó totalmente huérfano, cuando sus siervos mataron a su padre obligándolo a tomar vodka hasta causarle un coma alcohólico. Fiodor Mijáilovich se culpó del hecho, por haberlo deseado con toda el alma. Epiléptico y atormentado, su carrera literaria empezó poco después de la muerte de su padre. Sus primeras influencias las recibió del romanticismo europeo. “Pobres gentes”, publicada inicialmente como folletón y después como libro, le aportó un verdadero éxito de la crítica cuando apenas tenía veinticuatro años, y a los treinta y tres años decidió dedicarse por completo a la literatura. La epilepsia, las deudas y el movimiento nihilista lo envolvieron, y terminaron por causarle sufrimientos, que se acentuaron cuando en noviembre de 1849 fue condenado a muerte y en diciembre fue puesto frente a un pelotón de fusilamiento, pero su pena fue conmutada por prisión y exilio en Siberia. La epilepsia se le hizo cada vez más frecuente y dañina. En 1854 fue obligado a servir como soldado raso en Kazajistán y se casó con la viuda de un compañero de infortunio. Poco después abandonó sus tendencias izquierdistas y se convirtió en un hombre claramente religioso y hasta conservador. Su carrera literaria se desarrolló con “Humillados y ofendidos”, “Los endemoniados” y otras obras. En la década de 1860 aparecieron “Crimen y Castigo”, “El jugador” y otros trabajos. Se casó en segundas nupcias, viajó por Europa y tuvo muchos problemas pecuniarios, especialmente por su afición al juego. Hacia fines de la siguiente década se publicó “Los hermanos Karamázov”, concluida en 1880. El 9 de febrero de 1881, una hemorragia pulmonar generada por un enfisema lo sacó de este mundo. A pesar de haber conocido el éxito literario, su vida no había sido precisamente tranquila ni sosegada. Como su obra.

1 comentario
Eduardo: Dos notas adicionales;(1) Nietzsche leyó las “Notas del Subterráneo” (pobre traducción del título que en francés es L’esprit souterrain, 1864 )en 1887. Al ver la obra del ruso, Nietzsche se identificó con su colega de inmediato, caracterizando la primera parte de la obra como “una composición musical.” Y (2,) las “Notas…” de Dostoyevski definitivamente influenciaron a otro gran escritor que sí has mencionado en tus artículos, Franz Kafka, un mero niño de cuatro años en Praga cuando se publicaba la gran novela de Dostoyevski. Leamos las palabras del protagonista de “Notas…”: “Yo quiero decirles, señores, impórteles o no, el porqué yo ni siquiera podría convertirme en insecto. Les juro solemnemente que en muchas ocasiones quise convertirme en insecto…”
Este insecto se despide por ahora, Gonzalo Palacios G.













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