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¿Derechos humanos?
¿Derechos humanos?
por Alberto LOSSADA SARDIEste es un tema que suelo evitar incluso con los amigos. Es un tema extremadamente apasionante y se presta para exacerbar los ánimos fácilmente, sobre todo cuando va conexo con la política. En este caso no me refiero a ello y sí a los derechos humanos en el campo del Derecho Penal, en el que nunca he tenido claro cuál es el objeto de la campaña tan agresiva que, a su favor, se libra entre los estudiosos de la criminología y el derecho penitenciario.
Siempre he entendido que un derecho es una contraprestación a un deber, ergo será posible exigir derechos en la medida en que se cumplan deberes.
Me pregunto, entonces, así como hay una “tabla” de derechos humanos (insisto, estamos hablando de delincuentes y criminales exclusivamente), ¿a nadie se le ha ocurrido hacer una de “deberes humanos"? ¿Por qué exigir “derechos humanos” para alguien que no ha tenido miramiento para violar los de otro?, no deja de ser un inmenso contrasentido y muy lejano de la intención original de quien elaboró la teoría de los derechos humanos.
¿Cómo se puede justificar la exigencia de derechos humanos para un empedernido violador de los mismos?
En mi mente he elaborado una tesis que, obviamente, para mí es muy lógica. Permítanme tratar de explicarme: Creo que quien viola un derecho humano de otro, hace, con el hecho mismo, una renuncia expresa al propio derecho (volvemos a derecho como contraprestación de deber). Es decir, la comisión del delito –o crimen, da igual- es una renuncia voluntaria y expresa a su derecho, al haber incumplido con el deber manifiesto de no realizar tal acción. (No quiero con esto justificar la pena de muerte ni mucho menos; eso quedará al criterio de quien corresponda). Y de tal manera, libera al Estado de la obligación de tutelar su derecho. ¿Que existe un mínimo de condiciones exigibles? De acuerdo, pero no es lógico concederle una tutela igual a la de un ciudadano respetuoso de sus deberes y de los derechos de los otros.
A su vez, esta cuestión de los derechos humanos ha traído, entre varias consecuencias, un interminable debate sobre la “rehabilitación” del delincuente. Y así como quien no quiere la cosa, me pregunto: ¿Habrá alguien que, con toda sinceridad, crea que un criminal con seis (o siete u ocho) muertes a su cargo sea “rehabilitable"? Lo podrá ser el autor de un crimen pasional, por así llamarlo, o de un delito causado por un arrebato de ira en un momento determinado, pero, alguien que planifica –con lujo de detalles- asesinatos, secuestros, violaciones y los lleva a cabo repetidamente, ¿es “rehabilitable"?
Sé que con estas breves líneas incurriré en la furia de los doctos y académicos del caso. Pero, sencillamente, tengo que comentar esta preocupación que llevo por dentro…
Alberto Lossada Sardi, diplomático y escritor, nació en Caracas en 1950, en el seno de una familia de diplomáticos e intelectuales. Como diplomático ha servido en Estados Unidos, la Unión Soviética, Portugal, Ecuador, Nicaragua, Libia y Francia. Su más reciente cargo fue el de Ministro-Consejero Encargado de Negocios en Portugal. También ha ejercido varias funciones en el Servicio Interno del Ministerio de Relaciones Exteriores.
1 comentario
Amigo Alberto, Estoy de acuerdo con las intenciones que se esconden en tus palabras. Es decir, estamos claros que es urgente y necesario desarrollar un sistema de justicia que 1) castigue el crimen, 2) eduque al criminal en materia de ética social, 3) elimine la reincidencia (al menos del castigado), y, para no extenderme, 4)restablezca en lo posible en estado de justicia existente previo al crimen. Esto último es imposible en una serie de crímenes mayores (violación, asesinato, secuestro, etc) porque el crimen es tal que no permite el restablecimiento del "estado de justicia previo." Escribes que "quien viola un derecho humano de otro, hace, con el hecho mismo, una renuncia expresa al propio derecho " pero esta opinión por muy válida que nos parezca emocionalmente, no deja de ser opinión ("doxa" en griego) y no necesariamente la correcta ("ortho-doxa"). Quien viola un derecho humano no hace más que eso, violar un derecho humano. Lo de volver a "derecho como contraprestación de deber" es un desideratum personal y no social: el que viola no renuncia a su derecho de no ser violado; el que mata no renuncia a su derecho a la vida (se suicidiaría de ser así), etc. etc. Aquello del viejo testamento ("ojo por ojo" resulta no en la restitución de la justicia sino en una sociedad de ciegos o al menos, tuertos). Pero sigamos pensando y nunca dejemos de buscar la justicia, Gonzalo













Alberto Lossada Sardi, diplomático y escritor, nació en Caracas en 1950, en el seno de una familia de diplomáticos e intelectuales. Como diplomático ha servido en Estados Unidos, la Unión Soviética, Portugal, Ecuador, Nicaragua, Libia y Francia. Su más reciente cargo fue el de Ministro-Consejero Encargado de Negocios en Portugal. También ha ejercido varias funciones en el Servicio Interno del Ministerio de Relaciones Exteriores.
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