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Rumanía y Venezuela, Venezuela y Rumanía
Rumanía y Venezuela, Venezuela y Rumanía
por Eduardo CASANOVA
Nicolae Ceauşescu (1918-1989) fue el dictador comunista de Rumania entre 1967 y 1989. Creció en el Partido Comunista Rumano, del que fue el equivalente a secretario juvenil hacia el final de la II Guerra Mundial. Cuando el PCR se apropió del poder, un par de años después del final de la Guerra y por influencia de la Unión Soviética, Ceauşescu se convirtió inicialmente en Ministro de Agricultura, y luego ascendió a segundo jefe del PCR, hasta la muerte del líder, Gheorghe Gheorghiu-Dej, que lo convirtió en jefe del PCR. Inicialmente se hizo muy popular, no sólo en su país sino fuera de sus fronteras, por su política que osaba retar la supremacía de la Unión Soviética y parecía apuntar hacia una independencia que bien podría avanzar algún día hacia la democracia. Cuando la invasión soviética de Checoslovaquia, Ceauşescu condenó a los rusos, y propendió a establecer relaciones con Europa Occidental. En 1967 se convirtió en Presidente de la nación rumana, que hasta participó en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984. Pero nunca se definió del todo ni alentó reformas que tendieran hacia la liberalización del país, y más bien empezó a llevar una vida fastuosa, con buenos trajes, automóviles lujosos, grandes mansiones y otros lujos, asegurándose la lealtad del PCR mediante privilegios y ventajas para sus cuadros y dirigentes. La corrupción se convirtió en algo común, mientras el pueblo rumano sufría hambre y escasez. El culto a la personalidad se hizo cotidiano, Ceauşescu recibió el título de “Conducător”, no muy distinto al de “Duce” de Mussolini y al de “Führer” de Hitler. El Nepotismo se hizo presente, y le dio a su esposa, Elena Ceauşescu, cada día más posiciones importantes. A fines de la década de 1970 un importante miembro de la policía política, Mihai Pacepa, desertó del país e informó a las potencias occidentales que Ceauşescu colaboraba con el terrorismo árabe y alentaba planes contra Occidente. A pesar del atraso económico del país, y hasta del hambre del pueblo, Ceauşescu propició planes megalomaníacos de transformación física, especialmente de Bucarest, y destruyó numerosas aldeas para obligar a sus habitantes a vivir en superbloques. Su política personalista, populista y de demagogia, fue creciendo hasta hacerse asfixiante. Su persecución de todo lo que pudiera oponérsele se convirtió en la norma. En diciembre de 1989 ordenó a los militares y a la policía política que dispararan a matar contra los manifestantes anticomunistas en Timişoara, orden que no fue cumplida. Ceauşescu y su esposa intentaron huir en helicóptero de Bucarest, pero fueron capturados, juzgados sumariamente y ejecutados el 25 de diciembre, convirtiendo a Rumanía en el único país en el que el comunismo fue depuesto mediante la violencia, tanto la violencia popular como la militar, que apoyó la iniciativa del pueblo contra el culto a la personalidad y la dictadura.
Sería absurdo pensar que Venezuela puede seguir un camino parecido, aunque algunos elementos, como la corrupción, la demagogia y el populismo, existen en el gobierno, y otros, como el culto a la personalidad y el partido único, están allí, larvados y sólo en forma de amenaza potencial, pero allí están. Y para que no pase nada parecido, es imperativo que los partidos democráticos entiendan que su obligación es actuar para el pueblo y por el pueblo, y no para ellos y por ellos, y el primer elemento que debe imponerse ya, además de la sensatez, es la unidad.
3 comentarios
Eduardo: quizá sea falso lo que se dice de la violencia (que siempre trae más violencia). Me parece que una vez que colgaron a Mussolini por los tobillos, la masa se calmó. Italia superó aquello y pronto se enderezó todo. Claro está, para ese entonces Dante, Machiavelli, Pirandello, y unos cuantos genios más habían preparado el camino. En Rumania y en Venezuela parece que el pueblo no le para a sus antecesores. Gonzalo
Eduardo: Eso de que "el culto a la personalidad y el partido único están larvados y sólo en potencia no es lo que yo siento y veo; de todas maneras está muy buena la crónica. Ojalá que el de aquí termine igual.Luis
Venezuela y Rumania, Rumania y VenezuelaY… ¿Hungría y Venezuela?
En junio de 1947, el Parlamento húngaro, dominado por los comunistas, reformó la ley electoral. Una de las consecuencias fue la elaboración de una nueva lista de votantes de la cual desaparecieron millones de opositores al régimen. El día de las elecciones, los comunistas se aprovecharon de la nueva ley electoral que daba el derecho de voto a los no-residentes en el país y utilizaron autobuses para llevar a los simpatizantes comunistas para que votaran, a menudo con carnets electorales falsos. Cuando en alguno de los centros de votación, el número de votos resultaba mayor que el número de electores válidos, se procedía a eliminar los votos de los partidos no-comunistas para equilibrar los resultados.
A pesar de todas estas maniobras, el resultado fue un 40% de votos a favor de la oposición. Los comunistas acusaron de fraude al principal partido opositor, cuyos votos fueron debidamente anulados por la Corte (Consejo) electoral, dominada por los comunistas. En octubre, 106 de los 109 parlamentarios de los partidos de oposición fueron arrestados.













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