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Señor de la ternura
Señor de la ternura
por Roberto J. LOVERA DE SOLAIntenso es el trabajo literario de Francisco Massiani (1944), precisamente este año se cumplen cuatro décadas de la publicación de su novela Piedra de mar, siempre leída, la cual ha alcanzado diez y ocho ediciones. No ha parado de reeditarse una y otra vez. Es uno de los libros venezolanos más vendidos, y por lo tanto más leídos, en los últimos decenios, tanto como Boves el Urogallo de Francisco Herrera Luque o El mago de la cara de vidrio de Eduardo Liendo. Piedra de mar es sin duda el libro más veces impreso de la editorial caraqueña Monte Ávila Editores.
Pero el autor de Piedra de mar es incansable. A sus cuatro colecciones de libros de cuentos, a su segunda novela Los tres mandamientos de Misterdoc Fonegal, a su cuento infantil El azulejo y la iguanita se van a añadir ahora dos novelas breves suyas, anteriores a Piedra de mar, escritas en 1965, que se están imprimiendo dentro de las ediciones del diario El Nacional: Fiesta de campo y Renatte o la vida siempre como un comienzo. Y por si faltara algo: ya se está comenzando a transcribir, por la mano de Mercedes Piñeiro, los originales manuscritos de su novela Amor nuestro, libro amplio, escrito por Massiani a lo largo de varias décadas. Este es de esas obras a los cuales volvió una y otra vez para desarrollarlo, complementarlo y pulirlo. Existen también los originales de El veraneante, noveleta de 1965, Florencio Quintero y Rodrigo Blanco preparan su manuscrito para ser editado. Toda esta cosecha la integran también setenta cuentos inéditos, que son la obra de una vida, no pueden ser considerados de otra manera, que en la actualidad examina Rodrigo Blanco pensando en su edición. Estos relatos Massiani piensa imprimirlos bajo el título de Cuentos pasados de moda, lo cual es toda una boutade. De editarse estos relatos se podrían hacer varios volúmenes porque sin duda al menos cincuenta de ellos deben ser insuperables si se piensa que es Massiani uno de nuestros mejores, más hondos y más diestros maestros de la narración corta.
Ahora al publicar Señor de la ternura. (Caracas: Monte Ávila Editores, 2007. 170 p.) al fin nuestro magnífico escritor de ficciones se ha decidido a recoger en un volumen su primer libro de poesía, arte que siempre ha cultivado y en el cual ha descollado. Que era un muy buen poeta lo sabíamos desde hace décadas, al menos desde hace por lo menos seis lustros, cuando una tarde de 1975 Massiani se presentó al primer Taller de Poesía del Celarg que dirigía Ludovico Silva (1937-1988) y leyó un espléndido poema, tan bueno que Silva y yo nos miramos y nos dijimos “no sólo es un gran narrador sino un alto poeta”. Así fue. Todavía lo recordamos aquel atardecer sacando del bolsillo de su bluyin una hoja arrugada en la cual estaba escrito el poema que nos leyó. Y ahora Señor de la ternura, este hermoso haz de poemas amorosos lo registra y ratifica plenamente.
Continuación:
La verdadera literatura surge del interior de los escritores, de sus pasiones y obsesiones, si no, no es legítima. Y la presencia de la mujer y la experiencia amorosa es esencial en la vida de Massiani y como es lógico en su transposición en palabras, en su creación literaria porque el amor siempre cruza su obra literaria, desde Piedra de mar que es en el fondo una historia de amor o por medio de su singular cuento “Un regalo para Julia” (de Las primeras hojas de la noche, 1970) por ejemplo. Ya hemos anotado que se trata de poemas de amor. Todos ellos presididos por aquello que se lee en “Hace ya muchos años”: “o simplemente luces nuevas para a una nueva religión del amor” (p.165), esa es la querencia que Massiani desea alumbrar. En los textos de Señor de la ternura Massiani toca casi todas las instancias de esa experiencia sin la cual ningún ser humano puede vivir: el amor y sus connotaciones íntimas.
Casi siempre la poesía en Señor de la ternura es de ascendencia narrativa, hay poemas que parecen cuentos como “En una mesa de café” y además de poemas en versos, la mayoría, hay otros es prosa como “Y aquel viaje de gallos marinos”.
Estos son poemas de raigambre heterosexual, sobre hombres y mujeres que se enamoran y viven la plenitud del afecto y del erotismo. El amor está en todas los poemas de este libro. Desde cuando se vislumbra como en “Para dar con el amor”; cuando se aproxima como cuando en “París” leemos: “y el hombre sin la mujer / pierde peso/no puede rozar las hojas / sentir el fuego de la tierra/el latido del mar en la arena / el hombre sin la mujer / se vuela solo sin saber dónde / y se quema/arde / delirante/polilla / imbécil / se deshace en el sol” (p.19-20); o en este sentido, poema suntuoso por donde se le mire, especialmente desde el ángulo sentimental, que es “En una mesa de café” el cual culmina con estas líneas: “Los amantes se besaron. La mujer le dijo al hombre: es demasiado hermoso para despedirse…Fíjate. La vida parece buscar la vida. Y la muerte parece buscar la muerte. Pero a veces encuentra la vida” (p.43) y el amor es vida palpitante. O la plenitud más espléndida, el encuentro, evidente en “Nunca creíamos que el tiempo”, “porque eso era tu beso: / el calor dulce de una canción de amor / en llamas de una fogata en la playa. /Me llevé un dedo a la boca y / recordé tus besos. / En la otra mano / no había ya el sudor de un mediodía / que juntamos / el sol íntegro / con nuestros cuerpos” (p.76-77). O en “Los amantes”, uno de los más ricos entre estos poemas, “Permanecieron meses de prueba / meses sin hacer otra cosa que cuidar el posible amor… Se encontraron / Un día de sueños para los dioses / se encontraron los labios de los amantes / y en la frente de ella / y en los párpados de la mujer / se apareció la ternura más limpia / tan pura en las manos de él / que de los ojos del hombre / las verdades…de vez en cuando visitan a sus dioses / hablan todos ellos de la verdad del amor / y con el vino le cantan canciones a la tierra y al amor / tan bueno y libre como las plantas” (p.116-118) o “Hiciste conmigo / de ti / el milagro de la mujer” (p.141) y por fin en “Necesito sol”: “Necesito una mujer que pueda amar / y amar su cuerpo / entregarlo / sin pensar cuanto da por eso / que lo entrega con el placer / de entregarlo / que se ame a ella misma / cuando esté desnuda / y entregada en mi cuerpo. / Necesito una mujer es cierto / que tenga el mar y el sol / perdidos y mezclados con la sangre / tibia / de su gruta” (p.158-159).
A todo lo largo de este poemario desea el varón estar “con los dedos entrelazados en tus dedos” (p.46), “Sentir otra vez el calor dulce / de una canción de amor / en fuego/de una canción de amor en llamas / de una fogata en la playa / porque so era tu beso: / el calor dulce de una canción de amor / en llamas de una fogata en la playa” (p.146), porque “es necesario descubrir / y darse a la tarea de / diariamente entregar una nueva/piedra / para maravillar los ojos de la mujer/amada” (p.169).
En fin: siempre “Desenterrar el sueño de amor / que yace prisionero en los pliegues de tus párpados” (p.89), que estén siempre presentes “nuestras lenguas moribundas de amor” (p.157). Porque continuamente ruega por el descubrimiento de una amada:”toco madera todo el tiempo / y pienso en Dios / a fin de que me cuide / y me de suerte / de estar todo el tiempo enamorado” (p.110) porque el hombre es “Una bestia sedienta de amor. Un hombre que desea besar, que desea amar” (p.115).
No es fácil escribir poemas de amor porque tales composiciones siempre pueden rayar en lo cursi, en el melodrama o ser patéticos. Sin embargo nuestra literatura vive un momento singular dentro del cultivo del poema amoroso, precioso y recóndito en la forma como estos fueron tratados por Eugenio Montejo (1938-2008) en sus últimos poemarios, Partitura de la cigarra y Papiros amorosos, por Miguel James ahora en la recopilación de toda su obra poética, en Mi novia Itala come flores y otras novias, toda cruzada por el sentimiento amoroso y ahora por medio de Señor de la ternura de Massiani. Con sus poemas podemos volver a enamorarnos, conquistar a la mujer difícil. ¡Alabados sean los tres y elogiadas las memorias del amor que reviven ante nosotros!.
ROBERTO J. LOVERA DE SOLA Crítico literario y autor de varios libros y de numerosísimas artículos en su especialidad. Nació en Caracas en marzo de 1946. Siguió estudios en varios colegios de Caracas y Mérida, en la UCAB y en la UCV. Ha realizado investigaciones en diversas instituciones venezolanas y extranjeras, entre ellas el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), Fundarte y la Northwestern University Library, Evanston, Illinois, Estados Unidos.













ROBERTO J. LOVERA DE SOLA Crítico literario y autor de varios libros y de numerosísimas artículos en su especialidad. Nació en Caracas en marzo de 1946. Siguió estudios en varios colegios de Caracas y Mérida, en la UCAB y en la UCV. Ha realizado investigaciones en diversas instituciones venezolanas y extranjeras, entre ellas el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), Fundarte y la Northwestern University Library, Evanston, Illinois, Estados Unidos.
BELLISIMA.
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