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Rafael Vegas, Psiquiatra y Civilizador Contemporáneo - Segunda Parte
Rafael Vegas, Psiquiatra y Civilizador Contemporáneo - Segunda Parte
por Roberto J. LOVERA DE SOLASu otra preocupación fue el fenómeno educativo. Sus inquietudes en este campo las había expresado con tanta claridad que se creyó en él como el hombre necesario para ser nombrado Ministro de Educación. Así lo hizo el presidente Medina Angarita el 5 de mayo de 1943. No se equivocó el mandatario en su escogencia. Lo que hizo Vegas en el despacho conmovió a los cimientos del sistema educativo vigente.
Entre sus actividades se pueden contar las siguientes: puso en vigencia la Ley de Escalafón del Magisterio (diciembre 14,1944), la Sociedad de Mutuo Auxilio para los maestros, el Servicio de Asistencia Médico-Social (julio 22, 1944), base de lo que más tarde sería IPAS-ME (30). Durante su paso por el Ministerio, que entonces estaba en la esquina del Conde, creó las Unidades Preescolares, la Biblioteca Popular Venezolana, el bachillerato en dos ciclos, se compró la hacienda Ibarra para construir la Ciudad Universitaria, estableció la Organización de Bienestar Estudiantil, se revisaron los programas de educación primaria y superior, se reglamentaron las Escuelas Universitarias, se hicieron numerosas y modernas construcciones escolares, aún en uso en estos días, las cuales permitieron instalar el doble turno y así formar a un número mayor de alumnos; se promovió la educación de adultos y la educación especial. Los estudios de Enfermería, Servicio Social, Secretaría, Comercio, Pre-artesanal y Técnico industrial pudieron desarrollarse desde entonces. También se amplió la educación rural, estableció la enseñanza de música en las escuelas, el bachillerato nocturno para los trabajadores, impuso la aprobación de los textos escolares y logró ampliar considerablemente los presupuestos dedicados al despacho.
Por entre sus numerosas realizaciones hay una a la cual siempre le hemos concedido de especialísima importancia. Fue Vegas quien, desde el Ministerio de Educación, institucionalizó la Educación mixta en los institutos de educación del pública (31). Con esta iniciativa se abrieron puertas primero de los Liceos y más tarde de las Universidades a numerosas muchachas, incluso de bajos recursos, las cuales gracias a esta decisión del Ministro pudieron incorporarse y ser útiles al desarrollo del país. Así a la decisión de Vegas debe la mujer venezolana la activa participación que ha tenido durante los últimos sesenta años, más de medio siglo, en la vida del país, decisión que les permitió formarse y participar, e incluso llegar puestos de relevancia en nuestra vida económica y empresarial, participar en la política, llegar al parlamento, ser gobernadoras, miembros del gabinete e incluso ser candidatas a la presidencia. Tal la ejecutoria de este hombre quien siempre confió en la mujer, quien poseía “profundos conocimientos de psicopedagogía, y afianzada en la confianza que le inspiraba los jóvenes” (32), por ello no se echó atrás en la decisión, ni escuchó las voces agoreras que se expresaban contra la sabia medida. Así quienes acusaron a Vegas de propiciar que las adolescentes y jóvenes venezolanas tomaran el camino de la prostitución o comenzaran a proliferan los embarazos adolescentes se equivocaron porque para nada miraron cuáles eran la necesidades de innovación que tenía la sociedad venezolana en aquella alborada que fue el post-gomecismo en donde fuimos gobernados por las dos mejores administraciones que ha tenido Venezuela a todo lo largo de su historia. Y además por provenir de Vegas la idea a favor de las muchachas esta recibió pleno apoyo del presidente Medina y de aquellos representativos hombres que formaban el gabinete de entonces, sus nombres deberían ser repasados hoy en día para comprender quienes fueron los que apoyaron a Vegas en su decisión, en la puesta en base de la modernización de Venezuela la cual era imposible realizar sin la presencia de la mujer, ser que hasta la muerte de Gómez había estado prácticamente expulsado de nuestra historia. Pero Vegas conocía en profundidad el valor de la mujer, de nuestras féminas en particular, sobre las que siempre había descansado la marcha de un país “matricentrista” como lo es Venezuela. Y esas mujeres requerían ser preparadas bien, el país lo requería. No dudó Vegas nunca de la mujer ni de la innovación introducida. Cerca de mujeres había estado siempre como hijo, como hermano, como esposo, como padre de dos niñas y sus mejores colaboradores en las más felices actividades que realizó en vida lo fueron dos mujeres: la doctora Abigail Salgado en la clínica psiquiátrica y la pedagoga Diana Zuloaga de Las Casas quien fue su mano derecha en el colegio que puso en marcha.
Y además Vegas conocía en el momento de poner a andar la educación mixta e incorporar a la mujer a nuestra vida colectiva, en una época en que sólo se permitía a las niñas cursar la primaria, en la cual eran escasas las profesionales mujeres, Lya Imber (1914-1981) la primera médico se había graduado en 1936, Panchita Soublette Saluzzo (1909-1987), nuestra primera abogada, quien optó sus borlas académicas en 1943, había tenido que estudiar la carrera mintiendo en su casa para que no le prohibieran estudiar en la universidad.
Y Vegas en ese momento estaba profundamente relacionado con el vasto movimiento femenino surgido en los años finales del gomecismo y sobre todo desde el Mensaje al Presidente a los trece días de la muerte de tirano, al cual ya nos hemos referido. Vegas estuvo muy cerca de la “Asociación venezolana de Mujeres” fundada como consecuencia del Mensaje. Fueron ellas quienes fundadoras de la Casa de Orientación de Menores la pusieron en manos de Vegas para que la dirigiera. Y desde vasto movimiento había surgido la lucha por la protección a los niños, la atención a la mujer, sobre todo la de bajos recursos, la lucha por lograr los Derechos civiles (1942) para las féminas. Los derechos políticos le llegarían en 1947. Y mientras, en todo el tejido de esos años, y esto lo conocía bien Vegas, siempre cercano a ellas, la voz de la mujer se había hecho sentir en el país a través de la prensa, de documentos públicos, de conferencias y exposiciones, de realizaciones como fue la fundación de la “Casa Pre y Post Natal María Teresa Toro”, que aun existe, sino que además el mensaje de la mujer venezolana se había dado a conocer a través de las obras literarias, cuentos y novelas que escribieron, cosa que llevó a la fundación de la “Biblioteca Femenina Venezolana”. Por ello Vegas al poner el ejecútese sobre la decisión relativa a la educación mixta no regó en ningún momento sobre una tierra yerma o estéril. Ya las mujeres venezolanas de aquellas décadas había dejado claro su testimonio, sólo faltaba la decisión del gobierno para llevar a cabo la iniciativa que faltaba, la que hizo que nuestra mujer entrara plenamente en nuestra vida pública.
Siendo Ministro Vegas fue propuesto como candidato a Concejal por la Parroquia Catedral. Era una elección directa. Vegas ganó en la contienda. En aquella controversia también era candidato a otra concejalía el maestro Gallegos quien fue vencido por otro candidato. A propósito de esta elección se ha supuesto que a causa de aquello se rompió la vieja y honda relación entre Vegas y Gallegos. Nada más errado. Sobre todo porque se basa en una falaz interpretación de una carta enviada en aquellos días por Gallegos a Miguel Otero Silva (33). La ruptura entre Gallegos y Vegas era imposible pues el psiquiatra siempre había proclamado públicamente su devoción por su antiguo profesor y ambos eran seres de suficiente alcurnia espiritual para comprender lo que había sucedido en las urnas. Aquel era un veredicto popular. Y Vegas no llegó a ejercer la posición obtenida por formar parte en aquellos días del gabinete.
El nombre de Rafael Vegas volvió a ser públicamente mencionado como uno de los posibles candidatos a la primera magistratura. Eso sucedió durante la hora en la cual se discutió la sucesión del presidente Medina. Vegas contó entonces con sólido apoyo.
Al discutirse tal cosa en El Heraldo el columnista Ramón Amore Campos señaló que Vegas era el símbolo de: “la honestidad, la cultura, el progreso y la fibra revolucionaria”.
El periodista de oposición, Luis Esteban Rey (1911-1985), desde las columnas de El País, vocero oficioso de Acción Democrática, opinó: “Rafael Vegas es quizás el Ministro más popular que haya tenido el gobierno de Medina. Es hombre joven, discreto y demócrata sin aspavientos. Podría continuar seguramente la línea democrática que ha imprimido Medina a su gobierno…Sus condiciones personales nos inclinan a pensar que no sería un hombre de camarillas y que sabría imprimirle personalidad propia a su gobierno… Vegas es el candidato civil y debemos creer que ya ha llegado la hora de Vegas”.
Pedro Beroes (1912-2000), vocero de la izquierda marxista, desde las páginas de Últimas Noticias, dijo: “Vegas… cuenta con la mayor aceptación popular. La labor… al frente del despacho de Educación… lo acredita como un hombre que, sin recurrir en sectarismos peligrosos, tiene una idea clara de los problemas venezolanos así como también de las soluciones más progresistas”.
Elias Toro (1907-1959) expresó: “Su limpia vida pública, fecunda y generosa labor al frente del Ministerio de Educación, donde no lo movió otro interés que no fuera el progreso y bienestar de todos los venezolanos, hasta del más humilde y perdido en la soledad de nuestro vasto territorio. Su nobleza espiritual, su sencillez y honestidad y su arraigado amor por todo lo venezolano lo hacían ampliamente acreedor a ocupar el solio presidencial”.
Isaac Pardo (1905-2000) por su parte acotó: “Su fuerte personalidad, su limpia ejecutoria, su vida toda, eran la garantía” (34).
Pese a la opinión generalizada que se tenía, que hasta en los sectores de adversarios al gobierno se consideraba al doctor Vegas como el hombre idóneo para sustituir al general Medina, la candidatura no prosperó. Entre otras cosas porque difícilmente un hombre idealista, sano, bueno y decidido podría tener cabida en la política del país. En Venezuela a la hora de escoger un hombre para una gestión pública, desde los días del régimen colonial, se dejan de lado a los mejores y se escogen a los peores. Y Vegas no fue una excepción. Además de ser un hombre transparente en aquel momento tenía varios defectos: no era un antiguo gomecista, no era andino ni era militar. De las camarillas del gomecismo salió el candidato. Fue escogido para suceder a Medina el doctor Diógenes Escalante (1879-1964), un hombre de relevantes méritos y de larga carrera en la diplomacia, quien era entonces embajador en Washington. Escalante vino a Venezuela en el mes de diciembre de 1944 para sostener un diálogo con el general Medina meses antes de aceptar la candidatura presidencial. Al llegar a Caracas fue el psiquiatra Rafael Vegas, Ministro de Educación en esos días, quien se dio cuenta de las graves dolencias mentales que padecía Escalante. Así se lo informó inmediatamente al presidente Medina, como lo recordó el doctor Julio Diez (1912-1985), quien como Ministro del Trabajo del gobierno medinista así lo supo (35). El diagnóstico de Vegas resultó correcto. Tras un acuerdo de unanimidad, en la cual participó incluso el principal partido opositor, Acción Democrática, Escalante aceptó la postulación (julio 12,1945) y se trasladó a Venezuela el 7 de agosto de ese mismo año. A los pocos días de llegar al Hotel Ávila, donde se hospedó, el 2 de septiembre para ser más precisos, Escalante perdió las facultades mentales, terminándose así su campaña. En ese momento fue el psiquiatra Francisco Herrera Guerrero (1902-1950), en mismo 2 de septiembre de 1945, quien diagnosticó la grave dolencia que aquejaba al candidato. Se comprobó plenamente entonces lo observado por Vegas a lo cual Medina no atendió. Entonces fue escogida otra persona, también andina aunque civil, el Dr. Ángel Biagini (1893-1975). Esto no contó con el visto bueno de la oposición. Así los acontecimientos se precipitaron. El 18 de octubre de 1945 se produjo un pronunciamiento cívico-militar que derrocó aquella administración. Los sucesos sorprendieron al ministro Vegas en la Escuela de Servicio Social, en El Paraíso, en donde dictaba su cátedra aquel día. Lo acaecido aquella mañana fue considerado por Vegas como una criminal inconsecuencia (36).
Tras el golpe de estado Vegas se asiló en la Embajada de México. El nuevo gobierno no lo molestó para nada. Pudo así reanudar rápidamente sus tareas.
Tras de sí quedó su fecunda labor, las prolíficas tareas que realizó en el Ministerio de Educación, este hombre de hábitos sencillos, quien por no poseer ni casa propia ni vehículo propio llegaba muchas veces a su despacho en bicicleta. Así era el hombre que trabajaba como un monje medieval, quien cada día debía luchar además contra su mala salud. Sin embargo logró hacer mucho, más que otros pues su “tenacidad de vivir le mantenía en pie y activo” y así su existencia “era más fecunda que la de una persona sana” (37).
Una de las mejores síntesis de su actividad frente al Ministerio de Educación la ofreció el escritor Miguel Otero Silva (1908-1985) en este balance: “Desde que Rafael Vegas asumiera el Ministerio de Educación, la enseñanza venezolana se enrumbó por nuevos derroteros. 250.000 niños acudieron a las escuelas primarias. 97 Liceos impartieron educación en todo el territorio de Venezuela, la reforma universitaria conmovió los cimientos de la vieja casona conventual. 24 institutos abrieron sus puertas para forjar maestros y las mujeres venezolanas acudieron mayoritariamente a ellos. Surgió el Instituto Politécnico de Agricultura. La Ciudad Universitaria, alzada en el corazón de Caracas, fue espléndida promesa para todos los jóvenes de este país. La Organización de Bienestar Estudiantil señaló el camino de la Universidad a los estudiantes sin recursos. El escalafón del magisterio significó la primera preocupación real por el hambre secular e inadmisible de nuestros abnegados maestros de escuela. En las ciudades y en los campos se irguieron modernos edificios escolares. Los niños comenzaron a amar las salas de lecciones y sentirse orgullosos de sus “concentraciones”. Una labor energética contra el analfabetismo redujo sus cifras en un 50 por ciento. Es una obra de incalculables horizontes realizada en un lapso relativamente corto, con Rafael Vegas al timón. Una obra que él mismo juzgaba apenas como la iniciación de otra mucho más extensa para liberar a Venezuela de su ignorancia tan insondable como nuestros bosques y nuestros ríos” (31).
Por todo ello no es casual que Vegas haya sido considerado “el mejor Ministro de Educación que haya tenido Venezuela en lo que va de siglo” (39). Ello es así aun hoy.
Su dedicación a la niñez había sido tan constante durante los nueve años que llevaba de haber regresado a Venezuela que ni siquiera había tenido tiempo de revalidar su título de Médico. Eso hizo entonces (enero 21,1946). Quedó así autorizado para ejercer la medicina. Ese mismo año fundó, en Chacao, el “Sanatorio Altamira” (1946-1964), estableció el Departamento de Psicopedagogía en el Colegio Santa María, que fue la primera dependencia en su género en establecerse en una institución de educación privada. A la vez ejercía la Psiquiatría Infantil en su consultorio privado, situado entre las esquinas de Peligro a Miguelacho. Esto sin dejar sus cotidianas labores en la Casa de Observación y el Instituto de Pre-Orientación de Menores.
En 1948 se celebró en Caracas el IX Congreso Panamericano del Niño. Esta asamblea recomendó “a la consideración de todos los gobiernos y organismos responsables de la niñez en América” la adopción del Plan Vegas (40).
El 25 de Julio de 1950 vio realizado un viejo sueño. Lo que planeó en París en 1936 y no pudo realizar. Lo que intentó hacer en 1941 se convirtió entonces en realidad: fundó, con el apoyo económico de sus amigos Armando Planchart, Eugenio (1906-1979) y Lope Mendoza Goiticoa, Andrés Germán Otero (1909-1976) y su hermano el médico Martín Vegas, el Colegio “Santiago de León de Caracas". El viejo deseo de formar jóvenes tuvo un cauce desde ese momento. Se cumplió el apotegma que dice que Venezuela no necesita de ideologías sino de más educación, mucha y completa.
En 1953 al inaugurarse la escuela de Educación en la Universidad Central de Venezuela Vegas fue uno de los primeros en inscribirse para cursar la carrera, él quien poseía todos los títulos necesarios, se sentó otra vez en el pupitre a aprender. Pero con una especial condición: su inscripción fue condicionada a la aceptación de su parte de la Cátedra de Psicología. Así a la vez fue alumno y profesor.
Estaba dedicado a su Clínica, al Colegio, a sus pacientes, a sus estudios, a su cátedra de Psicología, cuando falleció en Caracas su mamá (mayo 14, 1954) quien había sido la gran cómplice de todos sus sueños y realizaciones, su confidente perpetua. El Sanatorio Altamira cerró sus puertas en 1964. El dejó de dirigir el Colegio Santiago de León en 1969.
Los cuatro años de vida que le restaban de vida los dedicó, sin alejarse del Colegio, ya que se puede afirmar que él laboró hasta su deceso, en la creación y puesta en marcha de la “Fundación Santiago de León de Caracas", la cual concibió como la continuadora de las hondas tareas realizadas desde el Colegio, el cual primero funcionó en la Avenida Los Jabillos de La Florida y más tarde fue trasladado a las edificaciones construidas en La Floresta, en donde continúa en la actualidad.
Dedicado a su labor médica y docente fue poco lo que se ocupó de la política. En 1963 apoyó la candidatura de Arturo Uslar Pietri a la Presidencia y meses más tarde se contó entre los fundadores del Frente Nacional Democrático, el FND (febrero 24,1964). Activo, siempre luchando contra sus males físicos, siguió hasta que falleció en Caracas a las ocho de la noche del 30 de diciembre de 1973.
Continuación:
El pensamiento de Vegas se puede seguir a través de su Contribución al estudio de la situación económico-social del alumno caraqueño (41), por medio de sus ideas sobre la infancia abandonada, recogidas en un volumen por la doctora Abigail Salgado (42) y a través de las dos Memoria y Cuenta que presentó al Congreso Nacional durante el tiempo en que ejerció la cartera de Educación (43).
En cuanto a la obra preparada por la psiquiatra Salgado debemos señalar que el hecho de haber sido ella cercana asistente del doctor Vegas y el hecho de haberse convertido en celosa guardiana de su memoria, le permitió preparar este interesante conjunto de textos. La lectura de todos los trabajos recogidos en este libro nos permiten seguir las tareas emprendidas por Vegas, sus actividades en favor del niño abandonado, que en sus líneas generales pueden seguirse a través de los capítulos de este libro. Vegas estuvo presente en el “Primer Congreso Venezolano del Niño” (febrero 1-6,1938), formó parte de la comisión encargada de redactar el Proyecto del Código de Menores que fue aprobado por el Congreso. Fue este el nuestro primer Código en este ramo. Fue Director de la Casa de Observación de Menores, en la cual puso en práctica normas acordes a la ciencia de su tiempo. Suyo fue el plan para la asistencia social de niños abandonados, delincuentes y anormales. A él se debió un nuevo tratamiento de los niños delincuentes, que él logró que se les separara en las prisiones, que no los tuvieran en los mismos lugares de los presos comunes adultos. Rigió el Consejo Venezolano del Niño. Desde allí, como desde el Instituto de Pre-Orientación de Menores, puso en práctica sus ideas en esa época fueron conocidas nacionalmente como Plan Vegas. Nunca se separó a todo lo largo de su vida de los problemas de la niñez. Fue él quien llamó la atención sobre la singularidad de la persona del niño, quien respetó los derechos de los adolescentes, quien cuando ejerció la cartera de Educación hizo desde el Ministerio toda una transformación. Al auspiciar la Educación Mixta abrió a la mujer venezolana la posibilidad de incorporarse a la vida nacional. Y todo esto hizo porque nunca flaqueó. Porque siempre creyó en el sentido de lo que hacia. Por ello en torno a la problemática del Menor Venezolano, hoy más desasistido que en los días en Vegas inició su magisterio, pudo escribir: “Si dentro de algunos años las ideas aquí expuestas aparecen como novedosas, como teóricas, como difíciles de realizar es porque el país se detuvo en su evolución asistencial…si los que pueden leer estos trabajos dentro de algunos años encuentran que era ridículo perder el tiempo definiendo ideas que el simple sentido común impone es porque ellos llenaron su finalidad” (44).
Por ello mismo un maestro como Augusto Mijares escribió a Vegas (julio 1, 1940) refiriéndose a aquello en lo cual se ocupaba: “Me ha emocionado profundamente, pues como lo sugiere Ud. en una de las leyendas de las fotografías cuando se ven de cerca problemas semejantes aprendemos a olvidar tantas cosas sin importancia que a menudo nos roban toda la vida… pero se necesita un apóstol como Ud. para que nos haga ver así; y un apóstol doblado de sabio para que nos presente además junto sistematización del problema, la solución posible” (45).
Tanto el artículo al que se refiere Mijares como las fotos, a las cuales hace mención, pueden leerse en esta colección de escritos de Vegas compilados por la animosa doctora Salgado (46). Y tiene tanta similitud con lo que a diario vemos, con los niños con los cuales cada día nos topamos, que no podemos dejar de pensar lo actuales que aún están en las ideas de Vegas.
Sus ideas educativas las expuso, como ya hemos señalado, a través de sus informes anuales ante el parlamento. Sus Memoria y cuenta se apoyaban en una convicción: “La Gran Guerra (1914-1918) nos enseñó muchas lecciones, entre otras la de que el futuro de la democracia depende del grado de cultura de los pueblos. Los ideales, las ideas y las instituciones deberían ser conformadas de nuevo en la mente de cada generación, y puesto que nuestra herencia social es inmensa, debemos continuar enseñando. Necesitamos educar” (47).
Sus Memoria y cuenta tenían también una especial característica: fueron concebidas como un balance de su acción las cuales se fundamentaban en la historia de nuestra educación. Esta era la única forma de medir los avances que se lograron bajo su gestión. Por ello en la primera de ellas Vegas anotó: “La presente Memoria aspira a hacer una presentación del problema educativo venezolano con un criterio histórico-documental, que permita recoger en un solo cuerpo el proceso seguido en cada uno de los aspectos de la educación nacional en el curso de nuestra evolución política y social, al mismo tiempo que ofrecer una visión de conjunto que presente un balance positivo de las labores del Despacho durante el año de la Cuenta, como fundamento del desarrollo futuro de sus actividades” (48).
Y por esto también insistió que su gestión debía verse nutrida: “con un pensamiento que aspira a contribuir con eficiencia y claridad al estudio de los principales aspectos de la educación venezolana". (49)
Es así como podemos observar la manera como a través de estos balances Vegas fue haciendo una revisión de todas las ramas de la educación durante el período durante el cual fue ministro. Pero no sólo impuso numerosas novedades a las cuales ya nos hemos referido sino aquella mirada, desde el preescolar hasta la educación superior, le permitió darse cuenta cual era el piso sobre el cual estaba. Así pudo modificar el modelo educativo que funcionaba el país y pudo a su vez establecer los fundamentos humanos sobre los cuales iba a descansar aquella reforma. De allí el hincapié que hizo en sus informes sobre la estructura del Ministerio. Para él no bastaba incrementar los presupuestos, cosa que hizo, era también decisiva la base humana sobre la cual se iba a construir aquello que, junto a su equipo, diseñó. Es por ello que concedió tanta importancia a la Inspección Educativa y a la figura del docente. Por ello hizo tanto énfasis en la construcción de nuevas edificaciones escolares. Y esto tanto como en la logística pedagógica, es decir ofrecer a los colegios públicos buenos mobiliarios y excelente material para el trabajo.
También dio especial impulso a la reforma de los programas escolares y a la implementación de nuevas áreas del sistema de educación nacional como fue la Educación Especial para la mujer como la Enfermería, las Artes y Oficios y el Trabajo Social, que había iniciado en nuestro país en 1936 precisamente su hermana Luisa Amelia Vegas y la cual no recibió respaldo oficial sino seis años más tarde (diciembre 17,1942). Igual atención prestó al trabajo cultural. Las Artes Plásticas, la Música, que por vez primera fue enseñada en la escuela primaria, las bibliotecas, los museos y las Academias recibieron su apoyo tanto como esa otra rama de la cultura que pocos consideran una actividad de este ramo: el deporte. Esto claro sacando de allí al boxeo que no es recreación porque destruye lo más grande que tiene el hombre, aquello con lo cual ha podido progresar él y las diversas generaciones a través de la historia: el cerebro.
Esta fue en sus grandes aristas lo que logró hacer desde su despacho en la esquina de El Conde. Fue así como se llevó a cabo “un amplio plan educativo, sin precedente en el país” (50).
No podemos cerrar esta semblanza de Rafael Vegas sin reflexionar en torno a su modo de ser, sobre una personalidad como la suya, digna siempre de análisis en sí misma. Ella merece estudiarse y examinarse pues no creemos que queden dudas acerca de que Vegas fue un “hombre símbolo de la Venezuela de todos los tiempos” (51) pues con sus actos representó aquello que señaló Mariano Picón Salas (1901-1965) al anotar: “Además de los libertadores hay algunos rostros que frente a la gran tragedia y el azaroso vivir al día de la historia política venezolana representaron la previsión, la prudencia, la búsqueda de un pensamiento nacional afincado a la realidad de nuestra existencia histórica y servidor de ello” (52).
Lo cual reiteró Uslar Pietri al acotar: “A todo lo largo de la historia de Venezuela hay como una voz que se alza continúa y patética para advertir los riesgos de los tiempos y la necesidad de rectificar el rumbo del país. No es una sola voz, pero sí es, en lo esencial, una sola prédica que pasa de boca en poca descendiendo por los sucesivos escalones de las generaciones… Ese llamado al orden, cuyos temas han variado, en verdad, muy poco en cuatro siglos, lo han mantenido y recogido precisamente aquellos hombres que, en su proceso histórico, el país reconoce como las más lúcidas y válidas inteligencias que lo han alumbrado”.
Y Vegas fue uno de esos claros varones prudentes a los cuales se refirió don Mariano, fue una de aquellas voces que predicaron la construcción del país ideal, como lo dijo don Arturo. Altruista desde su primera juventud, hombre lejano siempre al éxito económico que podría obtener en sus actividades, se entregó de lleno a buscar cómo edificar una vida nueva para el país sobre la base de la mejor educación para los jóvenes. Vegas estaba convencido que “vivir sin educación no es vivir” (53). El Libertador había dicho antes: “Un hombre sin estudios es un ser incompleto. La instrucción es la felicidad de la vida; y el ignorante, se precipita luego infaliblemente en las tinieblas de la servidumbre” (Escritos del Libertador, ed. 1967, t.III, Vol.II,p.12).
Por ello había señalado el propio Bolívar: “El primer deber del gobierno es dar educación al pueblo” (diciembre 11,1825). Y Vegas supo esto y lo practicó.
Nos queremos fijar aquí en la personalidad de Vegas, en el idealista claro que siempre habitó en él, en el humanismo que siempre alentó en su espíritu. Su camino vital estuvo sembrado de contradictorias opciones. No fue fácil su tarea. Se enfrentó a la dictadura de Gómez, tuvo que tomar el camino del exilio, llegó a participar en actividades políticas en el cual la violencia era el camino para acabar con aquel despotismo. Pero fiel a sí mismo fue elaborando sus propias convicciones y logró darse cuenta que el “gomecismo es preciso pelearlo con ideas” (54). Como no era un político sino un hombre de ciencia se dedicó a prepararse en un área. Pero esto no fue lo único. Desde 1929 tuvo que luchar con el Mal de Chagas. Era una enfermedad desconocida en Europa, donde Vegas vivía, y los médicos nunca lograron saber de qué se trataba. Por años habitó en él aquella dolencia. Fue cuando hizo su reválida de médico y estudió Medicina Tropical cuando él mismo la descubrió. Pero ya el mal estaba en él y le había producido grandes daños en el sistema circulatorio. Moriría de eso años después. Pero durante más de cuarenta años, luchó contra ese morbo. ¿Cómo lo hizo? Sólo con un argumento: su voluntad de vivir y de ser útil. Apunta Arístides Bastidas al respeto: ”confiaba, quizás de modo exagerado en los inexplicables mecanismos con que prolongan su existencia los enamorados de la vida y los consagrados a una causa” (55).
¿Y cuál era su causa? Los niños, los enfermos, la educación, su idea de entregarse para que el país, en su campo, evolucionara hacia una situación mejor. Por ello fue que su “tenacidad de vivir le mantenía en pie y activo” y así su existencia era más fecunda que la de muchos sanos.
Pero dentro de este orden de ideas es bueno que el lector actual no olvide que fueron arduas sus luchas por imponer sus ideas. Primero las relativas al niño, luego las educativas. Fue criticado. Los sectores más conservadores del país siempre lo vieron con malos ojos por sus ideas en torno a la educación laica, porque favoreció la educación mixta, por sus personales ideas sobre el desarrollo del adolescente y el joven. Pero él no se amilanó. Peleó porque su causa era justa y las controversias no agriaron su carácter. Se multiplicó siempre en diversas actividades y fue así como al final de su vida pudo dirigir su clínica privada. En ella un día cualquiera de julio de 1959 lo conoció el autor de este trabajo, su influencia y sus consejos fueron decisivos para nosotros desde aquella tarde, y eso que apenas éramos un adolescente de trece años entonces, tal las intuiciones de Vegas ante cualquier muchacho, sabias siempre y enriquecidas por su impar experiencia.
También rigió su Colegio en el cual implantó sus personales ideas. Y todo esto es aleccionador cuando pensamos que este hombre siempre cordial y generoso, que tenía palabras de aliento para todos (como las tuvo para nosotros la última vez que lo vimos hacia fines de 1971) había pasado la vida amenazado, con la muerte siempre cerca, pero cuya pasión por sus causas le dieron la vitalidad necesaria para dejar una huella.
Ese fue el hombre Rafael Vegas, un nombre y una obra que no podemos olvidar los venezolanos de estos días, por cuya figura siente hondo afecto el autor de estas líneas, quien tuvo la suerte de encontrarlo en su camino en los días turbulentos de la adolescencia.
San Bernardino
Febrero 10,1990
Agosto 31,2008
NOTAS
(30) El cual fue creado durante el tiempo en que ejerció esa cartera Augusto Mijares, quien había formado parte del equipo encabezado por Vegas en el Ministerio. Sobre el punto ver Beyra Amarista de Cumare: El Humanismo del Profesor Augusto Mijares. Caracas: Ministerio de Información y Turismo, 1978, p. 81-83; Simón Alberto Consalvi: Augusto Mijares, el pensador y su tiempo. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 2003,p.39-44. Ver la p.40
(31) Arístides Bastidas: Rafael Vegas, p. 185.
(32) Arístides Bastidas: Rafael Vegas, p. 185.
(33) La carta a Miguel Otero Silva a la que hacemos referencia se puede leer en Efraín Subero ed.: Gallegos: materiales…, t. I, p. 192-193. La insidiosa interpretación a la que nos referimos la hace Arístides Bastidas en su Rafael Vegas, reportaje biográfico, p. 198-199. Que el maestro Gallegos no era hombre de estas actitudes no sólo lo desmiente este hecho sino además una carta que envió al doctor Rafael Caldera en plena campaña electoral de 1946 excusándose por haber divulgado una información que era falsa. El propio doctor Caldera publicó la luminosa misiva del maestro, en forma facsimilar, en su libro Los causahabientes: de Carabobo a Punto Fijo. Caracas: Panapo, 1999,p.185. En verdad aquellos, en este caso el maestro Gallegos y el joven candidato Caldera de treinta años entonces, eran políticos de otra estirpe. Y lo continuaron siendo siempre para suerte del pueblo venezolano que siempre se ha alimentado con las rectas formas de ser de cada uno. Y ello es más estimulante hoy cuando toda norma ética ha salido del ejercicio de la política en el país en que vivimos en la actualidad. Es por esta razón que sólo hemos tomado del libro de Bastidas datos documentales y muy escasas de sus interpretaciones que en muchos casos hay que tomar con sumo cuidado como podrá verse en las misivas insertas en el primer apéndice y esto por ser Bastidas hombre lleno de resentimientos quien siempre en sus apreciaciones sobre el régimen gomecista, y sobre los dos Vallenilla, padre e hijo, lo que deseó fue hacerse perdonar por haber recibido constante ayuda económica del gobierno de Pérez Jiménez, sobre todo del Concejo Municipal del Distrito Federal. No fue siempre Bastidas el santón de La Brujoteca que muchos han creído ver, hubo en él antes un alma maléfica y fueron varios los hombres honestos a los cuales acusó a la caída de aquella dictadura en 1958 de faltas que no habían cometido y en las cuales si había incurrido él. Por ello nosotros nunca pisamos La Brujoteca, y eso que semanalmente íbamos a la redacción de El Nacional a entregar nuestra columna y asistir o a la sabrosa tertulia de los jueves en el despacho del doctor Ramón J. Velásquez o en la oficina de Argenis Martínez, muchas veces presidida por nuestro maestro Miguel Otero Silva o para almorzar en el “El Capitán” con el entrañable Oscar Guaramato (1916-1987).
(34) Todas las citas que hemos hecho las hemos tomado de Arístides Bastidas: Rafael Vegas, p. 203, 208, 209.
(35) Julio Diez: Historia y política. 2da. ed. Caracas: Pensamiento vivo, C.A., 1963, p.8. Consultar también el claro e inteligente libro de la periodista Maye Primera Garcés: Diógenes Escalante. Caracas: El Nacional/Banco del Caribe,2007,p.59-76
(36) Ver también sus declaraciones a Miguel Otero Silva en la introducción de la novela de éste Fiebre. Caracas: Seix Barra!, 1975, p. 79-81, relativa a los hechos y a las ideas de los miembros de la generación venezolana de 1928.
(37) Arístides Bastidas: Rafael Vegas, p. 237.
(38) Citado por Arístides Bastidas: Rafael Vegas, p. 208
(39) Pablo Izaguirre: “Rafael Vegas". En Oscar Sambrano Urdaneta: Educadores…, p. 199; Rafael Fernández Heres: La instrucción…, t. II, p. 635-659; J. L. Salcedo-Bastardo: Historia Fundamental de Venezuela. Caracas: Universidad Central de Venezuela, 1970, p. 692. Las Memorias de Vegas como Ministro de Educación pueden verse en Rafael Fernández Heres: Memoria de cien años: Caracas: Ministerio de Educación, 1984, t V, p. 247-717.
(40) Pablo Izaguirre: “Rafael Vegas” en Oscar Sambrano Urdaneta: Educadores…, p. 198
(41) Rafael Vegas: Contribución al estudio de la situación económica social del alumno caraqueño. Caracas: Universidad Central de Venezuela, 1956
(42) Ya citado en la número 10 de este trabajo.
(43) Rafael Vegas: Memoria y Cuenta que el Ministro de Educación presenta al Congreso Nacional en sus sesiones ordinarias de 1944. Caracas: Tip. Casa de Especialidades, 1944 y Memoria y Cuenta que el Ministro de Educación presenta al Congreso Nacional en sus sesiones ordinarias de 1945. Caracas: Tip. Casa de Especialidades, 1944, ambas están recogidas en Rafael Fernández Heres: Memoria de cien años, t. V, p. 247-717, fuente de la cual proceden las citas que de ellas hacemos en este trabajo.
(44) Rafael Vegas y la infancia…, p. 288.
(45) Rafael Vegas y la infancia…, p. 49. Volviendo a Mijares debemos decir que entre sus papeles quedó al fallecer una novela corta inédita, El y Ella, la cual pudimos leer gracias a su hija Silvia Mijares de Lauría. El protagonista de esa ficción, es para nosotros, estamos convencidos de ello, por las iniciativas del personaje, el propio doctor Vegas.
(46) Rafael Vegas y la infancia…, p. 50-98.
(47) Rafael Fernández Heres: Memoria de cien años, t. V, p. 562
(48) Rafael Fernández Heres: Memoria de cien años, t. V, p. 247-248
(49) Rafael Fernández Heres: Memoria de cien años, t V, p. 501
(50) Miguel Ángel Mudarra: “Rafael Vegas” en Semblanzas…, p. 240.
(51) Arístides Bastidas: Rafael Vegas, p. 9.
(52) Mariano Picón Salas: Comprensión de Venezuela. Caracas: Monte Ávila Editores, 1976, p. 115
(53) La primera cita la tomamos de Arturo Uslar Pietri: “La prédica del país ideal” en Veinticinco ensayos. Caracas: Monte Avila Editores, 1969, p. 143-150. La referencia procede de la p.143; la segunda cita procede es Arístides Bastidas: Rafael Vegas, p. 196
(54) Citado por Arístides Bastidas: Rafael Vegas, p. 129
(55) Arístides Bastidas: Rafael Vegas, p. 224.
(Continúa la semana próxima)
ROBERTO J. LOVERA DE SOLA Crítico literario y autor de varios libros y de numerosísimas artículos en su especialidad. Nació en Caracas en marzo de 1946. Siguió estudios en varios colegios de Caracas y Mérida, en la UCAB y en la UCV. Ha realizado investigaciones en diversas instituciones venezolanas y extranjeras, entre ellas el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), Fundarte y la Northwestern University Library, Evanston, Illinois, Estados Unidos.
1 comentario
Amig@s, no puedo dejar de expresar un regocijo y un orgullo muy especial al leer lo que se escribe de un hombre quien además de tío materno, fue mi querido e inolvidable amigo. Que Dios lo tenga en la gloria.Lillian
















ROBERTO J. LOVERA DE SOLA Crítico literario y autor de varios libros y de numerosísimas artículos en su especialidad. Nació en Caracas en marzo de 1946. Siguió estudios en varios colegios de Caracas y Mérida, en la UCAB y en la UCV. Ha realizado investigaciones en diversas instituciones venezolanas y extranjeras, entre ellas el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), Fundarte y la Northwestern University Library, Evanston, Illinois, Estados Unidos.
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