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Un camino en el camino
Un camino de abejas y de hojas
De piedras y lagartijas
Y de lagunas lejanas
Una cocina de leña
Con miel y con frutas frescas
Agua de dos manantiales
Y una calle de luces y de palmas
Un techo lleno de estrellas
Y de tormentas cercanas
De dragones voladores
Que pasan cerca del techo
Y cantan de madrugada
Un valle lleno de valles
Que se acerca hacia la tarde
Y una luz que no se apaga
Esos son los territorios
De mi primera infancia.
Lindo poema, tambien me recuerda la mia que fue en La Victoria y curiosamante la iglesia se me parece a nuestra Iglesia Matriz frente a la Plaza Ribas,
Eduardo,
Gracias, Thibisay. Es la Catedral de Maracay en los años (19)20 ó 30, un poco antes de mi infancia maracayera, que debe haber sido parecida también a la de Gonzalo. Gracias de nuevo.
El poema que nos ofrece Eduardo es de su experiencia más cercana y auténtica. Son los recuerdos de la infancia los que perduran y van dándonos una sensibilidad propia. En el caso de Eduardo, la poesía que más lo identifica es esa que habla de ciudades de la provincia donde vivió su infancia. valles y ríos, casas con cocina de leña, historias de dragones que eran para él los murciélagos (quizás). Todo eso sigue vivo en su memoria y sale a flote en los actos de su vida. Un abrazo y felicitaciones por una poesía hermosa y sencilla, que conmueve.
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