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Poema de las manos
por Carmen Cristina WOLFPíntame un cuadro de sol
para colgar en mi cuarto
y hacerme creer que siento calor
cuando otros exclaman: “¡qué día!”
Emily Dickinson
Con la perseverancia de semilla
las manos entretejen las palabras
y soportan el peso de las cosas
Quisiera descansar en mis manos ahora
inclinar la mente en su sosiego cóncavo
muy lejos de la pluma y del teclado
Arrastran la fatiga
de la sangre y los huesos
la dulce muerte del reposo
textura, impactos, roces
abrazo imperceptible de las formas
Manos viajeras en los pasos del tiempo
Las manos reconocen la madera del roble
arenas muy antiguas, el azul de los juncos
desaplican las cartas, se abanican
Alisan asperezas, doblan colchas
trenzan lazos, escriben
se vuelven rojas, pálidas
se estremecen antes y después de la cocina
del jabón, del carbón
Y sostienen la copa de vino y sinsabores
Obreras en cortejo
hacen café, hornean panecillos
sirven almuerzos, planchan
surcan las infinitas cuentas del rosario
encienden los candiles y acarician los libros
con mis notas al borde de las páginas
que crecen como selvas alfabéticas
En las mañanas, incluidos los domingos
no suelen aburrirse, me peinan diligentes
y con algo de prisa
saludan a una dama de paso
Conjuran los desvelos de una frente dormida
entreabren la persiana y cierran los balcones
para no interrumpir la ausencia mínima
Quedaron en la alfombra mis dibujos, las fotos
En las noches
luego de innumerables gestos me acompañan
sentándose conmigo en el sillón
Sin reposo pasan páginas, cosen
dibujan geometrías en el aire
y lucen sus pulseras
Prefiero las tijeras de jardín y los guantes
no quiero abrir las páginas del diario
para sufrir los asaltos en mi barrio,
las guerras en oriente,
la miseria en el sur, los secuestros al norte
los ajusticiamientos al oeste,
las mujeres en llanto y los niños sin pan
Prefiero las agujas de tejer y la escoba
o tu mano en la mía sorteando los semáforos
para llegar al teatro o a escuchar al poeta
Las manos bordan sueños
sin importar presagios inquietantes
se yerguen más allá de su indigencia
no llevan cuenta de su desamparo
en este pecho cosido a su rueca
Si lo hicieran
no se moverían más
no encontrarían la huella para volver al polen
ni hallarían gozo
en el vórtice de líneas en conflicto
esas coordenadas efímeras del alma
Es tarde
reclino la fatiga en el silencio
y las manos retiran cobertores, sirven tilo
acompañan las últimas historias
Algún día mis manos ya no podrán moverse
como la luz y el todo la eternidad comienza
Del Libro Huésped del Amanecer, editado
Por la Universidad Nacional Abierta 2008
Carmen Cristina Wolf, caraqueña, poeta, narradora, ensayista y abogado (Universidad Católica Andrés Bello). Ha publicado una vasta obra literaria además de mantener una presencia constante y prolífica en su blog http://literaturayvida.blogsome.com
1 comentario
Carmen Cristina,Belleza en letras, música en palabras: gracias. Tus verdaderas manos nunca dejarán de moverse en la Luz que las ilumina, Gonzalo Palacios G.










Carmen Cristina Wolf, caraqueña, poeta, narradora, ensayista y abogado (Universidad Católica Andrés Bello). Ha publicado una vasta obra literaria además de mantener una presencia constante y prolífica en su blog
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