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Los Indignos
por Eduardo CASANOVA
La locura de Chávez, su desesperación por su evidente fracaso, por la seguridad de que el 23 de noviembre va a sufrir una derrota aplastante, es tal, que ha perdido todos los límites y se ha dedicado a insultar de la manera más soez a los partidarios de la democracia real, pero también a sus aliados, los que subsisten en dos minipartidos, el llamado Patria para todos (PPT) y el Partido Comunista de Venezuela (PCV), resto de aquel grupo que en sus comienzos tuvo algunos hombres y mujeres importantes y valiosos. La reacción de los del PPT ha sido más bien tristona: “nos recordaba a Stalin –dijo con su engolado estilo José Albornoz, acostumbrado a servir de alfombra al teniente coronel Chávez Frías– (…) recuerdos que nos duelen porque nos permite revivir a Trotski, a Rosa de Luxemburgo, esos elementos que son pertinentes (Sic, en plural) hacer reflexivos hoy". Y ese párrafo antigramatical lo remató con un final carente de toda dignidad: “no tenemos ningún plan señor presidente, nuestro plan es ayudar a consolidar esta revolución… Nosotros no estamos en la revolución por una cuota de poder, estamos porque entendemos que es de todos los venezolanos". A menos que se trate de un caso de masoquismo puro, el pobre Albornicito lo que clama es que no quiere que lo quiten de donde hay. La gente del PCV reaccionó con algo más de dignidad: “No entendemos, de verdad, verdad, incluso provoca no responderle–declaró Oscar Figueras– y provoca no responder porque el presidente Chávez sabe y el pueblo sabe quiénes somos, porque tenemos candidaturas en algunas regiones, distintas a las del Psuv". A lo que agregó: “esas candidaturas, en vez de ser contrarrevolucionarias, expresan es una postura de mayor firmeza al lado de los intereses del pueblo, porque el presidente Chávez, no nos va a decir y nadie nos va a decir que el general Rangel Gómez, es más revolucionario, nadie nos va a decir eso". Más dignos, sí, pero sin atreverse a dar el verdadero paso hacia la dignidad, como sería el proclamar la verdad: Chávez no es ningún revolucionario, es un simple oportunista que descubrió que insultar a los gringos es muy fácil y da buenos réditos en un continente, o mejor, en un mundo, que ha tenido que soportar muchos errores de los gringos, pero se puede insultarlos y vivir de ellos, y vivir muy bien, con todas las comodidades imaginables, comodidades que al pueblo se le niegan. Basta con degradarse, con despreciar al pueblo, con corromperse del todo y no interesarse para nada por la verdad, por el desarrollo y el futuro del país, sino por los intereses egoístas. En resumen: con ser indignos.
3 comentarios
Magnífico artículo. Hay que darle duro a esa lengua envenenada, aunque sabemos, querido Eduardo, que los insultos e improperios hablan peor de quien los profiere que de quien los recibe.
Un abrazo.
Excelente, Eduardo. ¿Qué resta por decir? En tu claro y conciso lenguaje haces la perfecta síntesis de los "amants désunis" de Las hojas muertas. Ahora lo único que falta es que le digan a Albornocito: "ahora no te pego...".
Me gustó mucho tu artículo, estoy muy consciente que el insulto y los improperios del jefe de estado se deben a que se siente perdido, no le queda otro recurso para llamar la atención. Siento igualmente que busca provocar una indebida reacción, para justificar una reacción como la del 11 de abril, que tanto dolor trajo y ha traído a las familias venezolanas. Sus ex-allegados están probando de la medicina que por tanto años hemos estado tomando nosotros.










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