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Los hombres de ruana y de frío

El Paraíso Burlado

(Venezuela desde 1498 hasta 2008)

I

El Paraíso Partido

(Venezuela antes de la Independencia)

Los hombres de ruana y de frío

Uno de los efectos perniciosos de la religión bolivariana (impuesta por los regímenes de Guzmán Blanco, en el siglo XIX, de Gómez en el siglo XX, y ahora llevado hasta la esquizofrenia por el de Chávez en el siglo XXI, religión que le ha hecho un daño terrible a Venezuela) ha sido el desbalance a la hora de tratar la Historia. Con ello también se ha perjudicado la visión que el venezolano debe tener de su pasado para entender el presente y prepararse para el porvenir. En general, los que se han ocupado de escribir libros sobre la Historia de Venezuela, la centran prácticamente en Caracas y en Simón Bolívar, que son como el cielo y el dios de la religión oficial del país. Tienen que hablar de Coro por los Welser y del Lago de Maracaibo por el nombre del país, y hacen mención de Cubagua y del Oriente porque no les queda más remedio, pero lo hacen con desgano, como por cumplir una obligación que no les gusta. La aventura de Juan Francisco de León puede tener algún eco porque terminó en Caracas, y las otras porque afectaron ciertamente a la autoridad que estaba en Caracas, pero hechos tan importantes como la Rebelión de los Comuneros rara vez salen a la luz en esos libros, porque en verdad tuvieron poco eco en la bella ciudad junto a la montaña cinética, y sin embargo, esa Rebelión fue importante y hasta tuvo una influencia fundamental, mucho tiempo después, en esa gran aventura de Simón Bolívar que se llamó la Campaña Admirable y probó la locura de ese falso dios, tan cercana, tan parecida a la de ese otro majadero que inventó don Miguel de Cervantes Saavedra, quién sabe si por algo que, tal como el nacimiento de don Simón, ocurrió en Caracas.
La Rebelión de los Comuneros se produjo en las tierras andinas entre mayo y octubre de 1781. Eran los tiempos del rey Carlos III, uno de los soberanos menos desafortunados de España, que en Venezuela correspondieron, cuando la rebelión montañera, a los del gobernador Luis Unzaga y Amézaga, protagonista de dos hechos muy importantes: Ser el primer gobernador después del nacimiento de Venezuela como unidad política (1777) y liquidar el poderío de la Compañía la Guipuzcoana (1781). También le tocó presidir la apertura de Venezuela al comercio libre (hecho, desde luego, directamente relacionado con el cierre de la Guipuzcoana), lo cual tendría inmensas consecuencias para sus habitantes, pero igualmente fue parte del proceso de militarización del nuevo país, con todas las consecuencias negativas que lo militar tiene para la humanidad y contra los pueblos.
La Rebelión no se inició en lo que hoy es Venezuela, sino en la Nueva Granada, que ahora se llama Colombia. Allá, según los analistas, fue consecuencia de la legislación fiscal impuesta por el gobierno de Carlos III, y aquí podría decirse que, además de esa misma causa, tuvo otra: Bien podría haber sido una reacción a la fría y apasionada eficiencia de José de Ábalos, primer Intendente de la provincia de Venezuela. Hoy en día Ábalos sería un superministro de economía y, como consecuencia de los espejismos de la política, terminaría su carrera como candidato frustrado, admirado por las minorías e ignorado por las mayorías; en su tiempo era un cabal y serio funcionario de la corte madrileña que fue designado Contador Mayor de la provincia de Venezuela en 1769 y demostró una gran capacidad, no sólo para ejercer sus funciones, sino para ganarse la antipatía de los criollos y de muchísimos españoles, por su inflexibilidad y su condición de fiscalista puritano. En 1774 estaba de vuelta en España, pero en 1777 volvió a Venezuela como Intendente de Ejército y de Real Hacienda, desde donde volvió a su duro oficio de exprimidor de impuestos y terrible custodio de los intereses de la corte de Madrid. Estableció el estanco de los naipes, el del aguardiente y el del tabaco, tres de los vicios socialmente aceptados, y con ello tocó intereses y egoísmos que desembocaron en la rebelión abierta de los afectados. Uno de los grandes méritos, muy poco comentados, de Ábalos, fue el haber previsto en toda su magnitud el proceso independentista que se manifestaría cuatro décadas después: El 24 de septiembre de 1781, y justamente a raíz de la rebelión de los Comuneros, el Intendente escribió a Madrid previniendo a los políticos de turno acerca de la posibilidad de una verdadera y potente rebelión a favor de la Independencia americana. Indicaba que la causa de aquello era lo anacrónico y caduco del régimen existente en las colonias y la miopía de la política colonial de Madrid, y proponía la creación de tres o cuatro monarquías en tierras americanas, monarquías que debían tener reyes Borbones. No era algo muy distinto a lo que propondría desde el bando contrario Francisco de Miranda, a no ser por la condición republicana de la idea mirandina. Ábalos, vencida la rebelión de los Comuneros y casi sordos los madrileños a sus propuestas (salvo, quizás, en lo relativo a la eliminación de la Guipuzcoana), volvió a España en 1783, y no llegó a saber que sus peores temores se convertirían en realidad en manos de un caraqueño nacido en aquellos mismos días en que él había dejado la paz de Caracas, que no duraría sino treinta años. O menos.
La revuelta se inició, tal como ocurriría en la revolución de Caracas de 1810, con una consigna ambigua: “Viva el Rey y muera el mal gobierno”, fue el grito de los “comuneros” que se escuchó por vez primera en el Táchira y pronto se expandió hacia Mérida y zonas de Trujillo y de Barinas. En lo que hoy es nuestro territorio ya había habido un antecedente, en 1779, en La Grita, cuyos pobladores se alzaron, conducidos por Juan José García de Hevia, rico terrateniente, ganadero y cultivador de café, nacido allí en 1762, en parte a causa de la rivalidad entre él y las familias Noguera y Neira. García de Hevia era Alcalde de la Santa Hermandad y arrendatario del estanco de Aguardiente, y cuando se produjo la rebelión de los Comuneros fue designado capitán general de los alzados (mayo de 1871). El movimiento se generalizó en lo que hoy es Táchira y Mérida, que así se unían a los pobladores de Cúcuta y Pamplona. Pretendían que aquella rebelión llegara nada menos que hasta Caracas, (como lo harían en 1813 Bolívar y en 1899 el tachirense Cipriano Castro) con lo cual se habría convertido en una auténtica revolución independentista, y empezaron a tomar actitudes que los alejaban de sus propósitos iniciales, cuando repartieron el tabaco de La Grita entre el pueblo y arrestaron a los españoles. A mediados de julio ya habían llegado a bailadores, y el 25 ocuparon Ejido. Habían formado un gobierno rebelde, integrado en su mayoría no por ricos propietarios, sino por campesinos y pequeños cultivadores. El 27 de julio ocuparon Mérida, y el merideño Francisco Javier Uzcátegui empezó a encabezar políticamente el movimiento que en lo militar estaba a cargo de García de Hevia. El 5 de agosto, el gobernador de Maracaibo, Manuel de Ayala, envió tropas para contener a los comuneros y evitar que llegaran hasta Trujillo. El alcalde de Ejido, un tal Antonio Ignacio Dávila, alertó a las autoridades caraqueñas acerca de lo ocurrido, y el gobernador Luis Unzaga y Amézaga envió una fuerza de 130 hombres, cien de ellos de caballería, hacia Barinas, para así envolver a los rebeldes, que el 8 de agosto de 1781 ocuparon Timotes. Para hacer el cuento corto, los habitantes de Trujillo no se sumaron a la rebelión, y el 6 de septiembre Caracas envió un verdadero ejército de más de mil hombres a aplastar la insurrección, que empezó a decaer a ojos vistas. El gobernador de Maracaibo habló de escuchar a los alzados e interceder en su favor si dejaban su actitud, y así lo hicieron los de San Cristóbal y los de San Antonio del Táchira, inicialmente, y los de Mérida poco después. No había la más mínima unidad entre los sublevados, en tanto que sí la había entre los defensores de la corona española, que terminaron por derrotar sin mayores complicaciones a los que habían pretendido alzarse. Las fuerzas del orden entraron a Ejido y Mérida hacia fines de octubre y fueron recibidas con vítores y aclamaciones por casi toda la población, que incluía rebeldes arrepentidos. Poco después se abriría un proceso contra los llamados Comuneros, y sus dirigentes, salvo Juan José García de Hevia, que se escondió en las montañas, serían encarcelados y enviados a Caracas, luego de confiscarles los bienes. El proceso continuó con las respectivas condenas y expropiaciones hasta que el 31 de enero de 1783 el rey Carlos III concedió un indulto a casi todos los implicados, con excepción de García de Hevia (que lograría evadir la justicia por mucho tiempo y moriría cerca de Bailadores, en un accidente, en 1809) y otros tres.
En julio de ese mismo año de 1783 nacería en Caracas Simón Bolívar, que a su paso de vencedor por las montañas andinas, en 1813, recogería los hermosos frutos que habían sembrado los hombres de ruana y de frío, los Comuneros, en 1781.

Desde el domingo 11 de mayo de 2008, cada domingo, se publicará, capítulo por capítulo, uno por semana, “El Paraíso burlado”, de Eduardo Casanova, que consta de tres libros: “El Paraíso partido”, “El Paraíso en llamas” y “El Paraíso desperdiciado”, y narra las peripecias de Venezuela, desde la prehistoria hasta nuestros días. La obra consta de 108 capítulos: 31 “El Paraíso partido", 38 “El Paraíso en llamas” y 39 “El Paraíso desperdiciado". “El Paraíso partido” cubre desde la prehistoria hasta le Independencia, “El Paraíso en llamas” narra la Guerra de Independencia y “El Paraíso desperdiciado” comprende desde la separación de Venezuela de la Gran Colombia hasta la actualidad.

Capítulos Publicados:

El Paraíso Partido
(Venezuela antes de la Independencia)

Obertura
El Sonido de las Sombras
El Topetazo
El Tanteo por Oriente
El Tanteo por Occidente
Tirano de Sombra y Fuego
La atracción del centro
El Viaje al Edén
El día de Caracas
La Agonía de Occidente
Los viajeros forzados
El gobierno de papel
El Blanco Tejido de las Ro­jas
Los primeros pasos del Quijote
La Luz de los Sonidos
El Sonido de la Luz
Llegaron los Bolívar
Archipiélago de Colores
Ciudad por Cárcel
La Pequeña Torre Amable
La Casa del Saber
De Guipúzcoa Viene un Barco Cargado de…
De Fiestas y de Locuras
Las Nueve Musas
Los hombres de ruana y de frío

 

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de Eduardo Casanova

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