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La palabra “coprolalia” está formada por dos vocablos griegos: “kopros” (κόπρος), que significa heces o excremento, y “lalia” (λαλία), que significa trastorno del habla o balbuceo. “Kopros”, a su vez, viene del indoeuropeo “Kokwros”, que significa exactamente lo mismo: heces o excremento. En medicina se considera una tendencia patológica, una enfermedad mental, y se asocia al Síndrome de Tourette, trastorno neurológico hereditario que se manifiesta en palabras y movimientos repetitivos e involuntarios, que suelen incluir expresiones malsonantes o tabúes, absolutamente inapropiadas para una sana convivencia. ¿Es eso lo que está afectando al teniente coronel Chávez Frías en su campaña política a favor de sus candidatos a las elecciones del 23 de noviembre de 2008? A pesar de que sus brutales discursos, llenos de groserías, habitados por malas palabras e insultos soeces se transmiten en horas en las que están terminantemente prohibidas esas manifestaciones, el teniente coronel insiste en sus palabrotas, en sus vulgaridades, en sus abusos, en su aparente coprolalia. Pero no se trata de un caso patológico, no hay ninguna enfermedad mental en esa situación: lo que hay es un cálculo frío, una intención muy bien planificada, que se basa en el hecho de que en el pasado le fue muy bien con la irreverencia, con diferenciarse claramente de los políticos profesionales para arrancar risas y aplausos fáciles entre su audiencia, y ahora, cuando su audiencia disminuye cada día más, cree que exagerando esa diferencia va a recuperar parte de lo mucho que ha perdido. A eso se suma que la audiencia que aún conserva es la de los áulicos, los que se benefician con simple dinero y, en su mayor parte, lo que en Venezuela se llama el “malandraje”, que bien podría asimilarse a lo que Karl Marx, en su panfleto “El Dieciocho Brumario de Luis Napoleón” (1852) llamó Lumpenproletariat, o Proletariado deleznable, formado por los desechos de las otras clases e integrado por “vagabundos, pillos, burdeleros y limosneros”, en una palabra: indeseables; y el teniente coronel Chávez se autoalimenta de los aplausos de ese público, sin darse cuenta de que cada vez se aleja más de los verdaderos trabajadores, de la gente honrada, de las clases medias, que desearían que el país salga del horror en el que ha estado en los últimos nueve años, y que ve con dolor como, lejos de buscarse las soluciones indispensables, se le da el dinero de Venezuela a otros pueblos para formar algo así como un Imperio, que bien podría verse, desde el punto de vista marxista, como el imperio de Luis Napoleón. O se malgastan miles de millones en un “satélite” inútil, que empobrece a Venezuela sin ningún beneficio, y enriquece a los chinos, que por algo han estado entre los mejores comerciantes del mundo durante milenios. No se trata, pues, de coprolalia, sino de narcisismo, narcisismo puro y simple. Parecería que el teniente coronel Chávez Frías no es otra cosa que un Narciso que en vez de mirarse en un espejo de agua quiere verse reflejado en el espacio. A costa de la miseria del pueblo.

Eduardo: Narciso? De acuerdo, pero uno que se quiere mirar en la superficie de un pozo séptico lleno a capacidad. Elegante artículo “malgré” el tema, te felicito, Gonzalo Palacios G.
Con la coprolalia, los venezolanos estan sufriendo mas puesto que hasta el papel sanitario esta escaso.
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