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« Carta a Primero JusticiaVotar con calma y cordura »

De Masones y Papisos

por Eduardo CASANOVA

El Paraíso Burlado

(Venezuela desde 1498 hasta 2008)

I

El Paraíso Partido

(Venezuela antes de la Independencia)

De Masones y Papisos

Como en todo el gran proceso de metamorfosis de la civilización occidental que acarrearon las revoluciones norteamericana y francesa, la masonería, aunque sólo estuviera presente en una capa muy reducida de la sociedad venezolana tuvo muchísima influencia en el desarrollo que llevó a la separación de Venezuela y la América humana de España. Muchos son los casos de miembros de sociedades secretas que participaron activamente en todo lo que ocurrió entre 1808 y 1821 en Venezuela, y en más de uno, alguien se salvó de ser fusilado o consiguió ser liberado de una prisión mediante algún gesto secreto que su contraparte en el otro bando captó a tiempo.
En el caso de Venezuela, es muy poco lo que en verdad se sabe de la masonería, aunque se le atribuye especial importancia en el proceso que llevó a la Independencia. Se afirma que Francisco de Miranda se afilió a la masonería en Filadelfia en 1783, o en París catorce años después, pero es algo que no se ha podido probar. Lo mismo ocurre con Bolívar, de quien se dice que perteneció a una logia llamada San Alejandro de Escocia, en París, en 1805. Hacia el final de su vida más bien combatió la masonería en Colombia, por lo que hay quienes suponen que no es cierto que haya sido masón. En cualquier caso, se sabe que existieron varias sociedades políticas en la antigua América española que, si no eran parte de la masonería propiamente dicha, copiaron muchos de sus ritos y costumbres y tuvieron actuación destacada e importante en el proceso de emancipación de nuestros países. Lo que sí está demostrado es que la masonería llegó a nuestra tierra antes de que Simón Bolívar y sus seguidores se empeñaran en conseguir la Independencia, y que en ese proceso hubo una notable participación de hombres ligados a la francmasonería, pero no del lado de los que hoy llamamos patriotas, sino en ambos bandos por igual. Andrés Bello y Luis López Méndez, los que con Simón Bolívar conformaron la misión enviada a Londres cuando se inició el proceso de Independencia venezolano, participaron en una asociación secreta relacionada con la masonería en Londres. Y es posible que en el bando realista la influencia de la francmasonería haya sido importante. Morillo fue denunciado como masón ante la Inquisición, en Caracas, y se ha dicho que esa habría sido la razón por la que finalmente se entendió con Simón Bolívar.
Pero la verdadera importancia de la masonería en Venezuela fue posterior a la Independencia, y se hizo notar en los tiempos en los que se empezó a deificar a Bolívar, en los días de Guzmán Blanco. El templo masónico de Caracas, inaugurado el 27 de abril de 1876 por el Ilustre Americano Regenerador de Venezuela, Gran Protector de la Institución Masónica en Venezuela y varios etcéteras, general y doctor Antonio Guzmán Blanco, ocupa el lugar en donde estuvo la casa de don Marcos José Ribas y Betancourt, padre de Antonio José, Francisco José, José Félix, Juan Nepomuceno y Marcos Ribas, personajes importantísimos en el proceso independentista. La casa de los Ribas, en la acera norte de Jesuitas a Maturín, cayó con el terremoto de 1812 y nunca fue reconstruida. Antes, el centro más importante de la masonería, si no el único, de Caracas, estuvo ubicado en una casa que fue de Manuel Felipe Tovar, mantuano por los cuatro costados, último conde de Tovar, en la esquina de Traposos, a pocos metros del lugar de nacimiento de Simón Bolívar.
Durante los siglos XVIII y XIX la masonería tuvo especial influencia en la vida política de nuestra América. Estuvo ligada fuertemente a las ideas liberales e independentistas, al extremo de que muchos españoles radicados en nuestro continente fueron partidarios de la separación de España simplemente porque eran masones. Pero la influencia de la masonería en la Europa del siglo XVIII no se limitaba a los revolucionarios y a los artistas como Mozart: El rey Carlos II de Suecia, que recibió con mucho interés a Francisco de Miranda en 1787, era masón.
Aún cuando no es fácil probarlo, es muy posible que haya venido a nuestras costas con aquellos prisioneros enviados por las autoridades españolas a La Guaira luego del fracaso de la Conspiración de San Blas (Juan Bautista Picornell, Manuel Cortés Campomanes, Sebastián Andrés y José Lax). Pero hay quien afirma que un año antes (1796), Manuel Gual y Simón Rodríguez ya habían organizado una logia en La Guaira (La Sociedad Secreta, autorizada por la Gran Logia de Londres y con relaciones con la masonería norteamericana). Sin embargo, fueron muchos los casos en los que se confundieron las “sociedades patrióticas” con logias. El arzobispo Narciso Coll y Prat da noticias de que en 1804 funcionaba un centro de la masonería en Puerto Cabello, y también se ha hablado de otro en Margarita, que estaría activo en 1808 el año de la llamada Conspiración de los Mantuanos.
Francisco de Miranda, aun cuando no ha sido fácil encontrar documentos que lo prueben, debe haber sido masón, y si no lo fue, la verdad es que lo parece. Se habría afiliado al movimiento en Estados Unidos, en 1783, y aparece registrado como tal por la burocracia, y posiblemente por los espías, en París, en 1797. Varios de sus planes de escape de La Carraca contaban con la posible ayuda de miembros de sociedades secretas, con los que mantuvo correspondencia desde la prisión. Muchos otros próceres de la Independencia, como Soublette, Monagas, Fernando Peñalver, Urdaneta, Páez, Vargas, Diego Bautista Urbaneja (padre), Bermúdez, Arismendi, pertenecieron en algún momento de sus vidas a la masonería. Pero también lo fue, como dijimos antes, Pablo Morillo, el militar español que los combatió con hidalguía, tal como Salvador de Moxó, Miguel de la Torre y otros militares españoles.
De Simón Bolívar, como vimos, también se ha dicho que fue francmasón, si no toda su vida, por lo menos durante su estadía en París entre 1805 y 1806, cuando su nombre aparece entre los integrantes de la Logia San Alejandro de Escocia. Pero luego, ni en Venezuela ni en la Gran Colombia, se le menciona como tal en forma concreta. Y después del atentado contra su vida (septiembre de 1828), el Libertador, quizá por influencia de las autoridades religiosas, a las que se acercó, emitió un decreto en el que se prohibía la existencia de sociedades y confraternidades secretas, por lo que la masonería se vio forzada a suspender sus actividades en toda la Gran Colombia. Como reacción, luego de la disolución del país creado por Bolívar, la masonería resurgió con mucha fuerza, protegida en Venezuela por Páez, que durante su presidencia fue Soberano Gran Comendador de la Gran Logia de Venezuela.
Tiempo después, y ya habiendo pasado Bolívar por el escenario de la historia, un incidente en el que la masonería tuvo mucho que ver, protagonizado por Antonio Guzmán Blanco y Diego Bautista Urbaneja Alayón, por un lado, y el arzobispo Silvestre Guevara y Lira, por el otro, hizo que las relaciones de la iglesia con el poder público se complicaran, al extremo de que el arzobispo fuese expulsado del país como un peligroso enemigo del régimen guzmancista. El pleito, iniciado en tiempos de Falcón, llega a su punto más alto al convertirse Guzmán Blanco, masón hasta los tuétanos, en Presidente luego de tomar a Caracas en sangrienta batalla en 1870. La catedral de Caracas era de nuevo protagonista y víctima de un terremoto, pero ahora estrictamente político, por el cual llegó a temerse un cisma religioso en el país, algo que no era imposible, puesto que los protagonistas de la intriga eran Antonio Guzmán Blanco, que se sentía emperador; Diego Bautista Urbaneja Alayón, que se sentía premier y se empeñó, adelantándose a las tendencias hollywoodenses que a fines del siglo XX se notan en Venezuela, en casarse en terceras nupcias con Margarita Sanderson Rubio, hija de Juana Margarita Rubio, que fue su segunda esposa, y de Jaime Roberto Sanderson, difunto prócer; el Obispo Guevara y Lira, de recia personalidad, etcétera. Los temores tenían una base cierta, tan cierta, que, en 1876, el Congreso, bajo la presidencia de Antonio Leocadio Guzmán, aprobó la propuesta del ejecutivo de crear una Iglesia Católica Venezolana, separada de Roma, en la que los feligreses “elegirían” los obispos, tal como ocurre hoy en la China continental. El Vaticano optó, a la larga, por no apoyar con demasiado énfasis al Arzobispo que defendía sus intereses espirituales, pues el pleito era, en realidad, por los materiales, que según algunos poderosos heréticos son más perdurables, al extremo de que a Guzmán Blanco todavía, a estas alturas, no lo han perdonado aún ni permiten que se le perdone. Guevara y Lira, refugiado aún en la isla de Trinidad y convencido de que la razón lo asistía, debe haber sufrido una fuerte desilusión cuando fue forzado a renunciar por orden del Sumo Pontífice. De inmediato, entre Guzmán y el Delegado Apostólico, Roque Cocchia, eligieron nuevo Arzobispo, que fue el doctor José Antonio Ponte. Así murió aquel intento de creación de una iglesia nacional en Venezuela causado en buena parte por la masonería de un déspota ilustrado. De haber sobrevivido, Guzmán Blanco habría sido Papiso y todos los presidentes posteriores de Venezuela, incluidos Cipriano Castro, Marcos Pérez Jiménez, Hugo Chávez y otras lindezas, habrían sido cabezas de nuestra iglesia nacional. Dios nos salve el lugar.

Desde el domingo 11 de mayo de 2008, cada domingo, se publicará, capítulo por capítulo, uno por semana, “El Paraíso burlado”, de Eduardo Casanova, que consta de tres libros: “El Paraíso partido”, “El Paraíso en llamas” y “El Paraíso desperdiciado”, y narra las peripecias de Venezuela, desde la prehistoria hasta nuestros días. La obra consta de 108 capítulos: 31 “El Paraíso partido", 38 “El Paraíso en llamas” y 39 “El Paraíso desperdiciado". “El Paraíso partido” cubre desde la prehistoria hasta le Independencia, “El Paraíso en llamas” narra la Guerra de Independencia y “El Paraíso desperdiciado” comprende desde la separación de Venezuela de la Gran Colombia hasta la actualidad.

Capítulos Publicados:

El Paraíso Partido
(Venezuela antes de la Independencia)

Obertura
El Sonido de las Sombras
El Topetazo
El Tanteo por Oriente
El Tanteo por Occidente
Tirano de Sombra y Fuego
La atracción del centro
El Viaje al Edén
El día de Caracas
La Agonía de Occidente
Los viajeros forzados
El gobierno de papel
El Blanco Tejido de las Ro­jas
Los primeros pasos del Quijote
La Luz de los Sonidos
El Sonido de la Luz
Llegaron los Bolívar
Archipiélago de Colores
Ciudad por Cárcel
La Pequeña Torre Amable
La Casa del Saber
De Guipúzcoa Viene un Barco Cargado de…
De Fiestas y de Locuras
Las Nueve Musas
Los hombres de ruana y de frío
Por España, contra España…
Cuando Humboldt y Mozart estuvieron en Caracas
También llegaron los Sucre
De Masones y Papisos

 

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4 comentarios

Comentario from: isabel urbanejas./ [Visitante]
Tu pariente era una joyita. No me gustan los chismes pero me divierten y si son de nuestros antepasados más aún.
Los espero
24/11/2008 @ 18:17
Comentario from: Eduardo CASANOVA [Miembro] Email · http://www.eduardocasanova.com
¿Y qué es la historia de un país sino la sumatoria de todos sus chismes? Saludos, Isabelita...
24/11/2008 @ 19:05
Comentario from: Rafael Díaz Casanova [Visitante]
Apreciado primo:
Estudiante de primaria en el Colegio La Salle de Tienda Honda, recuerdo que para nosotros era algo cercano al pecado el tránsito peatonal de la cuadra de Jesuitas a Maturín debía de hacerse por la acera Sur y solo si era imprescindible.
Un abrazo,
Rafael
25/11/2008 @ 10:37
Comentario from: Miguel Octavio Sosa Palaviccini [Visitante]
Extraordinario artículo. Desarrollado con un lenguaje agradable que propicia seguir otras lecturas del autor. Felicitaciones
31/12/2009 @ 04:15

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