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Petróleo y Revolución
por Eduardo CASANOVADesde hace mucho tiempo he venido sosteniendo que en la Venezuela petrolera era muy fácil hacer una auténtica Revolución, y que su profundidad dependía de la voluntad de quienes la hicieran. El ingreso generado por el petróleo desde fines del siglo XX era tan grande que permitía crear un sistema estable y permanente de seguridad social para todos los venezolanos, y paralelamente desarrollar el país en forma tal que hubiese empleo seguro y grandes oportunidades también para todos los venezolanos, para desarrollar a tal grado la economía que, sin traumas, podría hasta transformarse Venezuela en un país del Primer Mundo con sistemas de seguridad social equivalentes a los escandinavos, y hasta mejores. Pero, además del petróleo y su riqueza, se requerían dos elementos: honestidad y eficiencia. Con esa combinación de petróleo, riqueza, honestidad y eficiencia era sencillísimo hacer una verdadera Revolución como nunca se había logrado en la historia de la humanidad. Pero desde que el teniente coronel Chávez Frías asumió el poder, me di cuenta de que no tenía la más mínima intención de hacer una verdadera Revolución ni nada parecido. Le interesaban más el poder y la buena vida que el pueblo venezolano. Por eso emprendí en 1999 una campaña, a través del semanario La Razón, dirigida a mis amigos de izquierda y orientada a hacerles ver que el teniente coronel Chávez no es ningún revolucionario, sino un oportunista y demagogo enamorado de sí mismo y con el simple deseo de vengarse de la humanidad, es decir, un personaje negativo, tan negativo como José Tomás Boves, del que nada realmente bueno podría esperarse. Muchísimos de mis amigos izquierdistas recibieron el mensaje y actuaron en consecuencia. Muchos de ellos, que al principio estaban entusiasmados con la revolución posible, abrieron los ojos y se alejaron de los aventureros y logreros, más fascistas que otra cosa, en los que el teniente coronel Chávez Frías apoyó su tinglado de falsedades. Otros prefirieron seguir gozando de las ventajas de poder. Alguien hasta dijo que sabía muy bien que yo tenía razón, pero que por primera vez en su vida tenía un gobierno amigo y no iba a desperdiciar la oportunidad de una vida mejor. Lástima. Lástima por esa persona. Lástima por el país. Si el teniente coronel Chávez en vez de hacer mal uso del poder para practicar la corrupción, o para promoverse como gran “líder” mundial al que una serie de aprovechadores le exprimen dólares y hasta se ríen de él, hubiera aprovechado la inmensa riqueza petrolera que le entró al país para solucionar los problemas del país, habría hecho una verdadera Revolución, y no habría pasado a la historia como el peor gobernante que la pobre Venezuela ha soportado desde que existe la luna. Y para desgracia de los pobres venezolanos, como dijeron García Márquez y Simón Díaz en sendos arranques de originalidad: no hay otra oportunidad.
1 comentario
Eduardo:Al finalizar de leer tu artículo me ví las huellas digitales: eran las mismas, por supuesto. Te digo esto porque coincido plenamente con lo que escribes aquí. La traición siempre es de lamentar, pero cuando se utiliza para engañar al inocente y para cobijar al cómplice, más que lamentarla debemos aplicar la pena capital al traidor. Gonzalo Palacios G.










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