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La óptica del otro

El Paraíso Burlado

(Venezuela desde 1498 hasta 2008)

II

El Paraíso en Llamas

(Venezuela durante la Guerra de Independencia)

La óptica del otro

Mal que bien, a nosotros los que hoy día somos venezolanos o nacionales de cualquier otro país hispanoamericano, los hechos con que se inició el proceso de Independencia de Venezuela (y del resto de la antigua América española) pueden generarnos sentimientos patrióticos y de orgullo. Pero no hay que olvidarse de que, en aquellos días, no todo el mundo los vería con agrado. Es más, desde el punto de vista de lo que hoy entendemos como democracia, los partidarios de lo que ocurrió eran una minoría más bien exigua. Si se hubiera hecho un “referéndum”, no hay duda de que todavía Venezuela sería una colonia española. Los partidarios de la Independencia se impusieron a la fuerza y en contra de la opinión de una abrumadora mayoría. La minoría que se impuso, en el argot político de hoy en día sería calificada de “oligarquía” impopular, y uno de sus más conspicuos integrantes era Don Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios. Curiosamente, los movimientos políticos que hoy día se dicen populares y revolucionarios, en 1810 habrían aplastado y apartado del camino a Roscio, a los Salias, a Bello, a Bolívar, a Madariaga y, en general a todos los que tuvieron algo que ver con el movimiento que tímidamente se inició el 19 de abril de 1810.
Mucho más popular sería, por ejemplo, el médico José Domingo Díaz, el “cronista” de la otra parte, libelista que usaba un lenguaje muy parecido al que utilizan, por ejemplo, el teniente coronel Hugo Chávez y sus partidarios en el siglo XXI. Y su posición, aunque parezca contradictorio, tenía mucho más cercanía con la de los actuales fascistoides que siguen al militar Hugo Chávez que con la de los actuales defensores de la verdadera democracia en Venezuela.
José Domingo Díaz nació en Caracas, probablemente en 1772. Fu expósito, y no puede saberse quiénes fueron sus padres. Sólo se sabe que fue criado por dos sacerdotes, Domingo y Juan Antonio Díaz Argote y Villasana, naturales de Villa de Cura. Juan Antonio estuvo entre los que firmaron el Acta de Independencia en julio de 1811. No fue, después, defensor a ultranza de la Independencia, pero tampoco fue manifiestamente contrario al movimiento. Es posible que su condición de padre putativo, y quién sabe si biológico, de José Domingo Díaz lo haya protegido de las venganzas terribles que a partir de 1812 se desataron contra los sospechosos de ser partidarios de la Independencia. Su hijo putativo, y quién sabe si biológico, protegido por los dos Díaz Argote, pudo estudiar medicina en la Universidad de Caracas, en donde obtuvo el doctorado en abril de 1795. Ejerció su profesión en varios lugares y fue miembro y Secretario de la Junta Central de Vacuna, creada en 1804. Gravemente enfermo, se trasladó a Bilbao en busca de un clima que consideraba beneficioso para su salud. Allí, luego de recuperarse, luchó contra los invasores franceses, que al parecer trataron de capturarlo y fusilarlo, por lo que debió emprender, en plan de fugitivo, el viaje inverso que lo llevó de vuelta a Venezuela el 26 de abril de 1810, es decir, menos de una semana después del 19. Aunque estupefacto y aparentemente muy extrañado por todo lo que acababa de acontecer en Caracas, no tuvo empacho en aparentar que participaba y colaboraba con las autoridades que se habían establecido en la Provincia de Venezuela, aunque poco después participó en la Conspiración de los Linares. Junto con Miguel José Sanz fue redactor del Semanario de Caracas. Pero en cuanto se perdió la primera república fue designado por Monteverde Inspector de los Hospitales de Caracas y director del periódico realista, la Gaceta de Caracas, desde donde emprendió su campaña contra los independentistas, por lo que, al retomar Caracas las fuerzas de Simón Bolívar tuvo que exilarse en Curazao hasta 1814, cuando los monárquicos volvieron al poder. Volvió a la Gaceta y a la campaña contra Bolívar y los suyos. Fue Secretario de Gobierno y secretario privado de Pablo Morillo, el jefe de los ejércitos españoles en Venezuela y Nueva Granada. En 1821, ante la amenaza de los republicanos de tomar Caracas, huyó precipitadamente a Puerto Rico, donde desempeñó varios cargos gubernamentales. Finalmente se estableció en Madrid hasta su muerte, que fue en 1834, cuando tenía 56 años. Había dejado, para la historia, su obra Recuerdos sobre la rebelión de Caracas, que nos permite tener una visión muy clara de la visión del otro.
Testigo ocular de la revolución de Venezuela en casi todos sus acontecimientos; condiscípulo, amigo o conocido de sus execrables autores y de sus principales agentes… (Recuerdos sobre la rebelión de Caracas, de José Domingo Díaz Academia Nacional de la Historia, Sesquicentenario de la Independencia, Caracas, Venezuela, 1960). Con esas palabras inicia Díaz la crónica de lo que le tocó vivir en aquellos días de quema. El calificativo de “execrables” demuestra desde el mismo inicio que la narración no va a ser objetiva ni imparcial. Díaz es un apasionado defensor de la causa realista, admirador de Boves y de todos los que asesinaron y torturaron a miles de defensores de la causa independentista y de personas que, sin serlo, podían ser sospechosos de parecerlo. O de simples seres humanos que se atravesaron en sus caminos. Díaz refleja el odio con que los realistas asumieron su posición política, un odio que los cegó del todo y que en buena parte condenó al fracaso su causa, y que se parece mucho al odio que casi doscientos años después se encuentra en algunos políticos de estas mismas latitudes. Hacia el final del mismo párrafo, Díaz vierte otros adjetivos sobre la causa independentista: la llama funesta, injusta, escandalosa, baja, insensata, todo a la vez.
Luego de la andanada, dedica un espacio a pintar un cuadro idílico de la Provincia de Venezuela en los días previos a la rebelión, cuadro que no es del todo incierto. Venezuela gozaba en aquellos días de muy buena salud. La prosperidad había llegado a cubrir casi todo su territorio, que es algo que debe llamar la atención: ¿Por qué se produjo esa rebelión en tiempos de prosperidad? La historia demuestra que suele ser todo lo contrario. La Revolución Francesa echó a volar en buena parte a causa de problemas económicos, tal como la rusa, y sin embargo, sin faltar demasiado a la verdad, Díaz pudo escribir: Aquella provincia era la más feliz de todo el universo, había caminado en prosperidad desde su descubrimiento, cuando el comercio libre con los puertos habilitados de estos reinos, concedidos por S. M. en 1778, aceleró su hermosa carrera. Cada año se hacía notable por sus asombrosos aumentos: los pueblos existentes veían crecer su población; en los campo establecerse otras nuevas; cubrir la activa mano del labrador la superficie de aquellas montañas hasta entonces cubiertas con las plantas que en ellas había puesto la Creación; reinar la abundancia; no conocerse sino la paz, y formar todos los habitantes de aquel dichoso país una familia unida entre sí con lazos que parecían y debían ser eternos: los de la religión, de la sangre, de las costumbres, del idioma y de la felicidad que gozaban.
Aun así, ese dichoso país se incendió hasta quedar reducido a cenizas, a troncos negros y humeantes rodeados de esqueletos y malos olores. ¿Por qué? Según Díaz, se trató simplemente de la ambición de un grupo de jóvenes atolondrados, que además engañó al grupo más serio, que a su vez los engañaba a ellos. Y todo llevó al inicio del proceso que Díaz repudiaba con toda su alma: Así pues –narra– de las pestilentes Casas Consistoriales de Caracas partió aquel contagio que con una velocidad eléctrica fue conmoviendo a todos los pueblos a donde llegaba. Allí, un centenar de jóvenes inconsiderados y turbulentos trastornaron los principios, la paz y la fortuna de un mundo a la vista de un Gobierno cuyas operaciones fueron y serán inconcebibles y de muchos millares de honrados europeos y americanos confiados en la autoridad y atónitos con el hecho. Allí por la primera ve se vio una revolución tramada y ejecutada por las personas que más tenían que perder: por el Marqués del Toro y sus hermanos don Fernando y don José Ignacio, familia de las principales, de grandes riquezas, que merecía la primera estimación de todos los mandatarios y que llena de un orgullo insoportable se creía y se tenía por superior a los demás; por don Martín y don José Tovar, jóvenes hijos del Conde del mismo nombre e individuos de la casa más opulenta de Venezuela; por don Juan Vicente y don Simón de Bolívar, jóvenes de la nobleza de Caracas, el primero con 25.000 pesos de renta anual y el segundo con 20.000; por don Juan José y don Luis de Ribas, jóvenes parientes de los Condes de Tovar y de riquezas muy considerables; por don Juan Germán Roscio, don Vicente Tejera y don Nicolás Anzola, abogados que gozaban de la estimación de todos sus conciudadanos; por don Lino de Clemente, oficial retirado de la Marina española y altamente considerado de todos; por don Mariano Montilla, antiguo Guardia de Corps de S. M., y su hermano don Tomás, los jóvenes de la moda y los individuos de una casa, la primera en el lujo y esplendor; por don Juan Pablo, don Mauricio y don Ramón Ayala, oficiales del batallón veterano, estimados universalmente por la honradez de su casa y por el lustre de sus mayores, y por otros pocos de las mismas o casi iguales circunstancias. Allí no tuvieron la principal parte ni representaron el principal papel los hombres de las revoluciones, los que nada tienen que perder, los que deben buscar su fortuna en el desorden y los que nada esperan del imperio de las leyes, de la religión y de las costumbres.
Interesante. En esa parrafada Díaz deja ver su resentimiento, parecido a lo de los que en pleno siglo XXI se dicen revolucionarios en nuestra América. Y todos hablan por igual de “oligarquías”. Y, desde luego, la narración que hace de los hechos ocurridos en Caracas y en Venezuela desde el 19 de abril lleva en sí la savia de ese resentimiento social, tan dañino para todos los seres humanos.
¿No se le habrá pasado por la cabeza al médico caraqueño que la causa de aquella actitud, que él mismo califica indirectamente de suicida, de los jóvenes mantuanos de Caracas, no era otra que la cultura? Los que impulsaron aquella revolución fueron los instruidos, los que habían leído, los que se habían informado de lo que ocurría en el mundo a pesar de los intentos del gobierno español de mantenerlos en las tinieblas. Los que se opusieron, los que lucharon contra ellos, encabezados por Monteverde y, especialmente, por Boves, eran los ignorantes, los que no habían tenido oportunidad de estudiar, de averiguar, que siempre son los que más fácilmente son inoculados por el resentimiento, la intolerancia y la barbarie. Lo eran entonces y lo son hoy.

Capítulos Publicados:

El Paraíso Partido
(Venezuela antes de la Independencia)

Obertura
El Sonido de las Sombras
El Topetazo
El Tanteo por Oriente
El Tanteo por Occidente
Tirano de Sombra y Fuego
La atracción del centro
El Viaje al Edén
El día de Caracas
La Agonía de Occidente
Los viajeros forzados
El gobierno de papel
El Blanco Tejido de las Ro­jas
Los primeros pasos del Quijote
La Luz de los Sonidos
El Sonido de la Luz
Llegaron los Bolívar
Archipiélago de Colores
Ciudad por Cárcel
La Pequeña Torre Amable
La Casa del Saber
De Guipúzcoa Viene un Barco Cargado de…
De Fiestas y de Locuras
Las Nueve Musas
Los hombres de ruana y de frío
Por España, contra España…
Cuando Humboldt y Mozart estuvieron en Caracas
También llegaron los Sucre
De Masones y Papisos
El padre de todas las patrias
Final de Fiesta

El Paraíso en Llamas
(Venezuela durante la Guerra de Independencia)

Obertura
La primera estrella fugaz
La Alborada de los Trágicos
Los niños felices
El paseo de los muertos
La óptica del otro

 

1 comentario

Comentario De: Orduña [Visitante]
OrduñaNo es cierto esto y lo demuestra el hecho de que esos españoles americanos rebeldes,los padres de la patria venezolana,dirigieron desde entonces los destinos de Venezuela y desde luego la han mantenido en el caos y el subdesarrollo.
La mayoria de los mantuanos fueron a la rebelion para prevenir precisamente lo que ellos más temian,el alzamiento de los esclavos y las castas como en Haiti.Esa misma gente culta,y lo era ciertamente,eran los que veian con profundo recelo las medidas modernizadoras de la corona destinadas a mejorar la condicion de las castas y que ponian obviamente en cuestion su posicion al frente del orden social.Esa misma gente abrio precisamente las puertas a lo que mas temian,la guerra civil,llevaron a la destruccion a Venezuela y a buena parte de America y en ese grado de postracion arrastraron a la propia España por dos siglos de caos e inestabilidad.Esta gente era racista,no dudaron en emplear metodos criminales con fusilamientos en masa y aniquilacion de civiles y con la diferencia que hipocritamente lo hacien en nombre de los nombles principios de la Libertad,Fraternidad e Igualdad.
Por otra parte,esa oscura España que los mantenian en las tinieblas era la responsable de que esos hombres tuvieran esa cultura.O acaso olvidamos que Venezuela era una prolongacion,y no a la inversa, de la España ilustrada y liberal que tantos cambios habia propiciado ya.
No niego que un proyecto comun,netamente hispano a modo de Commonwealth que podria representarlo Cadiz y sus cortes fracasó a pesar de que hubiera sido la mejor opcion para España y para America como doscientos años de tiempo han demostrado dramaticamente.Y no niego que hubo por parte de muchos españoles bastante ceguera a la hora de tratar este tema y reconducirlo.Pero no es menos cierto que fueron los otros los que abrieron la puerta del infierno,los que estando sus compatriotas españoles europeos en una terrible situacion y siendo ellos familia,españoles americanos,los dejaron tirados,en la estacada.Los abandonaron y no hicieron otra cosa que defender sus intereses inmediatos y ponera a la America Española al servicio del Imperio Britanico como una neo colonia.Por si fuera poco renegaron de sus lazos y origenes y construyeron unos paises sin identidad,peor,que abomina de España y por lo tanto se odian a si mismos.
Y asi Venezuela fundada por los españoles,que lleva sangre española y que habla su idioma se intenta amar a si misma odiando a España,es decir odiandose ellos mismos.Triste legado.
13.11.09 @ 13:07
de Eduardo Casanova

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