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Aquellos hombres que emprendieron la aventura del 19 de abril no podían suponer que su iniciativa iba a destruir el mundo en el que hasta entonces habían vivido. En otras latitudes ya habían empezado los incendios que anunciaban el que aquí pronto empezaría: el 2 de agosto, en Quito, el Conde Ruiz Castilla pasó por las armas a los que el 10 de agosto de 1809, es decir, ocho meses antes, habían hecho allá lo mismo que harían en Caracas esos aprendices de brujos. Y para evitar que eso ocurriera en Caracas, José Félix Ribas, tío político de Simón Bolívar, autodesignado representante de los pardos aunque era de la clase de los mantuanos, propuso que simplemente se echara de Venezuela a todos los nacidos en la Península o en las islas Canarias. Ese antecedente de la Guerra a Muerte que no mucho después decretó su sobrino político Simón Bolívar, y que oficializó la barbarie por parte de los independentistas que enfrentaban la barbarie de los realistas, demuestra la elementalidad de la mayoría de aquellos personajes. Pero en el primer momento la reacción de los caraqueños fue muy civilizada: en vez de acoger la propuesta de Ribas, la Junta lo expulsó de su seno, tal como a su lugarteniente José María Gallegos, aunque también ordenó que se hicieran varios actos en memoria y honor de las víctimas de Quito. Un tirito al gobierno y otro a la revolución. El encargado de solicitar al Arzobispo Coll y Prat, que no las tenía todas consigo, que se organizaran las honras fúnebres en memoria de las víctimas de Quito fue el Canónigo José Cortés de Madariaga, el del gesto teatral que decidió las cosas el 19 de abril. (Cfr.: Perazzo, Nicolás, José Cortés de Madariaga, Ediciones del Cuatricentenario de Caracas, Caracas, Venezuela, 1966).
Y en esos mismos días, Roscio, cuyo papel principal, además del de ideólogo de todo cuanto se iba organizando, se ubicada en las relaciones internacionales de los aprendices, organizó misiones para enviarlas a las Antillas inglesas, a Estados Unidos, a Inglaterra y a Nueva Granada. Muchos rumores corrían acerca de la intención de los franceses de ponerle la mano a la América española, y también se decía que los Estados Unidos apoyarían irrestrictamente a Venezuela si se independizaba de España. El gobierno de Londres más de una vez había estudiado la posibilidad de desmembrar definitivamente el imperio español, como una forma de reforzar su propia posición en Europa. Francisco de Miranda había alimentado muchas de sus esperanzas y recibido muchas de sus desilusiones de ese juego del gato y el ratón que parecía divertir mucho a los británicos. La misión hacia Curazao (que estaba en poder inglés) y Jamaica fue encomendada a Mariano Montilla, “hombre de mundo (…) educado en la Corte” (José Gil Fortoul), y a Vicente Salias, que al parecer era muy hábil en eso de hablar idiomas extranjeros. Desde luego, se enfrentaron a la indefinición de los ingleses, que en ese caso se escudó en su falta de instrucciones de Londres. La misión a los Estados Unidos se encomendó a Juan Vicente Bolívar, el mayor de los dos hermanos, y a Telésforo Orea, a quienes sirvió de secretario José Rafael Revenga, que después cumpliría la misma función con Simón, el hermano menor de Juan Vicente. Les fue bien en Washington y consiguieron la promesa de apoyo del gobierno norteamericano, que nombró su agente en Venezuela a Robert Lowry. Más tarde, el mayor de los Bolívar, cayó por inocente y demostró la candidez de aquellos aprendices de brujos: el señor Onís, ministro de España en Washington le hizo creer que iba a actuar como mediador ante las Cortes españolas para que reconocieran al gobierno venezolano. El mayor de los Bolívar se tragó el bulo y decidió por su cuenta que no valía la pena comprar armas para defender al gobierno de Caracas, sino algo que tuviera otra utilidad, y compró nada menos que una máquina de hilar, otra de hacer papel y otra de hacer monedas, barajas, clavos y otras inutilidades, razón por la cual fue destituido y se le ordenó regresar a Caracas, cosa que trató de hacer a bordo de un bergantín llamado “San Felipe Neri”, que se hundió a comienzos de agosto, cerca de las Bermudas. Además de Juan Vicente, se perdieron allí la máquina de hilar, la de hacer papel y la de hacer monedas, barajas, clavos y otras inutilidades.
En cambio, Simón Bolívar, Luis López Méndez y Andrés Bello, que actuaba como secretario, sí tuvieron lo que en ese momento se consideró un importante éxito en Londres. Fueron recibidos por el Secretario de Negocios Extranjeros, Richard Colley Wellesley, marqués de Wellesley y hermano del Duque de Wellington. A pesar de la ambigüedad de los ingleses y de la complicación de la política exterior ingresa, Bolívar y sus compañeros consiguieron lo que parecía imposible, algo muy parecido al reconocimiento por parte de los británicos. La Junta era aceptada como un gobierno que no dependía de la Regencia, aunque los ingleses en definitiva no reconocían tal autonomía, del todo, pero se ofrecían para interceder ante el gobierno español, aliado de los ingleses en su lucha contra los franceses, y llevarle las quejas de los americanos. Un poco que es, pero no es, y se acepta que quiere ser, aunque no se dice que se le permita ser, o no ser. Algo muy británico, muy del gato que se da cuenta de que si los ratones pelean entre sí, será más fácil capturarlos y comerlos. Pero en realidad, lo importante de la misión fue el hecho de que los recibieran como los recibieron. Pasar de allí era imposible, dados los compromisos que tenía la Corona inglesa en su política de combatir a la Francia bonapartista. De eso podía dar fe Francisco de Miranda. Y ese fue el otro gran logro de esa misión, aunque es muy discutible eso de logro: gracias a Bolívar. Francisco de Miranda pudo regresar a Venezuela. Eso a pesar de que Roscio, en sus instrucciones, había previsto que debía evitarse el contacto entre Miranda y ellos. Pero lo había previsto en una forma que se prestaba a equívocos. Miranda –decían las instrucciones–, el General que fue de Francia, maquinó contra los derechos de la monarquía que tratamos de conservar, y el Gobierno de Caracas por las tentativas que practicó contra esta Provincia en el año 1806, por la costa de Ocumare y por Coro ofreció 30.000 pesos por su cabeza. Nosotros consecuentes con nuestra conducta debemos mirarlo como un rebelado contra Fernando VII y bajo esta inteligencia si estuviese en Londres, o en otra parte de las escalas, o recaladas de los Comisionados de este nuevo gobierno, y se acercase a ellos, sabrán tratarle como corresponde a estos principios, y a la inmunidad del territorio donde se hallase, y si su actual condición pudiese contribuir de algún modo que sea decente a la Comisión, no será menospreciado (Ver: Álvarez García, Marcos, y Antonio J. A. Martins, Simón Bolívar en Europa, una crónica comentada, Centro de Estudios de América Latina, Instituto de Sociología, Universidad Libre de Bruselas, Bélgica, 1983). Bello diría después que a Bolívar le importó un ardite la “flagrante desobediencia de las órdenes claras y categóricas de la Junta que aquello importaba”, pero no es del todo cierto: las instrucciones no eran ni claras ni categóricas. En primer lugar, les decían que la colaboración de Miranda no debería ser menospreciada, y en segundo, se referían a la eventualidad de que Miranda los buscara, pero no a lo que realmente ocurrió, que fue que ellos buscaron a Miranda, quien, por cierto, no sólo fascinó a Bolívar, sino a Bello también (quizás por el origen canario de ambos). En definitiva, el viaje de Miranda a Venezuela, que se produjo poco después, fue el único fruto concreto de la misión de Bolívar, López y Méndez y Bello a Londres, a menos que se considere también como tal el lapso que pasó Bello en Londres y su posterior traslado a Chile, país en el que desarrolló todo su potencial el gran intelectual caraqueño y chileno.
Curiosamente, es poco lo que se habla de la mayor de las gestiones diplomáticas emprendidas por la Junta Suprema de Caracas, que estuvo representada en ella por el cura José Cortés de Madariaga, y que fue el antecedente real de la creación de Colombia, de la Gran Colombia, por parte de Simón Bolívar. Se trata de la firma, el 28 de mayo de 1811, del Tratado de Alianza y Federación entre Cundinamarca y Venezuela, que por Santa Fe de Bogotá fue firmado por el naturalista Jorge Tadeo Lozano, uno de los protagonistas del 20 de julio de1810 y uno de los redactores de la Constitución de 1811. Madariaga había tardado algo más de tres meses en viajar de Caracas a Bogotá (Ver: Nicolás Perazzo). La firma de ese Tratado, que iniciaría la aplicación de las ideas de Francisco de Miranda en el Nuevo Mundo tendrá una importancia capital en el desarrollo de los hechos posteriores. Entre otras cosas, será la razón de que Bolívar pudiera iniciar su verdadera carrera de Libertador, pues será a partir de ese instrumento que podrá el caraqueño solicitar el apoyo de Bogotá para emprender la Campaña Admirable. El propio Miranda había escrito, el 22 de enero de 1811, a la Junta Suprema de Nueva Granada, anunciando el viaje de Madariaga, de quien dijo que “dirá a V. A. cuanto yo podría sugerir a ésta acerca de una unión política entre el reino de Santa Fé de Bogotá y la Provincia de Venezuela, a fin de que, formando juntas un solo cuerpo social, gozásemos de mayor seguridad y respeto y en lo venidero de gloria y permanente felicidad” (Nicolás Perazzo). Cuando Madariaga completó su misión, la república ya agonizaba y había sido confiada su salud a las recetas de Francisco de Miranda, en cuyas manos murió.
Capítulos Publicados:
El Paraíso Partido
(Venezuela antes de la Independencia)
Obertura
El Sonido de las Sombras
El Topetazo
El Tanteo por Oriente
El Tanteo por Occidente
Tirano de Sombra y Fuego
La atracción del centro
El Viaje al Edén
El día de Caracas
La Agonía de Occidente
Los viajeros forzados
El gobierno de papel
El Blanco Tejido de las Rojas
Los primeros pasos del Quijote
La Luz de los Sonidos
El Sonido de la Luz
Llegaron los Bolívar
Archipiélago de Colores
Ciudad por Cárcel
La Pequeña Torre Amable
La Casa del Saber
De Guipúzcoa Viene un Barco Cargado de…
De Fiestas y de Locuras
Las Nueve Musas
Los hombres de ruana y de frío
Por España, contra España…
Cuando Humboldt y Mozart estuvieron en Caracas
También llegaron los Sucre
De Masones y Papisos
El padre de todas las patrias
Final de Fiesta
El Paraíso en Llamas
(Venezuela durante la Guerra de Independencia)
Obertura
La primera estrella fugaz
La Alborada de los Trágicos
Los niños felices
El paseo de los muertos
La óptica del otro
Aprendices de brujos
¿Porque el portal de www.aporrea.org lo indentifican como de ultra izquierda?
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