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¿Gloria al bravo pueblo?
por Alberto LOSSADA SARDIEl título de nuestro Himno Nacional, ¿lo merecemos? ¿Puede un pueblo ser bravo cuando se resigna a los abusos y los deja pasar tranquilamente porque son con “otros” y no con ellos? ¿Puede ser un pueblo bravo cuando ni siquiera por su propio interés llega a ponerse de acuerdo frente lo que nos amenaza a todos? ¿Qué bravo pueblo conocen ustedes que se venda por cualquier limosna que le echen? ¿Conocemos bien su inicio: “Gloria al bravo pueblo que el yugo lanzó"? ¿No les parece que ese “bravo pueblo” se comenzó a extinguir un 23 de enero hace 51 años? Y se fue extinguiendo lentamente hasta hace 11 años. Porque cuando Fidel pretendió invadirnos, quedaba aún ése bravo pueblo, representado, entre otros, por gallardos oficiales y soldados de lo que fueron unas auténticas Fuerzas Armadas y supieron decirle al opresor barbudo: “¡hasta aquí llegas, bufón!", aún a costo de sus vidas –y rindo homenaje a esos caídos por la Patria- al defenderla cumpliendo su sagrado juramento. Y cuando los desadaptados sociales que hoy nos malgobiernan pretendieron imponer sus condiciones a todo un país, hubo un bravo pueblo que los puso en su sitio. Ejemplos de pasadas glorias abundan. Y hoy, ¿qué queda…?
Me asombra que se pretenda llamar “bravo” un pueblo que acepta que, más de un año después, no tenga los resultados oficiales del voto por la Reforma Constitucional y se quede tan tranquilo, con una resignación digna de retrasados mentales. Me asombra que se pretenda llamar “bravo” un pueblo que acepta que se investigue a un ciudadano –sea quien fuere- por haber hecho algo totalmente permitido por las leyes (¿si no existe delito, qué investigan?). Me asombra que se pretenda llamar “bravo” un pueblo que, de la manera más vil y despreciable, voltea hacia otro lado ante la escalada de la violencia propiciada por el gobierno para amedrentar a aquellos que hemos hecho uso de nuestro derecho constitucional de decir que estamos con el “¡NO!". Me asombra que se pretenda llamar “bravo” un pueblo que acepta la descarada corrupción con la esperanza de recoger algunas migajas de la malhabida torta. Me asombra que se pretenda llamar “bravo” un pueblo que ni siquiera se toma la molestia de exigir conocer por cuántos votos fueron elegidos SUS representantes en la actual Asamblea Nacional. ¿Esto es un “bravo” pueblo? Corríjanme si yerro…
¿Puede ser un bravo pueblo el que no logra ponerse de acuerdo para elaborar un programa alternativo porque las ambiciones privan sobre la Patria? ¿O uno cuyo único lema sea “Fuera Chávez” o “Chávez es malo” y punto? ¿Es que no hay una cabeza pensante entre los dirigentes de oposición que pueda poner en orden las ideas del “bravo” pueblo y ofrecer soluciones al trance que vivimos, diferentes al caos que promueve el gobierno? ¿Cómo puede ser un “bravo” pueblo uno que apoya, a la vez, a Chávez y a los estudiantes que lo protestan? ¿Puede ser “bravo” un pueblo que, viendo la realidad que vive, exime de culpas a “Mi Comandante” “porque lo tienen engañado” y culpa a sus ministros y demás subalternos? De creérselo, o hacen ver que Chávez ignora todo lo que pasa, en cuyo caso no merece ser Presidente o lo ponen en un posición de imbécil, fácilmente engañado por subalternos de sexta o séptima categoría, en cuyo caso tampoco merece ser Presidente… ¿Entonces…? Definitivamente, la ignorancia es supina.
Propongo algo: ya que tenemos la melodía, cambiemos el himno a su letra original de “duérmete mi niño, duérmete mi sol” y hagamos justamente eso. Tal vez, cuando despertemos, si lo soñamos fuertemente, tendremos un BRAVO PUEBLO…
Alberto Lossada Sardi, diplomático y escritor, nació en Caracas en 1950, en el seno de una familia de diplomáticos e intelectuales. Como diplomático ha servido en Estados Unidos, la Unión Soviética, Portugal, Ecuador, Nicaragua, Libia y Francia. Su más reciente cargo fue el de Ministro-Consejero Encargado de Negocios en Portugal. También ha ejercido varias funciones en el Servicio Interno del Ministerio de Relaciones Exteriores.
4 comentarios
Tres observaciones:1) Muy buena la idea de volver a cantar la letra original, la del “arrorró” en cualquiera de sus versiones.
2) El Himno Nacional es, en realidad, la adaptación de una canción de cuna, que Lino Gallardo, mediante el simple recurso de cambiarle el tempo y el ritmo, convirtió en una especie de canción marcial. E1 25 de mayo de 1881 el gobierno de Antonio Guzmán Blanco la convirtió en Himno Nacional de Venezuela con los nombres de los autores cambiados, pues en el Decreto figuran Juan José Landaeta y Vicente Salias en vez de Lino Gallardo y Andrés Bello. Lino Gallardo, nacido en Ocumare del Tuy en 1773 y muerto en Caracas en 1837, aunque participó activamente en los movimientos independentistas y revolucionarios de 1810, 1811 y 1812, y estuvo preso en las bóvedas de La Guaira por sedicioso, a la caída de la primera república, en 1818 reculó, y durante el régimen realista fundó la Sociedad Filarmónica de Caracas con apoyo de las autoridades. Además, en 1830 fue protegido de José Antonio Páez, lo cual lo hacía inelegible para Guzmán Blanco y los cultores de la religión bolivariana. La hija de Gallardo, Francisca de Paula, que tenía 76 años cuando se publicó el disparate de 1881, reclamó airadamente el abuso, tal como otros que conocieron personalmente a Gallardo y a Landaeta. Pero, como era y es usual, el poder, impertérrito, ignoró sus reclamos (y aún los ignora). En cuanto a Andrés Bello, nunca fue cercano a Bolívar y lo criticó abiertamente en vida y después de muerto. De modo que para Guzmán Blanco, y otros fanáticos de la religión bolivariana, Gallardo y Bello eran enemigos, y al enemigo, nada. El músico e Historiador Alberto Calzavara, poco antes de morir, localizó en París un ejemplar de un periódico (El Americano), editado en febrero de 1874, es decir, casi siete años antes del disparate guzmancista, en el que se publicaba la canción patriótica y se indicaba como sus autores a Andrés Bello y a Lino Gallardo. El “Gloria al Bravo Pueblo” nunca fue cantado por los soldados independentistas, que preferían “La Marsellesa” y otras canciones revolucionarias de su tiempo. En cambio, la canción de marras sí fue conocida y apreciada por el cura chileno y revoltoso don José Cortés de Madariaga, a quien Emparan calificó de pillo y alguna vez Simón Bolívar tildó de loco.
Y, 3) Ese despotismo, el que si levanta la voz se va a encontrar de frente con el bravo pueblo, no es el despotismo español, ni es despotismo monárquico. Se trata del despotismo francés, el representado por Napoleón Bonaparte, o sea ¡la república!, la Revolución Francesa. De modo que bien puede decirse que hoy en día, todos los días, cuatro veces al día, se exalta la monarquía absolutista española de comienzos del siglo XIX en todas las emisoras de radio y televisión de Venezuela. Y lo mismo se hace en los actos públicos. Y en las escuelas y liceos, todas las mañanas. La república le canta a la monarquía y nadie parece darse cuenta de ello.
amigo alberto lossada sardi:aunque ya soy abuelo terminé de leer tu artículo con lágrimas de verdad, las que se salen solas. alguna vez tu, eduardo, y otros muchos fuimos el "bravo pueblo". ayer en la noche pensé exactamento lo mismo que tú: ¿y dónde está el "bravo pueblo"? mientras veía como unas policias hacían un semi círculo de protección para que sus compañeros pudiesen golpear tranquilamente a una señora, madre de uno de los estudiantes (el futuro bravo pueblo). posteriormente el presidente de la república felicitó al gobernador de aragua por haber enviado a la guardia nacional a reprimir a los estudiantes. ¿por qué?
realmente ¿reprimirles qué?
amigo,
mario bertorelli g.
Muchas gracias, amigo Bertorelli, por sus sentidas palabras. Es la idea, justamente, que despertemos de esta pesadilla gracias a un verdadero bravo pueblo que recupere la memoria...
la honrrA ES A DIOSA NO AL PUEBLO











Alberto Lossada Sardi, diplomático y escritor, nació en Caracas en 1950, en el seno de una familia de diplomáticos e intelectuales. Como diplomático ha servido en Estados Unidos, la Unión Soviética, Portugal, Ecuador, Nicaragua, Libia y Francia. Su más reciente cargo fue el de Ministro-Consejero Encargado de Negocios en Portugal. También ha ejercido varias funciones en el Servicio Interno del Ministerio de Relaciones Exteriores.
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