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La segunda estrella, menos fugaz

El Paraíso Burlado

(Venezuela desde 1498 hasta 2008)

II

El Paraíso en Llamas

(Venezuela durante la Guerra de Independencia)

La segunda estrella, menos fugaz

En los bellos y terribles días iniciales de aquella Patria Niña, virtuosa, inocente, digna de un mejor final, destacó otro hombre que debería ser uno de los héroes nacionales de Venezuela: Cristóbal Mendoza.
Cristóbal Mendoza es uno de los personajes fundamentales de la historia de Venezuela, no sólo por haber sido el primero en ser nombrado Presidente de la República, sino porque, habiendo sido Presidente, murió pobre y universalmente respetado. Nació en la ciudad de Trujillo, en el actual estado Trujillo (que es otra de las muchas muestras de la presencia de extremeños en el poblamiento de América), el 23 de junio de 1773. Era hijo de Luis Bernardo Hurtado de Mendoza y Gertrudis Eulalia Montilla Briceño y descendiente directo de Diego de Losada y de varios de los fundadores de Caracas. Estudió Filosofía y Derecho en la Universidad Central de Venezuela, en Caracas (a donde viajó a los dieciséis años), y obtuvo después en Santo Domingo, en la Universidad de Santo Tomás de Aquino, el Doctorado en Ambos Derechos (Civil y Canónico). También en Santo Domingo hizo su pasantía de abogado, antes de regresar a Trujillo en donde nuevamente hizo pasantía, en el bufete de don Antonio Nicolás Briceño, el Abogado por antonomasia de Trujillo y padre de El Diablo Briceño, el verdadero iniciador de la guerra a Muerte. De allí pasó a Mérida, donde tenía buena parte de su parentela y fue por algún tiempo profesor de filosofía. En 1797, el año de la Conspiración de Gual y España, se instaló en Caracas, en el despacho de Francisco Espejo y Juan Francisco Zárate, con cuya ayuda consiguió de la Real Audiencia de Caracas su título de Abogado. Poco después se instaló en Barinas, en donde se casó con su parienta Juana Briceño Méndez y Mendoza. Fue Defensor de los indígenas de la región y se enfrentó al coronel Miguel de Ungaro y Dusmet, antiguo paje del rey de España, nacido en la corte de Nápoles en 1752, que en 1796 fue designado comandante militar y político e intendente de la Provincia de Barinas y en 1810 fue diputado por los pardos en la Junta Patriótica de Barinas. El enfrentamiento se debió a que Ungaro, que apoyaba para el cargo de alcalde a un español peninsular, alegaba que los blancos criollos querían imponer a Mendoza porque era pariente de todos ellos, cuestión que quedó zanjada por la Real Audiencia en favor de los criollos. En ese tiempo enviudó don Cristóbal y se casó con María Regina Montilla del Pumar, que era también su parienta, así como de don José Ignacio del Pumar, marqués de las Riberas del Boconó y el Masparro. El 5 de mayo de 1810 estuvo entre los primeros en sumarse al movimiento que se inició en Caracas el 19 de abril e integró la Junta de Gobierno de la Provincia. En 1811 fue elegido, junto con su hermano Luis Ignacio, que era cura, representante de Barinas ante el Congreso. Sin haberse incorporado todavía, fue designado, el 5 de marzo de 1811, primer Presidente del Triunvirato que va a gobernar a Venezuela en su transición hacia la Independencia plena (acompañado por Juan de Escalona y Baltasar Padrón). Como tal, le correspondió también refrendar el Acta de Independencia del 5 de julio de 1811 y firmar la proclama en que se anuncia el hecho a la población. Luego de enviudar por segunda vez, el 14 de agosto del mismo año casó en terceras nupcias con Gertrudis de Buroz y Tovar, parienta cercana del Conde de Tovar y de muchos de los mantuanos de Caracas, que lo acogieron entre ellos con entusiasmo. En diciembre de ese año de 1811, al aprobarse la primera Constitución republicana, se suscitó una controversia entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo, debido a que Valencia quedaba convertida en Capital de la República y el Triunvirato no estaba de acuerdo con el traslado. El 16 de marzo de 1812 se instaló en Valencia el Congreso, pero sólo Cristóbal Mendoza se hizo presente. El 21 de marzo, el Congreso designó un nuevo Triunvirato, formado por Fernando Rodríguez del Toro (que sustituiría a Mendoza), Francisco Javier Ustáriz y Francisco Espejo, con quien Mendoza había trabajado en Caracas, y designó suplente a Francisco Javier Mayz. Ni Toro, que había quedado malherido y nunca se recuperó, ni Ustáriz ni Espejo estaban en Valencia, y la situación se complicaba día a día para los republicanos: el 26 de marzo (cinco días después de la elección) se produjo el terremoto del Jueves Santo, que fue aprovechado por los enemigos de la Independencia para alentar la reacción realista y que, de hecho, se combinó con la reacción realista, pero en especial con el avance de la tropas del marino español Domingo de Monteverde, que habían salido de Coro a apoyar el alzamiento del Indio Reyes Vargas y el cura Torrellas, en Siquisique y Carora y siguieron su rumbo, luego de derrotar en Los Colorados a los republicanos comandados por Miguel Ustáriz, con intenciones de aplastar lo que Monteverde y el gobernador de Coro, Brigadier José de Ceballos, consideraban una simple rebelión civil. Todo eso hizo inoperante al nuevo Poder Ejecutivo. El 3 de marzo se juramentaron Espejo y Mayz, y el 23 el Congreso le dio poderes absolutos a Miranda. El 3 de mayo cayó Valencia en poder de Monteverde y sus hombres. El menguado Triunvirato de dos se mudó a La Victoria, y Juan Germán Roscio sustituyó a Toro, inválido en acción de guerra que nunca más pudo caminar. El 19 de mayo, en la Hacienda “Tapa Tapa", en las afueras de Maracay, hacia Valencia, no lejos del Paso de La Cabrera, el Triunvirato de uno (Juan Germán Roscio) se disolvió. Dos de sus miembros, Roscio y Espejo, permanecieron cerca de Miranda, que asumía, en un intento desesperado, la dictadura, con el título de Generalísimo. Había empezado la verdadera guerra en todo su horror. Una guerra cruenta y terrible que destrozó el país y casi acabó con la hermosa Santiago de León de Caracas. Mendoza, entretanto, logró viajar hacia los Andes; de allí pudo escapar al antiguo Nuevo Reino de Granada. Pasó algún tiempo en Cartagena y otro en Tunja, hasta que se incorporó a las fuerzas de Simón Bolívar a principios de 1813. A partir de ese momento se convirtió en el más notable colaborador civil y civilista del Libertador. Fue gobernador de Mérida, primero, y de la Provincia de Caracas, después, y como tal entró con Bolívar a Caracas el 6 de agosto de 1813. El 14 de octubre de 1813, en Mérida, fue el encargado de proponer, en Cabildo Abierto, que a Simón Bolívar se le confiriera el más importante de todos los títulos que se le dieron: el de Libertador. Participó también en la asamblea de enero del 14, en la que el título le fue ratificado a Bolívar, y en julio, cuando Caracas cae en las garras de Boves y sus desalmados, a duras penas logró escapar Mendoza con su familia, y luego de recorrer varias islas caribeñas, se estableció en Trinidad, en donde permaneció por siete años. Allí también estaban el marqués del Toro y su hermano Fernando, amigo cercano de Simón Bolívar. Fue para el trujillano un período de reflexión, en el que escribió numerosos textos en favor de la república. Hacia el final del año 21 fue designado Presidente de la Corte Superior de Justicia del Departamento de Venezuela y empezó a estudiar sistemáticamente la historia que le tocó vivir: la Historia de Venezuela. Editó, entre enero del 24 y marzo del 25, un periódico llamado El Observador Caraqueño, en el que publicó varios trabajos sobre el movimiento independentista, desde los precursores hasta su consolidación. Lo acompañaba en la iniciativa Francisco Javier Yanes, nacido poco menos de cuatro años después que él, en Cuba, pero virtualmente criado en Caracas. Yanes fue pasante en el bufete de Roscio, y desde el comienzo del proceso de emancipación se involucró abiertamente en él. Después de diversas actuaciones, siempre en defensa del sistema republicano, en 1821 se estableció de nuevo en Caracas y trabajó con Mendoza, no sólo en la Corte, sino en el periódico y sobre todo, en el proyecto de publicar la Colección de documentos relativos a la vida pública del Libertador de Colombia y del Perú, Simón Bolívar, que en vida de Mendoza llegó a quince volúmenes y luego alcanzó los veintidós. Yanes fue, después de la separación de Venezuela de la Gran Colombia, Presidente del Congreso y autor de numerosos trabajos. Murió en 1842. Cristóbal Mendoza fue nombrado Intendente del Departamento de Venezuela, cuando se iniciaba la Cosiata, el movimiento separatista alentado por José Antonio Páez y que significó la disolución de la Gran Colombia. A fines de noviembre de 1826 se sublevó la plaza militar de Puerto Cabello contra Páez, y el capitán de Navío Sebastián Boguier, después de dominar la insurrección, entregó el mando al general Pedro Briceño Méndez (ex-Secretario de guerra y Marina de Bolívar) quien a su vez lo puso a las órdenes de Simón Bolívar, lo cual fue interpretado por Páez como un nuevo acto en su contra, y en vista de los varios parentescos existentes entre Mendoza y Briceño Méndez, destituyó arbitrariamente a Mendoza y lo sustituyó por Mariano Echezuría, paecista incondicional. Mendoza, hombre honesto y enemigo de los conflictos, aceptó la realidad: la violencia inútil se había impuesto de nuevo a la razón, y debió partir a un nuevo exilio, en la isla de Saint Thomas, ahora sin su familia. La intervención de Bolívar, que fue en persona a tratar de apagar el fuego de la Cosiata, puso término a esta nueva expatriación y lo reinstaló en la Intendencia de Venezuela. Pero el doctor Mendoza había perdido la salud cuando pensó en ir a apoyar a Bolívar a la Convención de Ocaña. Se dio entonces algo que prueba su estatura moral, y que fue la opinión expresada por Páez cuando se opuso a su viaje y le escribió a Bolívar: “este hombre (…) impone respeto por su saber, probidad y severidad, y tiene también a los godos en continuas zozobras". Poco después de eso, Cristóbal Mendoza debió abandonar la vida pública. La enfermedad lo obligó a renunciar. Murió a los cincuenta y cinco años, el 8 de febrero de 1829, en las afueras de Santiago de León de Caracas, la ciudad fundada por su antepasado don Diego de Losada. Poco después el Libertador hacía gestiones para que se pensionara a su viuda y sus hijos, que habían quedado en la indigencia. ¿Volveremos algún día a tener alguien así?

Capítulos Publicados:

El Paraíso Partido
(Venezuela antes de la Independencia)

Obertura
El Sonido de las Sombras
El Topetazo
El Tanteo por Oriente
El Tanteo por Occidente
Tirano de Sombra y Fuego
La atracción del centro
El Viaje al Edén
El día de Caracas
La Agonía de Occidente
Los viajeros forzados
El gobierno de papel
El Blanco Tejido de las Ro­jas
Los primeros pasos del Quijote
La Luz de los Sonidos
El Sonido de la Luz
Llegaron los Bolívar
Archipiélago de Colores
Ciudad por Cárcel
La Pequeña Torre Amable
La Casa del Saber
De Guipúzcoa Viene un Barco Cargado de…
De Fiestas y de Locuras
Las Nueve Musas
Los hombres de ruana y de frío
Por España, contra España…
Cuando Humboldt y Mozart estuvieron en Caracas
También llegaron los Sucre
De Masones y Papisos
El padre de todas las patrias
Final de Fiesta

El Paraíso en Llamas
(Venezuela durante la Guerra de Independencia)

Obertura
La primera estrella fugaz
La Alborada de los Trágicos
Los niños felices
El paseo de los muertos
La óptica del otro
Aprendices de brujos
Los Santos Inocentes
La Niña recién nacida
La isla que nunca fue
La seguna estrella, menos fugaz

 

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de Eduardo Casanova

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