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CHRIRIMOYA FLAT

El miércoles 15 de abril, en el auditorio del Colegio Emil Friedman, va a estrenarse mi comedia Chirimoya Flat, con un elenco formidable que incluye a Laureano Márquez, Cayito Aponte, Levy Rosell, Crisol Carabal, José Manuel Vieira, Liliana Meléndez, Ramón Góliz, José Roberto Díaz, el Mago Sandro y Luis Carreño, entre otros. Un grupo capaz de hacer reír a todas las estatuas de un mismo cementerio, y que estará acompañado por el Cuarteto Becuadro, el flautista Miguel Pineda y un intérprete del cuatro. Todos dirigidos por José Tomás Angola Heredia, uno de los más talentosos hombres de teatro de la actualidad, además de poeta, dramaturgo, narrador y ensayista, fundador y cabeza de La Máquina Teatro, que es la organización que engloba todo el esfuerzo. La comedia, que nació con un curioso merengue caraqueño que se me ocurrió, o mejor dicho, se metió en la cabeza mientras viajaba en Metro, en Santiago de Chile, la escribí en varias sesiones de trabajo en Santiago y en Viña del Mar, entre noviembre de 2003 y febrero de 2004, mientras visitábamos a nuestro amigo y compadre Alejandro Leighton y su adorable familia, inmediatamente después del final de mi largo tratamiento de quimioterapia y radioterapia, que estuvo precedido por cirugía mayor (vainas del Zodíaco, del signo de Cáncer). Luego, ya en Venezuela, la revisé más de treinta veces, como es mi costumbre con todo lo que escribo. Es el final de la historia de Nicolás Eugenio de Ponte y Hoyo, gobernador y capitán general de la Provincia de Venezuela entre 1700 y 1704, de bragueta alegre y trágica llegada al sueño eterno, generada, según cuentan, por la pócima de una bruja que primero lo volvió loco. La había manejado desde que emprendí la tarea de escribir tres tomos que abarcan la historia de Venezuela desde 1498 hasta nuestros días (El Paraíso Burlado). La encontré en el libro Gobernadores y Capitanes Generales de Venezuela, de mi tío abuelo Luis Alberto Sucre, y me fascinó desde el primer instante. Desde luego, en mi pieza casi todo está cambiado, salvo el hecho de que Don Nicolás fue el primero gobernante que se volvió loco en Venezuela en ejercicio del poder (aunque, evidentemente, no fue el único ni el último). No es precisamente teatro histórico, sino una comedia hecha con fines sanitarios: para hacer reír, porque la risa es lo más sano de que dispone el arsenal de posibilidades de la humanidad, especialmente en tiempos de crisis. No es mi primera incursión en teatro. A los quince y dieciséis años escribí varias piezas para teatro guiñol, influenciado por La viveza de Pedro Rimales, de Arturo Uslar Pietri, en cuyo estreno (1954) actué como Pedro Rimales. Y antes de los veinte escribí varios “pasos” que nunca se estrenaron. Cuando estaba por cumplir veintitrés vi estrenarse Barrabasalia, que escribí en colaboración (al alimón o a cuatro manos) con Arturo Uslar Braun, y en 1975, gracias a la amabilidad de Levy Rosell, se estrenó El solo de saxofón, llevado a escena por Arte de Venezuela. En el 2000, El Quijote cuerdo, un drama con elementos de comedia, recibió un premio por los 250 años del natalicio de Francisco de Miranda. En cuanto a Chirimoya Flat, dos o tres años después de mi regreso a Venezuela, en Caraballeda, cerca del mar, se la di a leer a Levy Rosell, y se entusiasmó con la idea de estrenarla. Pronto se combinó con José Tomás Angola, para que La Máquina Teatro la llevara a escena, y entre el miércoles 15 y el domingo 19 de abril (de 2009) será vista y oída por el público caraqueño. Ojalá mis parientes, amigos y corresponsales que viven en Caracas puedan verla y oírla. Para que comprueben que, aun en la situación en que nos tiene a los venezolanos, un rato de buena risa es mucho más eficiente y más barato que muchas sesiones de psicoterapia, y los que hacemos teatro, bien sea escribiéndolo, dirigiéndolo o actuándolo, a veces somos hasta más útiles que los psiquiatras, con el perdón de mis admirados amigos psiquiatras. Locos somos todos, pero quizá no lo estemos tanto.

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