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Durante la gestión del gobernador y capitán general de Venezuela Alonso Arias de Villasinda, que había llegado a Coro en julio de 1553 y gobernó hasta febrero de 1557, cuando murió, se fundó la villa de Nueva Valencia del Rey, que luego se llamó Nuestra Señora de la Anunciación de la Nueva Valencia del Rey. Ese agregado “del Rey” como que tendría a la larga una importancia que nadie sospechaba entonces, puesto que fue la primera ciudad que, inmediatamente después de que el Congreso decidió independizarse de España, tomó las armas en defensa del rey y enarboló la bandera de Castilla.
No se sabe a ciencia cierta en qué día fue la fundación, que algunos creen fue el 25 de marzo de 1555, en tanto que otros aseguran que en realidad fue el 21 de octubre. Tampoco se sabe quién fue el fundador, que para algunos fue el capitán Alonso Díaz Moreno, en tanto que para otros lo fue el capitán Vicente Díaz. En realidad, parecería que la fundación de la ciudad tampoco se hizo como lo ordenaban las leyes de su tiempo, sino que se fundó de hecho en torno a un hato de ganado que había establecido en 1552 el capitán Vicente Díaz, y que poco tiempo después, por iniciativa del gobernador Arias de Villasinda se decidió que había que sustituir a Nuestra Señora de Borburata, primer asiento español en la región central de Venezuela, que fue fundada por Juan de Villegas en febrero de 1548, pero que por los continuos asaltos y amenazas de los piratas resultó un lugar poco apropiado para mantener una población estable. Juan de Villegas, dos meses antes de fundar Borburata, había descubierto lo que llamaron entones el Lago de los Tacariguas, que fue el sitio que los españoles consideraron más apropiado, tierra adentro y protegido por la Cordillera de la Costa, para establecer su centro de operaciones en aquella vista región. En 1561 la villa fue asaltada por el famoso Tirano Lope de Aguirre, y desde allí escribió el Loco su famosa carta en la que decía, entre otras cosas: Mira, mira rey español, que no seas cruel a tus vasallos ni ingrato, pues estando tu padre y tú en los reinos de Es¬paña sin ninguna zozobra, te han dado tus vasallos a costa de su sangre y hacienda, tantos reinos y señoríos como en estas partes tienes, y mira rey y señor, que no puedes llevar con título de rey justo ningún intereso destas partes donde no aventuraste nada, sin que primero los que en ello han trabajado y han sudado sean gratificados. (…) Por cierto tengo que van muy pocos reyes a infierno porque son pocos, que si muchos fuérades, ninguno pudiera ir al cielo, porque aun allí seríades peores que Lucifer, según tenéis ambición y hambre de hartaros de sangre humana; mas no me maravillo ni hago caso de vosotros, pues os llamáis siempre menores de edad y todo hombre inocente es loco. Etcétera, etcétera. Es decir, en Valencia se produjo el primer acto de rebeldía formal en contra de la dominación española.
En 1567 pasó por el sitio Diego de Losada, que se dirigía al valle de los toromaynas a reducir a los indios que mantenían en vilo a los españoles de la región. De aquella expedición surgió la fundación de Santiago de León de Caracas, que no sólo sustituyó a Nueva Valencia del Rey como centro de operaciones del poder español en la región central de Venezuela, sino que se convirtió en capital de la Provincia de Venezuela, con lo que es posible que haya nacido una auténtica rivalidad entre las dos villas.
Rivalidad que se manifestó claramente a los pocos días de decidirse en Caracas que Venezuela pasaba a ser un país independiente, el primero que se separaba de España en la América española. Ese fue el verdadero inicio, el inicio ya formal, de la Guerra de Independencia.
En efecto, el 11 de julio de 1811, seis días después de que el Congreso decidió que Venezuela era un país independiente, los realistas de la ciudad de Valencia, que, por cierto, había sido declarada capital de la nueva república, se alzaron en armas para desconocer lo acordado el 5 de julio. Parecería que estaban de acuerdo con los canarios que hicieron lo mismo en el borde de Caracas, en la Sabana del Teque. Cuentan que en realidad los agentes españoles habían corrido en Valencia la especie de que en Caracas se había decidido que no se permitiría que se bautizara a los niños, y que el Arzobispo estaba herido y preso, razón por la cual, indignados, los valencianos empuñaron el pabellón de Castilla y tomaron las armas contra los “herejes e impíos caraqueños”. La rivalidad entre las dos villas, aún no resuelta, se manifestaba abiertamente. De inmediato, al conocerse la noticia, el Ejecutivo de la Patria Niña envió una expedición militar al mando del marqués Francisco del Toro y de su hermano Fernando, el mismo que había acompañado a principios de siglo a Simón Bolívar en su viaje a Roma, en el que también participó Simón Rodríguez. Pero los Toro fracasaron. Y entonces en Congreso dio poderes extraordinarios al general Francisco de Miranda. Seis días después, el 19 de julio de 1811, el general Miranda partió en una breve expedición hacia Valencia. Desde Guacara informó detalladamente al ejecutivo y el Congreso sobre su misión. Inicialmente consiguió que los jefes del alzamiento se rindieran en condiciones muy decentes, pero los subalternos no aceptaron la rendición y a sangre y fuego echaron de la plaza a los venezolanos. Con la ayuda de Fernando Rodríguez del Toro, que en esa acción quedó malherido, y del entonces coronel Simón Bolívar, Miranda tomó Valencia por la fuerza, luego de intentarlo mediante la persuasión y después de un severo estado de sitio. Caracas celebró el triunfo, pero pronto surgieron las acusaciones en contra del general que había conseguido esa primera victoria de las armas republicanas. En particular se quejó amargamente el menor de los Toro, Juan, el mismo que después se pasó a los realistas y estuvo entre los negociadores por el lado español en Trujillo, cuando Sucre y Bolívar negociaron la regularización de la guerra. Protestó contra su arresto en La Victoria, que había sido causado por su falta de valor personal. Y también se quejó contra el general Miranda el culto y hasta exquisito Mariano Montilla, que sería uno de los que acompañó a Bolívar en su lecho de muerte. También se acusó a Miranda por una fuerte multa que impuso al valenciano Ramón Peña, lo cual le costaría la enemistad de Miguel Peña, el hombre que mayor influencia ejercería sobre Páez para actuar contra Bolívar en 1830. Y en Caracas, los diputados, sin darse cuenta de que un alud de fuego y sangre se les venía encima desde los cuatro costados, argüían solemnemente sobre el sexo de los ángeles, y sobre cuántos ángeles cabían en la cabeza de un alfiler.
Capítulos Publicados:
El Paraíso Partido
(Venezuela antes de la Independencia)
Obertura
El Sonido de las Sombras
El Topetazo
El Tanteo por Oriente
El Tanteo por Occidente
Tirano de Sombra y Fuego
La atracción del centro
El Viaje al Edén
El día de Caracas
La Agonía de Occidente
Los viajeros forzados
El gobierno de papel
El Blanco Tejido de las Rojas
Los primeros pasos del Quijote
La Luz de los Sonidos
El Sonido de la Luz
Llegaron los Bolívar
Archipiélago de Colores
Ciudad por Cárcel
La Pequeña Torre Amable
La Casa del Saber
De Guipúzcoa Viene un Barco Cargado de…
De Fiestas y de Locuras
Las Nueve Musas
Los hombres de ruana y de frío
Por España, contra España…
Cuando Humboldt y Mozart estuvieron en Caracas
También llegaron los Sucre
De Masones y Papisos
El padre de todas las patrias
Final de Fiesta
El Paraíso en Llamas
(Venezuela durante la Guerra de Independencia)
Obertura
La primera estrella fugaz
La Alborada de los Trágicos
Los niños felices
El paseo de los muertos
La óptica del otro
Aprendices de brujos
Los Santos Inocentes
La Niña recién nacida
La isla que nunca fue
La seguna estrella, menos fugaz
La primera Sociedad
La Niña enferma
La otra villa rival
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