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Un verano en Estocolmo o Los sueños de Taube (cuento)
por Eduardo CasanovaSå länge skutan kan gå
så länge hjärtat kan slå
så länge solen den glittrar på böljorna blå
om blott endag eller två…
La orquesta arranca a tocar el vals de Evert Taube como si fuera una obra luminosa de Mozart. Luminosa lo es -mas no de Mozart- en el verano de Estocolmo. Como la voz de Sven-Bertil, el hijo de Taube, elegante, deportivo, obviamente actor, casado cuatro veces, que suele admirarse aún en el espejo a sus setenta y tantos años, y tiene razón, dice el espejo. En la primera fila de la banda, directamente atrás del cantante, hijo y actor, una jovencita muy linda toca el oboe y sigue con la cabeza el ritmo del vals, también con elegancia. Por un brevísimo instante mira, de lado, al director de la banda (¿la orquesta?) que se siente como si estuviera al frente de la Filarmónica de Berlín en un concierto dedicado a Beethoven, Beethoven en su mejor momento. La niña sonríe muy brevemente y escucha apenas la letra de la canción sin siquiera ver la espalda del cantante. Humedece sus labios cada vez que le toca hacer su entrada con el instrumento, que se pierde entre el sonido de los clarinetes, los varios y severos clarinetes que están en la segunda fila, tal como se pierden los acordes del arpa ahogados por los rítmicos trombones. La niña no comprende ni le interesa en realidad lo que canta Taube sobre un bote y La Habana y el Caribe y las olas azules. No le interesa. Sueña con llegar a ser solista bastante más al Sur. O, mejor aún, con encontrarse con su novio para aprovechar sobre la grama lo que queda del verano, que no es mucho. O con viajar por esos mares en el tiempo sin fin que el viejo Taube tanto soñó mientras recorría con su extraña guitarra sueca y su voz gruñona aquellos mares lejanos, poblados por campanas y por alegres canciones. Allá adelante está el público convertido en niebla. Sonrisas y sueños que también habitan el espacio del Skansen, el enorme museo al aire libre con zoológico y aldeas y ciudades y pueblos que en la isla de Djurgården fundó en 1891 Artur Hazelius, que es algo que la niña del oboe ignora mientras con la cabeza y el torso sigue el ritmo del vals de Taube. Vuelve a soñar los sueños de Taube.
Klara jobbet med glans,
gå iland någonstans,
ta en kyss eller två i en yrande dans!
Så länge skutan kan gå,
så länge hjärtat kan slå,
så länge solen den glittrar på böljorna blå.
Taube, el hijo, termina. Termina el vals y el cantante se retira. La orquesta toca una especie de fanfarria que anuncia el próximo número. Es como un circo. Un circo de verano. Taube hijo está contento. Otra vez lo aplaudieron. Y la niña vuelve a soñar los sueños de Taube.
4 comentarios
Un hermoso cuento de nostalgias y deseos que no vienen de la música de Ever Taube sino de sus impulsos juveniles. En el fondo de la sala está el público. en el escenario la joven mujar niña que vive de sueños y de amores.¿Son los mismos sueños de Taube?
Muy buen cuento.
Alejo
Buen cuento, cuando lo termines. Tienes dos personajes ricos per se que se me quedan en el aire, y me vas a perdonar. Obviamente la niña del oboe, instrumento de enorme y delicada belleza que, dicho sea de paso, también se queda en el aire. Un cuento puede ser sólo un instante, y éste lo es. Pero como el instante me gustó, me hubiera gustado algo mas. Por ejemplo (y ni de lejos pretendo enseñarte a escribir) mientras sueña la niña con su oboe, ¿en qué sueña el pomposo cantante? Dos sueños en contraste pueden ser mucha más historia que un sueño en un instante.Muy bonito, pero no entiendo, así apresuradamente, lo de meter frases en ¿sueco?
Alfredo
Alfredo:Gracias por tu participación. Pero el cuento está terminado. Más que terminado y abandonado, como diría Valéry. Un cuento es un instante, es la narración de una situación, en la que el personaje, o los personajes, no tienen mayor importancia y hasta son prescindibles. Eso es lo que lo diferencia de la novela, que es la narración de varias situaciones, en las que lo más importante son los personajes. No es, pues, el largo, lo que diferencia ambos géneros. En mi caso, valoro mucho el lenguaje, sea cuento o sea novela. En cuanto a las frases en sueco, son la letra del vals de Evert Taube, y están ahí para que el que no sepa sueco se las salte. Es un recurso que a veces usaba Borges, por ejemplo.
Saludos.
Esta vez me tocaste, mi querido compañero.Haciendo abstracción del cuento "terminado y olvidado", que por lo demás tiene paisajes evocadores para algunos de nosotros, La Prosa, tal cual fue desgranada letra a letra, para alcanzar la genialidad del escritor cuidadoso del detalle y la armonía, es un verdadero deleite para el apasionado de la estética literaria.
Una vez más, muchas gracias. Por eso tu escribes y yo hago otra cosa.
Recibe el abrazo fraternal de siempre,
Tomás Rodríguez (lector)










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