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« Cuando se miente de verasDe la polémica y de los polemistas »

SEDUCCIÓN (Cuento basado en la obra pictórica NARANJAS Y LIMONES, de Julio Romero de Torre. España)

por Alejo Urdaneta

Cada tarde la ven llegar a la casa señorial, vestida con la sencillez del dependiente pero mostrando en sus oscuros ojos la pasión y el dominio. Trae las macetas de flores con las que adornará la sala recogida en el claroscuro del crepúsculo. Parece que las flores supieran del cansancio de la mujer cuando sube los escalones de la casa. Deja la maceta y pasa luego al desván para cambiarse de ropa y dar inicio a un ritual que cumple a diario, desde que llegó a la casa como asistente en labores domésticas. En el descanso del último peldaño ha visto encendido el fanal que ilumina la entrada principal de la casa y es el anuncio de que el amo y señor la espera.
Se quita el traje raído y cubre su desnudez solamente con una blusa ligera y falda lisa, blanca, que dibuja las caderas firmes y la estrecha cintura. Lleva recogido el cabello en un moño y su rostro se ve apenas entre las sombras. Sólo los ojos brillan en ámbar negro y brillante y se destacan en la tenue penumbra. Ya está preparada y se dirige al jardín del fondo de la casa donde los árboles frutales propagan su aroma por el verde cuadro. Cada día permanece absorta entre la vegetación, aspirando el aroma y tocando con suavidad las frutas que cuelgan de las ramas: naranjas, limones, mangos. Los colores, a esta hora, han disminuido, pero aun así llenan su mirada y los ojos se hacen más brillantes. Su rostro no es dulce, y en la boca se muestra un rictus de poderío.
Recoge algunas naranjas, las más hermosas, y las coloca en un cesto.
En la mujer titila sin cesar una luz interior. Tiene un caleidoscopio de perfume y música en el que estallan los colores de todos los jardines, peces tornasol de ríos exóticos, las estrellas que sólo se ven desde el fondo de un pozo. No se siente ofendida por aparecer subyugada ante los caprichos del señor de la casa. ¿Será que quienes se presentan ásperos y expresan dominio, lo hacen porque no pueden tolerar la idea de pedir, rogar por algo que les puede ser negado? Quizás el amo quiera provocar en la mujer el acto de despojarse de la servidumbre, y si así fuese la recibiría con otro talante que pudiera ser de amor. Ella lo sabe, ya otras mujeres han padecido el falso poderío. Todos los que se inclinaban ante los caprichos del señor sentían que él estaba pidiéndoles una afirmación de su propio dominio. ¿Quién era la víctima?

Sube los tres peldaños que la conducirán a la habitación del dueño de la casa. Lleva la cesta con las naranjas, apretada a su cuerpo, y el rostro se dulcifica un poco cuando se acerca a la puerta. Arregla el moño y la falda. Se detiene y ve a su alrededor: sólo ella está en la estancia. Hace un movimiento del cuerpo y se despoja de la blusa. Senos firmes, redondos como las frutas del jardín. Saca del cesto las naranjas y se expande un suave perfume maduro. Con el hombro empuja la puerta y entra a la habitación dominada por la oscuridad. En el fondo del cuarto está la cama, y hacia allá se dirige con las frutas sostenidas con las dos manos. Se escucha el ronroneo del señor en su profundo sueño, y ella se queda de pie ante la cama, en silencio. En ese estado pasan algunos minutos: ella escucha el gruñido del señor, esperando que despierte.
Repentinamente, la mujer arroja las naranjas sobre la cama, al lado de su señor, y lo toca suavemente en el brazo. El hombre se mueve tratando de incorporarse. Cuando se sienta al borde de la cama, ve entre sombras a la mujer semidesnuda. Tiende las manos para atraerla hacia el lecho, pero la mujer rehúye el gesto. Si el hombre pudiera ver su rostro en este momento, advertiría el mismo rictus de dominio que ha visto en ella otras veces.
Como si la mujer pronunciara alguna palabra, el hombre echado en la cama siente el rechazo. Se levanta tras ella hasta la puerta, pero ya ha salido y baja las escaleras y llega al umbral de la casa. Abre el portón con violencia y sale a la noche.
Desde la ventana, el hombre la ve salir de la casa de piedra gris, la observa cuando desciende los escalones y llega a la calle.

El fanal de la entrada está ahora apagado.

Alejo UrdanetaALEJO URDANETA, excelente cuentista, ensayista de primera línea, poeta, nació en Caracas en agosto de 1944. Abogado, estudió en la Universidad Central de Venezuela e hizo un post-grado en La Sorbona, en París, en Derecho Internacional y Mercantil.

 

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6 comentarios

Comentario De: CORAL ARENAS [Visitante]
Este cuento, Alejo, es de una potencia enorme.
Con gran tino mezclas senos y frutas, como sabiendo que los olores cítricos son los que más excitan a los hombres. Las mujeres buscamos aromas suaves y florales. Usas naranjas, como para completar la imagen de la diosa egipcia Isis, con múltiples senos, símbolos de fertilidad y nutrición. Es también la connotación de la sexualidad de la diosa madre, como la Venus esteatopigia, que habla de lo materno, lo oculto, lo sombrío, lo que seduce y envenena. En Roma la “Gran Ramera” es Fortuna (Venus). La diosa madre pagana (la “Gran Ramera”) también con sus senos al aire, habla de la fecundidad. Curiosamente, la diosa lleva en su cabellera una figura irregular(¿el símbolo de la Torre de Babel, en la que se desaparece la palabra, como ocurre en la damisela del cuento de Alejo, en donde lo que priva es lo dicho por los ojos y la pasión o el olímpico desprecio que de ellos emana. La luz del fanal la ilumina en esta labor diaria, que a ella no le brinda placer.
Es una diosa que embruja al hombre a quien seduce, pero que al final se va, dejando abierto el círculo, “castigándolo”.
La Puta Sagrada, representada por la mujer de este cuento, se niega a la aproximación física. Se niega a yacer con el viejo. He ahí su poderío. Es ella la que controla qué se hace o se deja de hacer. Ella no es la víctima y ello le permite manejar a su antojo al viejo. Ella es la que porta elementos que recuerdan a la vida al que ya está en penumbras, durmiendo por no poder estar viviendo. La palabra no hace falta. Sus gestos y su cuerpo hablan por ella.. La imagen que inspiró al cuento de Alejo Urdaneta (“Naranjas y limones” de Julio Romero de Torre) no puede ser más sensual, más provocativa, ni más seductora: senos al aire y falda de tela muy suave, que marca de manera más que obvia el triángulo púbico. Ella engendra la Puta Sagrada, que da ciertos placeres, pero SIN BESAR al que es sujeto receptor de su fortísima seducción y provocación.
Un día entrevisté a una hetaira y a mi pregunta de “¿Alguna vez te ha sucedido el enamorarte de un cliente ?”, ella dio una respuesta que aún me hace temblar: “A nosotras no nos dan dinero por lo hacemos en la cama. NOS PAGAN PARA QUE NOS VAYAMOS EN SILENCIO”.

El cuento de Alejo, repito, es fortísimo, pero, dibujado con sus letras, puede hasta parecer dulce. Habla de Hécate, ese costado perverso que tenemos todas las mujeres, que ENCANTA (para seducir y regalar placer), pero también puede ser la bruja que hipnotiza, hechiza y fascina, para frustrar y dañar a su víctima..

¡ Felicitaciones, Alejo !. Logras ennoblecer y sacar belleza de eventos que, sin tu pluma exquisita, podrían resultar incluso sórdidos y perversos.
06/08/2009 @ 11:48
Comentario De: Manuela [Visitante] · http://poesiacarrion.blogspot.com
Este relato lo difiniría con pocas palabras "Sublime" y "Excelente" y curioso lo que puede inspirar un cuadro, seguramente pintado en el estudio del artista, me pregunto, ¿si Julio Romero de Torres le hubiera dado esa versión crítica como relato?, a veces la imaginación nos lleva muy lejos, pero la realidad siempre rompe esta imaginación, todo lo que se cuente sobre esta obra será para enriquecer su contenido. Siendo servidora del lugar de nacimiento del artista, mira más lejos en el transfondo de la modelo, conociendo como conozco de donde salieron la mayoría de las modelos de Julio Romero. Mi querido amigo Alejo, tu pluma ilustre enriqueció el contenido, un abrazo. Manuela.
06/08/2009 @ 13:40
Comentario De: GONZALO PALACIOS GALINDO [Visitante]
Alejo;
El arquitecto Ludwig Mies Van Der Rohe nos lo recordó el siglo pasado: Menos es más. No creo que el axioma se aplique a tu cuento: quiero más…Gonzalo Palacios G.
06/08/2009 @ 19:57
Hola Alejo amigo me gusto tu relato, es bastante interesante el cuento muy seductor, con cariño
Un beso
Iven
06/08/2009 @ 23:30
Comentario De: Agustín Quevedo Martín [Visitante]
Con la música de fondo del bellísimo lienzo de Julio Romero de Torres, Alejo ha diseñado este hermoso cuento que impacta por su colorido literario y su profundidad sentimental. Un abrazo,
Agustín
07/08/2009 @ 10:50
Comentario De: Lil Smith [Visitante] · http://amosermujer.blogspot.com/
Es maravilloso lo que puede surgir cuando se entretejen recuerdos a partir de una imagen. Imagen que se nos fija en la retina y viaja a través de todos nuestros sentidos y nuestras vivencias propias y nuestros deseos ocultos para dar origen a tan sublime cuento

Mil gracias
16/08/2009 @ 14:03

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