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LA NOCHE DE VICENTE
por Alberto Hernández
1.-
Aquí comienza la noche.
Una lámpara vacía de luz determina los pasos de Vicente Gerbasi
en el destino de su padre
barco anclado en Canoabo.
Aquí comienza la noche a desvestirse.
Aquí la noche inventa sus poemas.
A darse selva eterna en los cuidos finiseculares
en los tiempos
y piedras gastadas por todos los caminos andados.
El hombre siempre solo, con su mirada suya
en el largo sueño metafísico:
Vicente toma el paraguas y bajo el sol conquista
los relámpagos
anida gavilanes en sus ojos perdidos.
Lamenta con cuidado la orilla de su río.
La noche ha comenzado y será la más larga.
2.-
Consuelo Orta, ¿dónde estás?
Tienes visita.
Ahí llega un caballero que viene de muy lejos.
Agotado
Viene lleno de brisas,
el pelo alborotado y con el amor fuera de todas
sus edades.
Consuelo Orta, ha llegado Vicente.
Ya Caracas no es aquel día.
Aquel que con Eduardo, Natalia, Vicente, Consuelo, el yerno nórdico
y todos los pájaros atentos en las ventanas
aprovechando helechos
rosas y frescos de palabras.
Oyendo el poema y las zarandas que los niños
pequeños leían en los ojos del poeta
aquel día como a las seis de la tarde.
Y Consuelo, alarmada y feliz, sentada a mi lado
con su mano generosa puesta en uno de mis hombros
y la tarde moría en el amarillo inocente
de los primeros sorbos.
3.-
Aquí está la noche, cansada.
Aquí, Vicente Gerbasi, silbando unos poemas.
El río Capa en sus ojos y un leopardo cercano espera la caricia.
A la puerta de la casa
en la bodega
la vela de aquel santo y el padre con la Biblia y los clásicos rusos.
Los caballos salpican las calles de viejos fuegos fatuos
el gallo pierde el tono en medio de las sombras.
Vicente pide agua y lo llevan al pan donde el padre señala
la luz de la ventana: el paisaje se abre y señala los signos
de las bestias perdidas.
Aquí está en la noche, sin camisa.
Las cajas, quesos, papelones, ratones filosóficos y granos merecidos
para la boca diestra. El muchacho desteje la mazorca
y sienta su perfil en la sombra recién llegada.
La noche hace silencio y vuelve lentamente a la página
que el padre marca para otra lectura.
La noche pierde el tino.
4.-
La casa de Vicente revisa sus retratos
carteles, platillos de adornos, sillas y canciones
las raciones del mimbre.
La naturaleza muerta de un busto.
Las botellas regresan triunfales al balcón donde la noche nueva
la de ahora
cae suavemente sobre una ebriedad develada por el silencio.
Por el poema suelto, alocado.
Vicente lee con voz de piedra y mira hacia la calle
donde la madrugada comienza a contar sus horas.
Ha llegado el momento de borrar el río.
Entonces caminamos hacia la puerta.
Consuelo lleva mi cintura en su brazo.
Vicente avanza y deja en mi mejilla el beso para siempre.
La puerta se cierra y volvemos a un mundo
que no nos pertenece.
Es otra la noche.
Enero de 1993.
ALBERTO HERNÁNDEZ - Poeta, narrador y periodista. Egresado del Pedagógico de Maracay, realizó estudios de postgrado en la Universidad Simón Bolívar en Literatura Latinoamericana. Fundador de la revista literaria Umbra, es colaborador de revistas y periódicos nacionales y extranjeros.
4 comentarios
Eduardo: Gracias por publicar el merecido tributo a Vicente Gerbasi por ese otro gran escritor, Alberto Hernandez. Gonzalo Palacios G.
Eduardo, gracias a tí y a Alberto Hernández por este bello poema escrito al fragor de la partida de Vicente.
Gracias querido poeta y amigo Alberto Hernández, por traer a nuestra memoria a Vicente Gerbasi en este poema magnífico.










ALBERTO HERNÁNDEZ - Poeta, narrador y periodista. Egresado del Pedagógico de Maracay, realizó estudios de postgrado en la Universidad Simón Bolívar en Literatura Latinoamericana. Fundador de la revista literaria Umbra, es colaborador de revistas y periódicos nacionales y extranjeros.
Realmente conmovido
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