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Terminaba el mes de octubre de 1958 cuando en la casa de Rafael Caldera, en La Campiña, se firmó el llamado Pacto de Punto Fijo, llamado así por el nombre de la casa en donde se firmó. Fue la culminación de una serie de conversaciones alentadas en especial por Rómulo Betancourt en busca de la gobernabilidad para Venezuela después de las elecciones que serían en diciembre de ese mismo año. Antes, un grupo de venezolanos ilustrísimos, entre quienes destacaban Isaac J. Pardo, Elías Toro, Martín Vegas y Manuel Rafael Rivero, agrupados en una especie de Club político que llamaron Integración Republicana trató por todos los caminos de la sensatez de lograr que AD, URD y Copei se unieran en una sola candidatura para evitar que el país democrático se dividiera y permitiera el establecimiento de una nueva dictadura. No fue posible porque Copei se empeñó en lanzar a Rafael Caldera, en vista de lo cual URD optó por proponer, con su buena dosis de demagogia, la candidatura del Presidente de la Junta, Wolfgang Larrazábal, que se había hecho muy popular por su estilo algo chabacano y por el “Plan de Emergencia” que permitió que miles de desempleados recibieran apoyo, casi limosnas. En vista de esa realidad, AD lanzó como candidato a Rómulo Betancourt, que había regresado del exilio curado de espantos y con una visión mucho más realista y prudente del país, y que fue el que ganó las elecciones del 58. El Pacto de Punto Fijo le permitió gobernar con apoyo y eficiencia, a pesar de que desde la extrema derecha y la extrema izquierda se le lanzaron ataques despiadados, y hasta un terrible atentado que causó la muerte de su edecán y al propio Presidente Betancourt lo dejó herido. En ese lapso en el que gracias al Pacto de Punto Fijo Venezuela fue gobernable, una de las cosas que hay que reconocer es que Betancourt entendió que las hegemonías son muy peligrosas, y, por eso, alentó el crecimiento de Caldera, en una sabia búsqueda de competencia que permitiese a los venezolanos manifestarse políticamente según sus tendencias. Para hablar en propiedad de los cuarenta años de democracia, debemos empezar por aceptar que tanto Rómulo Betancourt como Rafael Caldera y todos los que dirigieron el país entre 1958 y 1999, con sus aciertos y sus errores, deben quedar en nuestra historia como hombres políticos, quizá apasionados, sí, pero, sobre todo, seres humanos que tienen quienes los quieren en lo personal, hijos, nietos, sobrinos, amigos, y eso, por encima de todo, hay que respetarlo. Ninguno de ellos es héroe ni padre de la patria, sino un ser humano con virtudes y defectos. Se dedicaron a la política y tuvieron éxitos, pero también fracasos, y tratar de endiosarlos, de convertirlos en superhéroes no es más que un solemne disparate. Venezuela, con alzas y bajos, funcionó, fue una verdadera democracia, no perfecta, pero sí razonable. A mitad de camino empezaron los ataques irracionales contra el “puntofijismo”, y esa fue, en buena parte, la causa de que la mayoría del pueblo, también irracionalmente, atacara a los partidos y alentara el crecimiento de ese cáncer espantoso que es el actual gobierno, el peor de la historia de Venezuela. Y, si queremos que el país sobreviva, hay que entender que necesitamos, con urgencia, algo parecido al Pacto de Punto Fijo. Lo demás es suicidio.
Cien por ciento de acuerdo Eduardo con tu razonamiento
Eduardo:
No cabe duda amigo Casanova que Betancourt aprendió de los errores que el sectarismo causó en el trienio (1945-1947). Es cierto que un pacto de esa naturaleza era necesario para no caer en el suicidio. En lo que es dificil estar de acuerdo es en el hecho de que por culpa de los enemigos del Puntofijismo se produjo la calmitosa situación actual. Esta pesadilla provino de lo indolencia-corrupción producida en al menos 15 de los últimos años previos al advenimiento de Chávez. Precisamente muchos de los politicos opositores no transmiten la sensación de haber aprendido la lección, de alli su baja figuración en cualquier encuesta.¡Ese es parte de nuestro drama como nación! 
Amigo Medina: Lo que usted afirma coincide plenamente con mi planteamiento. Si revisamos la historia nos encontramos con que en los quince años previos a la llegada de quienes hoy dañan el país, prácticamente se rechazó como algo horrible el "puntofijismo", y ese rechazo no fue sólo por parte de la izquierda, sino por parte de una mayoría de los copeyanos ¡y de los adecos!, especialmente de los que Gonzalo Barrios llamó "adecos chiquitos", que desnutralizaton la democracia y la llevaron por caminos equivocados. Esa falta de consciencia, esa falta de sindéresis, es en buena parte ño que causó el desastre. Y lo grave es que subsiste, por eso hay que combatirlas, de tratar de que en especial los jóvenes se den cuenta de la realidad: Sin unidad no hay porvenir. Gracias a todos por sus intervenciones.
Amigo Casanova: Tienen sobrada razón sus palabras. La falta de Consciencia es un virus mortal, que espero pueda combatirse con libros como el suyo sobre el Maestro Vegas. Felicitaciones. Esa colección de EL NACIONAL, en verdad ha puesto frente al país una serie de personajes (Gumersindo Torres, Briceño Iragorry, De Venanzi, Picón Salas, Eduardo Frías, Isaac J. Pardo etc)que nos pueden brindar mucha luz y sabiduria en esta terrible oscurana que atravesamos.
Gracias, muchas gracias, amigo Medina. Tanto debo como ser humano al Dr. Rafael Vegas, que he querido mostrar al mundo su inmenso perfil, con la esperanza de que mucha gente aprenda y siga su rumbo, como yo he tratado de hacerlo siempre, desde que me hizo salir de un camino que podía conducir al error. Ojalá logre algo.
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