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Una pifia inexplicable
por Eduardo CasanovaEl gobierno de Chávez, que en materia de cultura no había hecho hasta ahora sino meter la pata, hizo algo que debería haberse hecho desde hace cien años: declaró bienes de interés cultural casas y edificios de real interés histórico y arquitectónico, para tratar de evitar su destrucción. Por no haberse hecho antes, Caracas perdió la casa en donde vivió Miranda, la casa en donde nació y vivió Andrés Bello, el Colegio Chávez y decenas de casas coloniales que deberían existir hasta por razones turísticas. Uno de los casos más lamentables es la verdadera casa de Simón Bolívar, la casa en la que vivió con su esposa, la casa en donde recibió a Miranda cuando lo invitó a regresar a Venezuela, la casa en la que se alojó en 1827, la última vez que estuvo en Caracas, que fue comprada por un italiano, tumbada a picotazos y sustituida por un adefesio en plena esquina de Las Gradillas. La casa natal de Bolívar es un caso parecido, pero por lo menos no se construyó en su lugar un adefesio, sino una casa que mete el gatazo, y si a la gente no se le explica que lo que hoy llamamos Casa Natal es un edificio construido en el primer tercio del Siglo XX en donde estuvo la verdadera casa que era de los Bolívar al nacer el niño Simón, todo el que la visita cree que es la original, que se destruyó por culpa, entre otros, de Antonio Guzmán Blanco, que siendo su propietario la alquiló para almacén y no le prestó la más mínima atención a pesar de proclamarse sumo sacerdote del culto a Bolívar. Recientemente se tumbaron varias obras de Manuel Mujica Millán, entre ellas su propia casa en Campo Alegre, con lo cual hubo algo de justicia divina, pues Mujica Millán deformó, con muy buena voluntad pero poca escuela, varios edificios históricos en Caracas (entre ellos el Panteón) y en Mérida (en donde, por cierto, se conservan muchos edificios históricos, como debe ser, aun cuando Mujica acabó, por ejemplo, con la ULA original y con el sitio en donde Bolívar fue proclamado Libertador), pero, aún así, no ha debido permitirse la destrucción de sus obras, y por no haber una ley como la que acaba de ser aprobada, que es una de las pocas cosas buenas que ha hecho el régimen chavista, terminaron derribadas por la picota mercantilista. Por eso es inexplicable la pifia de la oposición democrática al condenar sin estudiar la medida. Sobre todo de parte de abogados que en otras materias son excelentes, pero que en esto de arquitectura e historia, tienen mucho que aprender. Y es tonto que se desperdicien energías en condenar lo que debe aprobarse, porque la democracia puede tener muchos defectos, pero debe hacerse un esfuerzo especial por lograr que sea objetiva, para que se diferencie de la antidemocracia, que es sectaria, injusta y enemiga de la verdad.
1 comentario
Ud podrà ser muy culto, pero, porquè se meten ò mejor se entrometen en las actividades del presidente, debe ser que ud no ha vuelto la mirada hacia atràs y podrà detectar las anomalias en cuanto a cultura y espacios fisicos històricos. Por favor ubiquese. Uds hasta sueñan con el presidente, haga lo suyo y listo y no critique tanto.










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