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Alejo Urdaneta, el escritor
por Eduardo CasanovaEn un texto previo hablé de la pasión literaria de Alejo Urdaneta (Caracas, 1944), que sorprende en pleno siglo XXI, cuando Venezuela parece haber perdido el rumbo y los venezolanos, ante el mundo, no son otra cosa que o nuevos ricos petroleros o pobres resentidos, incapaces de nada profundo. La realidad es otra: el petróleo, la falsa riqueza del petróleo, le ha hecho un daño inmenso a Venezuela y a los venezolanos, y la imagen del país y de sus habitantes está deformada y es ajena a lo real. Lo real es que en Venezuela hay nuevos ricos que no sirven para nada, y también hay pobres que no tienen, no han tenido, la más mínima oportunidad de crecer, pero hay también, como en todo país, gentes de bien, que se desarrollan, que aportan mucho a su sociedad.
Uno de ellos es Alejo Urdaneta, el escritor, que habiendo podido conformarse con ser un abogado que gana y pierde causas y que puede hacer buen dinero ganando y perdiendo causas, se ha dedicado a enriquecer el patrimonio de todos los venezolanos con sus trabajos literarios, y para ello se ha dedicado no sólo a escribir, sino a leer, a estudiar, a cultivarse, hasta ser uno de los venezolanos más cultos de nuestro tiempo. Eso lo apreció, por ejemplo, Arturo Uslar Pietri (que quedó gratamente sorprendido al leer el cuento “La Tebaida”, de Urdaneta, que no sólo combina teatro y narrativa sino que tiene un manejo exquisito del ambiente), y lo apreciamos especialmente todos los que solemos conversar con Alejo, compartir su buen gusto musical y literario, que es grande como una cordillera, o simplemente compartir ratos de buen humor y buenas copas, en los que se recorre el universo de punta a punta y algo más. Y buena parte de esa cultura ha aflorado en su obra literaria. Inicialmente en sus cuentos, y luego en sus ensayos.
Entre sus cuentos uno de los que más me llama la atención es “El despojo”, premiado en su momento en un importante concurso del país y publicado inicialmente en el Papel Literario del diario El Nacional, un cuento que puede confundir a un lector no avezado y ubicarlo en la corriente superada del criollismo literario, pero que en realidad es un muy elaborado relato que se apoya, como los ensayos de Urdaneta, en una cultura sólida y vastísima, no sólo humanística, sino jurídica (en este caso). “Despaciosa y certera la mano de Pedro Burguillo. Afilado el machete, vuela entre la maraña de mosquitos para trozar la maleza, o para desbrozar el matorral y permitir que la cosecha sea buena. Así se lo ha dicho Andrés Díaz: que la limpieza sea completa y pueda justificar el salario que le paga generosamente (Hazlo así, Pedro Burguillo. Con precisión y firmeza. Al término de cada semana tendrás la paga. Limpia bien, Pedro Burguillo; que no quede matorral ni zarza). El brote es rebelde y hace sudar a Pedro Burguillo…” Así empieza “El despojo”, como si se tratara de una trama ruralista, que es lo que podría inducir a la confusión inicial del lector desprevenido. Pero en realidad es una trama compleja en la que se enfrentan y compiten tres astucias, la del dueño del terreno, la del funcionario judicial y la de Pedro Burguillo, el campesino, que bien podría vencer a los tres y quedarse con la propiedad. Sin embargo, en narrativa más importante que el tema es el lenguaje, y en este caso, Urdaneta maneja el lenguaje literario como pocos: “Suena un silbido que alerta la hojarasca y pronuncia perfiles de extraña tensión en el ánimo del rustico atador de brozas. Lo escucha y advierte el sentido que exhala el llamado…” Hay allí poesía, estructura, un excelente manejo de la palabra que nada tiene que ver con corrientes ya superadas. “Se hace pájaro Pedro Burguillo con otro silbido, el suyo más agudo, más de tierra. (No te distraigas en la labor, Pedro Burguillo. Este terreno debe estar listo para el banqueo y debes terminar de segar y limpiar. Recoge la gavilla y quémala, Pedro Burguillo, pero no te entretengas. Pronto tendremos lluvia, largo invierno). El murmullo de la tarde ya avanzada no permite saber si el silbido de los gruesos labios es de hombre o animal”. Bien podría decirse que en este cuento se conjugan dos de las corrientes que el autor maneja con toda propiedad: la literatura y el derecho: “No se pudo constatar el despojo. No procede la aplicación del interdicto". Es posible que el Juez esté desilusionado y la tierra que Pedro Burguillo cultiva con tanto esfuerzo siga en la posesión de Andrés Díaz. Podría también ser posible que él mismo, en la labor de banqueo y en la quema de la gavilla de brozas, atraiga más cada vez hacia si mismo el amor de la tierra; que a la tierra él la fecunde para que sea suya. (Yo no tengo tiempo para ocuparme de mi heredad; por eso te la he encomendado, Pedro Burguillo. Cuídamela bien). Podría morir Andrés Díaz y no existir más esa persona a quien el Juez llama “el poseedor legitimo". Debe estar él, sólo él, arropado con la maleza, con la fibra de su mano tendida sobre el machete certero”. Y, sin embargo, no es un cuento-ensayo, sino un cuento puro. Es la narración de esa situación en la que tres fuerzas se encuentran y sólo una vencerá. Y lo más importante: es un tema urbano que se desarrolla en un medio rural. Por encima de todo, es un cuento con un peso específico nada común, que nos revela la gran calidad de Alejo Urdaneta como cuentista.
Otro texto que da luces sobre la cuentística de Urdaneta es “Florencia Niña” (Cuento alegórico en dos tiempos, dos espacios), en donde el autor, también con un lenguaje poético, lleva al lector, en efecto, por dos espacio y dos tiempos abiertamente contrastantes, pero lo mantiene dentro de una sola situación. El texto se inicia con la ubicación del personaje dual, con las siguientes pinceladas: “Escuchabas en la cocina de la pobre vivienda la salmodia del agua en el fregadero. Con delantal y cofia percudida, la mujer, madre y patrona, repite el consejo y la orden que advierten del escarmiento y la estrechez, el inútil arrepentimiento por la pobreza no aceptada. Junto a los panes que ayudas a moldear, extendidos en el fogón, se confunden la ternura y la amenaza”. Es un ambiente de pobreza, pero pintado con tal maestría que no hay nada sórdido en él. Lo que hay es poesía, atmósfera, buena literatura y, de nuevo, una gran capacidad para plasmar varias realidades superpuestas que pueden engañar al lector. Pero de repente, con un recurso cinematográfico, el lector ya no está en el ambiente sórdido de un barrio pobre, sino en una de las ciudades más bellas del mundo, que durante siglos ha sido el centro del humanismo: “Al salir y cerrar la puerta de la cocina, estás en Florencia, en un cuartucho desde donde ves el Baptisterio y la Galería, los enigmas de Medusa desmembrada por Perseo, la fuente limpia tan diferente de la que adorna el patio de la casa. Y entras en la plaza del color del pan que llevarás ahora al mercader para venderlo como tus recuerdos perdidos en el polvillo con que dibujaste a Florencia niña, Florencia puente. Después, las monedas echadas con indiferencia, recibidas para llevarlas a la madre y patrona que reprende y prepara de nuevo el manjar desabrido que habrá de servirte en el refectorio de oración y recogimiento”. El elemento pobreza subsiste, pero ahora se mezcla con la más importante de las riquezas: la espiritual. Allí está el Arno, el Baptisterio, los puentes y, sobre todo, Beatriz, la amada del Dante, que es la poesía, todo en un espacio en el que el nombre Florencia lo determina todo. Todo es onírico, el lector, llevado de la mano con suavidad por el poeta, por la reencarnación de Virgilio, vuelve a recorrer los espacios de la “Comedia” dantina, sólo que no se despega de la cocina humilde, de las paredes manchadas, de la plancha, del espacio en donde manipula la harina para dibujar a Florencia niña, “para que te acompañe con destino al mercader de los panes. Presientes que no serán rezos ni admoniciones lo que escucharás, sino voces dichas por labios que expresan deseo, apremio, y finalmente aceptación. Y todos los murmullos y campanas quedan lejos y sólo es Florencia niña que tiende un puente sobre el Arno”. Es la imaginación, la poesía, la que en realidad entra por los ojos del lector, que de repente vuelve a la realidad: “…y así el fogón y el refectorio se alejaron del ambiente para llevarte con Florencia al cuartucho desde cuya ventana no verán, el Baptisterio sino un fondo de techos de zinc oscurecidos de tempestad, trepidantes de viento y atardecer. El rugido de las aguas llega a oídos de Florencia niña, y ella se deja llevar por torrentes que arrastran perseos de lodo, reyes de cal, medallas desgastadas. La inundación del río llegó hasta Florencia puente, hasta el lecho que han destendido, y los anega de furiosas emociones”. Es la realidad la que se impone: la bella ciudad, el centro del mundo, sufrió la calamidad de las aguas, y la niña sufre la calamidad de su vida: “…del peso de la miseria con el aroma de mies y levadura”. Es la palabra lo que cuenta: Florencia es un nombre propio, nombre de la ciudad más bella del mundo, nombre de la joven que padece su realidad y escapa de ella en sueños. Nombre que lleva al lector, al mismo que alguna vez pudo ser llevado por Virgilio y por Dante a los espacios más sublimes, a los espacios de un cuento que también es poesía pura.
La poesía de Alejo Urdaneta, aún dispersa, es también digna de estudio. Refleja no sólo su lirismo, sino su capacidad de síntesis que es, al fin y al cabo, uno de los elementos realmente fundamentales de la poesía actual. Pero hoy no voy a tocar ese aspecto de la obra de Urdaneta. Como tampoco puedo referirme en propiedad a su ensayística, que requeriría un libro y no unas pocas páginas. Porque en ese campo Alejo Urdaneta ha logrado en plenitud lo que debe ser la meta de todo ensayista: brevedad, profundidad y poiesis. “El Arte: una apreciación personal”, publicada por Editorial Actum en el 2006, es un libro de apenas 130 páginas cuyo contenido bien podría llenar uno de 1.000 páginas. Pero el poder de síntesis, el ir al grano sin adornos innecesarios, el llamar las cosas por su nombre y evitar regodeos innecesarios, de esos que suelen alimentar la autoestima del autor pero no en ansia de conocer del lector, son algunos de los factores que hacen de ese ensayo un libro magnífico, en el que los ojos y entendimiento del lector se pasean por la historia, por la estética y por la esencia del Arte, que es una de las realidades que convierten al ser humano en ser humano, diferente al resto de las criaturas del Universo, tal como el lenguaje, que es el tema del otro libro fundamental de Urdaneta, “Forma e intenciones del lenguaje” (Ediciones Giluz, 2009, con prólogo del Académico Francisco Javier Pérez), un tomo de apenas 92 páginas de apretada e intensa prosa cargada de poiesis y de una erudición que en ningún momento se hace pesada. Por el contrario, recorrer su espacio es recorrer una geografía maravillosa y enriquecedora. Acierta sin duda el prologuista al afirmar que “…por la gracia divina del poeta y por los muchos aciertos del ensayista glorificador, que los dioses buenos inventaron el lenguaje para crear un mundo mejor; aquél en donde reine el arte de amar, en donde la palabra benéfica actúe y en donde esplendorosamente brille la luz de la vida”.
Esa “gracia divina del poeta”, ese “arte de amar”, y ese brillo de la luz de la vida, son los verdaderos alientos vitales de Alejo Urdaneta, el escritor.
6 comentarios
Alejo es uno de los escritores que más admiro. Con una perfecta línea de raciocinio en sus escritos.
Felicitaciones Alejo!
Gracias Eduardo!
Sandra Galante.
Celebro a Venezuela y a sus hijos predilectos como Alejo Urdaneta. es cierto que cuando se realiza un analisis de la situacion social y politica del pais, este pareciera que ha perdido el rumbo, pero no hay que engañarse. En venezuela hay grandes hombres y mujeres que desde su espacio abren un abanico de posibilidades en sus acciones o productos culturales. Conozco a Alejo y parte de su obra y coincido con el autor de esta nota, de que es uno de los escritores venezolanos mas cultos y cuyo vuelo literario alcanza un nivel extraordinario. Su lirica, tambien es magnifica, con elementos y recursos bien cuidados, en una postura estetica, vital y filosofica que se hacen eco de su espiritu humanistico. La obra de todo un maestro que todavia espera ser descubierta y celebrada como solo Urdaneta se lo merece. ¡¡¡Felicitaciones !!!
Alejo, mi querido amigo, te mereces todo el homenaje que te dan tus amigos Literarios, reconociendo tu gran labor y tu amabilidad, muchas felicidades de tu amiga Ivenbesos cariñoso.
"A mal tiempo buena cara", reza el refrán castizo, y viene a ser la tónica utilizada por nuestro esforzado polígrafo Alejo, quien, impasible al desaliento ante los vientos que corren, prosigue sembrando sus excelencias literarias en esta fértil tierra bendita de Dios. Un abrazo,Agustín Quevedo
Mientras existan escritores como Alejo Urdaneta y Eduardo Casanova, excelentes en la escritura y en la ética, seguimos teniendo un país por el que merece la pena continuar luchando.
Cada día. querido Eduardo, me sorprenden más y me cautivan los textos de Alejo Urdaneta. Escritores de alta talla: Eduardo Casanova y Alejo Urdaneta, grandes en la literatura hispanoamericana.










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