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Infantilismo
por Eduardo Casanova
Magnus Hirschfeld (1868-1935) fue un médico sexólogo alemán de origen judío que estudió a fondo, entre otros temas, la homosexualidad y el infantilismo. Definió el infantilismo psíquico como la conservación en un adulto del modo de ser mental de un niño, que puede manifestarse en ciertas ocurrencias que revelarían un cierto grado de debilidad mental. Una de sus características es la afición desmedida por los juegos militares y por los uniformes. Y también se notaría en ciertas conductas que llegan a ser crueles, y que en los niños suelen pasar por maldades inocentes. Leyendo sobre esas opiniones de Hirschfeld no pude menos que recordar que a los doce o trece años yo hasta escribí en un cuaderno algunos sueños e ideas, netamente infantiles. En el velorio de mi tía Santos Emilia Sucre, en diciembre de 1954, aún conservaba el cuaderno, y mi primo hermano Emilio Pittier Sucre, que me lleva unos once años, lo vio y no pudo menos que reírse de mis tonterías. Por eso lo tiré a la basura de inmediato. Lo había conservado por nostalgia, pero me dio vergüenza que alguien se enterara de aquellas tonterías que, gracias al tiempo y a la influencia de mi maestro, Rafael Vegas, se habían ido por completo de mi mente. Entre ellas estaba la creación de un gran partido bolivariano, que lograría la reunión de la Gran Colombia y, ¿por qué no? la unión de toda la antigua América española en una sola gran nación. Y también la eliminación del dinero, porque el capitalismo era deleznable, y la eliminación de las diferencias de clases (Augusto Márquez Cañizales, esposo de mi prima Julia Brandt y padre de mi mejor amigo, Federico Márquez Brandt, me sorprendió un día al decirme que lo que yo planteaba era nada menos que comunismo, versión kindergarterina), y otras necedades dignas de un niño de doce o trece años, pero que cualquier persona con algo más de madurez tenía que dejar atrás, como yo las dejé al crecer. Pero hoy me doy cuenta de que hay quienes no las han dejado, y siguen siendo niños, pero niños perversos, capaces de mentir sin la más mínima vergüenza, y de matar pájaros por el solo placer de matar pájaros. Por desgracia para Venezuela, a uno de esos sujetos lo elegimos nada menos que Presidente de la República, y con su infantilismo y su ignorancia, combinados con la inmoralidad de sus colaboradores, las famosas focas que aplauden y cobran, ha destruido prácticamente al país. ¿Cuánto más tardará la sociedad en entenderlo y expulsarlo del sitio en el que nunca debió estar? Rafael Vegas, a su debido tiempo, podría haberlo ubicado en el Instituto de Pre-Orientación de Menores y le habría aplicado los uno de los puntos de su famoso Plan Vegas: “Si se trata de un deficitario ineducable, de un psicópata, o de psicótico: será trasladado a un Sanatorio Psiquiátrico Infantil”. Pero ya es tarde. Ya le ha hecho un daño irreparable a Venezuela.










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