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El Agachadito
por Eduardo CasanovaEl Paraíso Burlado
(Venezuela desde 1498 hasta 2008)
III
El Paraíso Desperdiciado
(Venezuela después de la Independencia)
El Agachadito
Si algo se puede decir del primer gobierno de Joaquín Crespo, es que casi todo lo hizo agachado. Quizá porque su carrera militar se inició como soldado a las órdenes de José de Jesús González, El Agachado, el famoso jefe guerrillero que a fuerza de decirle a su tropa que avanzaran “agachaditos” se ganó ese curioso apodo.
Joaquín Crespo, de origen humilde, nació en San Francisco de Cara, al Sur-Sureste de Camatagua, en donde empiezan los Llanos y al Sur del estado Aragua. Era hijo de Leandro Crespo y Aquilina Torres y su fecha de nacimiento es el 22 de agosto de 1841. Su padre era curandero y fue el inventor de una pócima muy conocida que llamaban la Tacamajaca ‘e Ño Leandro, que con el tiempo entró al habla popular como sinónimo de persona o cosa exitosa en cualquier actividad. Al hijo del curandero, muy niño, se lo llevaron a Parapara, población más importante que la que lo vio nacer y que queda también en el borde de los Llanos, un pueblo colonial fundado en el siglo XVIII como centro agrícola y paso a los Llanos. Tal como Ortiz, población a la que está muy ligada, por el paludismo y las guerras civiles fue perdiendo importancia hasta casi desaparecer. Allí aprendió las primeras letras y de allí salió, como simple soldado raso, en las huestes del Agachado en marzo de 1858. Año y medio después era cabo. En marzo de 1860, sargento, y en 1861 llegaba a oficial (segundo comandante), en 1862 a primer comandante, en 1863 a coronel, en 1864 a general de brigada, a los veintidós años de edad. Nada mal para un muchacho que apenas cincuenta años antes se habría visto despreciado y arrinconado por su humilde origen social. Y poco después de cumplir los veintitrés, aquel niño prodigio de las armas se casó en Parapara con la hoy famosa misia Jacinta (Jacinta Parejo), que también tenía algo de prematura, pues apenas tenía dieciséis años cuando se casó con el general Saturnino Silva, dieciocho cuando enviudó y diecinueve cuando se casó en segundas nupcias con el también general Joaquín Crespo.
La carrera política de aquel niño prodigio se inició formalmente en 1864, también a los veintitrés años, cuando fue electo diputado a la asamblea legislativa de Guárico y, poco después, diputado nacional por Guárico para el período 1865-1868. Luego volverá a las armas en las fuerzas de Guzmán Blanco, contra los Monagas, y es allí donde empieza la relación entre ambos jefes, el audaz abogado que se ha hecho militar y tiene cuarenta y un años, y Joaquín Crespo, el soldado raso que llegó a general en una carrera meteórica y tiene apenas veintinueve años. El soldado se convierte a los treinta en jefe civil y militar del Guárico, a los treinta tres en Presidente del estado Guárico y a los treinta y cinco en ministro de Guerra y Marina, que era ya, definitivamente, ser satélite del planeta dominante, al extremo de quedar como encargado de la presidencia tres veces: en septiembre del 76, en diciembre del 76 y en abril del 77. Cuando se inicia el movimiento “Reivindicador”, que busca el retorno de Guzmán es Crespo uno de sus más connotados dirigentes, y en 1880 el jefe civil y militar del territorio federal Maracay y en 1882, ya a los cuarenta y un años, es presidente del estado Guzmán Blanco y está listo para ser el sucesor del Ilustre Americano, que no sólo no oculta su preferencia por él sino que lo impone a los otros candidatos que eran lo que hoy llamamos “simbólicos” (Juan Pablo Rojas Paúl y Venancio Pulgar). La elección por parte del Consejo Federal se hizo por unanimidad.
Y aquel hombretón bien plantado, de quien la cronista Carmen Clemente Travieso, en Las Esquinas de Caracas (3a. Edición, Caracas, Venezuela, 1973), al hablar de la Casa Amarilla, dice que “llegaba a ella rodeado por su escolta de lanceros y montado en su caballo, a celebrar su Gabinete” y que en realidad había hecho una carrera impresionante, se convirtió el presidente de la república a los cuarenta y tres años.
Pero bien podría decirse que hasta ahí llegó su suerte excepcional. Asumió el poder el 27 de abril de 1884, y una de sus primeras acciones de gobierno fue designar al general y doctor Antonio Guzmán Blanco embajador extraordinario y ministro plenipotenciario ante los gobiernos de los principales países europeos con residencia en Londres. Pero la economía mundial estaba en crisis y Crespo no era Guzmán Blanco. El déficit presupuestario, las deudas externa e interna, una plaga de langosta, la necesidad de decretar la libre importación y la incapacidad manifiesta de Crespo son factores que poco a poco van minando el piso político del gobierno. Los incondicionales de Guzmán, a pesar de que Crespo trata de hacer ver en todos los planos su fidelidad al Ilustre Americano, no dejan de sospechar de los crespistas. Ello se acentuó cuando el presidente Crespo sacó de su gabinete a los más connotados guzmancistas (Francisco González Guinán, Juan Pablo Rojas Paúl, etc.) y los sustituyó por guzmancistas más cercanos a él, como el general Víctor Barret de Nazarís, Vicente Amengual, José Antonio Velutini. Es de imaginarse que a Guzmán, en su mundo principesco de la vieja Europa, más de uno le fue con el cuento de que el nuevo delfín también quería alzar vuelo por sus propios medios.
Y más de una sospecha debe haber surgido porque el gobierno no reprimió acciones subversivas como la “Delpiniada” que se realizó en la noche del 3 de abril de 1885, a imitación de los homenajes que los adulantes hacían a Guzmán Blanco. En este caso, los jóvenes Lucio Villegas Pulido, Manuel Vicente Romerogarcía, L. F. Caballero, José Alfonzo Ortega, José M. López y J. M. Seijas García, alquilaron el Teatro Caracas y organizaron un “homenaje” a un modesto poeta con fama de loco, que había escrito textos disparatados en los que algunos, con mucha superficialidad pretenden ver algo así como un adelanto del surrealismo. El acto, netamente bufo, sirvió para burlarse de Guzmán Blanco y demostrar que la juventud lo rechazaba, al “celebrar” a Francisco Antonio Delpino y Lamas, sombrerero y medio loco, autor de unas Metamorfosis de pésima factura. La que se ha hecho más famosa decía: Pájaro que vas volando / montado en tu rama verde / pasó el cazador, matote / más te valiera estar duerme. El Gobernador de Caracas presidió el acto en la creencia de que Delpino era un gran poeta. Fue una demostración clara de repudio a la política personalista y autocrática de Guzmán. Y que sumada a una clara agudización de las críticas al gobierno y al guzmancismo, deben haber servido a los que querían ganar puntos con el ausente para tirarle puntas al presente.
En julio del 85 se alzó en armas el general Venancio Pulgar, contradictorio caudillo zuliano que se había peleado con Guzmán Blanco por el apoyo que éste le dio a Joaquín Crespo. Con un notable despliegue y un costo monetario muy alto, el presidente sofocó el intento del zuliano, que debió expatriarse en Santo Domingo hasta que se reconcilió con el Ilustre Americano a partir de gestiones de amigos comunes.
El general Crespo, cuya cultura era más bien escasa, debe haber estado sinceramente convencido de que su política de honesta fidelidad a Guzmán Blanco le daría buenos resultados. De manera que hizo cuanto pudo por asegurar el retorno de su jefe. Algunos baches se presentaban entonces en su carrera, como la influencia desmedida que parece haber tenido en su vida el curandero tachirense Telmo Romero, que se aprovechó de una enfermedad del hijo de Crespo para inmiscuirse en la vida política del país, tal como hará después en Rusia el famoso monje Rasputín. Publicó un libro con dinero del gobierno y se convirtió en director del lazareto de Caracas y del manicomio de Los Teques y en ambas instituciones hizo horrores. Los enemigos del gobierno corrieron la voz de que Crespo, hijo de curandero, iba a designar al curandero Telmo Romero nada menos que rector de la Universidad. En acto contra Crespo y, por carambola, contra Guzmán, un grupo organizó una quema del libro El Bien General, de Romero, al pie de la estatua de José María Vargas. Ello causó un cierre de la Universidad que en muy poco ayudó a la imagen del general Crespo.
El 27 de abril de 1866, en votación unánime y por proposición expresa del Presidente Joaquín Crespo, el Consejo Federal eligió de nuevo a Antonio Guzmán Blanco para el bienio 1866-88. Guzmán se hizo rogar y se organizó entonces una recolección de firmas de notables y no tan notables, que suplicaban al personaje que retornara, que era necesario para la salvación de la patria. En ello había, larvado, un propósito de disminuir la figura de Crespo para aumentar la de Guzmán, que no quería émulos, ni siquiera de probada fidelidad a su persona y a su política. Tampoco quería molestarse mucho. El país no lo merecía.
Capítulos Publicados:
El Paraíso Partido
(Venezuela antes de la Independencia)
Obertura
El Sonido de las Sombras
El Topetazo
El Tanteo por Oriente
El Tanteo por Occidente
Tirano de Sombra y Fuego
La atracción del centro
El Viaje al Edén
El día de Caracas
La Agonía de Occidente
Los viajeros forzados
El gobierno de papel
El Blanco Tejido de las Rojas
Los primeros pasos del Quijote
La Luz de los Sonidos
El Sonido de la Luz
Llegaron los Bolívar
Archipiélago de Colores
Ciudad por Cárcel
La Pequeña Torre Amable
La Casa del Saber
De Guipúzcoa Viene un Barco Cargado de…
De Fiestas y de Locuras
Las Nueve Musas
Los hombres de ruana y de frío
Por España, contra España…
Cuando Humboldt y Mozart estuvieron en Caracas
También llegaron los Sucre
De Masones y Papisos
El padre de todas las patrias
Final de Fiesta
El Paraíso en Llamas
(Venezuela durante la Guerra de Independencia)
Obertura
La primera estrella fugaz
La Alborada de los Trágicos
Los niños felices
El paseo de los muertos
La óptica del otro
Aprendices de brujos
Los Santos Inocentes
La Niña recién nacida
La isla que nunca fue
La seguna estrella, menos fugaz
La primera Sociedad
La Niña enferma
La otra villa rival
La Carta sobre la mesa
La niña muerta
El héroe de la película
Un Bolívar, ida y vuelta
El malo de la película
El circo de Belcebú
La Campaña Abominable
Las dificultades del hombre
El héroe local
El Infierno desde adentro
Los días del Purgatorio
“De la Gloria los orbes están llenos”
El santo de América
En la cumbre de la guerra y de la paz
Tiempos de júbilo
El comienzo del fin
La inquieta paz de los cementerios
La etérea puerta del Limbo
El limbo y el laberinto
El verdadero fin de la fiesta
El alegre triunfo de la muerte
Coda
El Paraíso Desperdiciado
(Venezuela después de la Independencia)
Obertura
Los Primeros Días de la Noche
El Primer Ataque de la Bestia
Astrea se pasea cantandito por Venezuela
El Medio-mantuano
El Mantuano secundón
El hermanito
El camino del infierno
En la alegría del Infierno
Peor que el Infierno
Tiempo de bostezos
El Gran Arquitecto del Universo
Heredarás los vientos
El Supremo Director de la Patria que lo Aplaude
El Agachadito
2 comentarios
Esto es interesante. Sin embargo, debo decir que Venezuela tuvo bastante suerte con el "Agachadito".Por la misma època, estaba en Bolivia, el General Mariano Melgarejo, sobre quien escribì y, debo decir, fue lo peor de lo peor.
Por ùltimo, lo de "Agachado", me hace recordar a los "Panza verde" brasileños, que eran llamados asì, porque su pechera blanca, se manchaba con el pasto, cuando hacìan cuerpo a tierra.
Saludos y Felicidades!!!
En esta tierra disparatada, de acuerdo a lo que cuenta Herrera Luque en su muy exitosa serie de Historias Fabuladas, se han producido no pocos abusos y despropósitos: se metió al Agachado en el Panteón Nacionalpor insistencia de Misia Jacinta, esposa del General Crespo










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