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Ginsberg: Una voz en la tierra

por Alberto Hernández

1.-
En Barnes and Noble la cara de Allen Ginsberg conserva el color lejano del óleo, marchito por tantas miradas y manos que tocan la ya encanecida barba del irreverente poeta de Newark. Los ojos detrás de unos anteojos psicodélicos nos relatan el fondo de una tensión desmedida.
Anaqueles, olores a libros nuevos, la tinta impregnada de sangre, la sucursal de una librería neoyorkina dice mucho en la frívola y poco literaria Miami, donde vivir es un salto al vacío, una permanente transgresión al encanto de un paisaje desmembrado por el tiempo. Mientras tanto, Ginsberg, adobado por los afeites de la funeraria, respira bajo tierra el silencio de un país que sólo lo tiene presente en algunas páginas del Times de Nueva York o en el obituario de Los Angeles Times.
Es domingo en San Francisco. Los diarios revientan con la cara de quien escribió:

When I died, love, when I died
my heart was broken in your care;
I never suffered love so fair
as now I suffer and abide
when I died, love, when I died.

Para despedirlo, el también poeta Lawrence Ferlinghetti escribió: A great poet is dying but his voice/ won´t die/ His voice is on the land, texto simplón que alude el carácter terrenal de quien jamás sucumbió a las tentaciones de la ciudad que albergó hasta la muerte.

2.-
El The New York Times del domingo 6 de abril recogió en toda una página los distintos rostros y viajes de Ginsberg, quien había muerto el día anterior en la ciudad de los rascacielos víctima de un cáncer de hígado. Por muchos años había sido la voz más rebelde y engreída de la Generación Beat.
Una nota que promueve una de las tantas historias del poeta de New Jersey, tiene que ver con la madre internada en el Pilgrim State Hospital, donde murió en 1956. la paranoia y el laberíntico estupor frente a la represión colocaron a la progenitora del poeta en un estado de de permanente alucinación: The key is in the Windows, the key is in the sunlight in the Windows. I have the key-get married Allen, dont´t take drugs…Love your mother.
Tres más tarde, Allen Ginsberg escribió un poema dedicado a Naomi Ginsberg, una elegía considerada como un texto de fino y delicado dolor. Mientras tanto, en el instante de la la lectura, Ray Charles entona un blues.
El viaje de Ginsberg a la otra eternidad representa una larga travesía por el nublado y espeso cielo de Nueva York, donde reside el paraíso del desencuentro.

3.-
En 1994, Ginsberg leyó –sacerdote penitente- su poema “Alarido” (Howl) en las afueras del Distrito de Courthouse de Washington. Un poco antes, la persecución, aldabonazos de cárceles y bofetadas que lo convirtieron en la “voz sobre la tierra”, esa que Ferlinghetti ahora plasmó en la portada del diario de Los Angeles.
En juicio al tiempo que le tocó vivir, Ginsberg escribió sin piedad acerca de todo lo que veía y sentía a su lado. No se permitió ausentarse de Dios, a quien tenía como eslabón entre la temporalidad terrenal y el espacio del eterno instante: “Espero que algún monje salvaje deje sus panfletos sobre mi tumba para que Dios me los lea en las noches frías de invierno en el paraíso…”

4.-
La política de McCarthy lo llevó a decir: America I´m nothing/ America two dollars and twentyseven cents January 17, 1956, y a pesar de haberse entregado por completo a la invisible tierra, Ginsberg era un proscrito cuyo valor se materializaba e el duende de una moneda que carcomía la sombra de su espera.
Para dotarse de presencia colectiva, abortaba el silencio al lado de William Burroughs, Peter Orlovsky y Gregory Corso, quienes formaban parte de la Beat Generation Writers.
Arrestado en 1967 en Nueva York, Ginsberg participó en innumerables actividades como parte de la contracultura que le dio vida a una década convulsa. Una vieja foto lo describe en Hyde Park, en Londres, haciendo gárgaras con los ojos de los asistentes, mientras la primavera cabalgaba sobre sus hombros.
Decidido a permanecer en el regazo de Dios, Allen Ginsberg nos dejó el texto inicial de Howl, y digo nos dejó porque forma parte de aquellos gritos que en nuestra pasantía por la adolescencia dijimos afanosos con otros textos emergidos de crucigramas y carreras precipitadas.

I saw the best minds of my generation destroyed by madness, starving hysterical naked.

Traído a nuestra memoria, traduce el tiempo en que perdimos la inocencia y nos entregamos a los fantasmas de la muerte.
San Francisco, California, abril de 1997.

Alberto HernándezALBERTO HERNÁNDEZ - Poeta, narrador y periodista. Egresado del Pedagógico de Maracay, realizó estudios de postgrado en la Universidad Simón Bolívar en Literatura Latinoamericana. Fundador de la revista literaria Umbra, es colaborador de revistas y periódicos nacionales y extranjeros.

 

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2 comentarios

Comentario De: El Gaucho Santillàn [Visitante] · http://estegauchoescribecosasraras.blogspot.com
Ginsberg. Era fanàtico de sus "frases pastel".

“Curvado por el peso de nebulosas, se agacha debajo de la colina”(Allen Ginsberg, Muerte y Fama, Lumen, 2000)

Todo pasa.
21/12/2009 @ 11:58
Comentario De: GONZALO PALACIOS GALINDO [Visitante]

Mi querido amigo:
Hace unos días pasé por el consulado que me corresponde (a lo de la “Fe de Vida” trimestral). Ni su traje y corbata, ni sus zapatos negros pulidos (casi de patente), pudieron disfrazar del guardia/portero sus orígenes profesionales: el Ejército Nacional. “Yo me retiré después de 25 años, Gonzalo,” me dijo, con una confianza que la mera diferencia de edad no justificaba antes de la tragicomedia bolivariana. “Mi nombre es Fréitez, Rubén Fréitez. Usted sabe como el poeta, Rubén Darío…” Un buen hombre, pensé, pero NADA como el poeta. Ahora leo tu despedida de Ginsberg y pienso: este que escribe " haciendo gárgaras con los ojos de los asistentes", este sí es como un poeta! Felicitaciones, Gonzalo Palacios G.
22/12/2009 @ 09:19

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