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Dos notas de Manuel Bermúdez

por Colaboraciones

Sobre Valles de Aragua, la Comarca Visible
ASI NACE LA JERGA

-Manuel Bermúdez-

Uno sabe cómo hablan los andinos y los llaneros, los orientales y los maracuchos. Pero resulta difícil cogerle el tono y la pasá al habla de los aragueños; no obstante ser los Valles de Aragua, la comarca visible. Así se titula el libro de Alberto Hernández, poeta y periodista nacido en Calabozo y residenciado en Maracay, donde ha realizado toda su obra intelectual, de creación y divulgación de lo culto y lo popular. Este libro, que apadrinamos en el teatro de la Opera de la capital aragueña, junto con los poetas Antonio Trujillo y Luis Alberto Crespo, es una edición de Impresos Urbina. Y recoge una serie de reportajes publicados en El Periodiquito, del cual Alberto es director del suplemento cultural Contenido. Los reportajes son una muestra de lo geográfico, lo histórico, lo popular y lo lingüístico de las ciudades, poblaciones y aldeas del estado Aragua, las cuales tienen una misma identidad político-territorial. Pero son completamente diferentes unas de otras.
Como dice Alberto, “la cruz bautiza con su verbo añejo. Pero cobrizos y blancos quemados por el sol comenzaron a sentirse a través de raros vocablos difíciles de decir”.
Por ejemplo, los garabatos que usaban en San Francisco de Asís, para colgar la carne, según Esteban León, no son los mismos del maracayero asimilado Hugo Chávez, cuando llama así, en lenguaje beisbolero, a una curva prolongada. Maracay es, junto con Valencia, la metrópoli de la región Centro-Sur venezolana. San Francisco de Asís es “un pueblito de potreros y tunales”, “dos vainas de casas regadas por allí”, como dice Esteban León.
A través de la conversa con la gente vieja de los pueblos, Alberto va construyendo la historia de los mismos. Pero para sacarle lo que saben o recuerdan los pures, hay que manejar términos antiguos y propios de cada lugar. Cuando entrevistaba al señor León, de 98 años, dice que había un rapio de sol que “derrumbaba el polvo que se levanta frente a la casa de su hija”. Rapio es un sol arrecho, que no registran los diccionarios de venezolanismos. Pero eso le da pie para que el entrevistado le diga metafóricamente: “Aquí lo que quedan son ramitos de las primeras gentes”, con lo cual la visión de pobreza y desolación del lugar queda expresada con una carga significativa, más elocuente que el cuadro estadístico de los sociólogos o los demógrafos.
(Tomado de Así Es La Noticia, Caracas, 1999)

CUATRO POETAS CALABOCEÑOS
(Lecturas de memoria)

-Manuel Bermúdez-

Pienso que una lectura de memoria es el acto de recordar algo que se ha leído hace tiempo o hace poco, sin la presencia del texto escrito.
De los poetas calaboceños el que más recuerdo y memorizo es Francisco Lazo Martí, autor de la Silva criolla y las Crepusculares. Claro. Está ligado al liceo de Apure, donde yo estudié, y el cual lleva su nombre. De la Silva recuerdo de memoria la introducción, muy formal y neoclásica, con “mirto y rosa y pálidos jazmines”. También versos sueltos, referentes al verano, la sequía y la trashumancia del ganado. Así como la llegada de las lluvias, época en la que el llano reverdece.
Florecer es amar, dice el poeta. Y por allí va desarrollando la esencia de la vida llanera, y la va mezclando a la intimidad de su existencia. De las Crepusculares siempre me acuerdo textualmente de aquella que comienza: “A través del discreto claroscuro/ mirándolo abultar bajo el corpiño/ con la turgencia del anón maduro”. Me gusta el juego sintáctico de ocultar el seno de la mujer, objeto amoroso, en el lo enclítico, del verbo miraba. Así mismo el juego semántico y al forma como reaparece freudianamente en sus sueños, “cada vez que maduran los anones”.
De Luis Barrios Cruz no he logrado aprenderme ningún verso completo. Pero sí tengo flashes verbales y metafóricos. Imágenes de la realidad nativa entrelazadas con giros estilísticos de poetas españoles contemporáneos, como García Lorca, Alberti o Aleixandre. En sus romances, Federico García, refiriéndose a una corrida de toros, dice: “La plaza como la tarde/ giraba como un zodíaco”, y encontraba en el pensamiento de los guardias civiles: “una vaga astronomía/ de pistolas inconcretas”. Barrios Cruz viaja en “la sombra de un avión”; da “respuesta a las piedras”, mientras un humo azul sale a buscar un lucero. Barrios mezcla su existencia y su paisaje con reminiscencias poéticas.
A Efraín Hurtado lo conocí cuando dio un curso de posgrado en el Pedagógico. Estaba recién llegado de París. Y andaba inmerso en Althusser y Foucault. “¡Dios ha muerto¡”, dijo en un curso de sociología de la Universidad Central. Y los estudiantes creyeron que era el Anticristo. Después Luis Alberto Crespo le publicó unos poemas en el Papel Literario y apareció el llano de su infancia. Nada de Francisco Lazo. No de barrios Cruz. El paisaje volaba en palabras. Era viento que golpeaba unas puertas maltrechas. Atravesaba un espacio y seguía hasta perderse en el infinito. Así mismo se fue Efraín. Lo leí. Y no sé cómo memorizarlo.
En cambio con el poeta Alberto Hernández empecé a leerlo conversando con él. Habla poco, pero silabea silencios. El paisaje es él. Y lo que escribe es el mundo que ha visto y ha leído. Presentando su última obra en la librería del Ateneo de Caracas, su amigo, el poeta Crespo, habló de un discurso que está afuera y adentro de una ventana. No es el Jesucristo que se le presenta a William Blake en una de sus visiones metafísicas. Pero sí una fotografía del propio Alberto, que aparece en una pestaña de su libro Nortes. Leyendo Nortes, Bestias de superficie y Fragmentos de la misma memoria de Alberto Hernández, he logrado memorizar que la existencia del poeta se convierte en esencia vital. Y el paisaje se transforma en escritura. Mientras que la vida no es más que un discurso, donde Dante, Shakespeare, Eliot y Ligia andan de la mano con el lector. Y si a usted, como lector, se le ocurre preguntarme: Bueno, ¿y qué tiene que ver Alberto Hernández con los poetas Lazo Martí, Barrios Cruz y Efraín Hurtado? Me limitaré a responderle que son Fragmentos de la misma memoria.

 
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