de Eduardo Casanova

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« Esteban, PavosoLa Democracia es mejor »

El Humanismo en cada Individuo

por Alejo URDANETA

I

El mundo que vivimos hoy día ha podido ser el resultado del enfrentamiento ideológico de dos mitos, nacidos desde que el hombre tuvo consciencia: Uno se sustentaba en un estadio inconmovible, asentado en la idea de una edad de oro y que nos decía que hubo un tiempo de paz y abundancia. Era la Arcadia del poeta Virgilio, el Edén bíblico: un lugar bucólico de felicidad inmaculada. Y sin embargo, esta idea de paz, al ser estática, condenaba al hombre a la inmovilidad creadora. El pasado era un continuum fundado en la piedra tradicional. A ese pasado el hombre ha querido regresar con la idea de la felicidad como propósito vital.

El otro mito proviene del peregrinaje humano que se inició cuando el fundador Abraham abandonó su lugar natal, Ur, en la Mesopotamia que hoy es Irak, para buscar la Tierra Prometida. Era el inicio de la utopía que miraba el futuro y el cambio fermentado por las revoluciones. Este tránsito iniciado por Abraham se afirmó con el Cristianismo, la llegada del Mesías que instauraría el reino de Dios que proclama la agonía, el ‘agon’ griego. No es ahora el extático mundo de la contemplación, sino la contradicción dialéctica que origina oposiciones y la revolución en sus distintas expresiones. El Cristo lo dijo explícitamente: “Vine a meter fuego en la tierra, ¿y que he de querer si ya prendió?” (Luc. XII, 49”54).

Continuación:

II

El personalismo ha sido el fundamento de la civilización occidental desde el Renacimiento, y surgió del Cristianismo, concebido como conjunto de principios de civilización y no como filosofía o religión, creador de efectos perdurables en todos los sectores de la vida. El Cristianismo nació como ideología fundada en la doctrina recogida en los evangelios por los seguidores de Jesucristo, sin considerar en este análisis los aspectos religiosos que luego surgieron de sus acciones y parábolas.
Quiero decir con esto que se trata de un complejo unitario de civilización y cultura.
Es la persona humana como individuo la que constituye el centro de interés de todos los sistemas sociales y políticos desde la instauración del Cristianismo, y que asume carácter determinante en el Renacimiento. Se planteaba la valoración de la persona, para que fuese la conciencia individual la que dictara modos de conducta conciliables con principios de razón.

Aunque el idealismo ya no tenga el mismo peso a causa del realismo que priva en la conciencia social, permanece como verdad que mi “Yo” es el centro de la realidad. Conciencia significa que el concepto de universo nace de la percepción individual: El universo es mi universo, y a esa visión intransferible se vincula el correlato del yo: El mundo, pero no en su aparición física, mundanal, sino como mi visión inmediata en la realidad, porque si desaparezco yo, conmigo también desaparece mi mundo. Seguirá para los demás, sin duda, pero el único mío es el que me ha rodeado y en el que he existido y al que he valorizado, y el sentido de valoración está en todo el ámbito humano.
Cuando el valor se quiere apreciar como elemento intrínseco de los objetos (los corpóreos y los incorpóreos: Materia y Espíritu en el dualismo filosófico), aceptamos que el mundo está valorizado: “Si por mundo entendemos la ordenación unitaria de los objetos, tenemos dos mundos: el mundo del ser y el mundo del valer”, afirmó José Ortega y Gasset. La vida es coexistencia del yo y de los objetos, ocuparse del conjunto que componen la existencia: seres humanos, forzosamente juntos, y las cosas de las que nos servimos.
Todo lo que está fuera de mí o más allá de mí se manifiesta y tiene expresión sólo en mi propia vida. Las demás entidades del mundo: seres humanos y objetos mundanales, se dan únicamente en mi realidad radical, a mi vida corresponde el primado en el concepto del universo. De allí que la realización de los valores sólo tiene sentido para mí, que es vida individual.
El Cristianismo como fuente del concepto de la individualidad anotó muy temprano los caracteres que distinguen al hombre que actúa dentro de la sociedad civilizada: 1.- Superioridad de la persona individual sobre el grupo; 2.- Igualdad fundamental de todos los hombres; y 3.- Fraternidad. La dignidad de la persona reside en el ejercicio de su libre decisión, y ésta es imprescriptible. El hombre tiene el derecho a la libertad para vivir conforme a su verdad elegida, dentro de los límites de la ética, que es la forma de convivencia en el medio social adoptado en comunidad pacífica.
Tales principios conducen a la secularización de la vida social, puesto que en la medida en que se realicen en un individuo aquellos valores, trascenderán al mundo colectivo. La consciencia del individuo ha de estar purificada en el ejercicio del pensamiento crítico conjugado con la fantasía poética. Un punto de magia: Eso es la consciencia, integrada por el conocimiento, la emoción y la fantasía. El efecto de esa fusión debe producir la comunión de lo disímil, diversidad en la unidad. Estar alertas a la regla lógica y soltar el corazón para que mueva la fantasía.
El fenómeno social está sostenido por la ética o la conducta del individuo frente a los demás; es decir por el comportamiento armonioso dentro de la diversidad individual. La persona es la finalidad del grupo, y éste un instrumento al servicio de los individuos, para que puedan cumplirse de ese modo los valores más altos en beneficio de la totalidad social.

III

Erasmo de Rotterdam ha sido, quizás, el ejemplo del individualismo mejor realizado. El pensador holandés concedía a todas las ideas sus derechos, y no le espantaba la diversidad del mundo ni sus contradicciones. El espíritu humanista no valora las contradicciones como elementos hostiles, y busca una unidad superior. Erasmo sabía conciliar el Cristianismo y la Antigüedad, libertad de fe y teología escolástica, Renacimiento y Reforma. Y la vía del humanismo para lograr ese acuerdo fue para él la cultura, el cosmos vivo en la sociedad, porque se requiere de orden y armonía para que pueda hablarse de cosmos. La violencia que limita la libertad individual, la de opinión, la inquisición y la censura: hogueras y cadalso del siglo XXI se han impuesto por el fanatismo de mirada estrecha y voz sin contrastes. La parcialidad es el enemigo hereditario de la universalidad. La idea única, propia de las ideologías, hostiga al mundo y pretende encerrarlo en una prisión donde el espíritu se apaga.
Me he permitido tomar algunas ideas del filósofo venezolano José Rodríguez Iturbe, modificándolas en lo que sea pertinente a esta exposición:
“Marco misterioso el de la historia. Marco de libertad y gracia. Marco humano y sobrehumano, de grandeza y de bajeza, de héroes y canallas. Marco sobre el cual, en el estudio, se vuelve, una y otra vez, buscando desentrañar, comprender, un poco más a quienes nos han precedido, la razón o la sinrazón de los comportamientos rectos y de los torcidos. Porque la exigencia de la racionalidad en la comprensión de la historia no es una exigencia de simple racionalidad, sino de una racionalidad moral en función de vida social, es decir Ética, sin la cual lo propiamente humano quedaría velado, oculto bajo una lluvia de múltiples escorias.”
El escritor rumano E.M. Cioran, a quien se ha calificado de escéptico cuando da su visión del ser humano ante la avalancha ciega del pensamiento único, nos ha dejado estas palabras:

“En sí misma, toda idea es neutra o debería serlo;
pero el hombre la anima, proyecta en ella sus
llamas y sus demencias; impura, transformada
en creencia, se inserta en el tiempo, adopta figura
de suceso: el paso de la lógica a la epilepsia
se ha consumado… Así nacen las ideologías,
las doctrinas y las farsas sangrientas”.

El hombre es la unión de la virtud y de las pasiones irracionales, y nunca en la historia ha habido tregua en estas oposiciones. Si vemos la presencia continua de la guerra, llegamos a un callejón cerrado: habrá guerra mientras exista el hombre. Hasta los cristianos de doctrina la practicaron. “Se ha llegado a tal punto, que pasa por bestial, necio y anticristiano el que se abra la boca en contra de la guerra”, admitió Erasmo, para decir luego: “Todo derecho tiene dos aspectos, todas las cosas están teñidas y descompuestas por el partidismo”.

Las religiones pregonan la paz pero muchas veces la han olvidado.
Dios es Unidad, Dios es Colectividad, pero en cada hombre Dios es el de cada uno. Lo ejemplarizó don Miguel de Unamuno en estas palabras de su ensayo: DEL SENTIMIENTO TRÁGICO DE LA VIDA:
“El Dios racional es la proyección al infinito de fuera del hombre por definición, es decir, del hombre abstracto, el hombre no hombre; y el otro Dios, el Dios sentimental o volitivo, es la proyección al infinito de dentro del hombre por vida, del hombre concreto, de carne y hueso”.

IV

No podemos comprender el mundo y el acto de existir sino desde y para el individuo libre en el mundo; el hombre vive en libertad existencial, y ella consiste en que debe elegir sus propios actos y omisiones y es responsable del ejercicio de esa libertad ontológica. Que lo haga con sentido humanista en el concepto primigenio del Cristianismo, más allá de dogmas y prácticas eclesiásticas.

Alejo UrdanetaALEJO URDANETA, excelente cuentista, ensayista de primera línea, poeta, nació en Caracas en agosto de 1944. Abogado, estudió en la Universidad Central de Venezuela e hizo un post-grado en La Sorbona, en París, en Derecho Internacional y Mercantil.

 
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1 comentario

Comentario from: Luis Betancourt O. [Visitante]
Si Alejo Urdaneta se empeña en exponer esas ideas será perseguido por el chavismo porque da muestras de dos cosas que este gobierno no soporta: Talento y sentido de la Libertad. Debe cuidarse. Saludos, LBO
05/02/2010 @ 18:12

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