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La redacción de la novela

A partir del sábado (19 de junio de 2010) Literanova publicará, semanalmente, el Ensayo titulado “Cómo hacer una novela”, de Eduardo Casanova, en el que ofrecerá a los lectores no sólo un método para escribir novelas, sino varias informaciones literarias sobre ese género literario.

6.- La redacción de la novela
Una vez estirados los cuartos y convertidos en fragmentos, se procede a estirar los fragmentos para convertirlos en capítulos, pero primero hay que decidir en qué orden se ubicarán los fragmentos, que pueden aparecer en el mismo orden en que se ubicaron al subdividir los cuartos, con lo que se haría una novela lineal, o pueden distribuirse de cualquier otra manera en el espacio. En este caso, en “La Rabolución”, decidí hacer una novela casi lineal, a no ser porque el Fragmento Vigésimo Quinto lo coloqué de primero, es decir, lo convertí en el Capítulo 1, para que el lector empiece por conocer al verdadero protagonista y tenga desde el principio un panorama claro de lo que va a ser la novela. Los demás fragmentos quedaron en el orden en que fueron ubicados inicialmente.

La transformación de Fragmento en Capítulo
Es quizá el proceso más complicado, aunque no necesariamente el más difícil. Se trata de convertir una idea, un resumen en el que no hay carne ni sustancia, en una narración que pueda atraer la atención del lector, que pueda convertirse en acción en la mente de quienes la lean, que deben “ver” todo lo que ocurre. No es sólo “estirar” el texto, sino convertirlo en una verdadera narración, en la que deben estar presentes muchos elementos literarios, especialmente descripciones, metáforas y frases con ritmo. En este caso concreto, convertimos el Fragmento Vigésimo Quinto, en Capítulo 1. Veamos el resultado:

Vigésimo Quinto Fragmento
Regreso de Bartolomé Langley al pueblo. Siente miedo y detiene el automóvil. Un juez de Caracay ordenó que se le devolvieran las propiedades que Uásinton expropió y tenía el apoyo de las autoridades, que tuvieron que aceptar que Peroles exageró e hizo mucho daño. Diosito Júpiter y Tesalio Mesante le pidieron que regresara. Tuvo muchas dudas. Decidió regresar pero tenía miedo. Lo venció y entró por fin al pueblo.
PERSONAJES: Bartolomé Langley, Uásinton Peroles, Diosito Júpiter, Tesalio Mesante.
Esas pocas líneas fueron suficientes para interiorizar la acción y llevarla al papel de esta manera:

Capítulo 1
Otra vez el calor caraj otra vez me envuelve el maldito calor caraj y me arrastra y me arrastra y me arrastra caraj fin de mundo caraj será por los pecados de todos caraj o por la contaminación caraj mejor la contaminación caraj los países industrializados caraj sí caraj que todos los días ensucian la atmósfera caraj todos los días arrojan a la atmósfera quién sabe cuántas toneladas de desperdicios en forma de humo y van creando caraj dicen caraj algo así como un invernadero que no deja que el calor se escape como siempre lo había hecho desde que el mundo es mundo caraj pero debo respirar y respirar y respirar caraj y no pensar en tantas cosas malas que nos está dando el mundo en el siglo XXI caraj tengo que pensar en positivo caraj porque lo que me espera es duro caraj demasiado duro y no sé si podré resistirlo sin meterme dos o tres pepas de ansiolítico y en verdad no quiero doparme ni dar la impresión de que estoy vencido caraj otra vez como aquella en la que regresé al pueblo recién graduado y tenía miedo de que me rechazaran los que habían sido siempre mis amigos caraj mis compañeros de juego caraj y ahora se habían quedado muy atrasados con respecto a mí caraj y no era mi culpa pero me sentía culpable caraj muchas veces culpable y culpable de muchas cosas
Bartolomé se detuvo al llegar al Portachuelo. Se detuvo como si le faltara valor para seguir adelante. Y le faltaba. Le faltaba valor. Veía desde aquella pequeña atalaya el vallecito que siempre le había resultado hermoso y ese día le causaba en verdad miedo. Tenía miedo de ver lo que le habían dicho que vería. Tenía miedo de encontrarse con las ruinas que ya le había descrito. Tenía miedo de mirar los ojos tristes de sus paisanos, que lo habían defendido a capa y espada y ahora pasaban por momentos muy difíciles. Respiró profundo. No debería haber venido solo, pero Herminia no tenía el mismo valor que él y prefería esperar a que él arreglase todo lo que se podía arreglar antes de volver ella a rehacer su casa y a enfrentarse a todas aquellas tareas que de solo enumerarlas le ponían la carne de gallina. Y Jacinto se había ido definitivamente del país. Despedido arbitrariamente por haber participado en le huelga contra el gobierno, lo sacaron de la nómina de empleados y ni siquiera le pagaron las prestaciones que le correspondían. “Yo no tengo alma de mártir”, dijo, y aceptó una oferta que le llegó de los Estados Unidos. Ahora estaba establecido en Houston, Texas, con toda su familia, y no pensaba regresar a El Dorado. Ni siquiera si se arreglaban las cosas y Chobes salía del poder. Sólo contaba Bartolomé con el apoyo de Herminia. Pero es que todo había sido demasiado injusto, y ambos sabían que, aunque sus defensores fueron claramente mayoría, los otros estaban allí y habría que convivir con ellos. Habría que enfrentarse a la dura realidad de un pueblo dividido, golpeado, dañado, y Bartolomé no estaba tan seguro de tener las energías que la tarea requería, especialmente si se tenía en cuenta que los sucesos de Guayacuy no se quedaron en Guayacuy, sino llegaron a todo el país y se convirtieron en ejemplo de la barbarie de Chobes y los suyos, un ejemplo que le hizo mucho daño al gobierno nacional, dentro y fuera de El Dorado, y tanto el gobierno nacional como el de Caracay estarían con deseos de vengarse de los habitantes de Guayacuy, y muy en especial de Bartolomé Langley. Los diarios y las emisoras oficialistas lo habían llamado oligarca, fascista, guarimbero, saboteador y pretendido señor feudal de Guayacuy, y el propio presidente Chobes envió a la Guardia Nacional para reprimir a sus defensores, que tuvieron que dispersarse, y muchos de ellos que esconderse o escaparse para que no los metieran presos o los mataran. Bajo cuerda, varios personajes del gobierno le juraron que no pasaría nada. Que era cosa de esperar que la brisa se llevara el humo y el agua volviera a su nivel. Que la gente se olvidara de aquel lío, que no le había resultado nada favorable al gobierno. A pesar de que todo el mundo le había asegurado que en los tribunales no le iría nada bien, un juez de Caracay había anulado todos los actos de Peroles sin escándalo alguno. Él mismo prefería lo que algunos llamaban “bajo perfil”, y tratar de que la política no interviniera de nuevo en sus asuntos. Las cosas parecían haberse tranquilizado, y recibió varios mensajes de sus partidarios pidiéndole que regresara al pueblo. El nuevo Jefe Civil le escribió una carta llena de cursilerías y lugares comunes en el que, luego de dar muchas vueltas en espiral le pedía que regresara. Y hasta el gobernador, el tal Diosito Júpiter, le había enviado mensajes por terceras personas para pedirle que regresara a Guayacuy, para que tratara de calmar a la gente. Las aguas tenían que volver a su nivel, decía todo el mundo, hasta la gente del gobierno, que fue la que creó el problema. Y Bartolomé se sintió obligado a regresar. Además, no se sintió nada a gusto en Caracay, y menos aún en Guanoco, la ciudad que recordaba de sus tiempos de estudiante como un lugar apacible y ahora se había encontrado inundada de buhoneros y malvivientes, limosneros y ladrones, y que para colmo parecía invadida por maleantes políticos, seguidores incondicionales del teniente coronel Chobes que miraban con odio a todo el que no parecía ser de su calaña. Bartolomé sabía que tenía aspecto de extranjero, quizás de español o de italiano, y sabía que era bien educado, de modo que nadie podía confundirlo con un seguidor de Chobes. Varias veces lo insultaron en el casco histórico de la ciudad, que visitó para hacer más cortas sus horas de ocio y en varias gestiones relacionadas con la situación de Guayacuy. Le gritaron oligarca, escuálido, fascista y otras lindezas cuando pasó por la Plaza Bolívar, que estaba tomada por los revolucionarios y otros borrachos. También Tesalio Mesante, el antiguo gobernador que se había distanciado del todo de Diosito Júpiter, que inicialmente había sostenido que Langley se abstuviera de ir a Guayacuy, cambió de opinión y le recomendó que regresara. “La gente del gobierno perdió casi todo su apoyo en el pueblo, y tú tienes la oportunidad de capitalizar eso”, le dijo torciendo el bigote. Bartolomé se fijó que Tesalio Mesante parecía haber crecido, como si la cabeza se le hubiera estirado hacia arriba. Cada día se parecía más a un obelisco, se dijo, y no pudo evitar una sonrisa que el otro interpretó como aviso de recibo de un elogio. “Después de todo lo que pasó y de que Uásinton perdiera toda su base política, tú eres el jefe natural de la gente en Guayacuy, y la que se armó se armó porque Uásinton trató de joderte, pero ahora te toca a ti cobrar y asegurarnos el sitio”, remató. Bartolomé asintió. Tesalio tenía razón. Y él no tenía que regresar a fomentar odios ni nada por el estilo. Regresaría a retomar su posición, a restaurar la casa que quedó seriamente dañada por la ocupación. A reconstruir y reabrir el consultorio y ver qué se podía hacer para que la fábrica y la finca funcionaran de nuevo, así como la botica, la bodega y el botiquín que Uásinton Peroles había expropiado en nombre de la Revó Lución. La Revó Lución, no la revolución sino la Revó Lución, dividida en dos palabras por la dificultad que tenía Uásinton Peroles, por tartamudo, para pronunciar palabras relativamente largas.
Desde su pequeño observatorio, en verdad Bartolomé no notaba ningún cambio alguno en el pueblo. Le habían dicho que Peroles y los chobistas hicieron desastres. Que quemaron la fábrica, la casa de la finca y el consultorio, además del botiquín y una casa vecina al botiquín, pero desde allí no se veían los daños. Y sin embargo habría jurado que sintió claramente el olor de las quemas. Pero es que en la tierra caliente el olor se riega más que en la fría, y sobre todo si es olor a chamusquina. Su casa de habitación, la que todo llamaban “la primera”, que había sido de los Langley desde que se fundó el pueblo, no se la quemaron porque los chobistas decidieron que sería la sede de la gran cooperativa de cooperativas que crearon para explotar los bienes del explotador oligarca. Aunque sabía que le habían causado unos cuantos daños más o menos importantes, por lo menos conservaba los techos y la mayoría de los espacios. Y sabía que mucha gente se le había ofrecido para repararla y tratar de ponerla decente cuando él regresara. No tanto él, sino Herminia, que no había querido venir con él en ese viaje de regreso, con la excusa de que Bartolomé le diría qué había que llegar de regreso y qué elementos habría que comprara en Guanoco para poner la casa a punto otra vez.
Suspiró largamente, pisó el acelerador y entró a buena velocidad al vallecito de Guayacuy. La carretera estaba peor que cuando, cinco meses antes, dejó precipitadamente el pueblo. Pero, por lo menos, estaba de regreso. Estaría de nuevo en su casa, entre su gente. Feliz.

Revisión y correcciones
El proceso de revisar y corregir sí es el más difícil. Implica tomar muchísimas decisiones, buscar y encontrar ritmos, equilibrios, desechar muchos segmentos y partes que a veces no se pueden ver por estar demasiado cerca. Pero es indispensable. Por lo general esa primera redacción tiene demasiadas palabras, y cada vez que se revisa se recorta algo. Y siempre, sin importar la cantidad de veces que se revise o se corrija el texto, van a aparecer detalles que se pueden mejorar. A mi juicio, el verdadero proceso de novelas es esa revisión continua. No olvidemos que Paul Valéry dijo que un poema no se termina, se abandona. Y una novela es un gran poema, una gran creación y, por lo tanto, jamás se termina, sino que se entrega, se abandona, se deja para siempre cuando se convierte en libro.
En este caso, en “La Rabolución”, el Capítulo 1, abandonado, perdió toda esa introducción, ese monólogo interior de Bartolomé Langley, que me pareció innecesario. Y también se cambió lo de “Revó Lución” por “Rabolución”, así como las razones para la existencia de esa(s) palabra(s). Y luego de varios repasos, de corregir algo aquí y allá, de quitar algo, de sustituir una palabra por otra que me sonaba mejor, se convirtió en el Capítulo 1, definitivo, o abandonado, que podrá ser leído a continuación, tal como el resto de la novela:
Nota: A partir de ahora se publicará, capítulo por capítulo, la novela “La Rabolución”.

Capítulos publicados de CÓMO HACER UNA NOVELA

1.- Antemateria
2.- ¿Qué es una novela?
3.- Clasificación o Tipología de la novela
4.- Para escribir una novela
5.- La división y subdivisión del proyecto
6.- La redacción de la novela

 

7 comentarios

Comentario De: JOSE TORRES [Visitante] Correo electrónico
JOSE TORRESQUISERA RECIBIR A VUELTA DE CORREO LAS PUBLICACIONES DEL ESTE ESPACIO " CÓMO HACER UNA NOVELA " MUCHISIMAS GRACIAS DE ANTEMANO HACE TIEMPO ESPERABA UN ESPACIO SIMILAR
13.11.10 @ 14:46
Eduardo Casanova SucreGracias por el mensaje. Con el mayor gusto hemos agregado su dirección a nuestra lista.
Saludos.
13.11.10 @ 15:07
Comentario De: Horacio Najle [Visitante]
Horacio NajleAl fin algo despojado de egoismo. Muchisimas gracias por este gran regalo de enseñanza. Hace largo tiempo que buscaba este tipo de explicación.
Tengo mi cabeza llena de ideas pero hasta hoy estaban presas por la ignorancia, gracias por entregarme la llave que las va a liberar.
18.06.11 @ 17:13
Comentario De: Mario [Visitante]
MarioDistinguído Sr. Casanova.
Enterado a destiempo de este espacio e intención, me sumo como interesado en su apoyo literario, ya que, como muchos, también tengo algunas cosas que escribir para decir, pero no paso del "todo caótico". Entiendo que ya va avanzado, pero se nos hace tarde, pero nunca es tarde.
Saludos cordiales.
Mario Valenzuela
13.07.11 @ 14:59
Comentario De: Mario Valenz [Visitante]
Mario ValenzDistunguido Sr. Casanova.
le comparto que he leído con interés el material que nos ha hecho disponible. Con excepción de los numerales 1 y 3, que no permiten ser accesados en internet (el mensaje que me da la web es: sitio no encontrado, o algo así.
Existe alguna forma para que pueda yo contar con ese material?.
Gracias anticipadas
Saludos cordiales.
Mario Valenzuela
14.07.11 @ 04:29
Comentario De: Mariana Alarcón [Visitante]
Mariana AlarcónMuchas gracias por este material, podría ser descargardo en pdf. Gracias
07.12.11 @ 08:00
Comentario De: Mariana Alarcón [Visitante]
Mariana AlarcónGracias por esta información, podria ser descargada en pdf?. saludos
07.12.11 @ 08:18
de Eduardo Casanova

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