Literatura - Política - Arte

face twitter

Un espacio dedicado a la literatura, las artes y temas de actualidad que puedan interesarle a todo el que piense y quiera un mundo mejor.

« Te esperamos en La HayaLA RABOLUCIÓN - Capítulo 2 »

El canario enjaulado

A partir del domingo 11 de julio de 2010, durante 53 semanas consecutivas, se publicará en Literanova el ensayo “En los días de Miranda” de Eduardo Casanova, capítulo por capítulo. Se trata de la vida y el tiempo de Don Francisco de Miranda, el hombre que ideó la Independencia no sólo de Venezuela, sino de toda la antigua América española, y que fue y es el más universal de todos los americanos.

EN LOS DÍAS DE MIRANDA

El canario enjaulado

A pesar de que todo parecía primaveral en los días en que nació Sebastián Francisco de Miranda, algo invisible anunciaba que aquel niño no sería tan afortunado. Parecería que nació rodeado de barrotes intangibles que impedirían su felicidad. Sebastián de Miranda y Ravelo, cuando se casó con la también canaria o hija de canarios Francisca Antonia Rodríguez González, ya había hecho fortuna en Caracas. Era un próspero comerciante que tenía una tienda, posiblemente en lo que hoy se llama esquina de Padre Sierra y entonces era la esquina de la Divina Pastora, y que ayudaba en forma ostensible a sus paisanos, los canarios de Caracas, en diversas formas. La novia no era persona de pocos recursos, puesto que aportó a la sociedad conyugal varias casas bien ubicadas. El matrimonio quedó registrado en los libros de blancos de la Parroquia Catedral de Caracas, y allí consta que se celebró el 24 de abril de 1749, en tanto que la ceremonia de velación se hizo varios meses después, en noviembre y posiblemente en la iglesia de San Pablo. En los días de su matrimonio Sebastián de Miranda tenía dos casas en la esquina del Hoyo, probablemente con intenciones de hacer en ellas algo en el mañana, pues en esos días el sitio no era muy afortunado. Enrique Bernardo Núñez, en su libro La ciudad de los techos rojos, cuenta que en la segunda mitad del siglo XVIII la esquina del Hoyo se conocía como “el hoyo vicioso de Bernarda Torres”, y el presbítero bachiller Juan Pablo González pidió permiso para hacer una casa en donde había un refugio de delincuentes de la noche. No es sensato pensar que un canario próspero como don Sebastián Miranda viviera y trabajara junto a ese refugio, que era, además, la orilla de la villa en aquellos días. Ni es posible que el primogénito de la pareja haya nacido allí. Es mucho más razonable pensar que los Miranda vivieran en La Candelaria, que era el barrio de los canarios, prósperos o no, o, aunque es menos probable, en la Divina Pastora, a ciento y tantos pasos de la Plaza Mayor. En cualquier caso, Miranda nació apenas a pocas cuadras de donde nació Bolívar y a tiro de piedra de donde nacieron Simón Rodríguez y Andrés Bello (que vieron la luz primera en casa que eran vecinas), y los cuatro nacieron en un período de poco más de cuatro décadas (de 1750 a 1783), lo cual convierte a Caracas, la Caracas del siglo XVIII, en un sitio singularísimo, realmente digno de estudio. En realidad, lo más probable es que el primer hijo de los Miranda-Rodríguez haya nacido en la casa propiedad del canario, en el callejón sur de la iglesia de La Candelaria, lugar que ya en el siglo XX pintó con especial dedicación uno de los más notables artistas plásticos de Venezuela: Federico Brandt. En ese caso, Sebastián Francisco de Miranda habría nacido a ciento y tantos metros de la casa de Juan Francisco de León, y justamente en medio de la conmoción creada por el alzamiento de los canarios encabezados por ese vecino. Eran, naturalmente, días de zozobra y quién sabe si Sebastián de Miranda y Ravelo tuvo alguna implicación en las acciones encabezadas por su paisano. En todo caso, la rebelión, además de sus efectos sobre la vida política y económica de Venezuela, alteró la relación entre los criollos y los canarios, tal como lo hizo en la relación de los peninsulares y los canarios. En los primeros días de Sebastián Francisco de Miranda la comunidad canaria en Venezuela era especialmente importante, y no estaba integrada totalmente a la comunidad española o peninsular, ni mucho menos a la de los blancos criollos o mantuanos. Sesenta y tres años después del nacimiento de Miranda, al proclamar la guerra a muerte, Simón Bolívar no se dirigió a los españoles solamente, sino a “españoles y canarios”, por separado, y a ambos grupos les dijo que tendrían que contar con la muerte aun siendo indiferentes. Esa división expresa, esa separación de españoles por un lado y canarios por otro, tenía una importancia especial, que debe haber nacido en aquellos tiempos agitados en los que, a causa de las acciones de un canario, la pequeña ciudad junto a la montaña cinética perdía su calma paradisíaca y se llenaba de crispación. Justamente en los días en que nacía, en la en La Candelaria, a pasos de la casa de Juan Francisco de León o en la esquina de El Hoyo, o en cualquier otro punto de Caracas, Sebastián Francisco de Miranda y Rodríguez.
Afirmemos a falta de prueba en contrario, con toda seguridad, que el 28 de marzo de 1750, en los días de “verano”, por falta de lluvia, y de cielos azules de eterna primavera, nació en el callejón Sur de La Candelaria, el niño Sebastián Francisco. Ejercía el gobierno de la provincia Frey Julián de Arriaga y Rivera, que ya había logrado pacificar el ambiente. En la corte de Madrid los hombres de la Guipuzcoana intrigaban para sacarlo de Caracas, pero no para destituirlo, sino más bien para ascenderlo. Y, en efecto, poco después sería nombrado Intendente de Cádiz y luego ministro de Marina e Indias. En Caracas propició la construcción de la Ermita de El Calvario, dedicada al culto de San Pablo, y su tiempo en Caracas fue de una calma que anunciaba otra tormenta, la tormenta que llegó al tomar posesión de la capitanía general y la gobernación el brigadier Felipe Ricardos, que hizo de la causa de Juan Francisco de León y los canarios punto de honor para destruirla a sangre y fuego, y que ordenó que la casa de los León, esa que estaba a unos ciento y tantos pasos de una de las casas de los Miranda, se derrumbara hasta los cimientos y se salara el terreno y se colocara en él un “poste de ignominia”, que debe haber ofendido a muerte a los canarios de Caracas. Entre ellos, a Sebastián de Miranda, el tendero que vendía lienzos de Castilla a los mantuanos, y su mujer que acababa de parir. Por todo eso, el niño Miranda nacía con mal, pie, encerrado desde su primer día en una jaula de silencio y rabia.
Nada se sabe de su infancia, salvo que la familia creció a ojos vista hasta 1764. Después de Pancho, que fue bautizado como Sebastián Francisco, nació Ana Antonia en 1751, luego Rosa Agustina, que nació en 1752, Micaela Antonia en 1754, Miguel Francisco, que murió recién nacido, en 1754, Javier en 1755, Francisco Antonio, que sólo vivió un par de años, nació en 1756, Josefa María, que tampoco llegó a edad adulta, nació en 1760 y, por último, Josefa Antonia, que nació y murió en 1764. Es evidente que la pobre madre debe haber envejecido antes de tiempo. También se sabe que en 1759 la familia se había mudado, ahora sí, a la esquina de la Divina Aurora, esa que hoy se conoce como Padre Sierra, a una cuadra de la Plaza Mayor. Ese inmueble, que por desgracia fue derrumbado en tiempos de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y sustituido por un edificio de mal gusto, es la casa “de tapia y rafa cubierta de teja”, detalladamente descrita en el documento de compraventa que aún se conserva, “con veintiocho varas y un cuarto de solar de frente y seis varas y un cuarto de fondo” que el señor Miranda y Ravelo compró a los hijos de don Francisco Mexía cuando su hijo mayor tenía doce años, luego de haber vivido en ella no menos de tres años, posiblemente porque el señor Miranda aspiraba a mejorar socialmente, pero en su intento se topó con los mantuanos caraqueños, y le fue muy mal. Muchos años después su hijo se toparía también con los hijos de aquellos mantuanos, que se habían vuelto revolucionarios. Y le fue peor, mucho peor.

Capítulos Publicados de “En los días de Miranda":

Obertura (para orquesta de soñadores)
El valle del Edén
El vuelo de los canarios
Un canario que cantaba los versos del Niño Dios
El canario enjaulado

Todavía no hay comentarios

de Eduardo Casanova

Buscar

Twitter

Publicidad

Contenido

Comentarios recientes

Portales de Blogs

Bitacoras.com

BloGalaxia

Blogarama - The Blog Directory

Books Blogs - BlogCatalog Blog Directory

Literature Blogs - Blog Top Sites

Globe of Blogs

Blog Directory

http://labs.ebuzzing.es

blog software