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26 de septiembre

Definitivamente, algo anda muy mal en nuestro mundo…

Una breve pasada por los diarios, noticieros, o Internet me deja con su sabor muy desagradable en la boca al constatar la involución de principios, normas de conducta, de convivencia y el retorno, indeseado, a las cavernas, a la ley del más fuerte. Cómo el amedrentamiento funciona sin que los ciudadanos levanten un dedo para impedirlo y haciéndose los sordos ante quien tiene el “valor” de hacerlo. Pareciera que el país se ha colocado de cabeza adrede, adoptando el “laissez faire, laissez passer” como si fuera una honrosa norma de conducta.

Me resulta tan cuesta arriba todo esto que me pregunto si es que cualquier peatón en cualquier calle no nota la degradación de la ciudad día a día, la impunidad más absoluta a cualquier infracción de tránsito o delito común, la adulancia servil a un energúmeno cobarde, la destrucción total del espacio en que debemos vivir, el desastre de hospitales y escuelas públicos, la herrumbre en empresas antes exitosas y hoy “expropiadas” por simple antojo del mandamás, empresas que dejaron de producir y tampoco pagan a sus empleados (que, irónicamente, fueron los primeros en apoyar tales “expropiaciones” hasta comerse los inventarios…).

Tenemos un país (al decir gubernamental) “humanista”, en el cual, por primera vez, se deja morir sin pesar alguno a un huelguista de hambre que, simplemente reclamaba sus derechos, sí, sus DERECHOS, no favores ni obsequios ni limosnas de la canalla que nos rige. En el cual NINGUNA de las “figuras” femeninas del partido de gobierno es capaz de alzar su voz contra la lapidación de una mujer en Irán pero sí de pretender acusar a la familia del huelguista de “inducirlo al suicidio”. En el cual su presidente anuncia el fin de la crisis eléctrica y se sigue con cortes de energía más largos y más abundantes que los ocasionados “por El Niño”. Un país en el cual mueren cientos de miles de seres humanos asesinados por el hampa y no hay una reacción de sus deudos. Donde pase lo que pase, la culpa no es del presidente sino de sus ministros porque no le dicen nada (si los ministros, nombrados por él, no le dicen nada, ¿cómo lo podremos catalogar…?). Donde cualquier limosna que les echen a los pies es debidamente recibida y agradecida por un pueblo que pareciera desconocer la palabra DIGNIDAD (de la cual nos dio una clase magistral Franklin Brito sin que alguien la hubiera entendido). Donde se habla de soberanía pero solo en relación al “Imperio”; Cuba es un “país hermano” (y seguramente sin designios sobre el nuestro). En el cual cientos de imbéciles, que se autodenominan “ni-nis” dedican los días de elecciones a visitar playas, montar parrillas y, en general, a despreciar el elemento más valioso de la democracia, el voto, con la consabida frase “por mi voto ni ganan ni pierden” (si son el 30% de abstencionistas, el “mi voto” da 5.100.000 votos), pero exigiendo su “derecho” a reclamar si lo votado es contrario a sus intereses muy personales. En el cual una Fuerza Armada “popular” se permite agredir a estudiantes y demás manifestantes desarmados. En el cual ha pasado un veterinario por el Ministerio de Cultura, un sociólogo por el de Agricultura y Tierras y un militar por el de Salud, por no seguir enumerándolos. En el cual el presidente, a voz en cuello y públicamente, se niega a aceptar las leyes que le impiden participar en una campaña electoral con el cuento de que es su “derecho como ciudadano” y quien es reprendido es el miembro del CNE que hace la denuncia.

No hace falta hacerse malos augurios. Es claro y evidente: el país colapsó. Y colapsó por la ineptitud, la incapacidad y el derroche de aquellos que pretenden ser reelegidos a la Asamblea, los pinnípedos que ríen las gracias de bufones fracasados. ¿Qué más pueden destruir?
Hay una sola solución: VOTAR. Con todos los alegatos que deseen aducir en contra, es la única manera que tenemos para decirles que estamos ¡HARTOS! de su incompetencia, de su derroche, de igualarnos por debajo en vez de aprovechar los talentos y la competencia que existen en este país, que estamos ¡HARTOS! de sus “guardaespaldas”, de los “anillos de seguridad” cubanos, de sus malditas Hummers, de sus mansiones que dejan como simples chozas las de la IV, de su servilismo para con un mal remedo de Cantinflas (pero bruto).

Habrá que establecer algún tipo de sanción moral para quien no concurra a ejercer su derecho (y DEBER) de votar y aplicarla sin miramientos. Tal vez algún día sus nietos lo agradecerán…

Alberto Lossada SardiAlberto Lossada Sardi, diplomático y escritor, nació en Caracas en 1950, en el seno de una familia de diplomáticos e intelectuales. Como diplomático ha servido en Estados Unidos, la Unión Soviética, Portugal, Ecuador, Nicaragua, Libia y Francia. Su más reciente cargo fue el de Ministro-Consejero Encargado de Negocios en Portugal. También ha ejercido varias funciones en el Servicio Interno del Ministerio de Relaciones Exteriores.

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