Categoría: Política
Mea Culpa
por Alberto HERNÁNDEZde odio contra esto
como un judío contra Hitler:
irreductible, sin sosiego, final.
-Guillermo Cabrera Infante-
(Mea Cuba)
I
El morral del pasado aún pesa. Las botas embarradas de un pensamiento atascado en las blasfemias, en el estupor, continúan desandando aquella rabia contenida. Éramos una realidad literaria, plástica, romántica y peligrosa. Sospechosos de todo, hoy apuntados por voces que aturden y fusilan cualquier intento de disidencia, nos revolcamos en el estercolero del tiempo. Hace décadas bebíamos el mismo veneno, la misma angustia, traducida en aquello que hasta el más fascista llama justicia social. Toda revolución tiene su costado: uno derecho, otro izquierdo. Muchas veces se confunden y se tocan, como todo extremismo.
Todavía se siente el miedo de aquellos años, el temblor en los ojos. Y entonces recuerdo al poeta Virgilio Piñera, perseguido por pensar y por su condición de homosexual en la Cuba recién etiquetada de revolucionaria. Llegó a pronunciar públicamente, pocas horas después de las macabras “Palabras a los intelectuales”, vomitadas por Fidel Castro: “Yo quiero decir que tengo mucho miedo. No sé por qué tengo ese miedo pero es eso todo lo que tengo que decir”. Y calló, no dijo más.
Después vino la noche de las “3 pes”, la redada del Ministerio del Interior contra los pederastas, prostitutas y proxenetas, el 11 de octubre de un viernes que ya no recuerdo el año. Pero no sólo fue Piñera. También acosaron a Lezama Lima. El dolor más prolongado fue el de Reinaldo Arenas, quien vivió y murió su “antes que anochezca” en los “orwellianos controles de la sociedad”, como lo definió Orlando Fondevile.
II
Los que creímos que el país podría ser otro lugar para la felicidad. Los que anduvimos de rostro de en rostro, de voz en voz fabricando ilusiones en nombre del socialismo, ese socialismo que lleva el fracaso en su propia sangre, no dejamos hoy de advertir que podríamos hundirnos en la desgracia, toda vez que quienes llevan el timón de este barco están llenos de pasado, de la negrura de esa intemperie cruel que tantas veces se nos montó en los hombros y nos hizo renegar de nosotros mismos, de nuestra familia y de Dios.
El escritor cubano, exiliado en Londres y laureado por su talento creativo, Guillermo Cabrera Infante, en el último libro que dejó escrito, Mea Cuba, señaló: “La culpa es mucha y es ducha: por haber dejado detrás a los que iban en la misma nave, que yo ayudé a echar al mar sin saber que era el mal”.
Un viejo guerrillero venezolano me dijo una noche con los ojos hundidos: “Gracias a Dios que no ganamos la guerra de guerrillas de los años 60. Qué desastre habríamos cometido. Cuántos venezolanos inocentes habríamos fusilado. Cuántas violaciones en nombre de Fidel, de Stalin, de Lenin, del Che habríamos tenido que cargar con nosotros… pero nada, hemos llegado a esto de hoy, tan absurdo, tan copiosamente falso, tan copionamente derrotado. Ojalá que no tengamos que arrepentirnos de los crímenes que aún no se han cometido, los que todavía llevan en la mente”.
Este mea culpa, tan de todos nosotros, abunda en reclamos, en autocríticas, en la búsqueda de un espacio para que la democracia no se pierda. Para que nuestros hijos y nietos, nuestros hermanos y amigos no sean arrastrados al sacrificio. Y decirle a los pocos compañeros de viaje que hoy están en el gobierno que no terminen de dejarse deslumbrar por el ejemplo de muerte de otras experiencias, tan bien conocidas por ellos, como terribles para los ignorantes.
Éramos personajes de novela, como aquel Manuel del libro de Cortázar, como el Barazarte de País portátil, como cualquier Roque Dalton fusilado por sus propios compinches, como el mismo Che abandonado de su hermano del alma en las alturas de Bolivia. Traiciones, delaciones, aberraciones. En eso tradujeron la revolución. A eso llegaron, a emparentarse con los grandes asesinos de la historia. Un mea culpa que atiende a la sombra de Hitler, Mussolini, Franco. ¿Qué diferencia existe entre los agujeros de los fusilados provocados por el sátrapa de España y el de Cuba? ¿En qué se diferencia el fascismo de izquierda al de derecha? La culpa es un morral lleno de pesadillas.
ALBERTO HERNÁNDEZ – Poeta, narrador y periodista. Egresado del Pedagógico de Maracay, realizó estudios de postgrado en la Universidad Simón Bolívar en Literatura Latinoamericana. Fundador de la revista literaria Umbra, es colaborador de revistas y periódicos nacionales y extranjeros.
¡CENSURA!
por Eduardo CASANOVAUna nueva medida de corte fascista ha inventado el gobierno del teniente coronel Chávez para implantar la censura bibliográfica. Se trata de la obligación impuesta a los importadores de libros de presentar ante el “Ministerio del Poder Popular para las Industrias Ligeras y el Comercio” (Milco) una relación de las obras que quieren traer al país, en donde hay que detallar los nombres de cada autor, el título de cada libro, una sinopsis del contenido de cada uno y una breve exposición para “justificar” la importancia que cada uno de los libros que se quiere importar tiene para el país. Asimismo deben decir cuántos ejemplares quieren importar y otros datos de índole comercial. En teoría, el tal Milco podrá otorgar un “Certificado de No producción”, para que Cadivi dé los dólares preferenciales y se autorice la entrada de los libros en cuestión. Desde luego, parecería haber la posibilidad de traerlos con dólares de mercado paralelo, pero no hay que olvidar que, además de que sería mucho más caro, permitiría a las autoridades confiscar la importación, porque el dólar paralelo es ilegal. En resumidas cuentas, se trata de una simple censura. No entrarán al país los libros que el régimen de Chávez Frías no quiere que entren. Ningún libro en el que se hable mal de Cuba, Irán o Bielorrusia, o de Evo o Correa o Castro u Ortega pasará esa barrera, como no lo pasarán aquellos en los que se defienda la democracia, o el capitalismo moderno, o la honestidad y el progreso. Edda Armas, poeta y presidente del PEN, la organización que agrupa a escritores y periodistas y defiende sus derechos, ha lanzado un grito de alerta: “Sólo cabe denunciar urbi et orbi –afirma con valentía- el hecho por lo que es: la implantación de un burdo modelo peronista de censura (Perón nunca cerró una emisora por razones ideológicas directas; les mandaba Sanidad a cerrarla por baños sucios o cosas así). Hay que salirle al paso, cada quien desde su trinchera.” Ojalá que esta nueva agresión a las libertades fundamentales sirva para que los intelectuales que todavía siguen adormecidos por los cantos de sirena del teniente coronel golpista, salgan de su idiota hechizo y entiendan la realidad.
El dulce oficio de “dirigente opositor”
por Alberto LOSSADA SARDI
Siempre me ha llamado la atención que, en los rededores de la Política seria, así, con mayúscula, pulula una subespecie muy característica: el autoproclamado “dirigente opositor”. Esta es una subespecie con características muy particulares. La forman auténticos “personajes”-como “personaje” pueda ser un payaso, un saltimbanquis o un recogelatas- producto de las bajas camadas de la política. Entendamos bien, bajas camadas porque son producto de una formación política muy elemental, como puede ser la de escuelas, de ciertos niveles de sindicalismo o de algún u otro carguito burocrático mejorados por las bondades del servilismo y no por la educación o la experiencia –que en estos casos hasta vale más que la educación- y que le han tomado a gusto al “olor a multitudes” que creen despertar entre sus correligionarios. Son ellos los que han adecuado su vida a las prebendas que el partido de turno les ofrece y que le serán fieles mientras ellas duren.
Es un “personaje” a quien poco o nada le importa el país (¿y para qué?, su vida se la han resuelto), una ideología determinada o la existencia de principios. Y como la vida le ha sido leve, se cree con un derecho natural a aspirar a posiciones que el mismo pueblo por el que dice hablar le ha negado una y otra vez. Se niega a aceptar que el cuarto de hora que asignaba Warhol a todo bicho con uñas lo dejó atrás hace rato, y, de tanto aspirar, se encuentra, sin darse cuenta, hinchado.
No le interesa triunfar en una elección (¿para qué? No sabría qué hacer). Su único interés es SER DIRIGENTE Y CANDIDATO OPOSITOR. Esto es, para él, SU carrera, SU profesión. No es “político”, es “dirigente y candidato de oposición”, y lo seguirá siendo, ad nauseam, gane quien gane las elecciones de turno. Aparecer en televisión, hacer ruedas de prensa, conceder entrevistas son su leit-motiv. Con tal de ser mencionado, lo demás es lujo; aparecer como el gran experto en perinolas psicotomiméticas o el cultivo hidropónico de ostras terrestres lo llena de orgullo y, generalmente, llena álbumes de recortes de prensa con sus hazañas para venideras generaciones. Ahora bien, cuídese mucho de aparecer alguien talentoso y con deseos de hacer algo. Es la peor ofensa que se le puede hacer. ¿Otro que le dispute su lugar preferencial ante la opinión pública? ¿E inteligente, o competente (que no siempre son lo mismo)? No, eso no lo puede permitir. Y comienza la intriga… “Yo, que me he sacrificado por mi pueblo”, “yo el combatiente por la democracia”, “yo, el hombre dedicado al bienestar de mi patria”, y a serrucharle las piernas al “nuevo”.
Este espécimen es el más peligroso de todos cuantos merodean por la política, pues es capaz de vender a su familia por satisfacer ese descomunal ego que bien cultiva. Y no desprecia un buen soborno ofrecido por sus rivales políticos (claro, hay que pensar en el mañana, cuando ya no se pueda ser “dirigente y candidato opositor” [autoproclamado]), Y a fin de cuentas, “qué me importa a mí lo que le pase a los demás mientras no se metan conmigo”.
Lo más triste es que abundan en nuestro medio. Y no nos queremos dar cuenta…
Culpable
por Eduardo CASANOVA
Todo el mundo lo ha visto en programas de televisión, y los abogados penalistas lo han visto en persona: Prácticamente no hay delincuente que no se declare inocente. Lo agarraron en el momento en que mataba a alguien a tiros, con el revólver humeante en la mano, lo vieron doce personas y los dos policías que lo capturaron, lo filmó un camarógrafo de la televisión, pero asegura que es inocente, que le “sembraron” el arma, que fue uno de los policías el que mató a la señora que se negó a darle la cartera en donde tenía el dinero que acababa de sacar del banco. Por eso es por lo que hace falta la justicia penal (donde existe), para que se determine la verdad a pesar de lo que dice el delincuente. Mutatis mutandi, así es el caso de las computadoras del personaje que se hacía llamar Raúl Reyes. Las consiguieron en el campamento bombardeado. La gente de Interpol, que no responde a gobierno alguno, determinó sin lugar a dudas que no han sido manipuladas ni variadas en forma alguna, que lo que contienen es lo que contenían un segundo antes del bombardeo y asalto al campamento guerrillero colombiano en suelo ecuatoriano, y uno de los personajes que está más comprometido y justamente acusado por el contenido de los discos duros declara públicamente: “Ahora prepara un show la Interpol (…) Pero es el Gobierno de Estados Unidos utilizando al de Colombia, lamentablemente. (…) Prepárense porque esta semana vienen con todo (…) ¿Qué significa manipulación? Trabajar con las manos. Es una verdadera ridiculez, pero hay que ponerle cuidado, porque así como Bush inventó que en Irak había armas de destrucción masiva y tenía computadoras que lo decían, ahora buscó otra que diga que en Venezuela apoyamos el terrorismo, que le entregamos millones de dólares y fusiles a la FARC. Buscando la excusa para eliminar a Chávez. O matarlo o hacer como en Panamá, que la invadieron una madrugada, mataron a miles para llevarse al Presidente acusado de narcotráfico sin prueba y lo llevaron preso y allá está aún el general Manuel Antonio Noriega (…) No sea ridículo Gobierno de Colombia. Lo reto a que presente una sola prueba no documentos imbéciles (…) Así es difícil tener relaciones con un gobierno. Prefiero no tenerlas. ¡Ah la economía, el comercio! Está bien que siga (…) pero relaciones personales. ¿Para qué?". Se declara inocente. Como todos los delincuentes. Pero todo el mundo sabe la verdad: Es culpable y debe pagar por sus crímenes. Por esos y por muchos otros, en especial por el daño que le ha hecho a Venezuela y su pueblo.
El Paraíso Burlado
por Eduardo CASANOVAA partir de hoy, domingo 11 de mayo de 2008, se publicará, capítulo por capítulo, uno por semana, “El Paraíso burlado”, de Eduardo Casanova, que consta de tres libros: “El Paraíso partido”, “El Paraíso en llamas” y “El Paraíso desperdiciado”, y narra las peripecias de Venezuela, desde la prehistoria hasta nuestros días. La obra consta de 108 capítulos: 31 “El Paraíso partido", 38 “El Paraíso en llamas” y 39 “El Paraíso desperdiciado". “El Paraíso partido” cubre desde la prehistoria hasta le Independencia, “El Paraíso en llamas” narra la Guerra de Independencia y “El Paraíso desperdiciado” comprende desde la separación de Venezuela de la Gran Colombia hasta la actualidad.
Eduardo Casanova
El Paraíso Burlado
(Venezuela desde 1498 hasta 2008)
I
El Paraíso Partido
(Venezuela antes de la Independencia)
Obertura
¿Cómo era Venezuela antes de la Independencia? ¿Por qué, en menos de medio siglo a partir de 1750, nacieron en lo que hoy es Venezuela Francisco de Miranda, Andrés Bello, Simón Bolívar y Antonio José de Sucre?, cuatro de los más importantes personajes de la América, y cuatro de los cinco personajes más importantes del proceso de Independencia de la América española.
Francisco de Miranda, el más universal de todos los americanos, nació en Caracas en 1750 y fue el verdadero ideólogo, el verdadero “inventor” de la Independencia hispanoamericana. Fue también el creador del nombre “Colombia”, que debía aplicarse a toda la antigua América española, y el impulsor de todo el proceso independentista. Hombre de ideas más que de acción, fracasó cuando trató de convertir su gran idea en realidad, y fue apartado bruscamente del camino por Simón Bolívar, nacido, como él, en Caracas, pero treintaitrés años más tarde, en 1783. Bolívar, para enfrentar a los terribles y salvajes caudillos tropicales con los que España combatió a los independentistas, se convirtió en caudillo tropical y alentó a todos los caudillos tropicales que surgieron como malas hierbas, con lo cual la guerra civil en la que se enfrentaban de un lado los españoles partidarios de la Independencia y del otro los españoles enemigos de la Independencia, se convirtió en una contienda de horrores y crueldades, en la que vencía quien fuese capaz de cometer más tropelías y maldades. Convertido ya en el Libertador, Bolívar, influenciado por Antonio José de Sucre, que nació en Cumaná en 1795, trató de reorientar aquella guerra, y para ello apeló al noble proceso de Regularización de la Guerra, del cual surgió uno de los instrumentos más admirables que se haya hecho en el mundo entero. Pero no pudo el Libertador Bolívar evitar que sus émulos, los caudillos tropicales independentistas, lo apartaran a él del camino y asesinaran a Sucre, con lo cual Venezuela quedó en manos de esos caudillos, tal como quedaría en mayor o menor grado toda la antigua América española. La fuerza, la crueldad, la astucia, la deshonestidad y el egoísmo de esos caudillos es lo que ha impedido la felicidad de los pueblos. Una clara excepción a esa regla es Andrés Bello (1781-1865), civilizador y humanista nacido como Miranda y Bolívar en Caracas, que contribuyó como nadie a que parte de la antigua América española alcanzara un grano altísimo de felicidad y jamás se ensució las manos con un sable.
Me parece evidente que el caso de Venezuela desmiente en buena medida la “leyenda negra”, que nació más por defender a los ingleses que por atacar a los españoles. La presencia de España en lo que hoy se conoce como América significó la incorporación de los habitantes de ese continente, que para los europeos era nuevo, a un proceso bastante más avanzado que el que hasta entonces habían vivido. Lamentablemente también significó una cantidad de muertes terrible, no sólo a causa de la violencia militar, sino motivadas por la biología. Es imposible saber qué habría pasado con esos pueblos, que no conocían la rueda ni muchos de los adelantos de Europa en los siglos XVI y XVII, y que estaban divididos por cerca de 500 idiomas y muchas costumbres que bien podrían merecer el calificativo de bárbaras. Imaginar lo que podría haber ocurrido no pasa de ser un ejercicio de ocio que no conduce a nada. Lo que pasó, pasó, y es muy importante conocerlo. Es posible que pudiesen superar esos atrasos, si es que en realidad son atrasos, pero también es posible que no. España, dentro de los límites de su tiempo, sí se preocupó por la educación de los habitantes de la América Española, al extremo de que en los españoles americanos nació el deseo de ser independientes, como le ocurre a cualquier hijo muy a pesar del amor de sus padres. La falla estuvo en el proceso de esa Independencia, que convirtió aquel Paraíso que intuyó Colón en un Paraíso Partido. Y bien parecería que un Paraíso Partido no puede ofrecer nada bueno a sus habitantes. Sin embargo, allí podría estar la solución: la felicidad de los pueblos de la antigua América española estaría en abandonar definitivamente el camino que aceptó Simón Bolívar, y retomar el que ideó Miranda o el que habrían querido Sucre y Bello. Y para eso es conveniente mirar con detenimiento lo que existía en la actual Venezuela antes de la Independencia, que es una forma de entender que el sueño de Miranda anunciaba un buen camino, del que se alejó la realidad el 31 de julio de 1812, cuando se cometió con Francisco de Miranda la más terrible injusticia que podría haberse cometido, que fue el día en que el posible Paraíso se partió en muchos pedazos, en muchos pedazos en los que no se ha logrado otra cosa que pobreza y frustración.
En Venezuela se ha impuesto una religión bolivariana, y como consecuencia, parecería que a los venezolanos no nos gusta hurgar más atrás de Bolívar. Es como si todo empezara en los tiempos heroicos, cuando se forjó la Independencia. Y no es así. Antes de la Independencia, mucho antes, desde antes del momento en que Colón creyó haber llegado al Paraíso Terrenal en agosto de 1498, pasando por los tiempos en que España creó un formidable mundo nuevo, y hasta que los jóvenes mantuanos, entre ellos Bolívar, impusieron su voluntad de crear un país independiente en el territorio de ese Paraíso que ya se había convertido en Paraíso partido ocurrieron muchísimas cosas que hicieron posible a Bolívar y todo lo que ha ocurrido después. En el territorio que hoy ocupa Venezuela, una vez que llegaron los españoles, se crearon varias entidades políticas que en 1777 se unificaron, y, sobre todo, existió una economía que, a fines del siglo XVIII era bastante próspera, a tal grado, que convirtió ese territorio en el epicentro de ese gran terremoto, destructor como todo terremoto, que se llamó la Independencia de la América española. Ese terremoto no podría haber nacido en un territorio descuidado, inculto, deliberadamente atrasado, habitado sólo por personas cuya educación se había descuidado deliberadamente, como suelen sugerir los defensores de leyendas oscuras.
Curiosamente, ninguno de los que han impuesto el culto a Bolívar, o de los defensores de la “leyenda negra” se ha detenido a pensar que en estricta realidad Simón Bolívar, tal como Miranda, Andrés Bello y Sucre, es un héroe español, tanto como lo es El Cid y tan español como Cervantes o Don Quijote o La Celestina o el Don Juan. Bolívar nació español y luego se hizo voluntariamente colombiano.
La historia de un país se hace todos los días. Los hombres no se sientan a esperar que ocurran grandes acontecimientos para aparecer en las fotos o en las películas o en los libros. Para entender un proceso hay que enterarse de todos sus antecedentes. Bolívar no habría podido hacer lo que hizo sin Francisco de Miranda, que también nació español, o sin Manuel Gual y José María España, como tampoco habría podido hacerlo sin José Leonardo Chirino, sin Juan Francisco de León, sin el Negro Miguel. Pero más importante aún: tampoco habría podido hacer nada sin los peninsulares de pura cepa Diego de Losada y Alonso Andrea de Ledesma, o Garcí González de Silva y Juan de Pimentel y todos los que, piedra a piedra, fueron fabricando el edificio que conoció Bolívar al nacer. Y no hay que olvidar que antes había otro mundo, el de los aborígenes, pero, dada nuestra realidad, ese mundo pertenece a la prehistoria, que en distintos grados ha dejado una huella, mucho más hermosa que lo que la gran mayoría cree, que está a la vista y los honra por permanecer muy cerca de la naturaleza. De manera que para entender lo que somos hoy, hay que entender a Francisco de Miranda, o mejor dicho, lo que soñó y por qué soñó Francisco de Miranda, pero también hay que entender lo que hizo Bolívar, y para entender lo que hizo Bolívar, hay que conocer la historia de esos tres siglos contra los que Bolívar se alzó, y para visualizar la historia de esos tres siglos hay que saber qué había antes.
En verdad, muy poca gente ha querido echar luz sobre aquellos tiempos. Quienes se han dedicado a contar la Historia de Venezuela han tocado esos primeros tres siglos con absoluto desgano. Los caudillos exuberantes que han impuesto sus voluntades en el país quisieron convertir al Libertador en un dios, y antes de la existencia de los dioses no debería haber nada. Se niegan a que se vea al Bolívar humano, que no sólo cometió muchos errores, sino que al final de su vida tuvo que afrontar uno de los más tristes fracasos de la historia. No quieren aceptar que Bolívar fue un hombre, un hombre de carne y hueso que tenía que satisfacer sus necesidades fisiológicas como cualquier otro, que tuvo padres y abuelos y bisabuelos, y que se formó en una cultura determinada, que lo precedió en el tiempo. Y ese es el mundo que hay que ver, paso a paso y con cuidado, para entender lo que ha ocurrido después y tratar de afrontar lo que aún no ha ocurrido. Hay que tratar de que todo esté en la luz para que la luz, por fin, se imponga. Todo lo que podemos saber acerca de las Expediciones Parianas, o de la explotación de perlas en Cubagua, o de la fundación de Cumaná (tiempo del Oriente), está oculto en la penumbra, tal como el alquiler del territorio a los Welser y la fundación de Coro, de El Tocuyo, de Barquisimeto, de Barinas, de Trujillo o de Mérida (tiempo de Occidente), y las muchas aventuras y desventuras de los conquistadores, los colonizadores y sus víctimas. Tampoco se percibe mucha claridad en los tiempos posteriores a la fundación de Caracas (tiempo del Centro), en que se alzaron Juan Francisco de León, o Manuel Gual y José María España, o los mantuanos de 1808 y 1810. De manera que podría creerse que antes de la Independencia todo parece como sin luz, como sin música, como sin vida.
También hay que aceptar que la mayoría de los libros de historia, en cuanto a los tiempos anteriores a Bolívar, son fastidiosísimos. Sus autores hablan de instituciones y de formas, y apenas narran algunos hechos porque no les queda otro remedio, pero lo hacen entre bostezos capaces de tragarse una montaña, y así se reafirma la idea colectiva de que la Historia comienza en Bolívar. Hay grandes excepciones, por supuesto, como Gobernadores y Capitanes Generales de Venezuela, de Luis Alberto Sucre, un libro lleno de información valiosísima, pero que parece escrito exclusivamente para otros historiadores y carece de aliento vital. Y, desde luego, están esas otras excepciones, más que grandes, enormes, de Isaac J. Pardo y Francisco Herrera Luque, que escribieron obras divertidas y a la vez didácticas, pero que no cubren esos tres siglos anteriores al Libertador, sino fragmentos, muy interesantes, pero sólo fragmentos. Falta, pues, que se escriba sobre todo el tiempo que transcurrió entre 1498 y 1810 en forma que todo el mundo lo entienda.
¿Podrían haber nacido Miranda, Bello, Bolívar y Sucre en un país muerto? ¿Podría haberse vivido el movimiento independentista en un país sin una vida intensa? La existencia de esa vida intensa fue lo que permitió que existieran esos grandes hombres. Así que, de una vez por todas, rechacemos la tesis de que no hay mucho qué contar acerca de ese mundo, español y americano anterior a la llegada de Simón Bolívar: Hay mucho y vamos a verlo. La generación de Bolívar creció en un país próspero, luego no había necesidad alguna de intentar un cambio de situación y sin embargo sacrificaron hasta sus vidas para lograrlo y lo consiguieron, no por lo material, sino por lo espiritual. Eso también hay que contarlo, pero pienso que hay que contarlo para que todo el mundo se divierta.
Por eso, debo insistir en que El Paraíso Partido (Venezuela antes de la Independencia) no es un sesudo libro de Historia. No es tampoco un libro que acepte con facilidad de insecto una clasificación. Para escribirlo, para que pasara de la musa al papel, recurrí a tres elementos: Los libros ajenos, la memoria y la imaginación. Libros ajenos de personas que dedicaron tiempo y esfuerzo a transmitir hechos, ideas y conocimientos a los que venían después que ellos en el tiempo. Memoria para recordar muchas cosas interesantes que me contaron mis parientes mayores, o mis profesores del Colegio Santiago de León de Caracas. Y la imaginación, que me ha permitido visualizar e interiorizar todo lo que leí o escuché, para luego transformarlo en palabras mías, en materia prima para este libro.
Pero eso sí, cuando digo la memoria y la imaginación me refiero a memoria e imaginación, no a investigación ni indagación a través de la lectura crítica de amarillos papeles con la ayuda de un criptógrafo, un paleógrafo y un señor de gruesos lentes que sabe mucho de eso. Lo que me propuse es hacer es llevar de paseo a unos amigos y enseñarles muchos sitios y hablar sin parar, tratando de recordar lo que acabo de leer o lo que he sabido a lo largo de muchos años sobre esos lugares. Durante el camino nos encontraremos con muchos personajes, que son los que han actuado en esos trescientos y tantos años, y cuyas acciones u omisiones trataré de narrar, bien de memoria o bien leyendo, con prudente disimulo, cualquiera de los casi cuarenta libros de los que me valí para poder contar todo lo cuento. Lo que no encuentre en ellos o no recuerde o no haya sabido nunca, lo invento, y aquello sobre lo cual tenga alguna duda, lo decido con la mayor de las arbitrariedades posibles. ¿No fue eso, mutatis mutandi lo que hizo Cayo Suetonio Tranquilo? O Plutarco de Queronea, que inventó cuanto quiso. Al fin y al cabo, en muchos casos la historia se escribía para complacer a quiénes tenían el poder. El poder político y el poder de alimentar a quienes la escribían. Por eso se inventaba a más y mejor, para complacer a quien había que complacer o castigar a quien había que castigar. Y, aunque por razones diferentes, no era muy distinto lo que solía hacer cualquiera de nuestros viejos historiadores, que en vista de que a su tía Panchita el general Hipias José Fulanítez, héroe ínclito de la batalla de Jobomojado, la vio feo o con pecadora codicia, descalifican al general Fulanítez de un olímpico plumazo, o le inventan cuanta historia sea posible para que ni siquiera desde la tumba ose ver feo o con pecadora codicia a tía alguna, por muy buenas piernas y mejores pechos que haya podido tener la tía.
Hoy la Historia es otra cosa: Los historiadores hurgan en papeles apolillados y confrontan y revuelven y revisan, y publican libros en los que las notas de pie de página ocupan más espacio que el texto.
No se espere eso de mí. Afortunadamente, nací en diciembre y a mediodía
Caraballeda, Venezuela, 2008.
Lecciones de una guerra que no fue
por ColaboracionesAnálisis de Fernando Mires de su libro Al Borde del abismo. Editorial Debate.
(Cuatro tesis)
Tesis 1
En la guerra que desde hace tanto tiempo mantiene el estado colombiano en contra de la organización terrorista llamada FARC, tuvo lugar una acción militar que efectivamente violó la soberanía nacional de Ecuador. El tema, sin embargo, no puede ser entendido sólo desde una perspectiva jurídica sino que, además, a partir de otras dos perspectivas: la militar y la política. Argumentar a favor o en contra de una perspectiva en el contexto de la otra, como ha ocurrido quizás por equivocación de parte del gobierno ecuatoriano, o por premeditación por parte del gobierno venezolano, lleva a una radical confusión de los hechos.
Desde una perspectiva jurídica el gobierno colombiano no podía tener la razón, hecho que ha sido reconocido por todos los gobiernos latinoamericanos, e incluso por el colombiano, que pidió las disculpas correspondientes al gobierno ecuatoriano recibiendo en cambio una andanada de injurias que va mucho más allá de la polémica y de la confrontación política. La agresividad empleada por el Presidente ecuatoriano quien ha hado pruebas en otras ocasiones de dominar el idioma político, sólo es posible explicar a partir de ciertas implicancias extra -jurídicas.
El gobierno colombiano hasta entonces muy cuidadoso en el manejo de los temas fronterizos, se vio probablemente conminado a tomar una decisión. Por una parte, el problema jurídico de traspasar las fronteras. Por otra parte, la posibilidad de asestar un golpe estratégico a su enemigo militar, localizado en las selvas de Ecuador. De acuerdo a la fría lógica que ha mostrado en diversas situaciones, el Presidente colombiano calculó probablemente que la decisión militar debía tener primacía por sobre el tema de la jurisdiccionalidad territorial. Hay dos razones obvias que explican esa decisión, y las dos son militares. La primera, es que el gobierno de Colombia se encuentra en guerra en contra de las FARC, y en la guerra se impone la lógica militar sobre la jurídica. La segunda es, dado que las FARC como toda organización terrorista es extremadamente centralizada, la pérdida de la jefatura era clave para entrar a una segunda fase que es el desmantelamiento de las demás estructuras.
Que lo militar tenga primacía sobre lo jurídico es bajo condiciones normales algo impensable. Pero la guerra no es una condición normal. La guerra tampoco es un hecho jurídico pues apunta a la anulación del adversario. En la guerra declarada por las FARC al Estado colombiano, su objetivo es la destrucción del orden republicano de la nación. A su vez, la guerra del Estado colombiano, está orientada a la destrucción de las FARC.
Uribe calculó probablemente que la acción militar originaría serias controversias con el gobierno ecuatoriano. Lo que al parecer no calculó fue la sobre-dimensionalización de esa controversia de parte de Correa. Quizás Uribe pensó que a pesar del desacato jurídico cometido, en Correa encontraría sino un mínimo de solidaridad, por lo menos algo de comprensión para su lucha en contra de las FARC. Después de todo, las FARC no son un grupo de idealistas samaritanos sino una de las más crueles y sanguinarias organizaciones terroristas de nuestro tiempo. Por otra parte, la agresión colombiana no ponía en riesgo la seguridad interna ni externa de Ecuador ni tampoco la vida de ningún ecuatoriano. Pero Colombia y Ecuador no son España y Francia, cuyos gobiernos, a pesar de las muchas diferencias que los separan, colaboran estrechamente en la lucha contra el terrorismo vasco.
No el gobierno colombiano pero sí las FARC son una amenaza para la soberanía territorial y para la estabilidad política de la nación ecuatoriana. Mientras Correa no se dé cuenta de esa verdad elemental, será siempre sobrepasado; incluso por el mismo.
Tesis 2
La agresividad, la virulencia y el activismo empleados por Rafael Correa en contra del gobierno colombiano transgreden normas y formas. Si Uribe cometió delito de transgresión de límites geográficos, Correa ha transgredido los límites de la diplomacia y de la política. El lenguaje de Correa no apuntaba ni a una salida ni a una solución, hecho que hace posible pensar que su gobierno no estaba interesado en una desactivación del problema sino que en un plan coordinado tendiente a aislar, “por ahora” políticamente, a la nación colombiana. Si Correa era parte consciente o inconsciente de ese plan no lo podemos saber. Es posible suponer, sin embargo, que el origen de ese plan no estaba en Quito, sino que en Caracas y, además, casi con seguridad, en La Habana.
Que el Presidente Correa rechazara enérgicamente la intromisión de tropas colombianas, cabía esperarlo. Esa debe ser parte del oficio de quien detenta el cargo presidencial. Pero la enorme magnitud de ese rechazo no la esperaba nadie. Hubiera bastado una declaración, quizás una interpelación frente a los tribunales internacionales, una queja frente a la OEA y el llamado a consultas del embajador ecuatoriano.
Correa no ha dicho, por ejemplo, que fueron las FARC las que violaron primero los límites de Ecuador y que la violación limítrofe del ejército colombiano sólo fue un efecto secundario. Las injuriosas referencias de Correa a Uribe podrían haber sido incluso interpretadas como la retórica de un presidente emocionado, si es que paralelamente hubiese hecho algunas propuestas para combatir a aquel enemigo de la humanidad que son las FARC y así evitar que volvieran a repetirse hechos tan lamentables. Pero no. Leyendo las diversas alocuciones de Correa, se obtiene la impresión de que para él las FARC son un grupo de marcianos que aterrizaron por casualidad en las selvas ecuatorianas.
Podría pensarse que el descontrol de Correa tiene un pie en su política interior. En efecto, la intromisión colombiana dejó al descubierto que no sólo circulaban terroristas colombianos en su país como Pedro por su casa, sino que, además, éstos estaban establecidos en la zona, a la que habían convertido en un centro de operaciones en contra de Colombia con la posibilidad adicional de que los de las FARC también agredieran o secuestraran a ciudadanos ecuatorianos. Que eso es lo que hacen con ciudadanos venezolanos en la frontera con Venezuela. Frente a la oposición política, e incluso, frente a algunos de sus partidarios, Correa hizo un pésimo papel.
¿Cómo es que el Presidente no había sido informado que una parte del territorio nacional estaba ocupado por terroristas extranjeros? O una de dos: O Correa lo sabía, o su administración militar es absolutamente ineficiente. En los dos casos (el primero es mucho peor) Correa apuntaba a un fracaso que su agresividad verbal no sólo no ocultaba, sino que, además, delataba. Como suele ocurrir en algunas ocasiones, sus invectivas en contra de Uribe podrían haber sido interpretadas como una “huída hacia adelante". Sin embargo, cuando el presidente Chávez determinó la expulsión del embajador colombiano y enviar tropas a la frontera, la idea de que había una conjura entre Caracas-Quito en contra de Bogotá, comenzó a tomar fuerza. Correa, en lugar de distanciarse de la posición chavista, elevó aún más el tono de sus invectivas en contra de Uribe, la que, junto a Chávez, culminaría en un violento dúo de injurias en Caracas (6.03.2008). A ellas se sumó la voz de Fidel Castro, quien cada vez que escucha hablar de guerra, resucita. Siempre obsecuente, Ortega anunció al día siguiente la ruptura de relaciones entre Nicaragua y Colombia. De un día a otro, Colombia amaneció cercada.
Tesis 3
Aparentemente Colombia se encontraba situada en una mala posición. Cercada por tres países, más las FARC que operan desde el interior y a través de los límites, y por si fuera poco, sectores estudiantiles que protestaban en las calles por los procedimientos empleados por los grupos para-militares, a los que se supone en conexión con el gobierno. No obstante, esa es sólo la apariencia. El país que tenía las mejores cartas militares y políticas en ese absurdo juego era Colombia.
Desde una perspectiva militar, el poderío de Colombia en la zona es muy superior en un sentido cuantitativo, pero sobre todo, cualitativo al de los tres países del ALBA. No se entrará aquí a analizar la cantidad de armamentos que posee cada país, bastando decir que el de Colombia es muy superior al de los tres países del ALBA unidos. Además, no se trata sólo de la cantidad de armas. Los militares colombianos saben, además, usarlas. De tal modo que los presidentes del ALBA habrían tenido que perder el juicio los tres al mismo tiempo si hubieran decidido embarcarse en una aventura militar en contra del país vecino. Sabían, además, que Colombia recibiría la ayuda directa de los EE UU país que, al tomar una decisión, no tiene como equivocarse. Y no por defender los intereses del “imperio", ni nada por el estilo. Mucho más dependiente del imperio que Colombia es Venezuela cuya “revolución” es financiada directamente desde los EE UU, ya sea por venta de petróleo, ya sea por compra de alimentos. El problema es que, por razones que nadie entiende, el ALBA, en especial Venezuela, ha buscado el apoyo de los enemigos naturales de los EE UU en otras regiones, sobre todo en Bielorusia e Irak. Esa habría sido la ocasión propicia para que Bush hubiera terminado su mandato con un triunfo militar al menos, empresa en la que con toda seguridad habría sido apoyado sin reservas por la señora Clinton y el señor Obama quienes tendrían así un problema menos al comenzar el gobierno, que seguramente compartirán ambos.
Desde una perspectiva económica quienes más habrían perdido en el cerco a Colombia, son Ecuador y Venezuela. En todo caso, mucho más que Colombia.
Ahora bien, donde reside la mayor fuerza de Uribe es en el frente político interno. Más del ochenta por ciento de la población colombiana lo apoya y lo apoyará en la guerra en contra de las FARC y, si se da el caso, en contra de los eventuales aliados externos del terrorismo local. La mayor parte de la clase política colombiana, incluyendo a la izquierda, está y estará de su lado. En cambio, de los tres Presidentes adversarios de Uribe, el único que está todavía en la cima de su popularidad es Rafael Correa. El gobierno de Chávez se encuentra en una situación política miserable y el de Nicaragua también en rápido descenso. De tal modo que en un conflicto externo, el ganador político habría sido el gobierno de Uribe. Por si fuera poco, de los cuatro gobernantes envueltos en el conflicto, el más inteligente, y con mucha distancia, es Alvaro Uribe. Y tanto en la guerra como en la política, la inteligencia juega un papel importante.
Si Maquiavelo hubiera querido encontrar su equivalencia a El Príncipe en una región lejana, Uribe habría sido el candidato ideal. Nunca habla demasiado, sólo lo preciso y lo justo. Sabe tender trampas al adversario (caso Emanuel), tiene paciencia y una frialdad impresionante para dejarse insultar sin responder. Nunca pierde de vista el objetivo principal. Si es necesario, sabe ser también cruel, lo que en una zona políticamente civilizada es un gran defecto, pero en las condiciones pre-políticas que subsisten en Colombia, y sobre todo en los países vecinos, se convierte en una virtud. Sus relaciones con el paramilitarismo lo han ensuciado bastante, de eso no cabe duda, pero no lo suficiente como para que la mayor parte de la población colombiana que detecta que el enemigo principal son las FARC, deje de restarle su apoyo.
La que vive Colombia es una guerra. Y todas las guerras son sucias. Solamente a los chavistas que parece que de táctica militar entiende menos que de política se les puede ocurrir que el hecho de abatir a un terrorista como Raúl Reyes fue un asesinato. En las guerras no hay asesinatos. Hay ejecutados y abatidos. Raúl Reyes fue abatido por sorpresa, y el militar que no sabe que en la guerra hay que atacar por sorpresa, mejor que se dedique a coser y a bordar.. O a cantar y a bailar.
Raúl Reyes murió en su ley.
Pero si todas las guerras son sucias, las guerras en contra de grupos terroristas son más sucias aún. Es que uno de los propósitos de los comandos terroristas es el de ensuciar al enemigo hasta el punto de llegar a convertirlo en alguien irrepresentable. El gobierno socialdemócrata alemán de Helmuth Schmidt por ejemplo, se ensució tanto, que para salvar a los rehenes que mantenía la Rote Armee en Mogadicho, tuvo que ocupar aeropuertos africanos y pagar las debidas compensaciones. Una de las razones del declive del gobierno de Felipe Gonzáles en España, tuvo que ver con la responsabilidad indirecta del gobernante en actos ilegales (ejecuciones y torturas) cometidos en contra de los terroristas de la ETA. El gobierno de Israel tiene que responder a los ataques de las fracciones terroristas del Hama con medios que con toda seguridad nunca desearían emplear sus gobernantes. En Colombia, las FARC han igualmente logrado no solamente ensuciar políticamente a Uribe, sino que a la mayoría de los presidentes que lo antecedieron.
Después del terrorismo, no hay nada que sea moralmente más repugnante que el para-militarismo. Sin embargo, y esto es lo que cuesta entender a muchos, no el terrorismo es una consecuencia del para-militarismo, sino que el para-militarismo es una consecuencia del terrorismo. Si las FARC desaparecieran, más temprano que tarde el para- militarismo se desintegraría. Si el para-militarismo desapareciera, el terrorismo de las FARC continuaría actuando. Esa es la relación, y no otra.
Lo cierto es que pese sus abusos de poder, a la ilegalidad de los para-militares, y a la violencia, a veces excesiva de los policías que en algunos casos han hecho suya la lógica de los terroristas, Uribe continúa siendo el gobernante más popular de la región. Más aún: Chávez lo ha hecho más popular que nunca. Ahora bien, en caso de guerra, la solidez del frente interno es la condición más importante para un triunfo, más importante aún que la cantidad de armas. Eso lo sabe cualquier militar, y Chávez es militar.
La solidez de ese frente interno no la tiene Chávez ni en sueños, ni siquiera entre sus propios partidarios quienes cada cierto tiempo, como ahora está ocurriendo, libran luchas verdaderamente caníbales. El resto de la población venezolana, o es oposición, o es absolutamente indiferente al gobierno. Con Daniel Ortega ocurre algo parecido, más de la mitad de Nicaragua lo adversa. Y además, Ortega … Digámoslo así: Ortega no es uno de los gobernantes más prestigiosos del mundo.
Sólo Correa mantiene su popularidad, entre otras cosas porque es un político talentoso, cualidad que lamentablemente no ha mostrado en los últimos acontecimientos.
Desde una perspectiva internacional, Uribe ha sabido ganar el respeto de los gobiernos europeos. Cuenta, está de más decirlo, con el apoyo incondicional de los EE UU, con Bush o sin Bush. A Brasil le interesa Venezuela sólo como socio comercial, y a las tímidas y asustadizas democracias del Cono Sur, el gobierno de Chávez les causa más problemas de los que quisieran tener. En fin, tanto la correlación nacional como internacional de fuerzas, favorecía, casi sin contrapeso, al gobierno de Uribe. Chávez, cuyo instinto político es innegable, se dio cuenta a tiempo, y decidió frenar, y como ya es su costumbre, en el mismo borde del abismo.
Tesis 4.
El principal enemigo del gobierno de Uribe, que es el de Chávez, se encuentra, POR AHORA, políticamente neutralizado.
Por ahora, es el antiguo lema de Chávez. Eso lo dijo el Chávez joven cuando fracasó su golpe de Estado: por ahora. Por ahora, el gobierno de Chávez se encuentra en una posición defensiva. Está siendo atacado por todos lados, incluyendo el propio. Un día son los buhoneros a quienes les entregó las calles y a quienes quiere erradicar de las calles. Otro día los obreros y empleados de Sidor. Una vez, y casi siempre, los estudiantes. Cuando menos se espera, los ultraizquierdistas “a la Lina Ron” le echan a perder sus escenas cinematográficas. La corrupción de sus aliados le comen el gobierno por dentro. Tascón, el eterno delator: Delator de profesión, delata a los otros, hoy a los suyos. Los motociclistas y batallones siniestros que amedrentan a la población y le restan cada día más votos para unas elecciones que nadie sabe si tendrán lugar y en las cuales, chavistas y antichavistas, todos juntos, quieren ser candidatos. Chávez los vuelve locos, los locos vuelven loco a Chávez.
Chávez quiere salvar la revolución ¿Cuál revolución?
La revolución después de nueve años no ha comenzado, y antes de nueve años ya había terminado, antes de que comenzara. Mucho antes: la revolución de Chávez fue derrotada en 1990, cuando cayó el muro de Berlín.
El 2 de diciembre del 2007, Chávez perdió no una consulta popular. Perdió un proyecto de toma de poder. Después del 2.12.07, no tenía más alternativa que gobernar, aunque no tenía ningún programa de gobierno. Ni siquiera tiene un personal administrativo idóneo para gobernar. El Estado está ocupado por cuadros ideológicos y militares que rotan de un puesto en otro. Los verdaderos cuadros de gobierno están en la oposición. Es cierto que en un arranque de extrema lucidez inventó Chávez tres R. que nadie se acuerda ahora que significan. Al día siguiente se olvidó de todo y creyó de nuevo no en el gobierno, sino que en el poder eterno, aquel que no está en este mundo pero que lo obsesiona. Ese poder nunca lo podrá tener. Ni él ni nadie. Entonces inventó una guerra. “Cortinas de humo", dijo el hábil Rosales. “Evadir la realidad", afirma el general Baduel, quien pesa cada palabra como si las palabras tuvieran plomo. Ambos tenían razón. Todavía es tiempo de que el gobierno rectifique, pero el problema es que, a diferencias de Uribe, el Presidente venezolano se encuentra en una estado de extrema ideologización, alteración que le impide desarrollar sus ideas y pensar con libertad.
En cierto modo, el Presidente Uribe –que ironía de la historia – ha salvado con su accionar práctico la continuidad del gobierno venezolano. ¿Qué habría pasado si Uribe se hubiese dejado llevar por el falso orgullo y por las emociones que hizo gala el joven Presidente Correa? Es mejor que ni lo pensemos. Gracias a que en Colombia hay un Presidente que piensa políticamente, vale decir, alguien que es un político de profesión (y de vocación), ha sido evitado el hecho trágico de que muchas vidas humanas hubieran sido inútilmente segadas.














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