Categoría: Alejo Urdaneta
Y ya no amamos
por Alejo URDANETA
De repente,
la lluvia insiste,
y ya no amamos.
De repente,
a tu lado
hay un mundo de silencio:
Miramos por los cristales
sucios de tiempo perdido,
mañana de bruma lenta,
y el agua cae por las acequias
y se lleva las hojas.
Y ya no amamos.
Está oscuro el día,
alguien inocente duerme.
Guardas silencio
y miras la lluvia.
Sólo suena un respiro de brisa,
serena y pausada,
el respiro de alguien
que duerme
el sueño del desamor,
y tú eres el sueño.
ALEJO URDANETA, excelente cuentista, ensayista de primera línea, poeta, nació en Caracas en agosto de 1944. Abogado, estudió en la Universidad Central de Venezuela e hizo un post-grado en La Sorbona, en París, en Derecho Internacional y Mercantil.
El Humanismo en cada Individuo
por Alejo URDANETAEl mundo que vivimos hoy día ha podido ser el resultado del enfrentamiento ideológico de dos mitos, nacidos desde que el hombre tuvo consciencia: Uno se sustentaba en un estadio inconmovible, asentado en la idea de una edad de oro y que nos decía que hubo un tiempo de paz y abundancia. Era la Arcadia del poeta Virgilio, el Edén bíblico: un lugar bucólico de felicidad inmaculada. Y sin embargo, esta idea de paz, al ser estática, condenaba al hombre a la inmovilidad creadora. El pasado era un continuum fundado en la piedra tradicional. A ese pasado el hombre ha querido regresar con la idea de la felicidad como propósito vital.
El otro mito proviene del peregrinaje humano que se inició cuando el fundador Abraham abandonó su lugar natal, Ur, en la Mesopotamia que hoy es Irak, para buscar la Tierra Prometida. Era el inicio de la utopía que miraba el futuro y el cambio fermentado por las revoluciones. Este tránsito iniciado por Abraham se afirmó con el Cristianismo, la llegada del Mesías que instauraría el reino de Dios que proclama la agonía, el ‘agon’ griego. No es ahora el extático mundo de la contemplación, sino la contradicción dialéctica que origina oposiciones y la revolución en sus distintas expresiones. El Cristo lo dijo explícitamente: “Vine a meter fuego en la tierra, ¿y que he de querer si ya prendió?” (Luc. XII, 49”54).
Tocar tu cuerpo...
por Alejo URDANETA
Es como tocar una guitarra
en el prado abierto a la luna.
Siento la caricia de las cuerdas
y doy la caricia de mis manos
a la forma curvada de tu cuerpo.
Tocarte
es hacer música
Con el aire
y el eco de la montaña;
Igual que
poner un arrullo en el silencio,
fluyendo como aceite de mis dedos
Lamer
la cabellera de trigo
de tu sagrario iluminado,
besar el instante del humo
que aparece como vendaval
de pájaros
adormecidos
de viaje,
adoloridos de viento.
Tallar tu figura
en mármol,
trazos de piedra franca
en mis manos:
Huesos lamidos por anillos,
tus dedos;
pulso tendido en el abrazo.
La oliva madura
exhala fragancia de lujuria.
Mondarla en un apretado
beso,
exprimir su jugo misterioso
oculto en sábanas de musgo.
Beber luego de tu vid
la sangre perfumada de la uva,
sorber de la axila de la rosa
aromas de campo y fértil tierra.
Y nos bañamos de luces,
relámpagos de lluvia
en nuestros cuerpos.
En tu cuello un cisne
y en el rumor del llanto
una llamada.
No hay descanso
para el sollozo.
ALEJO URDANETA, excelente cuentista, ensayista de primera línea, poeta, nació en Caracas en agosto de 1944. Abogado, estudió en la Universidad Central de Venezuela e hizo un post-grado en La Sorbona, en París, en Derecho Internacional y Mercantil.
América por descubrir
por Alejo URDANETA
Cuando con desagrado y asombro escuchamos que el nombre de nuestro continente ha sido despojado en parte de su título primigenio: AMÉRICA, sentimos que la posición de este lado del mundo ha sufrido una exacción espiritual. Que se nos llame Nuevo Mundo, Hispanoamérica, Latinoamérica o con una designación metafórica, no nos alivia del hecho de haber sido postergados en el suceso maravilloso del encuentro americano.
El mapa que dibujó la geografía de la América fue estampado en el borde de la masa continental del sur. Allí recibió su nombre. El hemisferio norte tuvo mucho después ese título a causa del sistema de gobierno adoptado por los pioneros venidos del Reino de Inglaterra, para establecerse con los mismos principios de Estado que traían de Europa, y se autoproclamaron: Estados Unidos de América.
América era la continuidad de la existencia precolombina, tanto así que los mexicanos dicen que su independencia aborigen fue vulnerada por la conquista en el siglo XVI. El nacimiento estaba en el reino de los aztecas. Hubo después la restauración de la vida indígena mexicana, al declararse la independencia en 1821. Y sin embargo, esta restauración no fue una vuelta al origen sino la apertura a una sociedad nueva, occidentalizada.
Pero era un camino que tuvo origen antes de la Nueva España y fue suspendido por cuatro siglos, hasta la independencia que abría otra aventura en el pueblo mexicano. Para el país el pasado es una red que envuelve y protege todos los modos de su existencia, pero lo desconoce en su esencia. El aborigen no fue uno sólo ni uno solo fue la comunidad de reinos. Eran múltiples los grupos, con ideas que crearon rivalidades opuestas, y todo había nacido en un tiempo todavía indeterminado.
De los pueblos de América quizás sean México y Perú los que han conservado mayor influencia aborigen. El descubrimiento por los conquistadores dejó la impresión de una cultura muy antigua. Los poemas del Perú dedicados al dios Vichama cantaron el nacimiento de la humanidad narrada por los aborígenes precolombinos, la vida creada sobre piedras y la pesca en la plenitud marina. Eran maestros artesanos, una estirpe creadora que labraba la roca y abría surcos para la siembra; era la música triste de la flauta y el aroma del maíz en el recinto del dios de la tierra, el que propiciaba los ritos del pueblo que nació antes de que nos llamásemos americanos.
El letargo del tiempo dominó en la mayoría de los pueblos indígenas de nuestra América, pero Perú y México crearon una cultura propia, y fue obra de los ascendientes de nuestro continente.
¿Importa algo que nuestro patronímico: AMÉRICA, haya sido olvidado? Tengo la seguridad de que es importante, ya que se trata de definirnos como un género distinto de los que pueblan el resto del continente americano. No somos como los herederos de los colonos venidos en el Myflower, el barco que transportó a los llamados Peregrinos desde Inglaterra, en el Reino Unido, hasta la costa de lo que hoy son los Estados Unidos de América, en 1620. Llegaron a lo que llamaron Nueva Inglaterra. Este suceso dio paso a la denominación que dieron los colonos a la nueva tierra.
En cambio, los pobladores originales de estas tierras sí tenemos un carácter nuevo y único que puede servirnos como rasgo de identidad.
Queda de nuestra América algo perdurable: la fusión de razas y costumbres que dan al medio un tono distinto. Aborígenes, españoles o portugueses, negros robados a su tierra africana para servir de esclavos: Todo ese conjunto se ha mezclado para dar paso a una cultura.
En el Cuzco nació el Inca Garcilaso, un mestizo americano hijo de conquistador y de una ñusta peruana. Su obra: Los comentarios reales es la historia de los incas y la del nuevo Perú, en una argamasa de sucesos que van formando la nueva población dominante.
Y observamos en otro paraje del continente la aparición de Benito Juárez, un indio zapoteca puro, sin sangre española. Juárez representó para el México que se repuso de una humillante monarquía, una bandera de libertad. Tenía el jurista zapoteca los valores de la cultura occidental, y no repudiaba su herencia indígena. Quizás por eso pudo desarrollar en México la extraordinaria labor de impedir la disolución del país.
La imagen real de nuestra América hispana, indígena y negra ha sufrido distorsiones. No hemos sabido juzgar el significado de estas personalidades representativas.
No era sólo el Inca Garcilaso, y no bastaba nombrar a Benito Juárez. En Centroamérica, otro espacio de culturas mezcladas, nació un poeta que nunca había salido de su país: Nicaragua. Rubén Darío era hispanoamericano y absorbía una variedad de culturas. Sin haber conocido Europa, imaginó como poeta el mundo de Francia y se llenó de la cultura de otros mundos. Un criollo americano que produjo la innovación literaria más sorprendente en el siglo XX: El modernismo. No era un poeta simbolista francés, ni era español ni indio ni negro. Rubén Darío era americano, nicaragüense.
El polígrafo venezolano y chileno don Andrés Bello se refirió a La Araucana y estas fueron sus palabras: “Chile es el único de los pueblos modernos, hasta ahora, cuya fundación ha sido inmortalizada por un poema épico”. Lo dijo un americano universal, creador de la gramática de nuestra lengua y de leyes civiles, poeta de mil voces americanas. En fin, un hombre a la altura de Goethe y de Alfonso Reyes, nacido en Caracas y cobijado por Chile.
Esas palabras de Bello podían estar dirigidas a otro gran poeta americano y universal: Pablo Neruda, para afirmar sin equívocos que Neptalí Reyes es digno continuador de don Alonso de Ercilla. El Canto General es una epopeya chilena y americana de proyección universal, un poema con alto sentido humanista.
De Simón Bolívar se ha dicho que tenía raza negra, o que era español puro, o zambo con indio. ¿Es que de España vino una raza pura, cuando toda la península es una mezcla de razas diversas: celtas, iberos, judíos, árabes, negros? Si de algún país europeo puede afirmarse que es un mapa étnico colorido de castas y linajes, ese país es España.
Los Bolívar vinieron a Venezuela siglos antes de que naciera El Libertador, y la estirpe venía de esas mezclas.
Arturo Uslar Pietri dictó una conferencia en 1992, para conmemorar el quinto centenario del encuentro entre Europa y la América del Sur. Se preguntaba Uslar: “Bolívar, ¿era español? ¿Era aborigen, o africano? Y su respuesta fue tajante: “No; Bolívar era un americano, venezolano”. Con eso quería decir una cosa distinta de El Libertador, es decir que podía representar la existencia de un hombre nuevo en nuestras latitudes de selva y llano, de tormentas y nieve, de mar interminable.
Bolívar conocía las raíces africanas, lo mismo que las españolas. La nodriza que lo alimentó con su leche negra también le enseñó los cantos y hábitos del Continente lejano. La personalidad de El Libertador estaba compuesta por el flujo nutricio de otras culturas.
La ingente tarea desplegada por un grupo cada día más grande de americanos, ha dado resultado: Hemos llegado caminando hasta cada lindero territorial, para ver más allá y reconocernos en nuestro semejante aborigen o criollo o inmigrante pegado a la tierra de esta dolida América.
Hoy día nos comunicamos por el internet y cruzamos experiencias, intelectuales y de orden práctico. Junto a ese conjunto de conocimientos puede colarse, como ave de nuestros bosques, un poema del venezolano Eugenio Montejo, lamentablemente fallecido hace pocos años. Al leerlo y comparar su obra con la de otros poetas de América, hallamos un tono común, una búsqueda repetida.
Escuchemos:
SI VUELVO ALGUNA VEZ
“Si vuelvo alguna vez
Será por el canto de los pájaros.
No por los árboles que han de partir conmigo
o irán después a visitarme en el otoño.
Ni por los ríos que, bajo tierra,
siguen hablándonos con sus voces más nítidas.
Si al fin regreso corpóreo o incorpóreo,
levitando en mí mismo,
aunque ya nada logre oír desde la ausencia,
sé que mi voz se hallará al lado de sus coros
y volveré, si he de volver, por ellos;
lo que fue vida en mí no cesará de celebrarse,
habitaré el más inocente de sus cantos.”
ALEJO URDANETA, excelente cuentista, ensayista de primera línea, poeta, nació en Caracas en agosto de 1944. Abogado, estudió en la Universidad Central de Venezuela e hizo un post-grado en La Sorbona, en París, en Derecho Internacional y Mercantil.
LA PASIÓN LITERARIA DE ALEJO URDANETA
por Eduardo CASANOVA
Alejo Urdaneta (Caracas 1944) irrumpió con mucha discreción en el mundo literario venezolano en 1979 con “Ezequiel y Otras Visiones” (Cuadernos de la Asociación de Escritores de Venezuela, Nº 147. Caracas). Allí se hizo evidente que es uno de los más finos cultores del cuento en nuestro país, que se caracteriza por tener excelentes cuentistas. Esa impresión se ratificaría con “Juegos, Sombras y Transparencias” (Vinicio Romero Editor, Caracas, 1982), y se acentuaría con “La Falsa Ciudadela del Recuerdo” (Editorial Actum, Caracas, 1993) y “Frutos del Mismo Tiempo” (libro editado con el patrocinio de la Sociedad de Amigos del Círculo de Escritores de Venezuela y la sociedad Datos Information Resources, con el sello GILAVIL, Caracas), obras todas que aseguraron el nombre de Alejo Urdaneta entre los primeros de la cuentística de esta parte del mundo. En otros campos publicó obras de carácter jurídico (“Estudios sobre el Derecho de Autor”, Ediciones GILUZ, 1.998, “Estudios acerca de derecho de Familia: Divorcio y separación de cuerpos”, publicado por “Venezuela Positiva”, 2000, “La valoración jurídica como elemento fundamental de la creación del Derecho. Ensayo filosófico-jurídico”, Universidad Católica Andrés Bello, 2004), y más recientemente empezó a incursionar en el ensayo propiamente dicho, en donde se ha revelado como uno de los más finos y notables ensayistas de la actualidad. En ese campo se inició como con alguna timidez (“THOMAS MANN: Los Recuerdos primordiales, (Anotaciones a la situación ética del artista). En: “Conciencia Activa”, junio de 2005; “¿Es poesía el cuento?”, publicado en la Revista Banco Central de Venezuela, CULTURAL, número 18, 2006), para desembocar en dos obras fundamentales, que colocan su nombre también entre los mejores ensayistas del país: “El arte: Una apreciación personal” (Editorial Actum. Caracas, 2006) y, sobre todo, “FORMA E INTENCIONES DEL LENGUAJE” (Ediciones Giluz. Julio de 2009), una obra que, a pesar de su relativa brevedad (89 páginas) se sitúa, por su densidad y profundidad, entre los ensayos más importantes que se han publicado en Venezuela. Y aunque no ha publicado hasta ahora ningún tomo de poesía, a través de su obra dispersa ha marcado su presencia también notable entre los poetas venezolanos. Pocos venezolanos se han dedicado con tanta pasión al cultivo de las letras, y a pocos se les debe aún un verdadero reconocimiento público como a Alejo Urdaneta. Es ese uno de los muchos pasivos de la crítica literaria venezolana actual, que ojalá sea honrado pronto por quienes pueden y deben hacerlo.
Jesús Soto y el Cinetismo (Conceptos e historia, con opiniones del artista)
por Alejo URDANETA
La historia de la pintura en su evolución hasta comienzos del siglo XX ha sido representativa. Consistía en la reproducción de lo natural, con mayor o menor exactitud. A principios del siglo pasado, Cezanne y luego el Cubismo y sus escuelas impusieron una nueva manera de ver y expresar la realidad. Ya no se ve con la rectitud organizada de las figuras, humanas o no, sino que se deforma y se crea un nuevo valor plástico.
Todavía en estos inicios no se había entrado en el arte abstracto. El arte de la pintura dibujaba rombos, triángulos y poliedros, en composiciones que no se desprendían de la pintura figurativa. No era todavía el abstraccionismo en la pintura; era la simplificación del arte figurativo.
Jesús Rafael Soto nació en Venezuela, en 1923, en una población cargada de historia: Ciudad Bolívar, donde se instituyó la prensa escrita y se fraguó la creación de la llamada Gran Colombia, inspiración de El Libertador Simón Bolívar. Era una población aislada, sin museos ni actividades del arte. Él mismo ha dicho que aprendió solo el arte de la pintura. Deja su ciudad natal y viaja a Maracaibo, en el occidente del país, para encargarse de la dirección de una escuela de artes plásticas. En 1950 se va a París y allí comienza su carrera de artista creador de nuevas formas.
“Mi punto de partida fueron Cezanne, el Cubismo y Van Gogh. Nunca estuve interesado por hacer pintura nacional ni por seguir las corrientes nacionales (…) No había la suficiente información ni formación para entrar en el campo de la creación pura.”
(Soto)
Comenzó así el itinerario de Soto en la búsqueda de su creación propia, orientado hacia el arte abstracto que surgía en Francia; pero no se quedó allí y dio un paso más: convertir el cuadro en espacio real, no una imitación del espacio y del movimiento. Lo que hacía la pintura figurativa expresaba simbólicamente el espacio y el movimiento mediante la representación de las figuras: estaba implícito pero no tenía su propia realidad.
Ya se define el origen del arte cinético, en el que el espectador participe en la creación de ese espacio y de ese movimiento: El arte en movimiento.
“Lo importante para mí era encontrar el modo de poder separar definitivamente la abstracción de la figuración, sin dejar de ser pintor (…) Mi preocupación fundamental consiste en destruir la forma en busca del movimiento dentro de la bidimensionalidad (…) La obra figurativa no es una obra abstracta, porque utiliza todos los medios tradicionales expresivos de la pintura figurativa, sin mostrar el objeto.”
(Soto)
El artista venezolano recurre a la superposición, por ejemplo, de dos formas abstractas, de plexiglás, que con el movimiento del espectador se desplacen una sobre otra creando una vibración.
Entiendo que resulta difícil explicar con la palabra el efecto visual, plástico, de un “penetrable” de Jesús Soto, pero sí puede darse una aproximación a la obra realizada con ese método de composición.
(“El “penetrable” es una estructura de cuerdas en la cual el espectador se introduce y obtiene una visión deformada, gris y temblorosa que borra la figura humana y la hace reaparecer en medio de una lluvia de cuerdas transparentes.” Cita de Arturo Uslar Pietri, tomada de su obra: Giotto y Compañía: SOTO. Fundación Eugenio Mendoza. Caracas, 1987).
Cuando Soto abandona el material flexible y utiliza las varillas delgadas, de metal, superpuestas sobre contra un fondo de rayas, se crea una ilusión que en realidad no lo es. Hay un espacio real (la distancia entre las varillas y el fondo), y hay también un movimiento real de vibración que se crea al moverse el observador.
“La vibración es una relación existente al margen de los elementos. Ellos sólo sirven para demostrarla. A partir de aquí constato, no ya la pobreza de los medios de expresión figurativa, sino incluso la insignificancia intrínseca de los elementos, descriptivos o no, en el lenguaje plástico abstracto.”
(SOTO)
“Cada vez que el arte pretende anquilosarse, surge la voz de Dadá que recuerda que el arte es creación constante.”
(Soto)
Soto defendió siempre su naturaleza de pintor. Una fotografía no puede dar el sentido tridimensional. Sólo el Cinetismo permite crear esa otra perspectiva de la captación de la obra, y el arte abstracto que se logra con la obra cinética es invención pura, sin correspondencia con la realidad visual de la naturaleza.
Jesús Soto fue un creador de nuevas formas en las artes plásticas. Su genio superó las limitaciones geográficas y sociales de su educación en una población rural de Venezuela, y es hoy día el artista siempre nuevo en la visión y la experiencia vivida por cada persona ante su magnífica obra.
Nuestro artista murió en París, en 2005.
ALEJO URDANETA, excelente cuentista, ensayista de primera línea, poeta, nació en Caracas en agosto de 1944. Abogado, estudió en la Universidad Central de Venezuela e hizo un post-grado en La Sorbona, en París, en Derecho Internacional y Mercantil.
Amantes
por Alejo URDANETA
Despierto la guitarra de tu cuerpo
con la caricia en el ungüento de los dedos,
lamido de lenta lengua
en la blandeza azul de tus anillos.
Temblor de ave adormecida
que pasea en mármoles de humo.
2
El hueso de la tarde es palpitante abrazo
extenuado,
ventisca que se aloja en las ventanas,
bajo el deseo de sabanas y llanto.
3
Lloro por ti y me pierdes
tras los espejos de la lluvia,
y me buscas en el odre hueco
de la fragancia gris del vino.
4
Ya el cuerpo abandona su delirio,
tu boca aprieta en las manos
un recuerdo,
un adiós,
en el lienzo inviolado de la tarde.
5
Piedra desdeñosa de la sombra,
forma del cuerpo en la calzada,
en el pavimento de la noche solitaria.
El amor es peregrino de otras aguas,
trenza en el cuello del cisne,
perfil de blanca perla,
cintura ceñida a mi distancia,
torso de espiga
de la voluble flauta:
gime todavía en la garganta.
6
Dejaste la perla,
cerraste el párpado
y llegó un bosque de recuerdos,
leves brotes,
espinas blandas,
ruiseñor que canta
bajo la luna.
7
La noche maga con su rezo
clavó en las pupilas
su vaga nieve de silencio.
Hurtó la luz
de mis corceles,
trajo la inquieta ensoñación,
las olas solitarias.
ALEJO URDANETA, excelente cuentista, ensayista de primera línea, poeta, nació en Caracas en agosto de 1944. Abogado, estudió en la Universidad Central de Venezuela e hizo un post-grado en La Sorbona, en París, en Derecho Internacional y Mercantil.
SEDUCCIÓN (Cuento basado en la obra pictórica NARANJAS Y LIMONES, de Julio Romero de Torre. España)
por Alejo URDANETA
Cada tarde la ven llegar a la casa señorial, vestida con la sencillez del dependiente pero mostrando en sus oscuros ojos la pasión y el dominio. Trae las macetas de flores con las que adornará la sala recogida en el claroscuro del crepúsculo. Parece que las flores supieran del cansancio de la mujer cuando sube los escalones de la casa. Deja la maceta y pasa luego al desván para cambiarse de ropa y dar inicio a un ritual que cumple a diario, desde que llegó a la casa como asistente en labores domésticas. En el descanso del último peldaño ha visto encendido el fanal que ilumina la entrada principal de la casa y es el anuncio de que el amo y señor la espera.
Se quita el traje raído y cubre su desnudez solamente con una blusa ligera y falda lisa, blanca, que dibuja las caderas firmes y la estrecha cintura. Lleva recogido el cabello en un moño y su rostro se ve apenas entre las sombras. Sólo los ojos brillan en ámbar negro y brillante y se destacan en la tenue penumbra. Ya está preparada y se dirige al jardín del fondo de la casa donde los árboles frutales propagan su aroma por el verde cuadro. Cada día permanece absorta entre la vegetación, aspirando el aroma y tocando con suavidad las frutas que cuelgan de las ramas: naranjas, limones, mangos. Los colores, a esta hora, han disminuido, pero aun así llenan su mirada y los ojos se hacen más brillantes. Su rostro no es dulce, y en la boca se muestra un rictus de poderío.
Recoge algunas naranjas, las más hermosas, y las coloca en un cesto.
En la mujer titila sin cesar una luz interior. Tiene un caleidoscopio de perfume y música en el que estallan los colores de todos los jardines, peces tornasol de ríos exóticos, las estrellas que sólo se ven desde el fondo de un pozo. No se siente ofendida por aparecer subyugada ante los caprichos del señor de la casa. ¿Será que quienes se presentan ásperos y expresan dominio, lo hacen porque no pueden tolerar la idea de pedir, rogar por algo que les puede ser negado? Quizás el amo quiera provocar en la mujer el acto de despojarse de la servidumbre, y si así fuese la recibiría con otro talante que pudiera ser de amor. Ella lo sabe, ya otras mujeres han padecido el falso poderío. Todos los que se inclinaban ante los caprichos del señor sentían que él estaba pidiéndoles una afirmación de su propio dominio. ¿Quién era la víctima?
Sube los tres peldaños que la conducirán a la habitación del dueño de la casa. Lleva la cesta con las naranjas, apretada a su cuerpo, y el rostro se dulcifica un poco cuando se acerca a la puerta. Arregla el moño y la falda. Se detiene y ve a su alrededor: sólo ella está en la estancia. Hace un movimiento del cuerpo y se despoja de la blusa. Senos firmes, redondos como las frutas del jardín. Saca del cesto las naranjas y se expande un suave perfume maduro. Con el hombro empuja la puerta y entra a la habitación dominada por la oscuridad. En el fondo del cuarto está la cama, y hacia allá se dirige con las frutas sostenidas con las dos manos. Se escucha el ronroneo del señor en su profundo sueño, y ella se queda de pie ante la cama, en silencio. En ese estado pasan algunos minutos: ella escucha el gruñido del señor, esperando que despierte.
Repentinamente, la mujer arroja las naranjas sobre la cama, al lado de su señor, y lo toca suavemente en el brazo. El hombre se mueve tratando de incorporarse. Cuando se sienta al borde de la cama, ve entre sombras a la mujer semidesnuda. Tiende las manos para atraerla hacia el lecho, pero la mujer rehúye el gesto. Si el hombre pudiera ver su rostro en este momento, advertiría el mismo rictus de dominio que ha visto en ella otras veces.
Como si la mujer pronunciara alguna palabra, el hombre echado en la cama siente el rechazo. Se levanta tras ella hasta la puerta, pero ya ha salido y baja las escaleras y llega al umbral de la casa. Abre el portón con violencia y sale a la noche.
Desde la ventana, el hombre la ve salir de la casa de piedra gris, la observa cuando desciende los escalones y llega a la calle.
El fanal de la entrada está ahora apagado.
ALEJO URDANETA, excelente cuentista, ensayista de primera línea, poeta, nació en Caracas en agosto de 1944. Abogado, estudió en la Universidad Central de Venezuela e hizo un post-grado en La Sorbona, en París, en Derecho Internacional y Mercantil.
Grito entresueños
por Alejo URDANETAen tus sueños erizados
al sentir mi sueño.
Llorarás el delirio
cuando llegue a tu lado,
y sentirás la fiebre del deseo
en la boca,
y en el cuerpo espinas de sangre blanca,
rosas rotas.
Despiertas
y la lengua recorre tu humedad,
los dedos se hacen lluvia
y atormentan la sombra
del fruto escondido,
rojo de temblores.
Y hay tanto por hallar
en la playa de tu cuerpo
que parece mi cuerpo una danza
del viento,
estela musical de gorgoteos,
burbuja espesa en la flor del seno,
y queda.
Luego estarás despierta,
mojada de llanto
con el cansancio insomne
Recibirás las gotas de la noche
y el silencioso gemido
y la plena luz del desmayo.
ALEJO URDANETA, excelente cuentista, ensayista de primera línea, poeta, nació en Caracas en agosto de 1944. Abogado, estudió en la Universidad Central de Venezuela e hizo un post-grado en La Sorbona, en París, en Derecho Internacional y Mercantil.
Despertar
por Alejo URDANETAHa estado en coma por varios días. La trajeron a este lugar aséptico del Hospital Universitario, porque aquí cuenta con la atención médica apropiada, sin riesgos. Una complicación pulmonar que le impide respirar, y por eso la conectaron al tubo respirador. Ella no se opuso y, por el contrario, dio a los médicos esta solución que hemos consultado.
Nadie dice una palabra de la enfermedad de Cora ni de la sanación pedida a santos y doctores. Hay que esperar, es la única frase que se escucha en la puerta de la gran sala blanca. Y es tan joven para cargar con esto. Todos aguardan el momento de su despertar, sorprendida en la ruptura del sueño, y mientras tanto salen a ver las noticias de la televisión con la violencia cada vez más creciente: Cora en la Universidad en una toma del camarógrafo, delante de un grupo de sus compañeros de la facultad de Medicina, a los que arenga con decisión y claridad, en defensa de la autonomía universitaria y la libertad del pensamiento que el gobierno pretende cercenar. Allá detrás del parapeto improvisado para Cora se ve el humo de los gases y puede percibirse el miedo. Fue allí la caída de Cora a causa de un golpe de perdigón en el pecho. La protesta es justificada, dicen los parientes y amigos de Cora que pueden verla con autorización del responsable de la sala. Cora en la cama clínica, llena de tubos y pausas en la respiración, todo equilibrado para que el corazón funcione bien.
El sueño es controlado con sedantes, pero aun así hay momentos en los que Cora parece despertar, se mueve inquieta y ha abierto los ojos. Buen síntoma de mejoría, dice la madre a su lado en este momento de visitas, y aprovecha este despertar para hablarle a Cora al oído, quedamente, y le dice que la ama y que Dios la sacará de este dolor que es el dolor de todos, dalo por seguro hija mía. Y el tiempo pasa y Cora flaca y pálida, inconsciente y con un tubo en la boca y la respiración en ritmo calmado, repetido sin saltos. La respuesta de los médicos es siempre la misma: “todo sigue estable”.
Afuera continúa el ruido de los disparos, lo ven en las noticias de la sala de visitantes, separados de Cora por una puerta que impide el paso a quienes no sean médicos o auxiliares. Gente corriendo por las avenidas sombreadas de árboles de la universidad. Pueden verse los murales de Vasarely en la plaza central, y un vitral de Léger en la limpia construcción de la Biblioteca. Las cámaras de cine van presurosas detrás de las imágenes del polvo y la violencia, hasta el colorido fresco de Alejandro Otero en las paredes del patio cubierto, antesala del Aula Magna. El documento fílmico muestra a la Universidad – Alma Mater – en su serena luz de conocimiento y humanismo, y denuncia también la violencia que nace del odio y del dominio del poder por encima del cosmos: orden y armonía del espíritu.
Nadie sabe si esa bruma que aprecian en el movimiento es la nube tardía del verano seco, o es la explosión de las armas sobre estudiantes y todo aquel que pase cerca. Los policías están armados de odio cuando apuntan al joven que se oculta detrás de un árbol, y gritan y maldicen y avanzan sin pausa hacia un lugar cualquiera. No tienen plan de ataque, sólo la orden de atacar.
La hora de visitas ha terminado y la madre cuenta que ha visto reaccionar a Cora de su inmovilidad e inconsciencia. Sube el tono de la voz porque los disparos de la televisión llegan a la puerta de la sala, o así lo percibe ella.
Se pondrá bien.
También algunos médicos confirman que Cora parece haber tenido un despertar de la consciencia, ya en varias ocasiones. Pero no dura mucho y vuelve al sueño y a la respiración pautada y sin alteraciones. Entre ellos tratan del estado de salud de la paciente y se dicen que son reacciones físicas involuntarias y que en ningún momento ha recuperado la consciencia. Lo dicen a los parientes cercanos de Cora, no a la madre.
Habían disminuido los ataques policiales a la hora del mediodía. Los cuerpos caídos aumentaban la tragedia y continuaba la arremetida a pedradas de los estudiantes y muchas personas que acudían en su apoyo. Todo parecía apaciguarse salvo la angustia de Cora moviendo el brazo, abriendo los ojos como queriendo decir algo.
En el atardecer de ese día de convulsión y dolor, está la joven estudiante en la sala de cuidados intensivos, despegada del caos en la ciudad universitaria. Se ha movido y sus ojos han buscado la luz de la lámpara como única orientación. No escucha las noticias que transmiten los medios audiovisuales, y no sabe qué le ocurrió ni lo que sucede en la universidad, cerca de ella, de su Hospital Universitario donde ha aprendido mucho del ser humano.
Y es ya noche cuando Cora se sienta en el borde la cama y se quita las sábanas. Hace el intento de levantarse pero está débil y no sabe cuál es el lugar de su blanca prisión, durante días en los que no tuvo conocimiento de nada ni a nadie reconocía. Los enfermeros guardianes la ven con sorpresa y alarma y siguen sus movimientos: el rostro ha tomado color, los ojos ahora pueden ver y miran hacia el techo iluminado, como bajo el efecto de una alucinación, ya limpios del velo que los cubrió por tanto tiempo. Se acercan más los enfermeros, atentos a la joven mujer que no debe hacer ningún esfuerzo; pero ella se quita bruscamente el aparato que la auxilia para respirar, y en su boca de juvenil belleza aparece una sonrisa de triunfo y alegría. Casi no puede hablar, ella lo sabe ahora, pero se escucha su voz grave y profunda, como una oración pronunciada con recogimiento en el templo, y dice que la violencia cesó y que el rector de la universidad ha declarado la terminación del conflicto. Esas pocas palabras, pausadas y claras. Los enfermeros callan pero no comprenden.
El orden se ha impuesto y todos regresan y abandonan el campo de batalla, donde algunos han muerto y quedan otros heridos, todo regado de pólvora y balas y piedras y ruina; de sangre y de llanto.
Cora está sola.
Una sensación de sosiego llega a Cora en su espíritu confuso. La invade una exigua y serena paz que no le basta, y por eso la seguirá conquistando cuando salga del Hospital Universitario.
ALEJO URDANETA, excelente cuentista, ensayista de primera línea, poeta, nació en Caracas en agosto de 1944. Abogado, estudió en la Universidad Central de Venezuela e hizo un post-grado en La Sorbona, en París, en Derecho Internacional y Mercantil.
Amanecer Rojo (Poema al amor y la esperanza)
por Alejo URDANETAFalta un milagro para la gracia,
siento la insuficiencia y tengo las manos vacías
cuando recibo la dádiva de tu secreta morada.
Vuela hacia ti mi alma
y mi cuerpo hacia la tierra.
2
Junto a tu tristeza de alas invisibles,
la vida se contorsiona en milagros:
luces brillantes en el río, ardientes océanos.
&
Desde?a ahora el correr del tiempo,
la belleza que algún día pasará,
la alegría que te abandona con su adiós,
y a cambio, déjate mecer por la ilusión de amar,
huye de las sombras
y muerde el fruto blando de la dicha,
recuerda tu infancia,
tu mar, la alegría de las fiestas.
3
Sientes en el pulso de la sangre
el susurro del reloj de arena,
y contemplas la llama vacilante:
Reloj y llama, tiempo de dos caras,
La vibrátil que se eleva en la penumbra,
decidida verticalidad,
y la lenta fluidez del pensamiento,
tenaz maceración de la noche.
4
Que comience en cada despertar
la enso?ación.
Haré profetizar a los grillos
y arrastrarse las flores
hasta el pozo iluminado de tus ojos.
Beberán de ellos sabiduría y placer,
también melancolía.
&
Proclama la vida,
la humanidad,
por la santa virtud o el arte diabólico
que todos llevamos.
5
Aléjate de los búhos infelices
y cobíjate en la aurora.
Amanecer, bandera olvidada al viento,
colorido de trinos y ligera brisa.
Todo viene del fondo del sue?o,
todo vibra como trueno
o como guitarra llorosa y sola.
6
Te haré un altar de humildad y sacrificio,
tu sonrisa no se disipará en el vacío tormento:
será el signo de tu voluntad.
Sufrirás, sin duda, avatar de la sensibilidad,
y tus pasos sobre la arena en la playa
danzarán como saltamontes,
incansable de besar la tierra.
7
Siempre te encuentro,
Oigo tu voz susurrante en la quieta soledad,
en la hora de luz de los sentidos.
Convoca, entonces, la sagrada sensualidad.
Allí estaré en el rojo amanecer.
ALEJO URDANETA, excelente cuentista, ensayista de primera línea, poeta, nació en Caracas en agosto de 1944. Abogado, estudió en la Universidad Central de Venezuela e hizo un post-grado en La Sorbona, en París, en Derecho Internacional y Mercantil.
Tamar
por Alejo URDANETANo tenía un nombre usual: Tamar, y se hurtaba de la relación con otras personas. Sólo vivía para atender a su hermano, Juan Pablo, inválido después de un accidente que todavía es objeto de investigación policial. Tenía el aire pensativo de quien está ausente, pero repentinamente cambiaba su expresión y se escuchaba una voz inquieta; en mitad del sosiego llegaban a tocarla vivas ideas de arrepentimiento que poco duraban. Era de espíritu victorioso, de enigmas suspendidos. A ella le gusta verse sola, desligada del mundo, y por contraste deseaba hablar del suceso que arruinó su vida. Pero más podía el temor que la obligaba a callar.
Al ocurrir el accidente de su hermano, sintió Tamar que se cumplía una fatalidad, y que era de ella la culpa. Y todo comenzó cuando apareció Julia en la vida del hermano inválido, con el deseo de poseerlo y desplazarla. Y era el mes de abril invadido por el aroma del espliego en el silencio de la casa, cerrada en un mutismo extático.
A veces ella reconstruye lo sucedido pero calla ante Julia. Supone que la novia de su hermano ha tenido intervención en el hecho que trastocó su vida tormentosa para hacerla hueca de pasiones.
Tamar sabía de las verdaderas razones del hecho que arruinó la salud de Juan Pablo, y nada decía: bastaba con la compasión y la espera. Y no había que decirlo porque ella tenía algo en su mente absorta que la conmovía y le causaba confusión. La educación religiosa recibida de la madre había adquirido en Tamar la gravedad y el ánimo sereno de los que han renunciado a la felicidad. Espiaba los menores estremecimientos de su conciencia en el empe?o de no trasgredir las reglas de conducta de la casa. En el tiempo de la adolescencia Juan Pablo fue para ella hermano y héroe, compartían juegos y riesgos y se ocultaban para no develar las emociones descubiertas en libros y estampas. Una vez Juan Pablo leía de la Biblia el pasaje del Libro de los Reyes, en la historia de Amnón que narra la violación que cometió con su hermana Tamar. La coincidencia con su nombre produjo en ella curiosidad cuando encontró a Juan Pablo en la lectura del pasaje bíblico. Insistió muchas veces en ver el libro y nunca logró que su hermano se lo mostrase. Guardaba una duda sobre el sentido del acto de Juan Pablo. Tamar y Amnón no era sólo una coincidencia. Se decía que las Escrituras siempre tienen razón. El amor es un manantial de donde surgen todas las aflicciones: la indiferencia, al principio; el odio, después. Y ambos son el enga?o y el deletreo de la carne. No se posee sino lo que no tenemos, y cuando lo poseemos se escapa. Deseo de posesión destructiva, cuerpo de sacrificio ante la imposibilidad de eludir sus embates.
El acercamiento entre ellos fue tomando rumbos inesperados. Juan Pablo se encerraba en su cuarto e imaginaba la soledad de Tamar al celebrar el rito solitario que lo acercaba a ella. (Se la imaginó más blanca que su propio ropaje de noche y ocupada completamente de Dios). Tamar lloraba de ansiedad, y con algo más que lágrimas humedecía las sábanas con el flujo incontenible de sus fantasías (Aquel corazón suyo se dilataba hasta el punto de llenar todo su ser. Atravesada por bruscos espasmos, con las rodillas juntas, permanecía replegada sobre aquel latido).
Buscaban pretextos para no estar juntos y al mismo tiempo sentían la atracción que finalmente los confundía en rubor y desasosiego. Era para la hermana el tiempo que precede a la adolescencia plena, y alimentaba su fantasía con símiles que podían parecer llenos de cursilería, pero los únicos que le daban alguna comprensión de su padecimiento. En todo colaboraba la obra de lecturas que todavía no decían para ella la áspera verdad de sus emociones, pero las avivaban. En las horas que dedicaba al cultivo de las plantas del jardín, imaginaba el combate de las raíces, el calor latente bajo el suelo, la lucha sin tregua de la pasión aun en la oscura morada de la tierra, y percibía en cada corola la voraz espera de la savia. Rezaba siempre cruzando sus palabras de perdón con arrebatos que la dejaban exhausta, cuando el temblor de su cuerpo desnudaba la culpa y el deseo insatisfecho. Fueron a?os de convivencia con un secreto que era deleite y vergüenza, y graves fueron los motivos de Tamar para ocultar lo sucedido a Juan Pablo. Se imponía a ambos el deber de guardar la pasión que era sólo de ellos. En la intimidad sentían tener toda la noche en las venas, adivinarse en las tinieblas para envolverse luego en la sensación de lo prohibido; sólo deseándose para sacudir el deseo de vivir. Todavía no salía de su silencio el ansia de una entrega sin contención. Y cuando el impulso de la atracción mutua salió del recinto de la obsesión, ya no se contuvo más; se sentían a salvo aunque eran conscientes de que podían herir prejuicios y quebrantar reglas. Nadie hubiese perdonado una trasgresión pecaminosa. La sensualidad asumía paso a paso su poder sagrado en el ambiente aislado de la casa, y los hermanos comenzaban a anudar sus lazos y a descubrirse con la mirada y con el tacto, cada día más hasta crear en ellos la ansiedad de la dependencia. Recordarán siempre aquel día en que fue interrumpido el ritual por la asombrada madre, la danza de los cuerpos en el oleaje de un calor lluvioso, sobre una hamaca que se mecía como no se mecen las hamacas… Eran todavía adolescentes cuando eso ocurrió, pero al quedar solos en la casa a la muerte de la madre, continuó por a?os la entrega deseada y delirante con la que parecían invocar dioses que desatan tragedias, demonios de la melancolía y el llamado de la muerte. Sus encuentros estaban cargados de vehemencia, y la voluptuosidad tocaba sus sentidos avivados con objetos que llevaron a la casa para crear sensaciones que estaban más allá de los límites de la continencia, y reproducían en cuadros vivos el amor pasional que dibujaban en el sombrío hogar. Restaba después el cansancio y la búsqueda del sosiego nunca logrado. Los amantes trataban desesperadamente de fusionarse en el éxtasis, pero caían en el infierno de la imposibilidad de amarse. Entre ellos se mantenía un combate áspero y perpetuo, el desafío de la seducción, y creían que buscaban el amor completo que implica el abandono de la individualidad y el dominio. Por momentos sentía Juan Pablo aborrecimiento contra su hermana, y Tamar se hallaba atada a una relación que había comenzado como pasión y reto pero ahora era un castigo a su libertad. Del placer pasaron al antagonismo y a veces los dominaba la ira, al no poder alcanzar paz ni satisfacción en la persecución del amor, cuando la pasión cedía y quedaba la soledad. Los gemidos de la sensualidad eran ahora lágrimas rencorosas y cargadas de celos, y el duelo por la pérdida otra forma de la lujuria.
Ya desde entonces Tamar guardaba cartas y fotografías, confesiones del amor que nadie podría ver. En un cofre de madera iba reuniendo las muestras de la pasión, y lo escondía en un rincón de su cuarto, para llevarlo luego a un lugar más seguro.
Luego llegó Julia con el título de novia para adue?arse de la voluntad y el deseo de Juan Pablo, y con Julia vino el distanciamiento entre los hermanos y la sorda rivalidad de Tamar.
Solitario en sus pensamientos para tratar de comprender la causa de su invalidez, caía Juan Pablo en ensimismamiento con el que evitaba responder a las preguntas de su prometida. Ya sabía por boca de Tamar de la existencia del cofre donde se guardaban fotografías de los hermanos y declaraciones pasionales, y trató de rescatarlo para destruir aquellos secretos. Julia lo supo también, quizás por confesión de Tamar, para quien aquellos objetos no eran culpas que purgar sino apasionada evocación del viejo deseo insatisfecho.
?Fue Tamar la causante de la agresión? Quizás el miedo o los celos la llevaron a disparar sobre Juan Pablo el viejo revolver en el patio de la casa.
El color y aroma del espliego se extendieron en la vieja casona.
ALEJO URDANETA, excelente cuentista, ensayista de primera línea, poeta, nació en Caracas en agosto de 1944. Abogado, estudió en la Universidad Central de Venezuela e hizo un post-grado en La Sorbona, en París, en Derecho Internacional y Mercantil.










ALEJO URDANETA, excelente cuentista, ensayista de primera línea, poeta, nació en Caracas en agosto de 1944. Abogado, estudió en la Universidad Central de Venezuela e hizo un post-grado en La Sorbona, en París, en Derecho Internacional y Mercantil.
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