Categoría: Gonzalo Palacios G.
La guerra con Colombia
por Gonzalo PALACIOS G.VENEZUELA XXI: La Revolución de la Estupidez es el título del libro más reciente de Gonzalo Palacios Galindo. Lo que sigue es continuación de VENEZUELA XXI: CHÁVEZ Y SUS ARMAS NUCLEARES (LITERANOVA, 20 febrero 2010).
Como decía más arriba, la ESTUPIDEZ se cura en silencio, adueñándonos de la Realidad a nuestro alrededor por medio de la acción del intelecto, que es una actividad espiritual, es decir, del alma (psyche) y no del cuerpo (soma). El cuerpo hace todo tipo de ruidos cuando funciona (bien o mal); no así el alma. Los ruidos del cuerpo interrumpen las actividades del alma. Buscar la incógnita de una simplísima ecuación (2x=4), la respuesta a una fácil pregunta de literatura (¿Porqué no especificó Cervantes el “lugar de la Mancha”?), o la fecha en la que Bolívar tiró la toalla (“he arado en el mar”) implican un breve momento de silencio en el que nuestro intelecto encuentra la solución archivada entre las neuronas cerebro.1 Basta que alguien pee en ese instante, así sea el que está pensando, para que esa acción somática interrumpa el silencio de la psíquica, ya sea por su ruido o por su olor. En tal caso, se deshace el proceso curativo de la inteligencia y se afianza aún más la ESTUPIDEZ. Así le ocurre a Hugo Chávez en relación a Colombia:
“Cada vez se está hablando más de una posible guerra con Venezuela. ¿Cómo se llegó a semejante insensatez?”2
Se ha escrito hasta la saciedad sobre el estado mental del dictraidor Chávez, que si sufre de paranoia, de delirios de grandeza, complejos de inferioridad o superioridad, esquizofrenia, demencia, o, como decimos los viejos venezolanos, que “perdió la chaveta:” simplemente es un ESTÚPIDO. Cuando las relaciones entre los dos países se reducen a las comerciales, por las que todos nos beneficiamos, la tranquilidad reina en la frontera colombo-venezolana. Recuerde el lector que la ESTUPIDEZ no soporta el silencio ni la tranquilidad que nos permite pensar; entonces el nuevo “cabito” de la VENEZUELA XXI, abatido por la enfermedad que lo acosa, la ESTUPIDEZ crónica, grita y vocifera que vamos a la guerra con nuestros hermanos colombianos 3. Suenan las armas, se escucha el ruido de los aviones, del temblor de los tanques de guerra, y hasta un mal entonado Himno Nacional interrumpen el silencio de la paz auténticamente bolivariana, esencial para curarnos en salud. La ESTUPIDEZ del dictraidor contagia al que fuera un bravo pueblo:
¿Guerra con Venezuela? Hasta hace muy poco esa noción era totalmente absurda para cualquier colombiano. Un conflicto armado con un país hermano con el cual se tiene una dependencia comercial y vínculos históricos que datan desde la independencia, no tiene ni pies ni cabeza. Sin embargo, al comenzar 2010 ese imposible comienza a ser objeto de discusión. Y sin que nadie entienda muy bien por qué [la definición de ESTUPIDEZ], en los últimos días se está hablando más y más de guerra.4
Hugo Chávez, un ESTÚPIDO no puede regir a Venezuela: ¡RENUNCIE YA!
Las actuaciones del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela son las de un ESTÚPIDO a quien le “falla el coco”. Todos esos artículos escritos por médicos psiquiatras 5, por psicólogos y por reconocidos intelectuales venezolanos y extranjeros prueban claramente que “Chacumbele” 6 dejó de razonar, que ya no entiende ni su propio discurso pues lo contradice casi a diario.7
DEPENDER: INDEPENDENCIA y DEPENDENCIA de la ESTUPIDEZ.
Hablemos un poco sobre Bolívar. Mi primo cuarto de pendejo no tenía un pelo; lamentablemente, como muchos oligarcas, por flojo y díscolo permitió que su inteligencia dejase de funcionar en numerosas ocasiones. ¿De qué o de quiénes dependía la ESTUPIDEZ de Simón Bolívar y la frecuencia de sus manifestaciones? Sí, amigo lector, el Padre de la Patria cometió tamañas ESTUPIDECES que legó a quienes nos consideramos sus descendientes. Sin tener los conocimientos científicos para identificar cabalmente las razones por las cuales el cerebro de este gran hombre dejase de funcionar de vez en cuando y de cuando en vez 8, podemos afirmar que desde niño la personalidad de Bolívar era tipo Alpha 3. 9

Ingenio de Bolívar,
San Mateo, Estado Aragua.
La muerte de su esposa, la joven española María Teresa Toro (1803), lo obligó a guardar un breve y doloroso silencio durante el cual Don Simón ejercitó su cerebro y llegó a conclusiones inteligentes y hasta sabias (juramento en el Monte Sacro, 1805). Estaba en Francia cuando la cacofonía de los triunfos militares de Napoleón quien en 1805 había cometido las ESTUPIDECES de auto-coronarse, y de instalar a su hermano José como rey de España, en lugar de informar al joven viudo lo que hizo fue aturdir el cerebro del Libertador. El hecho es que al regresar a Venezuela (1807) no ejecutó su promesa de “no descansar” hasta ver la libertad de su tierra natal y más bien evitó involucrarse en el quehacer político y militar que había iniciado Miranda desde 1806. Tampoco participó nuestro Héroe en la Conspiración de los Mantuanos en Caracas (1808), refugiándose en su hacienda en San Mateo (Estado Aragua) hasta verse obligado a seguir los consejos de sus maestros Andrés Bello y Simón Rodríguez de dedicarse a la causa de la Independencia.
1 “El pensamiento supone siempre un repliegue, un retraimiento o retiro a las soledades de uno mismo, a su intimidad silenciosa,” Julián Marías, El Oficio del Pensamiento, Austral, 1969, pag. 12.
2 Así abre BOMBA DE TIEMPO, excelente artículo, en Semana, 12/01/2010.
3 BOMBA DE TIEMPO: “El primer interrogante es si Chávez está loco o no. Según Néstor Marchant, presidente de la Asociación Argentina de Siquiatras, en entrevista con La Noche, el Presidente de Venezuela “no es un alienado mental. Que se hace el loco, sí, se hace el loco, pero no entra en la categoría de alienado mental. Donde sí entra es en la sicopatía de los trastornos suaves o graves de la personalidad".
4 Ibid.
5 Por ejemplo: “Los PSICÓPATAS CARISMÁTICOS: son mentirosos encantadores y atractivos. Por lo general están dotados de uno u otro talento, y lo utilizan a su favor para manipular a otros. Son generalmente compradores, y poseen una capacidad casi demoníaca de persuadir a otros para que abandonen todo lo que poseen, incluso hasta sus vidas. Los líderes de sectas o de cultos religiosos, por ejemplo, podrían ser psicópatas si conducen a sus seguidores a causar su propia muerte:” Robert Hare, siquiatra. Dudosa proveniencia, el autor.
6 “Cuando desde TalCual lo apodamos “Chacumbele” queríamos subrayar que, como en la guaracha cubana, “él mismito se mataba", con su incapacidad, su irresponsabilidad y sus desatinos. Lo hemos hecho para mostrar el camino del barranco en el cual terminaría por hundir al país de continuar administrando con tal falta de sindéresis.” Teodoro Petkoff.
7 El 15 de enero del 2010, ante la Asamblea Nacional, “Chacumbele” declara que en su Gobierno “no están dispuestos “a callar ante la arremetida de un grupo de obispos en Venezuela”, que se subordinan a la “burguesía venezolana…” y a continuación contradice el ataque a la Iglesia: “Esta revolución es profundamente cristiana”. El 17 de enero, en “ALO Presidente” Chávez plantea un argumento para expropiar un importante centro comercial que contradice el motivo que dio para su expropiación inicial ya que señaló que, como centro comercial, causaba daños urbanísticos en la zona de la Candelaria. La instalación de Comerso generaría el mismo supuesto problema.
8 “…la infrecuencia del pensamiento lo hace cada vez más infrecuente;” Marías, op. cit. pag. 16.
9 El tipo con personalidad activa/práctica siempre está ocupado con varias actividades y o con la búsqueda de metas al mismo tiempo. Es una personalidad con poco interés por los sentimientos de los demás. Tienden a ser super-ejecutivos sin importarles las reglas y normas burocráticas. Sacrifican amistades y relaciones personales por dedicarse a su trabajo. Son personas intensas a quienes les gustan los desafíos y se fastidian a menos que confronten relaciones dinámicas y cambiantes. Los hombres con personalidad tipo A-3 dan por alto sus relaciones personales. Psychology of Relationships by Roger Moore.
Capítulos publicados:
VENEZUELA XXI, y la Revolución de la ESTUPIDEZ
VENEZUELA XXI: Chávez y sus armas nucleares
Gonzalo Palacios Galindo (Maracay, 1938). Estudió Arquitectura en la Universidad Central de Venezuela, Recibió la Maestría y el Doctorado en Filosofía en la Universidad Gregoriana (Roma) y en la Universidad Católica de América (Washington, DC, USA). Mantuvo una intensa actividad académica en varias universidades de Venezuela y de Estados Unidos. También ejerció cargos diplomáticos en la Embajada de Venezuela en Washington. Actualmente enseña Filosofía en Prince George’s Community College.
Venezuela XXI: Chávez y sus armas nucleares
por Gonzalo PALACIOS G.¿Habrase visto ESTUPIDEZ más grande, Venezuela con armas nucleares? 1

nucleares?
Tan sólo desear que la nación adquiera la capacidad tecnológica de asesinar a cientos de miles de seres humanos, hermanos y hermanas en nuestro propio país y en los vecinos, es desearle el peor de los males a la Patria. Si se tratase de una familia, abuelos, padres y cinco hijos, es como si la abuela tomara en sus manos una ametralladora, lista para disparar. Había sido un regalo para que se defendiera de los “malandros”. Sólo que ahora la abuela sufre de demencia senil y ya ni sabe quién es ella ni los miembros de su familia. “¿Para qué servirá esto?” se pregunta la anciana en su aposento y lleva el arma al comedor donde el resto de su familia está a punto de almorzar. “Miren esto,” dice la viejita y al levantarla, el arma se dispara matando o hiriendo a más de uno…
Quizá Chávez no sufra de demencia senil pero la ESTUPIDEZ le robó la capacidad de pensar lógicamente desde muy temprana edad. Como la viejita del cuento, el dictraidor venezolano no se conoce a sí mismo por lo menos desde que era un adolescente: no supo decidir si tenía condiciones para ser beisbolero, o cantante popular, o agricultor, o soldado. Con su cerebro ya afectado por la ESTUPIDEZ, es evidente que Hugo Chávez se aleja cada día más de la realidad. Ahora confunde mesianismo con narcisismo, patriotismo con subversión, audacia con temeridad, a sí mismo con personalidades de la historia universal.2 Ni del dictraidor ni de sus compinches podemos esperar un comportamiento guiado por la inteligencia y la voluntad iluminadas por la Verdad (la expresión espacio-temporal de la Realidad).
Un aspecto de la Realidad, siempre presente, es que la autoridad (moral) puede conferir poder (militar, por ejemplo) pero lo contrario es una ESTUPIDEZ. Es decir, el poder no confiere autoridad, sino temor y terror. El Autor de la Realidad (la/el/lo Presente) que experimentamos, permanece presente en toda nuestra existencia temporal. El Presente (Autor) nos mantiene en el movimiento del espacio-tiempo (la Creación) producto de su voluntad creativa. Quien desee armarse – nuclear o convencionalmente – no sabe distinguir entre el poderío (militar, temporal, material) y la autoridad (moral, eterna, espiritual). Del poderío resulta la opresión: de la autoridad, la libertad de lo creado. Ninguna nación (ente creado, temporal y material) tiene Autoridad (ente Creador, eterno, espiritual) para causar la muerte a sus congéneres, inocentes o criminales. El poderío de una nación no es otra cosa que su capacidad de opresión y de eliminar la libertad: los ESTÚPIDOS lo confunden con la Autoridad, la cual confiere libertad a los ciudadanos. Quienes sostienen que una sociedad o su gobernante tiene autoridad sobre la vida y la muerte de sus conciudadanos han dejado de pensar lógicamente y cometen una grave ESTUPIDEZ. Sobre la vida y la muerte de los seres humanos no tiene autoridad ningún gobierno nacional, que sí tiene el poder de promover su bienestar o de condenarlos a muerte. Solamente el Autor del proceso creativo, la Evolución Cósmica, que literalmente anima a cada ser humano, tiene autoridad sobre la vida y la muerte de sus criaturas. No existe raciocinio válido que concluya en la pena capital o que justifique la guerra en el siglo que vivimos. La inutilidad de algunos sistemas de justicia contemporáneos hace que los ESTÚPIDOS sean incapaces de reconocer la venganza o la injusticia. Le cambian el nombre, pensando que ese truco semántico justifica sus ESTÚPIDAS acciones (la pena de muerte y la guerra): civil justice (en Estados Unidos), sharia (mundo islámico), ley del talión (tradición judía), o confunden la ira (deseo de venganza) con la pasión erótica (deseo de amar).
En suma, ni en Venezuela ni en ningún otro país se nos garantiza la paz ni el bienestar social con el poderío de las armas. Mientras más capacidad de opresión adquiera un gobierno, menos libertad tendrá la ciudadanía y menos dinero se podrá invertir para eliminar la ESTUPIDEZ. La educación y la alimentación son instrumentos esenciales para que la nación regrese a la cordura, para que el pueblo deje de creer las ESTUPIDECES que dictraidorzuelos como Hugo Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega y Fidel Castro confunden con la Realidad. ¡¿Habrase visto ESTUPIDEZ más grande que Venezuela con armas nucleares?!
1) “Los acuerdos secretos entre Chávez y Ahmadineyad […] encaminado al desarrollo de armas nucleares para los arsenales de ambos países.” Carlos Alberto Montaner, “La Amenaza Chavista.”
2) “La gran frustración de Chávez es su ineptitud como militar, la profesión con la que sustituyó su deseo de llegar a la Grandes Ligas o de convertirse en animador de TV o en actor de teatro. Su fracaso como militar, a pesar de haber llegado a la presidencia, lo atormenta. Paracaidista al que tuvieron que dar una patada en el trasero para que se lanzara del avión. Burla de todos sus compañeros. Golpista frustrado en una operación militar que, afortunadamente, fracasó gracias a su ineptitud militar y a su cobardía personal.” EL PATTON DE SABANETA, Joaquín Chaffardet
Capítulos publicados:
VENEZUELA XXI, y la Revolución de la ESTUPIDEZ
Gonzalo Palacios Galindo (Maracay, 1938). Estudió Arquitectura en la Universidad Central de Venezuela, Recibió la Maestría y el Doctorado en Filosofía en la Universidad Gregoriana (Roma) y en la Universidad Católica de América (Washington, DC, USA). Mantuvo una intensa actividad académica en varias universidades de Venezuela y de Estados Unidos. También ejerció cargos diplomáticos en la Embajada de Venezuela en Washington. Actualmente enseña Filosofía en Prince George’s Community College.
VENEZUELA XXI, y la Revolución de la ESTUPIDEZ (1)
por Gonzalo PALACIOS G.Dada mi edad y mis circunstancias personales, lo que sigue posiblemente sea la última vez que me dirija a quienes fueron mis compatriotas antes de que el Dictraidor Hugo Chávez acabara con la patria que me vio nacer y por la que yo trabajé la mejor parte de mi vida.
No cabe duda: dentro de poco tiempo Venezuela perderá lo que definió su identidad nacional hasta llegar Chávez al poder. Antes de 1998, la nacionalidad venezolana incluía características como la voluntad de regirse democráticamente, como el respeto a instituciones básicas del país (el gobierno, las fuerzas armadas, la educación, la religión, la familia), una moral cívica fundamentada en el bien común, y otras virtudes personales y comunitarias demasiado numerosas para describirlas aquí. En menos de una década, “Yo El Supremo” Chávez extirpó dichas características sustituyéndolas con los vicios opuestos a cada una de ellas. Así, por ejemplo, en lugar de respetar las instituciones nacionales, tenemos que aceptar como gobierno los caprichos del dictraidor 2 . Chávez ha identificado los tres poderes fundamentales de una democracia (legislativo, ejecutivo y judicial) consigo mismo y, finalmente, ha corrompido totalmente los mecanismos sociales y gubernamentales del país.
Que se le haya permitido a un hombre sólo, mal ciudadano y soldado mediocre, convertirse en el Hugo Chávez que conocemos a partir de 1999, revela el lado opuesto a las virtudes que habían definido a nuestra Nación hasta ese entonces. Además de nuestros numerosos vicios, Chávez nos ha revelado que esa enfermedad mental que aflige al mundo hoy día, la ESTUPIDEZ 3 , ha conquistado el territorio nacional afectando a casi todos sus residentes, venezolanos y extranjeros. Los síntomas de la ESTUPIDEZ son innumerables: al perder el uso de la razón, toda actividad humana se desvirtúa a tal punto que deja de ser humana para convertirse meramente en animal. Cada capítulo de este opúsculo ofrecerá ejemplos de los efectos de la ESTUPIDEZ en Venezuela, enfermedad que se introdujo en el país durante el tercer viaje de Colón. La estupidez del Navegante (“Llegaremos a la India y a China…”) se fundió con la de Isabel la Católica (“… y haremos de sus indígenas fieles Católicos”) y pronto se vieron los primeros resultados de la fusión de la enfermedad. Por lo menos a partir de 1492 los españoles y los indígenas fueron incapaces de razonar lógicamente, y comenzó un largo proceso según el cual se les ha hecho imposible reconocer la realidad (i.e., utilizar el intelecto correctamente). Colón dejó de ser Genovés para convertirse en español; a los nativos se les llamó “indios” en lugar de caribes, caracas, cumanagotos, etc.), y a su genocidio se le denominó “colonización.” A partir de entonces hasta hoy, la ESTUPIDEZ, congénita o temporal, ha aumentado y se ha refinado hasta el punto que el cerebro de quien haya vivido en el Nuevo Mundo (ni “nuevo” ni “mundo”), sufre en mayor o menor grado de la enfermedad 4.

Le Penseur de Auguste Rodin
Hay varias curas comprobadas efectivas para eliminar la ESTUPIDEZ o al menos disminuir significativamente sus síntomas: todas involucran 1) el ejercicio físico diario del cerebro y 2) la actividad espiritual perenne y constante de la energía creadora de la Evolución Cósmica. El cerebro se ejercita y se fortalece pensando, entendiendo los datos que los otros órganos le suministran analíticamente para sintetizarlos inmediata y simultáneamente. Cabe señalar que mientras más sanos y directos sean los datos suministrados por los sentidos (percibidos de la Realidad del Presente y no del pasado o del futuro), mejor se desarrollará la capacidad del órgano pensante. La meditación, los diálogos (internos y externos), la oración y toda actividad epistemológica ayudan a eliminar la ESTUPIDEZ.
La actividad espiritual perenne y constante (durante toda nuestra presencia en el tiempo y el espacio), manifiesta la Energía Cósmica a través del “yo” individual (el alma) y único existente en cada uno de nosotros. Ese “yo” no es más que un reflejo del Original; una imagen de ese Yo cuya Energía se vierte permanentemente en su Acción Creativa (el Cosmos). Las actividades espirituales (la inteligencia y la voluntad) permanecen en el espacio-tiempo gracias a la presencia omnipresente, omnímoda y omnipotente de la Energía del [Yo] Creador en su Creación:
“… si no hubiera sido mi mente iluminada por un fulgor que satisfizo su deseo.
A la alta fantasía le faltaron aquí las fuerzas; pero ya giraban mi deseo y mi voluntad como rueda que igualmente es movida por el Amor que mueve el sol y las demás estrellas.”5
Para Dante, eliminar la ESTUPIDEZ (“l’alta fantasia qui mancò possa”) implica abrazar voluntariamente el fulgor del Amor que mantiene en movimiento a la Creación. Para Chávez y sus compinches, la ESTUPIDEZ se cura echándole la culpa a Uribe, a los oligarcas (de cualquier país), a “la oposición”, pero sobretodo a los diablos yanquis. Como todos los ESTÚPIDOS de la historia, en Chávez y sus camaradas el cerebro ya no les funciona y son incapaces de distinguir entre “irresponsabilidad propia” y la del “chivo expiatorio.” Por supuesto, la enfermedad no sólo continúa su curso sino que cada vez se difunde entre un mayor número de personas.
Las actividades mencionadas arriba, ejercitar el cerebro y permitir la iluminación de nuestra vida cotidiana, disminuirán la ESTUPIDEZ de nuestros alrededores paulatinamente hasta lograr eliminarla completamente. Gautama Sidarta debajo del árbol, Jesús y Mahoma en el desierto, Francisco de Asís en un bosque toscano, John Smith en Nueva York: todos “iluminados” por un fulgor divino que irónica y contradictoriamente les impidió ser ESTÚPIDOS (i.e., perder el uso de la razón). “Irónica y contradictoriamente” porque hay quienes identifican la “iluminación” o inspiración divina con una especie de locura o éxtasis.
Cada vez que deduzcamos lógicamente alguna verdad de la realidad que nos rodea perennemente, nuestro yo único y solitario se sentirá iluminado y experimentará una profunda alegría al identificarse con su Origen, el Yo Creador. Para lograr ese estado anímico es esencial el silencio, en el que confrontamos al Eterno Presente del que procede todo el tiempo-espacio. Los ESTÚPIDOS no pueden soportar el silencio pues al perder la razón dejan de entender la realidad del Eterno Presente que nos rodea. El silencio es la ausencia del tiempo-espacio cuya existencia comenzó, nos lo dicen los científicos, con una explosión ocurrida hace millones de años y cuyo ruido todavía podemos escucharlo.
1 Estupidez. (De estúpido y -ez). 1. f. Torpeza notable en comprender las cosas.> 2. f. Dicho o hecho propio de un estúpido. Real Academia Española © Todos los derechos reservados
2 “Dictraidor”, palabra compuesta de dictador y traidor: cuando en una sola persona se conjugan los significados de ambas, se trata de un dictraidor. Los dictraidores son comunes en América Latina.
3 Estupidez: (De estúpido y -ez). 1. f. Torpeza notable en comprender las cosas. 2. f. Dicho o hecho propio de un estúpido. Real Academia Española.
4 Ver Francisco Herrera Luque, La Huella Perenne, Caracas, 1969.
5 “…se non che la mia mente fu percossa/da un fulgore in che la sua voglia venne./ A l’alta fantasia qui mancò possa;/ ma già volgeva il miodisio e ‘l velle, / si come rota ch’ igualmente è mossa,/ l’Amor che move il sole e l’altre stelle.” Dante, La Divina Comedia, El Paraiso, Canto 33, 140-145.
Gonzalo Palacios Galindo (Maracay, 1938). Estudió Arquitectura en la Universidad Central de Venezuela, Recibió la Maestría y el Doctorado en Filosofía en la Universidad Gregoriana (Roma) y en la Universidad Católica de América (Washington, DC, USA). Mantuvo una intensa actividad académica en varias universidades de Venezuela y de Estados Unidos. También ejerció cargos diplomáticos en la Embajada de Venezuela en Washington. Actualmente enseña Filosofía en Prince George’s Community College.
"La respuesta está flotando en el viento"
por Alberto LOSSADA SARDI
Por una de esas extrañas casualidades, y como tales inexplicables, escuchaba dos canciones de protesta de los años 60 cuando entró un correo con imágenes del juicio sumario y ejecución de aquellos siniestros personajes de fines del siglo XX llamados Nicolae y Elena Ceasescu. Sabrá el buen Dios por qué razón asocié las imágenes con la letra de las canciones y se repetía el estribillo de ambas en mi mente. La una dice (con la debida venia y recordando aquello de ‘traduttore, tradittore’) “¿cuándo aprenderán…?” y la otra “la respuesta está flotando en el viento”.
Viene al caso esto porque es algo que se ha venido repitiendo ad nauseam: un dictador que cree haber encontrado la solución perfecta para eternizarse, la respuesta tajante y feroz, en un momento determinado, de un pueblo harto de mentiras, abusos, estratagemas y demás locuras, y, finalmente, las lamentaciones, excusas y protestas de buena fe del dictador derribado que en muchos casos termina siendo ejecutado. Y es allí donde entra el primer estribillo: “¿cuándo aprenderán…?” (en el original: “when will they ever learn?”).
No escapa Latinoamérica a este sino. Basta con hojear las páginas de nuestra historia y tenemos, por ejemplo, el caso más feroz de todos: el de Gualberto Villarroel en Bolivia. Depuesto en julio de 1946 por una turba, fue asesinado por ésta en el palacio presidencial y luego colgado de un poste en la Plaza Murillo de La Paz junto con tres de sus allegados. Y, obviamente, de este “ejemplo” nadie ha aprendido. Valga señalar que Villarroel llegó al poder en un golpe de estado en diciembre de 1943 (en 1945 triunfó en elecciones para Presidente), héroe de la Guerra del Chaco y en olor de multitudes, las mismas que, posteriormente, lo colgaron, asesinado, del poste.
Un recorrido por nuestro continente en estos días nos revela que siguen sin aprenderse las lecciones; en Honduras un payaso de triste figura, pretende eternizarse contra viento y marea, con el agravante de que cuenta con el apoyo de los colegas que pretenden lo mismo y de los que, encendidos los ojos por una lluvia de dólares, aceptan formar parte de esta Corte de los Milagros; en Bolivia, un insignificante lacayo de un poder más elevado hace y deshace locuras al ritmo de los huaynos y yaravíes; en Argentina, un dúo dinámico ha tenido un éxito indescriptible arruinando totalmente la economía de ese país, cosa que hasta hace pocos años parecía imposible; en Ecuador, el único con un preparación adecuada a las funciones que ejerce parece comenzar a darse cuenta de cómo funciona un país y ha tomado una discreta distancia de su mentor; en Paraguay, un Obispo venido a menos no ha podido hacer más por culpa de sus propios pecados en un país eminentemente religioso; en Nicaragua, un ególatra frustrado por su propia incapacidad se arropa con la cobija que, cree, le protegerá cuando el fin se le presente de sopetón. De este reparto de ineptos, ignaros y resentidos, se salvan, hasta ahora, el Presidente de El Salvador, Funes, que ha demostrado una discreción y ponderación que nadie esperaba, y el gran triunfador de todos: Luíz Inácio da Silva, Lula. A la sombra de su colega, nuestro comandante, ha hecho los negocios más fabulosos que hubiera podido hacer jamás Brasil con nuestro país, y, de paso, convirtiéndose en la voz representante de América Latina ante Washington; el líder continental que aspiraba ser nuestro coma andante. Ni siquiera asomo el nombre de Cuba por lo evidente.
En el caso nuestro es verdaderamente impresionante la ligereza con que se toman las cosas del Teniente Coronel. En días pasados, hablando sobre la crisis del agua, habló de jacuzzis y enseguida soltó “¿qué comunismo es ése…?”. ¿Algún medio le ha dedicado más de una línea o algunos segundos a esta confesión de parte? Sí, ya sé, “no vale, yo no creo…, será que se equivocó…” ¿Después de diez años? Hay que hacer un verdadero esfuerzo para limitarse a llamarlos “ingenuos”… ¿Es que necesitan oírlo más claro? Sí, comunismo, dijo COMUNISMO. Las cosas que dice se toman como descubrimientos trascendentales para la existencia del país: “los ricos llenan sus piscinas con ¡AGUA POTABLE!” ¡Eureka…! ¡Qué crueles e infames son los ricos!, y corre de boca en boca el hecho. Me permitiría preguntarle al coma andante, ¿es que usted se bañaría en una piscina llena de aguas negras? La piscina del Círculo Militar, por cierto bastante grande y sin acceso para el pueblo, ¿se llena con aguas servidas o de desagües cloacales? ¿O es agua potable tratada con cloro…? Denuncia “formalmente” que la meta de la oposición, de ganar las parlamentarias del año entrante, es “sacarme del poder”. ¡Eureka! ¡Es que de eso, justamente, se trata! Si no, no se llamaría “oposición”, y, si fuera un delito sacarlo del poder, sencillamente no habría elecciones de tipo alguno. Pero corre la voz: “la oposición lo quiere sacar del poder” ¡Qué desconsiderada es la oposición! ¡Hacerle eso a un presidente! ¡Eso no se hace! Y, de nuevo, el trópico hace daño a la memoria. Una simple pregunta: ¿qué intentó usted el 4 de febrero y contra quién? ¿Era menos válida la elección de Carlos Andrés Pérez entonces que la de usted en 1998?
¡Ahhh!, y a todas estas, ¿qué hacen los “oposicionistas? ¿Pendientes de estas cosas…? No, por supuesto que “sacrificándose” por el pueblo para poder repartir los cargos “salidores” de la Asamblea y negados a presentar un frente unido con candidatos únicos de oposición porque los partidos “no pueden perder espacios” ni “abdicar de su ideología”. Y no quieren darse cuenta que tan solo el 9% de la población apoya a la suma de todos los partidos de oposición, ni quieren ver que, cuando baja Chávez en las encuestas, bajan ellos también y los únicos que crecen son los ni-nis. ¿No se han preguntado por qué será? ¡Estupendo! Saque cada partido su tarjeta, cuéntense y, cuando el PSUV capture los 2/3 anunciados por Chávez, creen una comisión para estudiar tanto el “fraude” (que no dudo que alegarán al rompe) como el por qué fracasaron candidatos tan distinguidos.
Ya para finalizar, me pregunto, refiriéndome a todos los mencionados, ¿cuándo aprenderán? Y, tristemente, caigo en que la respuesta está flotando en el viento…, “the answer is blowin’ in the wind…”
Alberto Lossada Sardi, diplomático y escritor, nació en Caracas en 1950, en el seno de una familia de diplomáticos e intelectuales. Como diplomático ha servido en Estados Unidos, la Unión Soviética, Portugal, Ecuador, Nicaragua, Libia y Francia. Su más reciente cargo fue el de Ministro-Consejero Encargado de Negocios en Portugal. También ha ejercido varias funciones en el Servicio Interno del Ministerio de Relaciones Exteriores.
¡Feliz Año Nuevo!
por Eduardo CASANOVA
Ojalá se cumpla el deseo de todos de que el 2009 sea mucho mejor que el 2008. Un año de felicidad que haga olvidar todos los problemas que han venido arrastrándose desde que empezó el Milenio. Y que convierta el Milenio en 992 años de Felicidad.
Es el deseo de todos los que hacemos LITERANOVA
Hace mucho tiempo...
por LITERANOVA
Hace mucho tiempo, dos mil y tantos años, nació un niño en un pueblecito llamado Belén. Y con ese niño nacieron la esperanza y la caridad. Muchos son los que a lo largo de esos dos mil años han tratado de callar su mensaje y de matar la esperanza y la caridad. Ninguno lo ha logrado ni lo logrará. Ese niño está en ti, tal como la esperanza y la caridad. Y en ti y en todos nosotros está el porvenir. Nadie, ni con todo el poder del mundo, va a poder con nuestra fe.
Muy Felices Pascuas y un 2009 lleno de felicidad
Les deseamos todos los que hacemos LITERANOVA.
Eduardo Casanova
Alberto Hernández
Alberto Lossada Sardi
Alejo Urdaneta
Carmen Cristina Wolf
Gonzalo Palacios Galindo
Guillermo Casanova
José Tomás Angola
Régulo Villarreal Dolores
Roberto Lovera de Sola
Desde Watergate hasta Chávez: diplomáticos, espías y farsantes en la capital del Imperio
por Eduardo CASANOVA
Gonzalo Palacios Galindo y yo nos conocimos en plena juventud. Yo ya soñaba con hacerme escritor y Gonzalo con hacerse sacerdote. A la larga, yo me convertí en escritor y Gonzalo en filósofo, diplomático y académico, pero no en sacerdote. Lo recuerdo como un joven especialmente inteligente y culto que para gran sorpresa de quienes éramos sus compañeros de estudios y conocidos, un día nos anunció que se iba a Roma para cumplir su sueño de entonces. Uno de nuestros amigos comunes, pariente de Gonzalo y también especialmente inteligente y culto, que se ubicaba en la izquierda radical, le dijo que no comprendía cómo alguien podía meterse a cura en pleno siglo XX, y Gonzalo, al rompe, le respondió: “Si alguien puede entenderlo eres tú, que eres comunista”. Esa capacidad de respuesta rápida, inteligente, está presente, muy presente, en el libro que acaba de lanzar la Editorial Actum al mercado de la lectura: “Desde Watergate hasta Chávez: diplomáticos, espías y farsantes en la capital del Imperio”. Por las páginas del libro desfilan varios Presidentes, unos cuantos ministros y altos funcionarios, algunos políticos, varios artistas y científicos y muchos otros seres que podrían aparecer en cualquier zoológico humano. Varios de ellos quedan muy bien, pero otros habrían preferido que no se les muestre tal como son. Como dos de los integrantes de un conocido cuarteto académico, cuarteto que se presentó inesperadamente en la capital del Imperio, lo que obligó a Gonzalo a improvisar maravillosamente para que se presentaran en un auditorio de una importante universidad, y segundos antes del concierto el jefe del grupo y uno de los músicos se cayeron a puñetazos como niños en el patio de un colegio, ante la mirada estupefacta de los otros dos músicos y Gonzalo. Y no es la única miseria humana que narra el autor en sus reminiscencias. Pero también cuenta hechos positivos, actitudes nobles y situaciones en las que muchos seres humanos demostraron su valor. Con una prosa elegante y bien cuidada, Gonzalo Palacios Galindo, que aunque estudió en un seminario no se ordenó y finalmente se hizo filósofo, se casó, formó una familia y luego de trabajar en Venezuela se instaló en los Estados Unidos, logra informarnos prácticamente de todo lo que se ha vivido en nuestro país desde los años 70 hasta ahora. Es la Historia contemporánea de Venezuela narrada por tres bandas, y es seguro que ningún lector quedará defraudado después de recorrer los tiempos y los espacios de estas estupendas memorias. “Desde Watergate hasta Chávez: diplomáticos, espías y farsantes en la capital del Imperio” es, pues, un libro verdaderamente interesante, lleno de anécdotas de la Venezuela actual, vista desde la Capital del Imperio, en donde abundan las intrigas, las pequeñeces y grandezas que permiten conocer mejor la vida política de un país petrolero, desde los días de Watergate hasta nuestros días.
Desde Watergate hasta Chávez: diplomáticos, espías y farsantes en la capital del Imperio - Presentación
por Editorial ACTUMLa Editorial ACTUM tiene el gusto de invitar a la presentación de Desde Watergate hasta Chávez: diplomáticos, espías y farsantes en la capital del Imperio
de Gonzalo Palacios Galindo
La Venezuela contemporánea, vista desde la Capital
del Imperio
Presentado por el escritor Eduardo Casanova
Sábado 15 de noviembre, 10:30 AM
Colegio Emil Friedman, Los Campitos, Caracas
Venezuela: espiritual, material, o todo lo contrario
por Gonzalo PALACIOS G.Lo de “todo lo contrario” es un vil plagio que cualquier venezolano mayor de 30 años de edad puede recordar. Lo decía frecuentemente Carlos Andrés Pérez, otrora presidente de la República de Venezuela, país que dejó de existir hace casi nueve años, cuando el actual mandatario se tomó la frase en serio. La vieja Constitución venezolana, un documento producto del acuerdo de las mejores mentes políticas que habíamos tenido hasta la fecha (de hoy), le había conferido vida a un sistema democrático de gobierno durante más de 4 décadas. Es cierto que como todo producto humano, tenía sus defectos, pero también era lo suficientemente joven y robusta como para sufrir cambios y sobreponerse a los “dolores de crecimiento” a los que pudo habérsele sometido. Rechazando a la madre (la Constitución) que parió una democracia después de la dictadura perezjimenista, Chávez aceptó el decir del presidente a quien quiso dar un golpe: ni joven ni robusta, “sino todo lo contrario”. El bastardo le mintió a los hijos legítimos de la Nación (del Latín, nascere, nacer) Venezolana y declaró a la Constitución “moribunda,” en el primer momento que se le enfrentó.
Dejaron de existir la Venezuela materialista y la espiritual. Aquella cuya madurez cívica y progreso social se medían fácilmente en términos económicos, la materialista, dejó de criar a “los niños bien” de la era pre-chavista, es decir, de cuando no nos regían la mentira y el perjurio. Porque ahora no se puede hablar de niños “malcriados” por el materialismo de sus padres sino de niños destruidos por la corrupción de sus padres, víctimas de “todo lo contrario.” Y si en la Venezuela materialista un Carlos Andrés le regalaba a Bolivia un barco para que navegara las aguas del Titicaca, era como símbolo de amistad y de nuestra riqueza material: hoy día se trata de corromper el pensamiento de nuestros hermanos con una ideología que ni es un socialismo desinteresado ni es una muestra de amistad, sino de “todo lo contrario.”
La Venezuela “espiritual” parecía también haber dejado de existir cuando el mal parido declaró a su madre moribunda y la condenó a morir poco después. La espiritualidad de la vieja Constitución es la que nos confiere igualdad ante la ley, la que nos confiere nuestros derechos humanos en el momento de la concepción. En suma, la espiritualidad de la vieja Patria/Madre es la que engendra la democracia. Chávez ha hecho todo lo que ha querido para destruir el alma nacional. Chávez y sus hermanos ilegítimos pretenden eliminarnos, a nosotros, auténticos hijos de la Libertad cuya semilla sembró Simón Bolívar, hijos de la Justicia y de la Igualdad, cualidades todas ellas espirituales, que heredamos de nuestra Patria a través de la Madre Constitución. Ni la Venezuela materialista ni la Venezuela espiritual está muerta: “¡todo lo contrario!”
Gonzalo Palacios Galindo (Maracay, 1938). Estudió Arquitectura en la Universidad Central de Venezuela, Recibió la Maestría y el Doctorado en Filosofía en la Universidad Gregoriana (Roma) y en la Universidad Católica de América (Washington, DC, USA). Mantuvo una intensa actividad académica en varias universidades de Venezuela y de Estados Unidos. También ejerció cargos diplomáticos en la Embajada de Venezuela en Washington. Actualmente enseña Filosofía en Prince George’s Community College.
"...como mata el tigre"
por Gonzalo PALACIOS G.“… y ahora, con las últimas noticias internacionales y nacionales, ¡el Repórter Esso !
Muy buenas noches, estimados radioescuchas.”
CARACAS. Esta mañana, en el local de la Cámara del Senado, fuentes allegadas al Doctor Luís Antonio Méndez revelaron que el juicio que se le siguiera al Dr. Ovidio Paredes por concepto de ‘enriquecimiento sin causa en beneficio propio y en detrimento de la Nación,’ concluyó hoy, al sentenciarse a favor de la Nación. Finalizan de esta manera las labores que venía realizando el Jurado de Responsabilidad Civil y Administrativa, creado a los pocos días de establecida la Junta Revolucionaria de Gobierno, el mes pasado.
WASHINGTON. Voceros de la Casa Blanca anunciaron hoy que el Presidente Harry Truman habría expresado su preocupación por la situación política venezolana. Truman manifestó sus deseos por el pronto restablecimiento del sistema democrático en Venezuela.
DESDE CHICAGO llega la noticia que el pelotero venezolano Chico Carrasquel ha sido…
Juan de Dios Castillo estaba contento. Trece años, había esperado con paciencia y resignación campesinas para escuchar la noticia que acababan de dar. “¡Por fin jodieron al Dr. Paredes!” pensó para sí. ¡Trece años! Desde aquella noche negra del 15 de mayo de 1933, cuando se lo llevaron del rancho. A rastras lo habían sacado, delante de su mujer…
“Dame otro tercio, Rolando,” el viejo Juan de Dios le pidió al portugués dueño del botiquín sanjuanero, “esta vaina hay que celebrarla.”
“¿Está cumpliendo años, catire?” le preguntó Rolando, abriendo la botella de cerveza.
“Cumpleaños no. Mejor que eso, compañero. ¿No escuchaste lo que dijeron ahí?” Juan de Dios apuntaba hacia un diminuto radio en el que Rolando sintonizaba la radio novela del día. “Agarraron al desgraciado ese, al Dr. Paredes. Ahora falta saber qué le van a hacer. No menos de quince años de cárcel se merece ese gran carajo.”
“¿Al Dr. Paredes? ¿El que te metió preso?”
“El mesmito. Ese gran carajo, además de se un ladrón, es un pederasta. A mi hijito José Antonio casi me lo robó. Pa lleváselo pa su hato, allá en Barinas. Menos mal que mi mujer – que en paz descanse, la pobre – lo descubrió y se escapó de aquella casa justico a tiempo.”
“¿Por eso te metió preso, catire?” El botiquinero le buscaba la lengua al viejo.
“Por eso, no, chico. Ese gran carajo me metió preso porque a mí se me ocurrió echarle el cuento a Misia Ligia, su esposa. ¡Esa pobre doña sí que sufrió! Figúrate que se la pasaba y que peinándose en la peluquería, pasando hambre pa quitase los rollos de la barriga, y no cuántas vainas más. Todo porque creía que el marido le estaba poniendo cachos con otra mujer. Y resulta que el tipo era marico. MA RI CO. Nada de otra mujer. Y cuando el doctor se enteró de que yo le había contado a Misia Ligia que mi difunta se había escapado de su casa porque su marido le había puesto el ojo a mi niño, fue cuando me mandó a buscar con la policía. ¡Coñemadre!”
El viejo Juan de Dios Castillo se tomaba su cerveza despacio, recordando, casi con nostalgia, los eventos de trece años atrás.
“¿Y tú pa qué fue a contá nada a la Misia esa? Ganas de joder, catire,” dijo Don Rolando, prendiendo un “Alas".
“Lo hice pa calmá a la doña: esa mujer no sabía qué le estaba pasando al marido…”
Antonio Paredes se abrochó el cinturón de seguridad y se quitó los zapatos que llevaba puestos. De charol negro, parte de su uniforme. Regresaba a Staunton Military Academy en Virginia, a cursar el último año de “high school.” La aeromoza del Superconstellation pasó a su lado.
¡Qué buena estás! pensó el joven Paredes.
“Gracias,” le dijo, al tiempo que aceptaba unos caramelos que le ofrecía la azafata. Orgulloso de su uniforme, Antonio Paredes se soltó el nudo de la corbata y desabrochó los botones de la chaqueta. “¡Nueva York! Esta vez me quedo un par de días. La calle 52, lo strip tease, los bares con su jazz y ahora, recién, con la música de Tito Puente. No puedo meterme en vainas, no sea que me boten de la Academia.” El cuatrimotor levantó vuelo y, diez horas más tarde, después de hacer escala en La Habana, aterrizaban en Idlewild. Para su sorpresa, gran emoción, y hasta cierto temor, Antonio había logrado concertar una cita con Marianela Requena, la aeromoza de la Aeropostal. Le había dicho que tenía 20 años y que se estaba graduando tan tarde por vago. Lo habían expulsado del San Ignacio por “faltas morales” y del Colegio La Salle por poco rendimiento académico. Se encontrarían en el Great Northern Hotel esa misma noche. Todo estaba listo…
“¡A continuación, el Observador Creole!… y con ustedes, las noticias del día. Muy buenas noches, estimados televidentes.
CARACAS. La Oficina Central de Información dio a conocer hoy que, contrariamente a las noticias aparecidas en un matutino de la capital, el Presidente de la República no contempla cambios inmediatos en el Ministerio de Relaciones Interiores. La información, suministrada por la Secretaría de la Presidencia, confirma lo anunciado ayer en nuestro reportaje de esta misma hora cuando entrevistamos al Ministro, Dr. Manuel María Castillo.
WASHINGTON. ‘Las heridas causadas por la guerra en Viet Nam se cicatrizarán una vez por todas al restablecer relaciones diplomáticas con esa nación.’ Así lo declaró anoche el recién electo presidente Jeremías Cotter, anunciando sorpresivamente que pedirá al Congreso la aprobación de un embajador cuyo nombre mantiene en secreto.
WASHINGTON. El ex secretario de Estado norteamericano, Dr. Henry Kissinger, declaró que la medida adoptada por el nuevo presidente era de esperarse, añadiendo que se ponía a la orden de la nueva administración demócrata.
CARACAS. ‘Los precios del petróleo mundial se mantendrán al nivel actual, declaró esta mañana el vice-ministro de Minas, Dr. Antonio Paredes…”
Ligia Bermúdez de Paredes levantó la vista del tejido que tenía en sus manos.
“¡Antonio! ¡Qué alegría tenerte por aquí!”
“No te levantes, mamá,” Antonio Paredes se inclinó a besar la frente de su madre. A sus sesenta y pico largos, Misia Ligia todavía recordaba la belleza de su juventud.
“¿Cuándo vienes a almorzar? ¿Cómo está Ana María? ¿Y los muchachos?”
“Todos bien, mamá. Mañana te mando a buscar con el chauffeur,” Antonio pronunció la palabra a la francesa, “para que te pases el día con nosotros. Tus nietos quieren verte…”
La piñata de los Castillo en La Lagunita sería, no cabía duda, el acontecimiento social de la semana. Desde tiempos de Guzmán Blanco, las familias “bien” caraqueñas justificaban la existencia de sus niños con fiestas cuyos costos iban escalando de ocasión en ocasión. Primero, el bautizo, el “primer añito,” los demás cumpleaños, la primera comunión… en fin, excusas para echarle en cara a los demás cuánta fortuna habían logrado aquellas familias.
María Angélica García de Castillo no dejaría pasar el cumpleaños de su hija María Cristina sin aprovechar la oportunidad para dejar ver que ni ella ni su marido eran ningunos “cualquiera.” El Dr. Manuel María Castillo, Ministro de Relaciones Interiores, nada menos! Su marido había escalado posiciones como nadie. En cambio, su papá, el abuelo de María Cristina, hasta preso había estado (tema que jamás se discutió en familia), y apenas se ganaba la vida fabricando piñatas. Allá en Maturín la cosa hubiese sido diferente: los primitos y los amiguitos, las madres y las abuelas consolando a los que “no cogieron nada.” Los hombres tomaban ron y cerveza. Una mesa de dominó, otros jugando bolas criollas, todos emborrachándose paulatinamente hasta llegar la noche. Pero aquí en Caracas no: la lista de invitados pasaba de doscientos, tres payasos, cuatro piñatas, tortas, perros calientes… y, en común con Maturín, el llanto de los que no cogieron nada…
“¿Carmelitas?”
“Sí. Móntese. Abran puesto pal viejo,” gritó el chofer y siguió rumbo al centro de Caracas.
El viejo Juan de Dios Castillo llevaba media hora esperando, a pleno sol.
“Radio Aeropuerto da la hora: doce, treinta y cinco minutos.” El conductor cambió la estación.
“…el padre del Dr. Antonio Paredes, vice-ministro de Minas, es la víctima número veinticinco de la bomba que estallara al explotar una de las piñatas en la fiesta de su hijita María Cristina, quien milagrosamente resultó ilesa. Efectivos militares y de la policía metropolitana han intensificado sus averiguaciones, hasta el momento, infructuosas, pero sí han determinado que la bomba fue detonada a control remoto. No se ha determinado el motivo de tan cruento y perverso crimen. Y ahora, con las últimas noticias internacionales y nacionales…
“¡Aquí me bajo yo!” Juan de Dios Castillo había llegado al final de su camino.
Gonzalo Palacios Galindo (Maracay, 1938). Estudió Arquitectura en la Universidad Central de Venezuela, Recibió la Maestría y el Doctorado en Filosofía en la Universidad Gregoriana (Roma) y en la Universidad Católica de América (Washington, DC, USA). Mantuvo una intensa actividad académica en varias universidades de Venezuela y de Estados Unidos. También ejerció cargos diplomáticos en la Embajada de Venezuela en Washington. Actualmente enseña Filosofía en Prince George’s Community College.
La Acidez de Bibliófilo
por Gonzalo PALACIOS G.Quien lea “El viejo librero” (LITERANOVA, 15/08/08) se dará un banquete literario; lamentablemente, en Venezuela todo “banquete” ofrece el peligro de un ataque de acidez. “El viejo librero”, un fino cuento por Alejo Urdaneta, introduce al lector en el maravilloso mundo de los libros y corotos usados. Urdaneta hace honor a la memoria de los filósofos estoicos quienes proponían que la economía de palabras es señal de precisión en el arte de expresarse. A su vez, la precisión conduce a la Belleza, el eidos o ideal platónico que debe guiar toda acción humana. Basten las siguientes líneas para comprobar que la parquedad de palabras demuestra el dominio que Urdaneta tiene sobre ellas:
El viejo robaba de sus libros y objetos de antaño vidas vividas, palpaba en el lomo de las ediciones in-octavo la fragancia que el tiempo depositó, su mirada quedaba detenida en pinturas de siglos pasados.
No es la vida vivida que le robamos a nuestros viejos amigos de papel la que nos puede causar un malestar físico y metafísico, ni tampoco la elegante y silenciosa compañía con la que nos distinguen desde los estantes de nuestras “bibliotecas”. La “indigestión” o acidez a la que me refiero se refleja en las últimas líneas de “El viejo librero:
Del destino de los libros y de tantos objetos valiosos nadie supo. Estarán, quizás, dispersos y hasta perdidos o destruidos. Pero en cualquier lugar donde estén, nunca tendrán la magia que rodeó el recoleto lugar debajo de un puente en la ruidosa avenida.
En Venezuela sufrí el mal al que me refiero arriba, la “acidez del bibliófilo,” en dos ocasiones, ambas relacionadas con mis labores editoriales en la serie “Los Escritos del Libertador” (Ediciones de la Presidencia de la República). Además de literario, mi “banquete” era también histórico ya que los “Asesores Técnicos” de la Comisión Editora eran Don Pedro Grases y Don Manuel Pérez Vila. Desde entonces me ha sido imposible calcular las posibilidades de que dos educadores de la talla de estos dos señores coincidieran en mi formación intelectual. Y aunque denomino como “banquete” las actividades que nosotros tres llevamos a cabo durante un período de tres años escasos, conviene aclarar que utilizo el vocablo menos como metáfora de los placeres del buen comer y beber y más como recuerdo de lo acontecido en el Simposio de Agatón hace unos 25 siglos. Lo que nos describió Platón en ese diálogo fue un proceso de aprendizaje dialéctico en el que participaron unos 10 invitados. Cada uno recostado sobre un sofá, conversaban sobre el Amor mientras jóvenes esclavos traían alimentos y bebidas a los comensales. Don Pedro, Don Manuel y yo conversábamos sobre Simón Bolívar, sus virtudes cívicas, Simón Rodríguez, Andrés Bello, los filósofos que influyeron en el pensamiento del Libertador y muchos otros temas que facilitaban y hacían posible la labor de editar los escritos del gran venezolano. Nuestro “banquete” consistía de un “negrito” en el restaurante La Atarraya en la Plaza del Mercado, que nos abría sus puertas a las 7, cuando los rayos del sol alumbraban el Ávila diagonalmente desde Petare. Una vez consumido el café matutino volvíamos a nuestras labores. La gran mesa de caoba de la Biblioteca de la Sociedad Bolivariana era nuestra sala de “banquetes”, alrededor de la cual elucidábamos los auténticos escritos bolivarianos. Todo esto comenzaba diariamente a las 4:30 de la madrugada y terminaba al mediodía. Me acuerdo la primera vez que llegué a trabajar, aun de noche, con frío (finalmente entendí lo del “mantuanaje”), y sin llave para el portón de la Sociedad Bolivariana. El ruido del aldabón – casi un trueno en medio de un silencio sepulcral – no sólo llegó a oídos de Don Pedro que se encontraba en el interior de aquella mansión seudo-colonial sino que despertó a una vieja que solía dormir en el zócalo de la venta de billetes de lotería al lado opuesto de estrecha calle. El bulto de bolsas plásticas, periódicos y por lo menos una manta comenzó a deshacerse y a maldecirme por haberla despertado. La vieja primero describió a mi madre y luego procedió a identificarme como “hijo de…” En ese momento Don Pedro abrió el portón y salvó a la vieja de pasar juicio sobre mi persona sin fundamento alguno. “Cállese ya, doña Marta! Respete!” La vieja, de espaldas a nosotros y en cuclillas, orinó por primera vez ese día y comenzó a recoger sus pertenencias, al mismo tiempo que rezongaba para sí misma. “Y no se preocupe, el Dr. Palacios no la volverá a molestar mañana,” y me entregó la llave para el portón. Al poco tiempo llegaba Don Manuel y era entonces que le entrábamos al “banquete.”
El primer caso de “acidez del bibliófilo” lo sufrí en la casa vecina a la Sociedad Bolivariana, la Casa Natal del Libertador. Frecuentemente tenía que consultar el “Archivo” de Bolívar, o sea, los originales de la mayor parte de sus cartas, proclamas y otros documentos que el Dr. Vicente Lecuna había declarado como fidedignos del Padre de la Patria. Por razones inexplicables, había sido el deseo del Dr. Lecuna que aquellos papeles no saliesen de la caja fuerte en las que se guardaban desde principios del siglo XX. Sin control alguno de temperatura ni de humedad, cada vez que la funcionaria encargada de aquel tesoro histórico abría la pesada puerta de acero, yo pensaba que estábamos extendiendo la vida de millones de microbios, alimañas y quién sabe qué otros parásitos para quienes aquellos documentos constituían otro aspecto del “banquete.”
“Francisco,” llamé al portero. Un hombre delgado, de traje marrón claro y corbata negra (la corbata era obligatoria), Francisco llevaba ocho años trabajado como portero de la Casa Natal. “¿Aquí hay un baño para los empleados?” Le pregunté, sabiendo que no lo había para los visitantes.
“Allá atrás, en el corral. Detrás del jardín de los granados,” me dijo. “Usted sí puede pasar, usted es de la casa.” Y, por primera vez en mi vida, entré a un sitio que hasta entonces consideraba secreto, algo así como los sótanos de la Iglesia de San Francisco, donde, decían las malas lenguas, estaban enterrados los hijos de los monjes franciscanos de la Colonia. El corral de la Casa Natal ocupaba prácticamente la octava parte de esa manzana. Hasta el siglo XIX era la caballeriza de la casa, y más tarde, antes de la renovación que se le hizo en tiempos de la dictadura de Juan Vicente Gómez, depósito de una casa comercial. Apenas pasé a aquella zona prohibida al público, a mi izquierda, bajo un techo de zinc a una altura no menor de seis metros y a lo largo del patio aquel, unos 20 metros en total, libros. No unas cuantas cajas de libros, tampoco unos dos o tres cientos libros sueltos: piense el lector entre 15 y 30 mil volúmenes arrumbados, a la intemperie buena parte de ellos, alimento no para bibliófilos sino para las ratas y los ratones que se paseaban y escondían detrás de un castillo formado por unos cuantos ejemplares de El Correo del Orinoco, o las obras de Francisco de Miranda, Andrés Bello, Alvarado, y hasta las del doctor Vicente Lecuna, cruel ironía de aquel triste espectáculo. Esa misma tarde pedí autorización del Presidente de la Sociedad Bolivariana, Don Cristóbal Mendoza, para recuperar el mayor número de libros posible, empaquetarlos y donarlos a los diferentes planteles educacionales de la nación. Don Cristóbal me dio el permiso de inmediato y al día siguiente comencé aquella tarea cuya magnitud y suciedad me recordaba la de Hércules y los establos del Rey Augeas. Lamentablemente, no logré concluir mi trabajo pues tuve que ausentarme del país y “Del destino de los libros y de tantos objetos valiosos nadie supo. Estarán, quizás, dispersos y hasta perdidos o destruidos.”
El segundo caso de “acidez de bibliófilo” me dio en Ciudad Bolívar, hace unos treinta y cinco años. Estaba de vacaciones con mi familia y quise enseñarle a mi esposa, oriunda de Pennsylvania, la casa donde tuvo lugar el Congreso de Angostura. Allí se conservaban los libros y documentos bolivarianos desde la fecha misma del Congreso. Llegamos a la casa sin dificultad alguna. Estacioné en frente del famoso edificio y me dirigí a quien aparentaba ser jefe de una cuadrilla de pintores. Era la hora de almuerzo y hacía un calor sofocante. Las ventanas de la casa del Congreso, abiertas de par en par, el interior perfectamente blanco y vacío.
“Maestro,” le dije, “buen provecho. ¿Y los libros? ¿Están al fondo?” Le pregunté.
“¿Libros? Mi contrato es para pintar la casa. ¿Tú sabes algo de libros?” el jefe de la cuadrilla se dirigió a los otros dos hombres que almorzaban con él.
“Aquí no se venden libros. Lo único que encontramos nosotros aquí eran unos cajones con libros y papeles que se los estaban comiendo las cucarachas y los ratones. Nosotros botamos esos cajones en el río. Eran como 20 o 25 cajones. Grandes, casi del tamaño de…” Pero ya yo no podía oír al hombre. ¡Al río! Los archivos del Congreso de Angostura, al río! Las palabras de “El viejo librero” de Alejo Urdaneta resultaron ser historia en lugar de ficción:
Del destino de los libros y de tantos objetos valiosos nadie supo. Estarán, quizás, dispersos y hasta perdidos o destruidos. Pero en cualquier lugar donde estén, nunca tendrán la magia que rodeó el recoleto lugar debajo de un puente en la ruidosa avenida.
Cada vez que pienso en estos episodios, me repite la “acidez del bibliófilo.
Gonzalo Palacios Galindo (Maracay, 1938). Estudió Arquitectura en la Universidad Central de Venezuela, Recibió la Maestría y el Doctorado en Filosofía en la Universidad Gregoriana (Roma) y en la Universidad Católica de América (Washington, DC, USA). Mantuvo una intensa actividad académica en varias universidades de Venezuela y de Estados Unidos. También ejerció cargos diplomáticos en la Embajada de Venezuela en Washington. Actualmente enseña Filosofía en Prince George’s Community College.
"BUDÚ" y la Revolución Bolivariana
por Gonzalo PALACIOS G.“Vamos a ver si me aguanta esta copla en la que miento las Tres Divinas Personas, la Virgen y San José con su santo Niño en brazos.
Se oye un alarido espantoso, de rabia y de quemaduras de brasa viva en la carne, ruedan por el suelo las maracas y en el rincón junto al arpa, donde estaba el cantador, se desvanece en el aire una humareda de azufre. Y la concurrencia exclama: ‘¡Ten cuidado, Cantaclaro Era el Diablo y se ha ido porque escuchó el canto del gallo que anuncia la hora en que empezó la Pasión del Señor; pero ya volverá a buscarte en cuanto los sayones apeen a Jesucristo de la cruz.’”
Rómulo Gallegos, Cantaclaro, 1930.
La tragicomedia que se ha vivido en Venezuela durante los últimos años, protagonizada por Hugo Chávez y con el pueblo venezolano como elenco, se entenderá mejor si se conoce el papel que la superstición juega en el devenir político de la nación. Inicio estas páginas con las palabras de Rómulo Gallegos por varias razones: primero, como homenaje a quien demostrara que se puede ser demócrata convencido, trabajador y hasta presidente de Venezuela sin dejar de ser honrado y hombre de bien; en segundo lugar, para recordarle a las jóvenes generaciones que es imprescindible conocerse a sí mismo para evitar las taras heredadas; y, finalmente, porque en su obra literaria Don Rómulo nos retrató de tal manera que se hace imposible el narcisismo colectivo.
La superstición siempre ha jugado un papel importante en la estructuración de la res publica de todas las naciones. Este hecho puede observarse desde los inicios de la historia universal. Recuérdense, por ejemplo, las tumbas y sarcófagos de los faraones egipcios y se pondrá en evidencia la influencia de la superstición en la vida política de aquella primera gran civilización y sus dirigentes. Los regímenes teocráticos y autoritarios que han regido los destinos de otras naciones (por ejemplo, Israel, Arabia Saudita, España, e Inglaterra) comprueban el poder de las supersticiones. Si una sociedad o sus dirigentes no derivan su autoridad de la única fuente auténtica, la perderán al poco tiempo de ejercitarla. Ya lo dijo Machiavelli:
“Así como el respetar las instituciones divinas es la causa de la grandeza de las repúblicas, el despreciarlas produce su ruina; ya que donde falte el temor de Dios, el país terminará en la ruina. Salvo en el caso de que el temor al mandatario (el príncipe) sustituya temporalmente la falta de religión.”
El daño que las supersticiones de un ciudadano pudiesen causarle a la colectividad es el motivo que condujo al ateniense Meleto a seguirle juicio a Sócrates como ateo y corruptor de menores. El argumento que empleó el septuagenario en defensa propia sigue vigente:
“Y ahora dinos, por Zeus, Meleto: ¿qué es mejor, vivir entre ciudadanos buenos o entre ciudadanos malos? … si convierto en malvado a alguno de los que conviven conmigo, correré el riesgo de recibir de él algún daño…”
Es decir, si se corrompe el alma de un ciudadano, se corrompe la sociedad de la que él forma parte. Y la superstición es uno de los medios más eficaces para lograr dicha corrupción. La superstición es la desviación de lo auténticamente religioso y de sus ritos. Tal desviación suele atribuirle poderes “mágicos” o sobrenaturales a los signos, rituales, imágenes y objetos de la religión. Dentro del marco de la religión Católica, se cae en la superstición al atribuirle poderes sobrenaturales a las “reliquias”, a los ritos, a los “novenarios” y demás signos externos de esa fe (por ejemplo, los poderes del Nazareno de San Francisco, del agua bendita o de una misa “negra”). El daño es aún mayor cuando la desviación se hace no a partir del espíritu auténticamente religioso sino de un conjunto de creencias meramente materialistas. Es el caso de las diversas creencias afro-americanas e indígenas según las cuales ciertas substancias, animales, cantos y danzas tienen poderes divinos, siempre y cuando las maneje un chaman, brujo o sacerdote debidamente identificado por la comunidad. ¿Habrá acaso manera más eficiente que las prácticas supersticiosas para que Hugo Chávez termine de corromper la religiosidad del venezolano y lo separe de la verdadera fuente de autoridad para justificar su reino del terror? Cada vez con mayor frecuencia el presidente venezolano se sustituye él mismo por la auténtica autoridad divina:
“A mí me han denunciado hasta la Corte de Satanás por allá, me tenían una brujería. Me tenían una brujería. Pero seguro me tenían una brujería ¿cómo se llama esto? De budú. Por allá apareció. Miren, cerca de Miraflores en los alrededores aparecieron cuatro animales unos bichos raros que yo vi uno, que me lo trajeron ¿qué animal es éste vale, parece el diablo? Un animalito muerto, yo no sé que animal es ése, pero es un animal raro con unos ojos satánicos así huecos y unos colmillones. Y entonces yo le dije a los muchachos ‘boten a ese bicho de aquí’ ¿jejeje? Boten a ese bicho de aquí. Y resulta que empezaron a investigar, y habían otros animales en la otra esquina y en la otra esquina en una forma de cruz consiguieron cuatro animales de esos vale y tenían por dentro metidos un poco de cosas, unos papeles, unas piedras ¿no? Me tenían montado un trabajo de budú, esos son los golpistas ahora, se metieron a brujo también los golpistas ¿jeje?, están tan desesperados que mandaron a buscar como doscientos brujos – no estoy mamando gallo no estoy inventando – hasta eso han llegado a hacer lo que llaman ¿cómo es? Montar un trabajo y me tiraron a sacar ¡mire! Me tiraron a sacar porque me lanzaron budú. Sí, budú….”
Perdone el lector lo largo de la cita de Chávez, pero se facilita así la comparación con la del maestro Gallegos en su novela Cantaclaro.
La diferencia fundamental entre lo “auténticamente religioso” y la superstición es que lo primero eleva al hombre a una dimensión espiritual en la que establece contacto con su Dios y en la que puede ejercitar su libertad y demás virtudes cívicas, mientras que la otra lo reduce a un objeto material más entre todos los que lo rodean y lo controlan:
“Kanaima no está sólo en los árboles y en las rocas, en los ríos ni en las montañas, sino por encima de las cosas que rodean al hombre, como algo contra lo que nadie se puede prevenir.” Rómulo Gallegos.
El supersticioso carece de libertad personal y al permitir que sus creencias idolátricas definan la gestión pública, demuestra que no le da importancia alguna a la libertad como tal ni a los derechos que de ella deriva la ciudadanía: se impone la opresión como forma de gobierno.
Sólo si respetamos lo auténticamente religioso – es decir, si nos definimos como seres espirituales, diferentes de lo que nos rodea – podremos establecer una sociedad basada en la libertad personal y en la justicia colectiva. “…Hay que afirmar acerca de la elección de los cargos públicos, que elegirlos recta y justamente es una tarea de quienes tienen experiencia en esos quehaceres” (Aristóteles, Política, III).
Desde los gobernadores coloniales hasta el presidente Chávez, el pueblo venezolano ha sido guiado por personas dominadas por creencias supersticiosas. Se equivocan quienes piensan que se trata de un fenómeno reciente en nuestra historia: Venezuela, al igual que las naciones del resto del hemisferio, incorpora en sus orígenes las más variadas y pintorescas supersticiones de tres continentes. La “mezcla perfecta” del venezolano incluye las creencias animistas de los esclavos africanos que nunca superaron el nivel de magia y brujería. Se le llamó “religión” a las reacciones psicosomáticas inducidas por diferentes drogas entre grupos indígenas, más por ignorancia de los antropólogos que por sus conocimientos teológicos. Y de España heredamos un catolicismo tergiversado durante ocho siglos por la cultura árabe, repleto de supercherías existentes en aquel territorio reconquistado, y corrompido sin esperanza de reformar (gracias a la Inquisición) como lo hiciera la Iglesia en el resto de Europa.
Años antes de concluir la guerra de Independencia, el General H. L. V. Ducoudray Holstein relataba que
“El criollo es devoto, supersticioso, crédulo e ignorante…Las damas de la alta sociedad tienen cada una su santo particular a quien le son muy devotas; con su imagen colgando día y noche en sus pechos por una cadena de oro…Yo he conocido a señoras con más de una docena de imágenes del mismo santo en diferentes áreas de la residencia. A estas imágenes habría que añadir crucifijos, santas vírgenes, otros santos, y ángeles, etc.”
Desde que existe “Venezuela”, la superstición explica parcialmente la actitud fatalista del pueblo en lo político (“¡Esto no lo compone ni Mandinga!”), en lo económico (“¡doce mil setecientos veintiuno! ¡Capicúa! ¡Suma trece!”) y, hasta en lo religioso (“Dios nos agarre confesados”). La corrupción de la religión ha hecho imposible reconocer la auténtica fuente de autoridad. Chávez, en lugar de efectuar una revolución verdadera que elimine ese cáncer social que es la superstición, continúa promoviéndola públicamente y mintiendo cínicamente sobre su repercusión social. No es coincidencia que se haya ubicado a Venezuela entre las cuatro o cinco naciones más corruptas del mundo (“uso indebido de las finanzas públicas para enriquecimiento personal”). Que hayamos descendido a ese nivel de corrupción en tan poco tiempo no puede explicarse a menos que, apenas apearon “a Jesucristo de la cruz,” en la República Bolivariana de Venezuela, volvió a buscarnos el Diablo.
Gonzalo Palacios Galindo (Maracay, 1938). Estudió Arquitectura en la Universidad Central de Venezuela, Recibió la Maestría y el Doctorado en Filosofía en la Universidad Gregoriana (Roma) y en la Universidad Católica de América (Washington, DC, USA). Mantuvo una intensa actividad académica en varias universidades de Venezuela y de Estados Unidos. También ejerció cargos diplomáticos en la Embajada de Venezuela en Washington. Actualmente enseña Filosofía en Prince George’s Community College.










Gonzalo Palacios Galindo (Maracay, 1938). Estudió Arquitectura en la Universidad Central de Venezuela, Recibió la Maestría y el Doctorado en Filosofía en la Universidad Gregoriana (Roma) y en la Universidad Católica de América (Washington, DC, USA). Mantuvo una intensa actividad académica en varias universidades de Venezuela y de Estados Unidos. También ejerció cargos diplomáticos en la Embajada de Venezuela en Washington. Actualmente enseña Filosofía en Prince George’s Community College.
Alberto Lossada Sardi, diplomático y escritor, nació en Caracas en 1950, en el seno de una familia de diplomáticos e intelectuales. Como diplomático ha servido en Estados Unidos, la Unión Soviética, Portugal, Ecuador, Nicaragua, Libia y Francia. Su más reciente cargo fue el de Ministro-Consejero Encargado de Negocios en Portugal. También ha ejercido varias funciones en el Servicio Interno del Ministerio de Relaciones Exteriores.
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