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Categoría: Extractos

Lecciones de una guerra que no fue

por Colaboraciones

Análisis de Fernando Mires de su libro Al Borde del abismo. Editorial Debate.

LECCIONES DE UNA GUERRA QUE NO FUE
(Cuatro tesis)


Tesis 1

En la guerra que desde hace tanto tiempo mantiene el estado colombiano en contra de la organización terrorista llamada FARC, tuvo lugar una acción militar que efectivamente violó la soberanía nacional de Ecuador. El tema, sin embargo, no puede ser entendido sólo desde una perspectiva jurídica sino que, además, a partir de otras dos perspectivas: la militar y la política. Argumentar a favor o en contra de una perspectiva en el contexto de la otra, como ha ocurrido quizás por equivocación de parte del gobierno ecuatoriano, o por premeditación por parte del gobierno venezolano, lleva a una radical confusión de los hechos.
Desde una perspectiva jurídica el gobierno colombiano no podía tener la razón, hecho que ha sido reconocido por todos los gobiernos latinoamericanos, e incluso por el colombiano, que pidió las disculpas correspondientes al gobierno ecuatoriano recibiendo en cambio una andanada de injurias que va mucho más allá de la polémica y de la confrontación política. La agresividad empleada por el Presidente ecuatoriano quien ha hado pruebas en otras ocasiones de dominar el idioma político, sólo es posible explicar a partir de ciertas implicancias extra -jurídicas.
El gobierno colombiano hasta entonces muy cuidadoso en el manejo de los temas fronterizos, se vio probablemente conminado a tomar una decisión. Por una parte, el problema jurídico de traspasar las fronteras. Por otra parte, la posibilidad de asestar un golpe estratégico a su enemigo militar, localizado en las selvas de Ecuador. De acuerdo a la fría lógica que ha mostrado en diversas situaciones, el Presidente colombiano calculó probablemente que la decisión militar debía tener primacía por sobre el tema de la jurisdiccionalidad territorial. Hay dos razones obvias que explican esa decisión, y las dos son militares. La primera, es que el gobierno de Colombia se encuentra en guerra en contra de las FARC, y en la guerra se impone la lógica militar sobre la jurídica. La segunda es, dado que las FARC como toda organización terrorista es extremadamente centralizada, la pérdida de la jefatura era clave para entrar a una segunda fase que es el desmantelamiento de las demás estructuras.
Que lo militar tenga primacía sobre lo jurídico es bajo condiciones normales algo impensable. Pero la guerra no es una condición normal. La guerra tampoco es un hecho jurídico pues apunta a la anulación del adversario. En la guerra declarada por las FARC al Estado colombiano, su objetivo es la destrucción del orden republicano de la nación. A su vez, la guerra del Estado colombiano, está orientada a la destrucción de las FARC.
Uribe calculó probablemente que la acción militar originaría serias controversias con el gobierno ecuatoriano. Lo que al parecer no calculó fue la sobre-dimensionalización de esa controversia de parte de Correa. Quizás Uribe pensó que a pesar del desacato jurídico cometido, en Correa encontraría sino un mínimo de solidaridad, por lo menos algo de comprensión para su lucha en contra de las FARC. Después de todo, las FARC no son un grupo de idealistas samaritanos sino una de las más crueles y sanguinarias organizaciones terroristas de nuestro tiempo. Por otra parte, la agresión colombiana no ponía en riesgo la seguridad interna ni externa de Ecuador ni tampoco la vida de ningún ecuatoriano. Pero Colombia y Ecuador no son España y Francia, cuyos gobiernos, a pesar de las muchas diferencias que los separan, colaboran estrechamente en la lucha contra el terrorismo vasco.
No el gobierno colombiano pero sí las FARC son una amenaza para la soberanía territorial y para la estabilidad política de la nación ecuatoriana. Mientras Correa no se dé cuenta de esa verdad elemental, será siempre sobrepasado; incluso por el mismo.

Tesis 2

La agresividad, la virulencia y el activismo empleados por Rafael Correa en contra del gobierno colombiano transgreden normas y formas. Si Uribe cometió delito de transgresión de límites geográficos, Correa ha transgredido los límites de la diplomacia y de la política. El lenguaje de Correa no apuntaba ni a una salida ni a una solución, hecho que hace posible pensar que su gobierno no estaba interesado en una desactivación del problema sino que en un plan coordinado tendiente a aislar, “por ahora” políticamente, a la nación colombiana. Si Correa era parte consciente o inconsciente de ese plan no lo podemos saber. Es posible suponer, sin embargo, que el origen de ese plan no estaba en Quito, sino que en Caracas y, además, casi con seguridad, en La Habana.
Que el Presidente Correa rechazara enérgicamente la intromisión de tropas colombianas, cabía esperarlo. Esa debe ser parte del oficio de quien detenta el cargo presidencial. Pero la enorme magnitud de ese rechazo no la esperaba nadie. Hubiera bastado una declaración, quizás una interpelación frente a los tribunales internacionales, una queja frente a la OEA y el llamado a consultas del embajador ecuatoriano.
Correa no ha dicho, por ejemplo, que fueron las FARC las que violaron primero los límites de Ecuador y que la violación limítrofe del ejército colombiano sólo fue un efecto secundario. Las injuriosas referencias de Correa a Uribe podrían haber sido incluso interpretadas como la retórica de un presidente emocionado, si es que paralelamente hubiese hecho algunas propuestas para combatir a aquel enemigo de la humanidad que son las FARC y así evitar que volvieran a repetirse hechos tan lamentables. Pero no. Leyendo las diversas alocuciones de Correa, se obtiene la impresión de que para él las FARC son un grupo de marcianos que aterrizaron por casualidad en las selvas ecuatorianas.
Podría pensarse que el descontrol de Correa tiene un pie en su política interior. En efecto, la intromisión colombiana dejó al descubierto que no sólo circulaban terroristas colombianos en su país como Pedro por su casa, sino que, además, éstos estaban establecidos en la zona, a la que habían convertido en un centro de operaciones en contra de Colombia con la posibilidad adicional de que los de las FARC también agredieran o secuestraran a ciudadanos ecuatorianos. Que eso es lo que hacen con ciudadanos venezolanos en la frontera con Venezuela. Frente a la oposición política, e incluso, frente a algunos de sus partidarios, Correa hizo un pésimo papel.
¿Cómo es que el Presidente no había sido informado que una parte del territorio nacional estaba ocupado por terroristas extranjeros? O una de dos: O Correa lo sabía, o su administración militar es absolutamente ineficiente. En los dos casos (el primero es mucho peor) Correa apuntaba a un fracaso que su agresividad verbal no sólo no ocultaba, sino que, además, delataba. Como suele ocurrir en algunas ocasiones, sus invectivas en contra de Uribe podrían haber sido interpretadas como una “huída hacia adelante". Sin embargo, cuando el presidente Chávez determinó la expulsión del embajador colombiano y enviar tropas a la frontera, la idea de que había una conjura entre Caracas-Quito en contra de Bogotá, comenzó a tomar fuerza. Correa, en lugar de distanciarse de la posición chavista, elevó aún más el tono de sus invectivas en contra de Uribe, la que, junto a Chávez, culminaría en un violento dúo de injurias en Caracas (6.03.2008). A ellas se sumó la voz de Fidel Castro, quien cada vez que escucha hablar de guerra, resucita. Siempre obsecuente, Ortega anunció al día siguiente la ruptura de relaciones entre Nicaragua y Colombia. De un día a otro, Colombia amaneció cercada.

Tesis 3

Aparentemente Colombia se encontraba situada en una mala posición. Cercada por tres países, más las FARC que operan desde el interior y a través de los límites, y por si fuera poco, sectores estudiantiles que protestaban en las calles por los procedimientos empleados por los grupos para-militares, a los que se supone en conexión con el gobierno. No obstante, esa es sólo la apariencia. El país que tenía las mejores cartas militares y políticas en ese absurdo juego era Colombia.
Desde una perspectiva militar, el poderío de Colombia en la zona es muy superior en un sentido cuantitativo, pero sobre todo, cualitativo al de los tres países del ALBA. No se entrará aquí a analizar la cantidad de armamentos que posee cada país, bastando decir que el de Colombia es muy superior al de los tres países del ALBA unidos. Además, no se trata sólo de la cantidad de armas. Los militares colombianos saben, además, usarlas. De tal modo que los presidentes del ALBA habrían tenido que perder el juicio los tres al mismo tiempo si hubieran decidido embarcarse en una aventura militar en contra del país vecino. Sabían, además, que Colombia recibiría la ayuda directa de los EE UU país que, al tomar una decisión, no tiene como equivocarse. Y no por defender los intereses del “imperio", ni nada por el estilo. Mucho más dependiente del imperio que Colombia es Venezuela cuya “revolución” es financiada directamente desde los EE UU, ya sea por venta de petróleo, ya sea por compra de alimentos. El problema es que, por razones que nadie entiende, el ALBA, en especial Venezuela, ha buscado el apoyo de los enemigos naturales de los EE UU en otras regiones, sobre todo en Bielorusia e Irak. Esa habría sido la ocasión propicia para que Bush hubiera terminado su mandato con un triunfo militar al menos, empresa en la que con toda seguridad habría sido apoyado sin reservas por la señora Clinton y el señor Obama quienes tendrían así un problema menos al comenzar el gobierno, que seguramente compartirán ambos.
Desde una perspectiva económica quienes más habrían perdido en el cerco a Colombia, son Ecuador y Venezuela. En todo caso, mucho más que Colombia.
Ahora bien, donde reside la mayor fuerza de Uribe es en el frente político interno. Más del ochenta por ciento de la población colombiana lo apoya y lo apoyará en la guerra en contra de las FARC y, si se da el caso, en contra de los eventuales aliados externos del terrorismo local. La mayor parte de la clase política colombiana, incluyendo a la izquierda, está y estará de su lado. En cambio, de los tres Presidentes adversarios de Uribe, el único que está todavía en la cima de su popularidad es Rafael Correa. El gobierno de Chávez se encuentra en una situación política miserable y el de Nicaragua también en rápido descenso. De tal modo que en un conflicto externo, el ganador político habría sido el gobierno de Uribe. Por si fuera poco, de los cuatro gobernantes envueltos en el conflicto, el más inteligente, y con mucha distancia, es Alvaro Uribe. Y tanto en la guerra como en la política, la inteligencia juega un papel importante.
Si Maquiavelo hubiera querido encontrar su equivalencia a El Príncipe en una región lejana, Uribe habría sido el candidato ideal. Nunca habla demasiado, sólo lo preciso y lo justo. Sabe tender trampas al adversario (caso Emanuel), tiene paciencia y una frialdad impresionante para dejarse insultar sin responder. Nunca pierde de vista el objetivo principal. Si es necesario, sabe ser también cruel, lo que en una zona políticamente civilizada es un gran defecto, pero en las condiciones pre-políticas que subsisten en Colombia, y sobre todo en los países vecinos, se convierte en una virtud. Sus relaciones con el paramilitarismo lo han ensuciado bastante, de eso no cabe duda, pero no lo suficiente como para que la mayor parte de la población colombiana que detecta que el enemigo principal son las FARC, deje de restarle su apoyo.
La que vive Colombia es una guerra. Y todas las guerras son sucias. Solamente a los chavistas que parece que de táctica militar entiende menos que de política se les puede ocurrir que el hecho de abatir a un terrorista como Raúl Reyes fue un asesinato. En las guerras no hay asesinatos. Hay ejecutados y abatidos. Raúl Reyes fue abatido por sorpresa, y el militar que no sabe que en la guerra hay que atacar por sorpresa, mejor que se dedique a coser y a bordar.. O a cantar y a bailar.
Raúl Reyes murió en su ley.
Pero si todas las guerras son sucias, las guerras en contra de grupos terroristas son más sucias aún. Es que uno de los propósitos de los comandos terroristas es el de ensuciar al enemigo hasta el punto de llegar a convertirlo en alguien irrepresentable. El gobierno socialdemócrata alemán de Helmuth Schmidt por ejemplo, se ensució tanto, que para salvar a los rehenes que mantenía la Rote Armee en Mogadicho, tuvo que ocupar aeropuertos africanos y pagar las debidas compensaciones. Una de las razones del declive del gobierno de Felipe Gonzáles en España, tuvo que ver con la responsabilidad indirecta del gobernante en actos ilegales (ejecuciones y torturas) cometidos en contra de los terroristas de la ETA. El gobierno de Israel tiene que responder a los ataques de las fracciones terroristas del Hama con medios que con toda seguridad nunca desearían emplear sus gobernantes. En Colombia, las FARC han igualmente logrado no solamente ensuciar políticamente a Uribe, sino que a la mayoría de los presidentes que lo antecedieron.
Después del terrorismo, no hay nada que sea moralmente más repugnante que el para-militarismo. Sin embargo, y esto es lo que cuesta entender a muchos, no el terrorismo es una consecuencia del para-militarismo, sino que el para-militarismo es una consecuencia del terrorismo. Si las FARC desaparecieran, más temprano que tarde el para- militarismo se desintegraría. Si el para-militarismo desapareciera, el terrorismo de las FARC continuaría actuando. Esa es la relación, y no otra.
Lo cierto es que pese sus abusos de poder, a la ilegalidad de los para-militares, y a la violencia, a veces excesiva de los policías que en algunos casos han hecho suya la lógica de los terroristas, Uribe continúa siendo el gobernante más popular de la región. Más aún: Chávez lo ha hecho más popular que nunca. Ahora bien, en caso de guerra, la solidez del frente interno es la condición más importante para un triunfo, más importante aún que la cantidad de armas. Eso lo sabe cualquier militar, y Chávez es militar.
La solidez de ese frente interno no la tiene Chávez ni en sueños, ni siquiera entre sus propios partidarios quienes cada cierto tiempo, como ahora está ocurriendo, libran luchas verdaderamente caníbales. El resto de la población venezolana, o es oposición, o es absolutamente indiferente al gobierno. Con Daniel Ortega ocurre algo parecido, más de la mitad de Nicaragua lo adversa. Y además, Ortega … Digámoslo así: Ortega no es uno de los gobernantes más prestigiosos del mundo.
Sólo Correa mantiene su popularidad, entre otras cosas porque es un político talentoso, cualidad que lamentablemente no ha mostrado en los últimos acontecimientos.
Desde una perspectiva internacional, Uribe ha sabido ganar el respeto de los gobiernos europeos. Cuenta, está de más decirlo, con el apoyo incondicional de los EE UU, con Bush o sin Bush. A Brasil le interesa Venezuela sólo como socio comercial, y a las tímidas y asustadizas democracias del Cono Sur, el gobierno de Chávez les causa más problemas de los que quisieran tener. En fin, tanto la correlación nacional como internacional de fuerzas, favorecía, casi sin contrapeso, al gobierno de Uribe. Chávez, cuyo instinto político es innegable, se dio cuenta a tiempo, y decidió frenar, y como ya es su costumbre, en el mismo borde del abismo.

Tesis 4.

El principal enemigo del gobierno de Uribe, que es el de Chávez, se encuentra, POR AHORA, políticamente neutralizado.
Por ahora, es el antiguo lema de Chávez. Eso lo dijo el Chávez joven cuando fracasó su golpe de Estado: por ahora. Por ahora, el gobierno de Chávez se encuentra en una posición defensiva. Está siendo atacado por todos lados, incluyendo el propio. Un día son los buhoneros a quienes les entregó las calles y a quienes quiere erradicar de las calles. Otro día los obreros y empleados de Sidor. Una vez, y casi siempre, los estudiantes. Cuando menos se espera, los ultraizquierdistas “a la Lina Ron” le echan a perder sus escenas cinematográficas. La corrupción de sus aliados le comen el gobierno por dentro. Tascón, el eterno delator: Delator de profesión, delata a los otros, hoy a los suyos. Los motociclistas y batallones siniestros que amedrentan a la población y le restan cada día más votos para unas elecciones que nadie sabe si tendrán lugar y en las cuales, chavistas y antichavistas, todos juntos, quieren ser candidatos. Chávez los vuelve locos, los locos vuelven loco a Chávez.
Chávez quiere salvar la revolución ¿Cuál revolución?
La revolución después de nueve años no ha comenzado, y antes de nueve años ya había terminado, antes de que comenzara. Mucho antes: la revolución de Chávez fue derrotada en 1990, cuando cayó el muro de Berlín.
El 2 de diciembre del 2007, Chávez perdió no una consulta popular. Perdió un proyecto de toma de poder. Después del 2.12.07, no tenía más alternativa que gobernar, aunque no tenía ningún programa de gobierno. Ni siquiera tiene un personal administrativo idóneo para gobernar. El Estado está ocupado por cuadros ideológicos y militares que rotan de un puesto en otro. Los verdaderos cuadros de gobierno están en la oposición. Es cierto que en un arranque de extrema lucidez inventó Chávez tres R. que nadie se acuerda ahora que significan. Al día siguiente se olvidó de todo y creyó de nuevo no en el gobierno, sino que en el poder eterno, aquel que no está en este mundo pero que lo obsesiona. Ese poder nunca lo podrá tener. Ni él ni nadie. Entonces inventó una guerra. “Cortinas de humo", dijo el hábil Rosales. “Evadir la realidad", afirma el general Baduel, quien pesa cada palabra como si las palabras tuvieran plomo. Ambos tenían razón. Todavía es tiempo de que el gobierno rectifique, pero el problema es que, a diferencias de Uribe, el Presidente venezolano se encuentra en una estado de extrema ideologización, alteración que le impide desarrollar sus ideas y pensar con libertad.
En cierto modo, el Presidente Uribe –que ironía de la historia – ha salvado con su accionar práctico la continuidad del gobierno venezolano. ¿Qué habría pasado si Uribe se hubiese dejado llevar por el falso orgullo y por las emociones que hizo gala el joven Presidente Correa? Es mejor que ni lo pensemos. Gracias a que en Colombia hay un Presidente que piensa políticamente, vale decir, alguien que es un político de profesión (y de vocación), ha sido evitado el hecho trágico de que muchas vidas humanas hubieran sido inútilmente segadas.

 
 

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El lenguaje frente a la amenaza de la disolución

por Alejo URDANETA

(Extracto del libro inédito: FORMA E INTENCIONES DEL LENGUAJE)

EL LENGUAJE FRENTE A LA AMENAZA DE DISOLUCIÓN

* La chata realidad y el ancho mundo
El espacio de un lenguaje vivo y moderno, eje de la libertad humana, se ha visto asediado por tendencias diversas, algunas pacíficas pero en todo caso disolventes, otras directamente destinadas a producir su disolución.
Desde hace aproximadamente cincuenta años, con la insurgencia de técnicas y facilidades de comunicación al alcance de grandes mayorías, se ha hablado de la muerte de la literatura ante el surgimiento de otros modos expresivos de fácil expansión: la televisión, las comunicaciones electrónicas, el folletín de larga divulgación. En casi todas esas expresiones está la palabra, pero ya se ha cosificado y con ello perdido su flexibilidad para abarcar un continente humano que urge de la mediación del lenguaje de la vida.
Pareciera que estuviésemos de nuevo reviviendo el arte de describir lo cotidiano, como lo fue en Grecia antigua. Pero con la diferencia de que en la época de Pericles hasta los dioses tenían pasiones humanas y los artistas pretendían exponer lo que aparecía como verdadero. La realidad rutinaria que vive una sociedad despierta ante un gran suceso. Es conocida la anécdota: el filósofo Kant demoró su paseo matinal sólo una vez, cuando fue informado de la caída de La Bastille.
Importante era la épica y con ella la representación de hombres dotados de magnificencia ante hechos también extraordinarios que conducían a la gloria o a la muerte trágica. El lenguaje de entonces era el retrato de hombres-dioses y su mundo de excepción que paradójicamente era el cotidiano.
Los hechos que se dan en la historia modifican la vida cotidiana, y cuando sobrepasan la resistencia humana adormecida en la molicie de la rutina, confieren a la existencia aureola de mito. La Revolución Francesa y el esplendor de la época napoleónica fueron en su tiempo exaltados en las artes: la pintura y la escultura, igual que la arquitectura y las letras, sufrieron cambios notables. Creció el ritmo de la experiencia y la palabra ya no hablaría de lo cotidiano porque tenía que decir de la gloria de Austerlitz. Todavía en 1827, Victor Hugo escribió la Oda a la columna de la plaza Vendome, para exaltar el valor histórico de la Francia vencida por la Restauración después de Waterloo. “¡Francia, en la que está creciendo una nueva edad, no está todavía tan muerta para soportar un ultraje! (…) Los dos gigantes de Francia han pisoteado su corona. La historia, que abre el Panteón de los tiempos, nos muestra en las sienes de buitre de Alemania, la sandalia de Carlomagno, la espuela de Napoleón…” Se resistía el pueblo en la voz del poeta a doblegarse ante la derrota que acabó con una época gloriosa. Sin embargo, la luz del pensamiento había pasado a Inglaterra y Alemania, y asumían la bandera de la épica literaria Goethe, Byron y Schiller. Siempre renace el ímpetu creador de los pueblos, y cambia el testigo en un mundo siempre en conflicto.
No hay más lugar para la épica cuando el surgimiento de la clase media impone la realidad de la industria colectiva, la rutina burocrática que abolía el individualismo. La novelística de Charles Dickens es el cuadro de la sociedad inglesa industrial del siglo XIX, atosigada por el ejercicio opaco de la burocracia en la persecución de la riqueza y por la indiferencia ante la pobreza y la miseria espiritual. En su gran novela, La Casa Desolada, describe Dickens el mundo neblinoso de Londres y los conflictos humanos y sociales derivados de la lucha por el poder económico. Tal parece como si esa bruma significara la hipocresía de la sociedad, con jueces venales y despachos oficiales inútiles, en un medio que alarga la agonía por la sobrevivencia de los desasistidos. El tedio gris de un mundo en descomposición.
Algo semejante ha querido expresar Gustave Flaubert en su novela Bouvard y Pécuchet, abrumadora descripción del vacío y la autodestrucción. El azar reúne a los personajes, solitarios y ya no tan jóvenes, modestos empleados de oficina. Son dos seres perplejos en el caos de la vida moderna. Una herencia y un vago deseo de retiro filosófico y del cultivo de la sabiduría harán que se abismen en el estudio de las ciencias, el arte y la filosofía. Y de esta manera se empeñan en abarcar todo el conocimiento: la agricultura, la química, la medicina, la pedagogía, la historia, la literatura, la alquimia. Pero sólo obtienen el vacío como recompensa, y lejos de lo que esperaban se llenan de escepticismo y el desánimo no tardará en aparecer. “La enciclopedia del asco”, llamó Steiner a esta farsa filosófica.
La realidad contemporánea se ha achatado y se expresa en un naturalismo mediocre sólo explicativo. Con ello pierde también el arte literaria: ya no tiene sino un triste programa que toman para sí los medios de información. Walter Benjamín hizo la crítica de los medios de comunicación al alcance de las masas y denunció su carácter meramente informativo, explicativo y no-artístico; y citó a Federico Fellini: “La televisión informa y se resiste a la presentación del arte libre y creador”. Presenciamos entonces la disociación del artista con la sociedad. Y sin embargo, la resistencia del creador sobrepasa el mundo informe de la cotidianidad.
Si el escritor se propone respetar la verosimilitud de la realidad, no tiene por qué limitarse al uso de un lenguaje pobre y sin significación para el arte literaria. Aunque la vida nos enfrenta a la trivialidad con mayor frecuencia de lo que parece, para decir lo trivial el lenguaje literario exige una expresión depurada pero nunca servil. Lo contrario sería atentar contra las bases de la cultura en el lenguaje.

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La creación de la obra de arte (Extracto del libro El Arte: una apreciación personal)

por Alejo URDANETA
Capítulo III

LA CREACIÓN DE LA OBRA DE ARTE

El interés teórico acerca del arte no está ahora en la obra en sí misma, sino el hombre que la ha creado. El ideal helénico de armonía y belleza (“lo bello y lo bueno”) que debía tener la obra de arte, quedó relegado por la indagación del quehacer humano, la búsqueda del hombre dentro de lo que ha creado. Ahora nos preguntamos cuál es el impulso o causa y efecto de la obra de arte, y con ello penetramos en la agonía (la palabra agön significa lucha, de origen griego) del artista al enfrentarse a la materia que constituirá su obra. Porque se trata justamente del obstáculo en el que se ejercita la actividad creadora. La materia no es, en el sentido que desarrollamos, el volumen y la consistencia física de alguna cosa. Comprende todas las realidades que chocan con el mundo de la producción de la obra de arte. En la tesis del filósofo italiano Luigi Pareyson de su teoría de la formatividad, la materia es el conjunto de los medios expresivos, los preceptos codificados, las técnicas, los lenguajes, los instrumentos del arte. Materia es la realidad exterior sobre la que trabaja el artista. La obra de arte surge de la lucha contra el obstáculo que se le opone, que son todos los elementos que están allí: la métrica, el lenguaje tradicional. Hasta la misma finalidad que dirige inconscientemente al creador es materia y objeto de su agonía. Dice Umberto Eco, cuando se refiere a la teoría de Pareyson: “De acuerdo con la estética de la formatividad, el artista, formando, inventa efectivamente leyes y ritmos nuevos, pero esta originalidad no nace de la nada, sino como libre resolución de un conjunto de sugestiones que la tradición cultural y el mundo físico han propuesto al artista bajo la forma inicial de resistencia y pasividad codificada”.
Hay un diálogo entre el artista y la materia, y de él proceden los avances y regresos en la producción de la obra de arte, porque el drama de la evolución está en esta lucha del impulso vital y la materia como totalidad que se le opone. Para Henri Bergson, “el impulso de vida consiste en una exigencia de creación”. Todo lo que en el hombre se revela como libertad, creación imprevisible de algo nuevo, está en la prolongación del movimiento de la vida; en cambio, la rutina y el automatismo expresan la caída del impulso espiritual hacia lo puramente material. En ello va la intuición al lado de la inteligencia. Bergson analizó los mecanismos de la memoria, los datos inmediatos de la conciencia, y afirmó que la inteligencia, instrumento útil sin duda, no basta al hombre, porque al lado de la inteligencia está la intuición como aprehensión, no ya analítica sino inmediata de la realidad. Bergson pide al artista que arranque las etiquetas que ocultan la realidad y llegue a la verdadera realidad subyacente al mundo.
La lucha está determinada en el tema que se le presenta al creador, y mientras está inmerso en el campo restringido de la obra, el autor realiza la especificidad del objeto de su conocimiento y no observa otro interés: hace una reducción fenomenológica del objeto de su conciencia activa. Todo en la vida es invención de formas, creaciones orgánicas ejecutadas y dotadas de sentido y de autonomía: las leyes, las teorías, las formas políticas; todo es invención y producción de formas, y tal vez por ello quedaría afirmado el carácter artístico (formativo) de toda realización humana. Es el replanteo teórico que se formula a partir del concepto aristotélico del arte, según el cual toda actividad humana, distinta de la naturaleza, es arte. Habría, entonces, que hallar el valor específicamente artístico y diferenciar la producción formativa de la obra de arte respecto de las otras formas de producción formativa, es decir revalorizar la dimensión artística. El hombre está colocado ante esta diversidad y debe elegir. Siendo uno e indivisible, la persona toma una decisión: crear una obra de arte, y con su iniciativa concentra en una actividad única todos los esfuerzos que como ser humano puede desplegar en muchas otras direcciones. En el arte, toda la actividad de este hombre artista en trance de crear está dirigida a formar una determinada obra artística; esa es la misión única que lo posee. Pensar, actuar, hacer formas dotadas de autonomía y con sentido artístico. Mueve y justifica al artista un compromiso que pudiéramos llamar moral, que hace de la tarea de forjar la obra una misión o deber, que le impide seguir otro impulso que no sea el de formar y transformar la materia hasta producir la obra de arte. Si no se impone el acto creador como un deber moral que mueve al artista hacia su proyecto creativo; si es posible soslayar el impulso que debe apremiar al artista a formar su obra, todo acto que se cumpla sin la fuerza moral que motiva la creación pertenecerá a la actividad de los diletantes. Y el artista disciplinado vuelca su fuerza dionisíaca en la producción de la obra, muchas veces regido por el dictado apolíneo de gozar de aquello que está allí pero no le pertenece, a condición de darle forma artística. Está en la acción creadora, por supuesto, un doble ejercicio: especulativo, que implica el compromiso ético, la investigación en pos del carácter propio del arte, por una parte; y por otro lado, la actividad artística: sensibilidad o sentimiento motorizados por la intuición. El otro ejercicio que se impone es el de la inteligencia para organizar la acción de los componentes de la obra. Benedetto Croce iluminó el carácter intuitivo del arte cuando dijo: “Apenas empieza a manifestarse la reflexión y el juicio, el arte se disipa y muere”. En Croce, el arte es expresión de belleza, y lo bello se halla en el hecho de comunicar el creador las percepciones fundamentales de su mente, mediante formas accesibles al perceptor. La creatividad del arte revela al hombre puntos esenciales que la ciencia no puede lograr.
Goethe llamó “orden movible” a la coexistencia en la personalidad de los conceptos de conjunción y disyunción. En toda persona viven contrapuestos el límite y el impulso de poder, la arbitrariedad y la ley, la libertad y la medida; todo es un “orden movible”. En el artista se manifiesta esa contradicción cuando se enfrenta a la materia que debe formar como obra artística. Esta oposición es problemática y es la base para llegar a establecer el criterio estético que define una obra de arte, y así elevarla y distinguirla dentro de la inmensa producción formativa que pretende ese calificativo. Alcanzar la pauta interna que hace de la obra de arte un mundo con características propias, es un medio para llegar a definir el arte desde el primer aliento de su creación individualizada. Y esto es necesario porque la obra de arte acrecienta el conocimiento del mundo, ensancha la aprehensión de su sentido.
Contrapuestas y existiendo juntas estas fuerzas de integración y desintegración en el ánimo del artista, tiene ya planteada la obra. En la realización han de quedar expuestas ambas potencias y manifestarse la lucha del creador. Se expone entonces en su forma sensible la obra, al quedar así manifiesto el combate del poder conjuntivo y articulado frente al disyuntivo o disgregado, el modo de organización de las partes que la componen, el mensaje que propone, casi siempre de modo inconsciente, los signos que entran en juego. El conflicto propio de la obra en sí misma es el espectáculo que se comunica al receptor. El combate manifiesto de una forma en potencia contra otra forma imitada o recibida por tradición es lo que constituye el acto creador. Tajantemente lo dijo Sartre: “El arte no está del lado de los puristas”.

Alejo UrdanetaALEJO URDANETA, excelente cuentista, ensayista de primera línea, poeta, nació en Caracas en agosto de 1944. Abogado, estudió en la Universidad Central de Venezuela e hizo un post-grado en La Sorbona, en París, en Derecho Internacional y Mercantil.

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La travesura de Wittgenstein

por Alejo URDANETA

Extracto del libro Forma e intenciones del lenguaje (inédito)

Wittgenstein dibujado y deformado en letrasLa literatura ha cumplido la función de decir del ser humano lo que ninguna expresión del arte ha logrado. Es, en general, creación artística con la palabra y, mediante ella, productora de imágenes que configuran la representación del mundo. Es imaginación –espiritual y sensual - y lenguaje, para comunicar algo que sólo de esa manera puede comunicarse. Las herramientas del lenguaje son las palabras, las del habla cotidiana o las que resultan de una combinación purificadora para darnos un poema.
Ludwig Wittgenstein introdujo en la lingüística un modo de pensar a la manera filosófica acerca del lenguaje. Su objetivo científico expuesto en el Tractatus tiende a abolir la filosofía y quedarse con la realidad mundanal que sólo puede decirse con la palabra. Por ello, la función del lenguaje es representar al mundo, sin poder ir más allá. En las artes figurativas puedo decir en palabras lo que ellas representan: describir con el habla el David de Miguel Ángel o Las Señoritas de Avignon, de Picasso. Pero al hacerlo, la obra de la que hablamos no será la misma que hemos apreciado, y difiere esencialmente de lo dicho verbalmente. En tal situación, nuestro oyente no tendrá nunca una reproducción fiel de su presencia real. Puedo decir en palabras la descripción de esas obras de las artes plásticas, y dejar al receptor del mensaje la comprensión de lo que he percibido individualmente, pero nunca podré mediante la palabra representarlas plenamente.
El pensamiento puede ser ilimitado en su vuelo libre y silencioso, pero la palabra, que es su forma expresiva, sólo representa lo que puede decirse, y queda fuera de ella lo que únicamente puede mostrarse. El mundo es el valladar del lenguaje y se basa en la lógica que lo hace comprensible: los extremos del mundo son las limitaciones del lenguaje. Lo que está fuera de aquél carece de significado porque la lengua no puede decirlo, y sí apenas mostrarlo. La ética, la metafísica, la religión y el arte, con su algo de idealismo, pertenecen al reino de lo trascendental, de ellos nada puede afirmarse ni negarse (o decirse), sólo puede mostrarse. La palabra es la herramienta del lenguaje, y por eso ella misma pone el coto final adonde puede llegar lo expresable.
La teoría de Wittgenstein (Atomismo Lógico) pretende que la filosofía no puede interferir el uso del lenguaje, y que no busca descubrir su esencia (como lo hace el pensamiento filosófico tradicional). Lo que persigue el nuevo filosofar es trazar los límites del sentido de lo que decimos, señalar lo que se puede decir y lo que no puede decirse. Wittgenstein propone, además, algo que rescata la tesis convencionalista de Hermógenes (a ser tratada en el próximo capítulo de este ensayo), que da al sentido de las palabras usos múltiples, de acuerdo con el juego lingüístico concreto que estemos desarrollando en cada situación. Según este criterio, no existen significados y tampoco carencia absoluta de significados, pues todo depende del uso de los vocablos en cada caso. Decir que algo tiene sentido es una expresión vaga, ya que si ahora ese decir tiene sentido, en otra situación no lo tiene, de acuerdo con el contexto del argumento que se esté desarrollando.
Estas ideas del filósofo austriaco llegan a proponer la desaparición de los problemas filosóficos. En la última parte de su obra: Investigaciones Filosóficas dejó para nuevos estudiosos del lenguaje su original travesura: “Los resultados de la filosofía son el descubrimiento de uno u otro claro sin sentido y de los choques que nuestro entendimiento ha sufrido al haberse golpeado la cabeza contra los límites del lenguaje”

Alejo UrdanetaALEJO URDANETA, excelente cuentista, ensayista de primera línea, poeta, nació en Caracas en agosto de 1944. Abogado, estudió en la Universidad Central de Venezuela e hizo un post-grado en La Sorbona, en París, en Derecho Internacional y Mercantil.


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Enlace permanente 01/02/2008 09:35:02 am Email , Categorías Opinión, Ideas, Colaboradores, Alejo Urdaneta, Extractos, Arte, Libros, Filosofía, • 2 comentarios »

El origen del sufrimiento

por Carmen Cristina WOLF

Los seres humanos jamás llegaríamos a un acuerdo si se nos interroga sobre qué es para nosotros ser feliz. Aristóteles escribió que “la felicidad reside en el ocio del espíritu” y que “todo hombre tiene derecho a ser feliz”; Simone de Beauvoir expresó que “las personas felices no tienen historia”; y para Jacinto Benavente “la felicidad no existe en la vida… Sólo existen momentos felices.” Francisco Jardiel Poncela llegó a afirmar que “hay dos maneras de conseguir la felicidad: una, hacerse el idiota; otra, serlo”. Y ni pensar en Hegel, que fue rotundo al decir que “el hombre no ha nacido para la felicidad”. No obstante, tal diversidad de pareceres no impide a las personas pensar: “Si logro esto me sentiré feliz, si no con esto, será con aquello y si no, con lo de más allá”.
Cuando San Agustín pregunta en el diálogo sobre La Vida Feliz, “¿Queremos todos nosotros ser felices?, la respuesta afirmativa es unánime. Continúa preguntando, “¿Consideráis feliz a quien posee cuanto apetece?”, todos responden que sí, excepto la madre de Agustín, que contesta, “Si apetece y consigue bienes, es feliz; si, por el contrario. ambiciona males, aunque los consiga, es desdichado”. Filósofos, literatos, poetas y ciudadanos de a pie como yo se han ocupado de la paradoja de la felicidad, en apariencia inalcanzable, anhelada, siempre más allá de las posibilidades, cuya existencia es puesta en duda por unos cuantos. ¿Dónde reside, realmente existe? Pareciera que ser feliz no es un resultado plausible, ¿podría tratarse más bien de una utopía, o consiste en la sensación que sentimos al emprender el camino para llegar a ella?
Cuenta Homero que Sísifo, rey de Corinto, fue condenado por los dioses a subir sin descanso una pesada piedra hasta la cima de una montaña, la cual volvería a caer una eternamente. Él fue castigado por defender una causa que creyó justa. Sísifo también venció y encadenó la muerte, por eso recibió castigo de Plutón, señor de la muerte y rey de los infiernos. Sísifo actuó atendiendo a sus convicciones, aun a riesgo de desatar la ira de los dioses y de perderlo todo. Ante esta historia Albert Camus, en su ensayo “El mito de Sísifo” escribe: “hay que imaginarse a Sísifo feliz. Fue fiel a su exigencia interna, y su esfuerzo tiene un sentido: llevar la piedra hasta la cima”.
Mi limitada experiencia por este mundo me lleva a pensar, bajo pena de ser mal vista por Poncela, que buena parte de mi vida he sido feliz, pero no he caído en la cuenta. ¿Por qué afirmo esto? Porque al hacer un recuento de mi historia lo que más viene a mi memoria es el entusiasmo que le he puesto a muchas de las cosas que he hecho, pequeñas cosas, insignificantes para otros, encantadoras para mí. Y me atrevo a afirmar que esos momentos llenos de vitalidad han sido lo más parecido a eso que se da en llamar felicidad. Tomo como ejemplo el día de hoy, al levantarme a las cinco de la madrugada para ir a ver a mi nieta hacer un pequeño papel en un homenaje a la Virgen del colegio, y ver a todos aquellos niños que se empinaban para llegar al micrófono, con gesto de maripositas en el estómago. En esos momentos, me descubrí viviendo un instante sin tiempo, unida por completo a lo que estaba pasando, sin razonamientos ni anhelos más allá del ahora. Fue lo máximo. ¿Sería así como se nos fueron las últimas cuatro décadas en Venezuela, en las cuales la mayor parte del tiempo éramos felices y no lo apreciamos?
Pero vayamos de nuevo a la carga ¿Podemos pensar que hay felicidad comparable a descubrir cuál es nuestra misión? Sabemos que los propósitos cambian de acuerdo con las circunstancias y épocas que atravesamos. En un momento dado de la existencia, la misión más importante puede ser por ejemplo, escribir una novela, encontrar un trabajo, construir una casa, vivir el ahora a plenitud, alcanzar la iluminación, o descubrir el camino del éxtasis místico, etc. No cabe duda que es fascinante tratar de dilucidar quién queremos ser o cuál debería ser nuestra misión en el mundo. Hallarle un sentido a la vida a menudo es razón suficiente para observar una alegría y un entusiasmo notables en ciertos seres que nos da la impresión de que son felices a plenitud.
Existen momentos felices, breves, provenientes de acontecimientos externos, como recibir una felicitación, obtener un premio, escuchar que somos amados, etc. Mas pienso que no hay felicidad comparable con aceptar las circunstancias y fluir con ellas a plenitud, unido esto a descubrir cuáles son nuestros ideales, nuestros propósitos, y vivir de acuerdo a ellos. Sin rigidez, sin fanatismos, con una gran apertura. En un poema de Rilke que lleva por título “Este empeño en comprender la vida”, leemos:
No te empeñes en comprender la vida
y será para ti como una fiesta.
Acepta, pues, los días,
como del viento el niño, en su camino
recibe flores.

Cuántas veces el ser humano lucha y pone su empeño en lograr un fin. A veces, sin ningún éxito. Dicen que el resultado reside en el aprendizaje. Trazaremos nuevas estrategias, comenzaremos de nuevo, revisaremos los errores. Puede ser que el camino sea otro y el propósito no sea el adecuado. El destino nos pertenece en gran medida. Y resulta atrayente trazar nuestras metas como si fuese un juego, trabajando con inteligencia y pasión por obtenerlas. Eso sí, no aferrarse a la permanencia de las cosas, todo cambia, las situaciones, los sentimientos, las personas. Todo está sometido al ritmo de las estaciones, de los días y las noches, del calor y el frío. Todo es transitorio, si no fuera así el aburrimiento sería una epidemia.
Buscar nuestro sentido en la vida, nuestra razón de ser, escudriñar cuáles son nuestros ideales, vivir conforme a nuestros valores y principios, comenzar a ser la persona que quisiéramos ser, ¡ahora! Se admite ensayo y error. Creo que eso es para mí, buena parte de la felicidad. Agrego una frase que puede resultar cursi, así haya sido escrita por Hermann Hesse, pero a mí me encanta cierto toque de cursilería: “La felicidad es amor, no otra cosa. El que sabe amar es feliz.” Descubrir que se puede hacer coincidir el propósito interno con los propósitos externos.
Concluyo que ser feliz es, por ejemplo, leer el Libro de horas de Rilke, una novela de Ana Teresa Torres o de Eduardo Casanova, escuchar el Adagio de Albinoni, oír a Alberto Cortez entonando viejos temas, o leer a Elisa Lerner en un banco de Central Park. Y sentir el roce de la poesía como la lluvia en el estío:
¿Qué puedo decir de la poesía?
Me envuelve la presencia de las cosas
ellas reclaman su lugar en la página.
Cuando sólo deseo refugiarme en el pétalo
cuando nada más me gustaría jugar, dormir
ellas se hacen presentes y me enredan
abrazándose fuerte a mi costado. (…)
La felicidad estaba allí
Era un aroma mínimo
En el corazón de las cosas
*

* Fragmento de Escribe un poema para mí, Carmen Cristina Wolf
Edicones Círculo de Escritores de Venezuela 2000

Carmen Cristina WolfCarmen Cristina Wolf, caraqueña, poeta, narradora, ensayista y abogado (Universidad Católica Andrés Bello). Ha publicado una vasta obra literaria además de mantener una presencia constante y prolífica en su blog http://literaturayvida.blogsome.com


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Forma e intenciones del lenguaje

por Alejo URDANETA

(Extracto de un ensayo inédito con el mismo título)

“Un arte que se sirve del lenguaje como instrumento producirá siempre creaciones extremadamente críticas, pues la lengua es en sí misma una crítica de la vida: la nombra, la toca, la designa y la juzga, en la medida en que le otorga vida”

Thomas Mann: Lessing

“La lengua y la literatura son la puerta y la ventana al mundo”.

Dámaso Alonso

La diversidad humana y el Lenguaje

En uno de sus libros más difundidos: Después de Babel, el filósofo George Steiner ha formulado el elogio de la diversidad de lenguas y ha sugerido la conveniencia de derogar mitos que, como el de la Torre de Babel, dicen lo contrario de lo que parecen decir. En el planeta hay más de veinte mil lenguas, lo que implica que la multiplicidad de las formas verbales para expresarse procura la riqueza de adaptación de la humanidad. “Con la desaparición de una lengua, perdemos para siempre ciertas negociaciones con la esperanza”, ha dicho Steiner.
La simplificación del lenguaje a que tiende la cultura occidental contiene el peligro de ir reduciendo el poder de comunicación humana. Si observamos, por ejemplo, de qué modo el inglés que se habla en todo el mundo ha simplificado la sintaxis de la lengua, para convertirla en fórmulas abstractas y simbólicas limitadas en el uso, nos vemos llevados a una uniformidad de la cultura. El angloamericano se ha constituido en una lengua predominante, quizás por el sustrato político que lo sustenta, enlazado estrechamente con la idea de progreso. Puede verse cómo la electrónica en el medio masivo de comunicación en las computadoras utiliza de modo exclusivo ese inglés concreto y unívoco para su manejo (aunque leamos después en otras lenguas el producto), y no nos deja más que la opción de formas limitadas de expresión, y debemos acatarlas si deseamos convivir adecuadamente en el nuevo estadio de las relaciones interpersonales. Todo esto sin hablar de la penetración de las matemáticas y las ciencias en todos los órdenes de perspectiva de las humanidades. La filosofía, la historia, la literatura se han visto invadidas por el código de la física o la química, y no nos asombra que se haya generalizado una variante de la lógica, denominada Lógica Simbólica, que se ha propuesto la creación de una sintaxis liberada de las imprecisiones del verbo, obra humana cargada de conceptos que no siempre logran ser totalmente aprehensibles por el intelecto pero que expresan al hombre con libertad en su situación contradictoria. Con la implantación de la Lógica Simbólica se ha ido imponiendo el razonamiento rígido matemático o científico en las manifestaciones del lenguaje y en las literarias de toda índole.
Quizás esa inclinación hacia lo abstracto sea un distanciamiento respecto de lo humano, con la intención de combatir el nihilismo moderno que vaticinó Nietzsche. En la antigüedad, el nihilismo era epicúreo y escéptico; sólo aspiraba a la serenidad del espíritu ante la adversidad; era en todas sus actitudes filosóficas un acercamiento a la religión. El de hoy día, el nihilismo total, juega al superhombre que desprecia los valores y celebra la insignificancia de la vida. Pudiera decirse que lo que vivimos es una actitud de hedonismo resignado, una dimisión ante la vida. El hombre no halla saciedad ni aceptación de su mundo y desea escapar de la realidad y disolverse en la nada. En la huida, arrastra al lenguaje y, aun sin pretenderlo, corroe sus formas para dañar también sus significados múltiples.
Carlos Fuentes ha situado el tema en la ausencia de la tragedia, la eliminación de la conciencia trágica como consecuencia del nihilismo hedonista que domina la existencia actual, porque la tragedia había mantenido el equilibrio entre valores en conflicto. Al purgarse la pena con la aparición de la tragedia, se restablece el orden quebrantado y los valores sociales toman de nuevo su lugar: es catarsis para sanar la violación de los tabúes. El mito de Edipo es la irrupción de la tragedia para restaurar la norma que prohíbe el incesto, pero hoy no se representa la tragedia en aquel sentido. Dostoievski nos hizo despertar a la realidad, para enfrentarnos con la interioridad del espíritu y sus conflictos. Crimen y Castigo, o Los Poseídos (Endemoniados), son una prueba y una exposición directa de los conflictos que anunciaban la banalidad en el mundo de los valores, a causa de la manifestación abierta de la crisis humana, y exponen la punición del pecado social cometido.
Está, pues, el derrumbe de principios que pueden conducir al caos. Esto lo advierte el hombre, que para no caer en el riesgo de perderse en un vacío de incomunicación, sigue buscando nuevas formas expresivas, para tratar entonces la experiencia y el hallazgo en el escenario de los números, que se presenta ahora como otra posibilidad y le propone una salida o un distanciamiento del sentido de fragilidad de la vida y la podredumbre que lo rodea. El universo de la ciencia es un mundo libre de impurezas, hecho de figuras y abstracciones, de conceptos y fórmulas matemáticas. Pero el hombre no puede huir y se percata de la imperfecta existencia, y regresa al mundo para abandonar la limpia estancia de la abstracción y buscar la verdad humana en su conflictiva trascendencia.

Alejo UrdanetaALEJO URDANETA, excelente cuentista, ensayista de primera línea, poeta, nació en Caracas en agosto de 1944. Abogado, estudió en la Universidad Central de Venezuela e hizo un post-grado en La Sorbona, en París, en Derecho Internacional y Mercantil.

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